Defensa de Héctor Palacios
Jorge Ferrer | 29/10/2007 12:57
A Teresa Cruz, miembro de la Junta de Directores de la Fundación Nacional Cubanoamericana, le han disgustado las dudas acerca de la entereza de Héctor Palacios y Gisela Delgado, dos reconocidos disidentes cubanos, aparecidas a raíz de su viaje a España el pasado viernes para que el primero reciba atención médica.
Teresa, recordará quien tenga memoria, fue la delegada de la FNCA a reunión disidente en La Habana, que resultó devuelta por las autoridades cubanas desde el propio aeropuerto. No fue ése, sin embargo, el único viaje que realizó a Cuba en nombre de la Fundación.
He defendido siempre que la actuación y los discursos de los opositores cubanos se han de juzgar como lo que son: actos y discursos políticos. Una postura que genera resistencias en quienes creen que la condición de perseguidos y acosados por la policía política castrista los exime de la crítica.
Así, recuerdo -siempre es buena ocasión para recordar a los censores: los de allá y los de aquí- cómo Encuentro en la red, diario digital que aparece en este mismo portal, censuró artículo que les envié a propósito de la condecoración de Elizardo Sánchez por la DSE.
Es, por tanto, debate que como cualquier otro, me parece legítimo y necesario. Estéril y mendaz, sin embargo, cuando viene mediado por el sempiterno «síndrome de la sospecha» o por el mero afán de deslegitimar a quienes se oponen a la dictadura dentro de Cuba. Y pagan con la cárcel, la enfermedad y la muerte lo que nosotros pagamos con el destierro.
Héctor Palacios: oposición y represión
Por Teresa Cruz
New Jersey
En varios viajes de trabajo que hice a Cuba en representación de la Fundación Nacional Cubano Americana, de cuya Junta soy miembro, visité a muchos disidentes y opositores, además de la redacción de la Revista Vitral y otros lugares. Algunos viajes eran muy cortos para evitar que detectaran los contactos, pero en otros tuve la necesidad de convivir con la oposición. Este trabajo se interrumpió cuando me regresaron desde el aeropuerto de La Habana, en ocasión de un intento de participar como observadora en la Asamblea para Promover la Sociedad Civil en el 2005.
Al convivir con la oposición -durmiendo en sus casas, viajando con ellos, participando de sus actividades diarias-, comprobé lo que ya sabía, a saber, que sus recursos económicos son muy limitados, que viven en circunstancias precarias. Los opositores nunca sabían cuándo yo aparecía, ni cuándo me iba. Hay que ver las circunstancias en que vive Marta Beatriz Roque Cabello y lo acorralada que está, dado el emplazamiento de su casa.
Doy esta explicación, porque soy testigo de la situación en que luchan los opositores y a título personal, quiero informar detalles de la vida de Héctor y su familia en Cuba.
Mi compatriota Héctor Palacios Ruiz está en España para tratar de mejorar su salud quebrantada por la prisión y la lucha incesante contra la tiranía desde que decidió escoger ese camino sembrado de incomprensión, dificultad, represión y aridez.
La aridez de la incomprensión; las formas de esta difícil lucha en un campo minado por el poder de la familia Castro que ha abandonado, desde el principio, la tarea de todo gobernante: mejorar la vida de sus conciudadanos y ofrecerles las opciones para vivir dignamente. Héctor Palacios Ruiz ha optado por luchar por un cambio hacia la democracia: una tarea que implica enormes sacrificios personales y un costo material y emocional enormes.
Si como se dice en comentarios publicados a raíz de la entrevista publicada en Encuentro en la red, Héctor vivía con prebendas, él las dejó a un lado para trasladarse al terreno de esa otredad peligrosa que es en Cuba el terreno de la oposición o la disidencia.
Héctor ha sufrido el ostracismo del régimen y la represión en el alma de su hija por matrimonio, Giselle, y de su madre. Sin hablar de la represión contra Gisela, en cuya casa se iniciaron las reuniones de las Damas de Blanco, en una de las cuales participé. Venían del interior del país y había que acomodarlas en la casa para que pasaran la noche.
En la Primavera Negra de La Habana, cuando se desató la razzia que comenzó precisamente en el apartamento de Héctor y Gisela con treinta militares armados que invadieron su casa para revolver y destruir papeles, libros, revistas y un viandero vacío, excepto por tres papas, otros agentes de la policía política, en esos mismos instantes, irrumpían en la casa de su madre octogenaria para registrar, revolver sus limitadas pertenencias, buscando alguna evidencia que justificara la condena a Héctor, que ya estaba impuesta. Mientras, un médico y un oficial le ofrecían a María dinero y medicinas para «ayudarla» en aquella «situación». Dinero y medicinas que rechazó esta digna cubana que vive de un mínimo ingreso y de los huevos que dan las gallinas que cría en el patio de su reducida casa. Y les dijo que no podía aceptar ninguna ayuda de las mismas personas que encarcelaban a su hijo por pensar de forma diferente.
A su hija Giselle comenzaron a asediarla en el preuniversitario donde estudiaba. Primero, el director que fue a su aula para hablar de los «vendepatrias» delante del resto de sus compañeros. Poco después, se reunió con ella la profesora que Giselle más quería para pedirle que renegara de su madre y de su padre. Giselle contestó valientemente. No fueron sólo el desconcierto y el dolor en su corazón los peores azotes de la represión, sino el hecho de que su maestra más querida le pidiera que abjurara de sus padres.
Muchas más cosas sobre la represión contra esta familia se me quedan en el tintero: los actos de repudio frente a la casa de dos mujeres solas, mientras el esposo y padre estaba a kilómetros de distancia en una celda mínima, por ejemplo. Y hay más.
Yo no vi la celda de Héctor, pero si estuve en la entrada de esa prisión en Pinar del Río, donde se espera para pasar a la visita o para dejar la jaba. Hay capas de suciedad en las mesas y olor a heces fecales humanas, y no porque los visitantes hayan abandonado sus costumbres higiénicas -somos uno de los pueblos que más se cuida de la higiene- si no porque el servicio sanitario estaba desbordado y cuando limpian -lo hicieron estando yo allí- pasan una escoba por el piso –o mejor: la arrastran. Lo hacen a la vez por el piso y las mesas. Ésa es la limpieza. Tan solo alcanzo a imaginarme cómo sería la celda.
Hasta allí llegué con Gisela Delgado y Elsa, la esposa de Arroyo, para que Héctor supiera que si no podía llegar hasta su celda, al menos llegaba hasta las puertas de la prisión. Pasé varios días en casa de Héctor. Nada había para comer y no crean que aporté mucho: todo lo que se recauda para la oposición apenas alcanza para transportarse y desarrollar el trabajo. En el caso de los presos, apenas para llevarles alimentos. El alto costo de la vida en Cuba hace de estas tareas trabajos de Hércules.
Cuando en esos días fui a ver a María, la madre de Héctor, la encontré preocupada pero firme, alegre por la visita. No hacía yo más que una mínima contribución, pues nuestro deber es estar presos con ellos, aunque aun en el exilio no seamos totalmente libres. Allí solo había lo mínimo para alimentarse, y el cariño de algunos vecinos fieles, el cuidado de José, hermano de Héctor. De lo que sí no había era de prebendas, ésas de las que Héctor estaría disfrutando, según comentarios que leo, si no hubiera escogido este camino.
Estuve en su casa, un mes y unos pocos días antes de su arresto en 2003. Con mucha calma, con el sosiego que le es habitual, me dijo que se acercaban días muy difíciles para la oposición. Héctor Palacios no rehuyó esa dificultad, no cesó en su empeño, hasta que se lo llevaron para las ergástulas. Hablamos hasta la madrugada. Él le mando a mi esposo Tony y a Remberto Pérez unos tabacos, regalo de unos campesinos del Escambray y llenó con eso de alegría mi casa: tener en nuestras manos tabacos de Manicaragua, torcidos por unos campesinos que cultivaban un metro de tierra, era otra expresión de libertad.
En todas las ocasiones en las que hablé con Héctor personalmente o por teléfono, su voz era firme y su cuerpo sólido, a pesar de que ya sufría malestares. Héctor es un hombre gentil, muy agudo, extremadamente inteligente, vacío de odios y con un gran amor a Cuba. Da gusto sentarse en la casa de Gisela y Héctor, en ese sillón de su familia al que le falta un brazo, inclinarlo hacia el balcón y ver como los helechos se enredan dibujando fantasías en el aire puro de esta casa donde viven unos de los seres más libres del mundo. Libres de una libertad que se paga con las rejas.
Ahora su voz sale entrecortada por las isquemias, y falta oxígeno en su sangre. Se lo nota débil y ha aumentado de peso por la falta de ejercicio en la prisión, lo que conlleva a más falta de oxígeno y a la imposibilidad que padece de hacer mínimos esfuerzos físicos. Héctor sufre intensos dolores.
Héctor es el mismo hombre de valentía serena que inició su lucha en esta guerra civil atípica que requiere estrategias y tácticas nada convencionales. A los soldados, en las guerras, se trata de recuperarlos físicamente para reintegrarlos al combate. Y esta es una guerra, por medios pacíficos, pero una guerra en la que los opresores sí tienen las ventajas de los chequeos médicos y la restauración física.
En la casa de Héctor y Gisela, la única joya que encontré fueron esos helechos enroscados en el balcón y vigilados desde el otro lado de la calle por miembros de las Brigadas de Respuesta Rápida. La historia de la represión contra los opositores no está aún escrita y no se conoce totalmente. Ojalá un día podamos hablar todos en paz sobre estas cosas en cualquier sala de cualquier cubano y podamos entendernos.
A eso aspira esta familia: a que todos participemos. Lo demuestra en su entrevista, en la que como hombre de honor agradece las gestiones a su favor sin dejar de criticar la postura del Gobierno de España.
Una vez más, Héctor Palacios pone el interés nacional por encima del interés personal.
Mientras tanto, ante ti, Héctor, ante ti, Gisela, y ante su familia, yo me quito el sombrero, como dicen en Madrid.
En la fotografía, tomada en el patio del Obispado de Pinar del Río, aparecen, de derecha a izquierda, Dagoberto Valdés, exdirector de la revista Vitral, Teresa Cruz, Gisela Delgado y un colaborador de la revista Vitral. La foto fue tomada de regreso de la visita a la prisión en la que se hallaba recluido Héctor Palacios.
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 29/10/2007 18:49




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28 Comentarios
8 por Luisma (Usuario no autenticado) 29/10/2007 22:10
En efecto, Cristina, hay mucho que trabajar. También supe, por boca de un amigo, de un episodio similar al que presenciaste. Un conocido suyo, en una cafetería de Miami, usaba groséramente "eres una balsera", como reclamo de un mejor trato a una moza que no lo atendía a su conveniencia. Este muchacho, hoy ciudadano americano, que fue a escuelas al campo, militó en la abominable UJC, hoy exige con desprecio. Sin palabras.
Al penetrar la familia el miedo, poco se pudo hacer. Muchos aconsejaban a sus hijos prudencia; otros, simulación. He ahi la causa de estos males. Pero conocí mucha gente valiente. Por ejemplo, en mi barrio de Aldabó vivía un médico a quien habían castigado, mandándolo a trabajar a Matazas, por el simple hecho de haber presentado su salida del país. Pero no tenía miedo y soportó ésa y muchas humillaciones. Su nombre: Orestes Sardiñas. Por éso les dije a mis hijos, cdo iban a la escuela primaria "Juventud de Acero" (qué eufemismo!) en Caimito del Guayabal, que hablaran todo lo que escucharan en casa. Que si alguien de esa escuela osaba molestarlos o reprimirlos, nosotros nos encargaríamos de defenderlos. Y la verdad es que nunca tuvieron problemas, porque, en el fondo, la gente nos admira(ba). En mi caso personal, además de tener "letra" de ser miembro de algún grupo de los derechos humanos (algo que nunca hice) y ponerme un chequeo policial cdo trabajé en el banco del pueblo, por la misma causa, nunca tuve otro contratiempo, ni mi esposa (lo del chequeo policial era grotescamente simpático, porque uno de sus pacientes en la clínica dental era uno de los jefes de la estación de policia, quien para colmo se llama(ba) Jesús Fidel).
Con Oswaldo Payá pasa lo mismo que con Héctor Palacios. Como está "libre" es sospechoso de ser un colaborador. No, señores, no es así. El caso de Payá es como el de mi propia familia: fuimos de los católicos que nunca dejamos de asistir a misa ni a catecismo semana tras semana. Creo que mis padres, especialmente mi madre, nos llevaba a mi hermana y a mi a la iglesia, además de por una cuestión de fe, por tener un espacio diferente, descontaminado, alejado del entorno de odio y sordidez. Eran los años donde éramos muy pocos, pero fuertes y solidarios. Payá es de esa misma estirpe. Nunca tuvo que ver con el régimen, ni le debe nada: ambos somos ingenieros, estudiamos y trabajamos. Claro que con limitadas opciones, pero, ¿querría ser yo ser director de una empresa socialista (qué absurdo!), tener un abominable carnet de la UJC/PCC en el bolsillo por un puestecito de basura? No, hombre, no. Por éso, y a pesar de todo, Héctor, Oswaldo, Martha Beatriz, Félix Bonnet, Biscet, y otros, son libres entre esas cuatro costas.
7 por J.L.Anzuelo (Usuario no autenticado) 29/10/2007 21:30
Me tomo la libertad de "desmenuzar" el mensaje de juan joan gonzalez dueñas.
Por el sabemos que :
- Probablemente es nacido entre los 60-70s y de origen campesino
- Es de un bajisimo nivel educacional (escribe el 10% de las palabras con faltas de ortografia)
- Fue un disidente y estuvo preso en Cuba
- Salio de Cuba hace dos años, hoy vive en España, duerme en la calle y pasa frio (por ser emigrante dice) pero tiene tan buen corazon que aun asi se ofrece a ayudar a quien acaba de llegar. Parece ignorar que Palacios llego invitado por el gobierno Español.
- Usa la misma consigna de DIOS, PATRIA y LIBERTAD que la Brigada de Asalto 2506 uso en Giron en 1961
- TIENE POSIBILIDADES DE ESTAR CONECTADO A INTERNET Y SABE COMO HACERLO.
Es a mi al unico que no "le cuadra la lista con el billete" aca?
Me imagino que el mensaje que se quiera transmitir es algo asi como Miren que analfabetos son los que se meten a disidentes o Miren lo que les pasa a los disidentes cuando se van a España; sin embargo a mi el que me llega es que Hasta los desamparados semianalfabetos en España PUEDEN y TIENEN como conectarse libremente a Internet
Cuestion de puntos de vista quizas.
6 por Alicia Maravillosa (Usuario no autenticado) 29/10/2007 20:10
Usted, Ferrer, como siempre, pone los puntos sobre las íes en este caso.
5 por juan joan gonzalez dueñas (Usuario no autenticado) 29/10/2007 19:10
ESTOI CONTIGO HERTO LUCHE MUCHO ESTANDO EN CUBA POR TU ESCARSELACION SOY OPOCITOR DESDE QUE NACI YA QUE A MI ABUELO LO SANCIONARON A 30 AÑOS POR APOLLAR A LOS ALSADOS CONTRA EL REJIMEN YO SUFRI CARSEL TAMBIEN EN CUBA Y PERTENECIA A LOS PARTIDOS CUBANO DEMOCRATA CRISTIANO Y DELEGACION DE PRESOS Y ESPRESOS POLITICOS LLEVO 2 AÑOS FUERA DE CUBA DURMIENDO EN LA CALLE PASANDO FRIO HAMBRE Y TODO POR SER UN EMIGRANTE QUISIERA ESTAR EN CUBA LUCHANDO CONTRA ESE HIJO DE SABRA DIOS QUE ES EL QUE NOS A OBLIGADO A PASAR POR TODO ESTO NO SE QUE ASER YA QUE NO PUEDO REGRESAR PORQUE ME PASE DE TIEMPO, BUENO ME ENTERE QUE ESTAS AQUI EN ESPAÑA POR TU ENFERMEDAD SI TE PUEDO ALLUDAR EN ALGO ALMELO SABER SALUDOS Y QUE DIOS NOS ALLUDE A QUE ESE TIRANO LE DE LA OPORTUNIDAD AL PUEBLO ALGUN DIADE ELEJIR A SU PRESIDENTE DIOS PATRIA Y LIBERTAD.
4 por Juanito Colibri (Usuario no autenticado) 29/10/2007 18:50
Me quito la gorra.
En Cuba no sacan ojos pero todo puede ser peor, leia en algun lugar.
Los que conocen las entrañas de Hitler por testimonios, libros y peliculas, los que vieron la Lista de Schindler donde ponen a un progenitor a escoger entre sus hijos para el asesinato del otro y saben y comparan las entrañas del kaztrizmo no hallan muchas diferencias, tal vez un perfeccionamiento.
Hector Palacios, todos los demas victimas del paraiso cubano saben que no hay escrupulos en ninguno de los que aceptan servir a la dictadura. ¿Cuanto han torturado a cada opositor y disidente haciendo a sus hijos, padres y conyuges las victimas de sus manipulaciones? Perdono a los que hayan sucumbido, admiro a los que hayan logrado resistir!
NO HAY PERDON PARA TANTO ESBIRRO Y VERDUGO!
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