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Díptico a propósito de Lezama Lima: Victor Fowler y Eduardo González

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El 9 de agosto de 1976 murió José Lezama Lima.

Victor Fowler desde La Habana y Eduardo González desde Baltimore me han enviado estos dos textos, cortesía que les agradezco.

Nada de homenaje. Es cuestión de memoria y provechoso acarreo, cual ha de ser el trasiego con la cultura.

 

LEZAMA Y LA TRADICIÓN POR FUTURIDAD

Por Victor Fowler

En una de sus construcciones teóricas más complejas escribe José Lezama Lima: “… había que crear la tradición por futuridad, una imagen que busca su encarnación, su realización en el tiempo histórico, en la metáfora que participa." (1) Semejante declaración, que trastorna la progresión lineal del tiempo histórico, oculta en su reverso un sentimiento que el nuestro tuvo que haber derivado de sus lecturas del Huizinga de El otoño de la Edad Media; es decir, “la nostalgia de una vida más bella”, título de un capítulo en ese hermoso libro. Aunque el párrafo del cual tomamos la cita lezamiana principia con la célebre frase “...un país frustrado en lo esencial político, puede alcanzar virtudes y expresiones por otros cotos de mayor realeza.”, con lo cual la necesidad de crear esa “tradición por futuridad” queda directamente ligada a las frustraciones políticas del presente, otra reflexión, hecha años más tarde, modula esta semilla de teoría sobre la tradición en un párrafo central del ensayo Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (siglos XVIII y XIX), perteneciente a La cantidad hechizada:

“En nuestra expresión lo mismo se pierde el rasguño de los primeros años que lo más rotundo y visible de lo inmediato. Lo mismo perdemos un anillo hecho por Darío Romano, nuestro primer platero en el siglo XVI, que se inutiliza por la humedad un baúl lleno de la letra de José Martí en el anteayer que viene sobre nosotros como una avalancha. Pero quien poseía ese baúl olvidó una primera regla de la conducta, es decir, que el poseedor de un baúl lleno de los escritos de Martí, entre las furias de un huracán o de un terremoto, está en la obligación de salvarlo antes que salvar su vida, como dice la orden del día de una de las grandes batallas contemporáneas, deberá morir en el mismo sitio antes que retroceder un paso. Casi todo lo hemos perdido, los crucifijos tallados y el cuadro de la Santísima Trinidad, de Manuel del Socorro Rodríguez; las recetas médicas de Surí puestas en verso; las frutas pintadas en este caso más lamentable todavía puesto que nunca existieron; la pláticas sabatinas de Luz y Caballero; las cenizas de Heredia; la galería de retratos de capitanes generales, de Escobar; alguna mancha de Plácido e el taller de Escobar; las pulseras, he visto una de hilos de seda que era un primor, y las peinetas de carey, de Plácido; una receta de manjar cubano hecho por Manzano; no conocemos ni siquiera un sermón de Tristan de Jesús Medina, brillante y sombrío como un faisán de Indias; el recuerdo de alguna sobremesa de Martí niño con sus padres, donde tiene que estar el secreto de su cepa hispánica la madre y el caudal del río, sabemos que Julián del Casal hizo aprendizaje y algunos intentos de pintar, nadie ha visto una de sus telas de aficionado, en el Museo no hay un solo cuadro de Juana Borrero, sus "Negritos" son para mí la única pintura genial del siglo XIX nuestro. Todo lo hemos perdido, desconocemos qué es lo esencial cubano y vemos lo pasado como quien posee un diente, no de un monstruo o de un animal acariciado, sino de un fantasma para el que todavía no hemos inventado la guadaña que le corte las piernas”. (2)

Aquí no hay ya, aunque no se les excluye, problemáticas políticas, sino más bien una especie de llamado de responsabilidad al hacedor de cultura, con esa suerte de imperativo categórico o regla monástica que asciende a partir del ejemplo de unos papeles de Martí perdidos para siempre: “entre las furias de un huracán o de un terremoto”, “salvarlo antes que salvar su vida”, “morir en el mismo sitio antes que retroceder un paso”. Del carácter de dramatismo extremo que la escena transmite (imaginemos a cualquier “alguien” luchando entre las furias de un huracán o de un terremoto para salvar un baúl), Lezama pasa, con suave ironía, a una apropiación del lenguaje militar; sin embargo, el lamento final nos indica que no estamos frente a una broma, sino los lineamientos para una tarea en cuyo trasfondo se encuentra desplegada una hecatombe: “Todo lo hemos perdido, desconocemos qué es lo esencial cubano…”

Hay una carta donde Lezama propone utilizar su monumental Antología de la poesía cubana (compilación en tres tomos que abarca desde Silvestre de Balboa hasta el final del siglo XIX) a la manera de un recordatorio o guía que oriente en cuanto a “lo cubano” al sobrino Orlandito. La carta está dirigida a Eloísa, la hermana menor de Lezama quien, desde inicios de la Revolución, había salido hacia Miami junto con su esposo e hijo. Puesto que hablamos de una familia que, a finales del siglo XIX, tuvo a varios de sus antepasados viviendo en el exilio en la Florida, entonces se tornan transparentes otras angustias del escritor; en particular, las que corresponderían al mantenimiento de la identidad en condiciones de diáspora, así como a la relación entre la cultura hecha en Cuba y su asimilación (o desaparición) en las comunidades del exterior provenientes de la Isla.

"...Lo que debes trasmitirle es el acento cubano, la grandeza de la expresión de Martí. La antología te puede ser muy útil en ese sentido, pues he procurado subrayar la nota cubana de sus poemas, siempre dándoles a comprender que esa cubanidad no es cosa externa, los cocoteros, las bandurrias o el bailongo, sino tratar de sorprender ese inefable cubano, un airecillo, una ternura, un estar y no estar. En fin, lo que cada cubano sencillo, cuando llega a su madurez, percibe como notas distintas, únicos significados de su circunstancia." (3)

A la luz de los estados presentes de las ciencias sociales, es sencillo anotar, como señalamiento crítico, que se trata de una angustia dominada por la centralidad de la cultura nacional y que desconoce la creatividad de las diásporas, sin ni siquiera imaginar lo que sucede cuando éstas se introducen en el territorio fronterizo de la escritura en una lengua ajena. Es cierto, pero ello no elimina la pregunta central ni su validez metodológica: ¿qué se hace, cómo se procede donde no hay memoria? Permítaseme citar nuevamente in extenso:

"...un país frustrado en lo esencial político, puede alcanzar virtudes y expresiones por otros cotos de mayor realeza. Y es más profundo, como que arranca de las fuentes mismas de la creación, la actitud ética que se deriva de lo bello alcanzado, que el simple puritanismo, murciélago de los sentidos y decapitador de sus halagos. Si una novela nuestra tocase en lo visible y más lejano, nuestro contrapunto y toque de realidades, muchas de esas pesadeces o lascivias se desvanecerían al presentarse como cuerpo visto y tocado, como enemigo que va a ser reemplazado. Si una poesía de alguno de los nuestros alcanzase tal tejido que mostrase en su esbeltez una realidad aún intocada, aunque deseosa de su encarnación, por tal motivo cobraría su tiempo histórico, recogeríamos claridades y agudezas que despertarían advertencias fieles. Pues el remolino de una imagen encarna al dominar la materia que se configura en símbolo. Ya en otra ocasión dijimos que entre nosotros, había que crear la tradición por futuridad, una imagen que busca su encarnación, su realización en el tiempo histórico, en la metáfora que participa."

La resonancia kantiana del argumento, según la cual el fervor delante de eso que Lezama denomina “lo bello alcanzado” es más poderoso que “el simple puritanismo, murciélago de los sentidos”, introduce para la cultura cubana una mirada generosa que, con fineza, supera cualquier partición alentada por puritanismos. El texto, del año 1956, es del editorial del último número de la revista Orígenes; época de recrudecimiento de la lucha contra Fulgencio Batista y donde Lezama, con una profundidad que sorprende, parece estar leyendo el sentido de las divisiones futuras que iban a manifestarse dentro del campo cultural. Si tal generosidad encuentra explicación cuando colocamos los escenarios políticos como fondo, también se justifica cuando leemos -dentro de la misma teoría cultural lezamiana- el siguiente apunte, extraído del ensayo Julián del Casal:

“… hay que acercarse de otro modo, viendo en todo creación, dolor. Una cultura asimilada o desasimilada por otra no es una comodidad, nadie la ha regalado, sino un hecho doloroso, igualmente creador, creado. Creador, creado, desaparecen, fundidos, diríamos empleando la manera de los escolásticos, por la doctrina de la participación.” (5)

El movimiento paradojal hacia delante, durante el cual es creada esa memoria por futuridad (“Si una novela nuestra tocase en lo visible y más lejano…”; “Si una poesía de alguno de los nuestros alcanzase tal tejido que mostrase en su esbeltez una realidad aún intocada”), tiene complemento en la voracidad de la mirada que desea y pide memoria, pero ambas dominadas por el gesto ético que no puede ser violado sin romper los tejidos de la cultura misma: “… hay que acercarse de otro modo, viendo en todo creación, dolor.”

Para los cubanos de cualquier sitio es una lección y cada vez más un desafío.

Notas:

(1) Lezama Lima, José: "Señales. La otra desintegración", en: Imagen y posibilidad, Imagen y posibilidad, La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1981. pp., 196-197.

(2) Lezama Lima, José: “Paralelos. La pintura y la poesía en Cuba (siglos XVIII y XIX), en: La cantidad hechizada, La Habana: Ediciones UNIÓN, 1970. pp., 159- 160.

(3) Lezama Lima, José: "Cartas a Eloísa y a otros familiares", en: Cartas (1939- 1976), Madrid: Editorial Orígenes, S.A., 1979. pp.., 178-180-181.

(4) Lezama Lima, José: "Señales. La otra desintegración", en: Imagen y posibilidad, La Habana: Editorial Letras Cubanas, 1981. pp., 196-197.

(5) Lezama Lima, José: “Julián del Casal”, en: Analecta del reloj, La Habana: Editorial Orígenes, 1953. p. 63.

Victor Fowler Calzada (La Habana, 1960). Escritor cubano. Ha publicado varios libros de poesía y ensayo.

 

Y EL ÁNGEL BALSERO VISITÓ A ELOÍSA

Por Eduardo González

En carta de mayo de 1961 a Eloísa, su hermana menor, José Lezama Lima se queja sobre la oferta que se hace de un "cuarto sobrante" para emigrados de visita en la Florida: "cada vez que alguna de tus amigas llama a casa, al final siempre se oye el júbilo que les produce el cuarto que tú les brindas” (C 128) Elogia a la hermana, pero se lamenta de que el cuarto sobrante se haya convertido “en la tortura de nuestra madre, que tiene que contemplar cómo la familia se prepara a dejarla sola,” y añade, contundente, que “en la soberana simplicidad de ver las cosas,” dichas amistades “alegan que Mamá si quiere se puede ir [a la Florida], pero que no lo hace porque no me quiere dejar solo a mí. Es feo e injusto, cuando una madre se encuentra triste con la ausencia de una hija abrumarla con tanto egoísmo” (C 128). Es entonces que brota el relato parábola:

"Ahora mismo se me ocurre el principio de un cuento que pudiéramos titular "El cuarto sobrante". Llega a tu casa alguien que está terminando su adolescencia. Te enseña la consabida carta, en que ustedes le brindan el cuarto sobrante. Un poco perplejos, pero ante el visitante que no tiene donde ir le otorgan por fin el cuarto sobrante. Dentro del cuarto, el hombre del extraño cumplimiento, se va trocando, más que desnudando, en piezas de madera, con brazos, nariz, ojos, y al final desaparece, no como un humo sino como una palmada brusca, que ordena el vacío. Por la mañana ustedes comprueban las numerosas piezas de madera, y ya abierta la sorpresa, deciden seguirla hasta sus últimas señales. Como maestra que eres, decides llevar los fragmentos en que se deshizo, a tu clase. Allí, tú empiezas a reconstruirlo pieza tras pieza, y al final lo que obtienes es la clara figuración de un ángel. Al día siguiente, vuelve la figura del ángel, pero sin excesivo escándalo aparece, en claro dibujo, el sexo. Hechas las averiguaciones para precisar al fulminante pintor se comprueba que el que lo ha hecho es el más sabio y bondadoso alumno. Pero ese sabio y bondadoso dibujo clandestino, ¿era en realidad sabio y bondadoso? ¿Ese dibujo completaba o deshacía, integraba o desfiguraba?" (C 129)

El ángel emisario trae un mensaje que tiene que ser, no escuchado, sino obrado por aquéllos seres que entonces lo hospedaron y por los venideros seres que obren posteriores lecturas. El ángel balsa, balsero y obrado, operado, para entonces convertirse en enigma.

El mensaje enigmático en este caso se transforma en obra de amor si se toma en cuenta que en la obra de Lezama Lima la metáfora se une con la imagen poética llevada en la carta de la bárbara hermana Ifigenia al hermano Orestes. En “Las imágenes posibles” (Analecta del reloj, 1953) se comenta la escena de Ifigenia entre los Tauros (Eurípides) en la cual el hermano y la hermana se reúnen, pero desconociéndose y creyéndose muertos.

Sucede que (incógnito) Orestes está a punto de ser inmolado por mandato de su hermana, la bárbara sacerdotisa Ifigenia. Como requisito expiatorio por ser matricida, Orestes ha venido a tierra de bárbaros con su amigo y amante Pílades para robarse la troncal estatua de Artemisa adorada en Táurica. Sin saber que habla con Ifigenia, el desconocido hermano le cuenta a la desconocida hermana lo sucedido en Argos. Así, ella se entera que Orestes está vivo, pero no se entera que lo tiene delante. Entonces, Ifigenia le ofrece al desconocido de Argos la carta sellada en la cual ella le revela a su familia que nunca fue inmolada en Aulis. Pero el desconocido Orestes se niega a llevar la carta y opta por ser sacrificado en lugar del amante amigo Pílades. La sacerdotisa accede a que sea Pílades quien sirva de emisario y que el otro, el incógnito hermano, sea el sacrificado. Pero, por miedo a que la carta se pierda en el mar, Ifigenia lee la misiva en alta voz. Pílades cumple entonces con la misión de llevar el mensaje: pero lo cumple con sólo entregarle la carta a Orestes en sus propias manos. Se causa así el reconocimiento del hermano por la hermana (ambos recíprocamente vueltos a la vida cara con cara).

Cuando en 1953 Lezama escribe: "Va la metáfora hacia la imagen con una decisión de epístola; va como la carta de Ifigenia a Orestes, que hace nacer en éste virtudes de reconocimiento" (OL 227), queda fijado – en vaticinio – el lugar que el relato sobre "el cuarto sobrante" habrá de ocupar. Ocupar sólo cuando la trágica incidencia de las tantas balsas naufragadas de manera irrevocable obre sobre la obra de madera y dibujo en que se enmarca la figura del extraño y sus avatares en el relato que la carta del hermano a su hermana ha dibujado.

Así como la carta de Ifigenia a Orestes nunca atraviesa el mar y es pronunciada y entregada al hermano en recíproco testimonio de lo mutuo de sus enlazadas vidas, de alguna manera la obra del extraño ángel desnudo en ese cuarto sobrante representa un mensaje que aguarda nuestra humana, inhumana, balsera entrega a nosotros mismos – y en nosotros mismos a quién quiera escuchar el náufrago relato.

Referencias:

José Lezama Lima: Cartas (1939-1976) (C). Introducción y edición de Eloisa Lezama Lima. Editorial Orígenes. 1979.

Órbita de Lezama Lima (OL). Ensayo preliminar y notas de Armando Álvarez Bravo. Ediciones Unión. 1966.

Eduardo González es Director de literatura Española y Latinoamericana del Departamento de Alemán y Lenguas Romances de Johns Hopkins University, Baltimore, Maryland. Enseña literatura y cine. Su último libro se titula Cuba and the Tempest. Actualmente trabaja en el libro Cuba and the Fall, al que pertenece el fragmento aquí incluido.



3 Comentarios


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3 por Pepeluis (Usuario no autenticado) 10/08/2007 19:10

Caro tuvo que pagar Joseito su fascinación por la manera en que el barbado espadón de turno pronunciaba "patria". Terminaria sus dias añorando el regreso de los camarones y raspando con la uña el tokonoma en la pared.

2 por Juanito Colibri (Usuario no autenticado) 09/08/2007 17:00

Victima, de lo cual estoy convencido, entre envidias, homofobia y ortodoxia politica y represiva. Tambien participo y firmo documentos convenientes que todos fuimos obligados alguna vez a apoyar y no fue mas que otra forma de ser tambien victima y sumado a complice, especie de brigadas de respuesta rapida y acto de repudio con disfraces de alta cultura. Su Paradiso incorporado a esas cosas que "en silencio han tenido que ser" hasta el dia posterior a su muerte en que comenzo a ser utilizado, obra y cenizas, para las divisas y otras mezquindades de la infamia imperante. La Loynaz tuvo que ser devuelta a los cubanos gracias a un premio Cervantes que hizo que muchos corrieran a retratarse en la casona del Vedado, resucitada en vida mientras otros murieron en vida y fueron resucitados a la mayor conveniencia.

1 por Duanel Díaz (Usuario no autenticado) 09/08/2007 14:10

La verdad, no veo la lección por ningún lado. Eso de la "tradición por futuridad", que refleja el deseo de una encarnación de la poesía en la historia, forma parte de la legitimación poética de la Revolución Cubana que hace Lezama, no ya en 1959 y 60, sino incluso en 1968, cuando escribe “El 26 de julio: imagen y posibilidad”. Creo, por tanto, que la lección no está en las palabras de Lezama, sino en esa historia de la que él también fue, al cabo, una víctima. A la luz de la Hecatombe hay que leer con cierta prevención aquellos elementos del “sistema poético” que sirvieron para legitimar a la que Lezama consideró la última de las "eras imaginarias".


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