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Sobre este blog

Política, literatura, medios

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

Foto: © Laura Ceccacci

Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

 

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Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
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Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

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El escritor y el futbolista

12 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

Las muertes casi simultáneas de Francisco Umbral, escritor, y Antonio Puerta, futbolista.

Umbral, autor prolífico y estandarte de una cierta literatura y un cierto periodismo españoles, deja más de ochenta títulos en los estantes de las bibliotecas. Hombre de letras en estado puro, Umbral es una pieza fundamental de la vertiente más díscola del casticismo español, situación oximorónica a la vez que constitutiva de una tradición que recoge a un González Ruano, un Gómez de la Serna, un Agustín de Foxá o un Eugenio D’Ors. Una tradición que tal vez haya muerto ayer con Umbral, porque sus epígonos dan de sí lo que pueden, que ya es poco.

El malogrado Puerta, 22 años, también murió ayer y también de una afección cardiaca que se hizo notar en un campo de fútbol. Jugaba en un club de fútbol de Sevilla. El año pasado dio una patada a un balón que esquivó los brazos de un portero, y clasificó a su equipo para jugar eso que llaman con engolado fervor una «final europea».

Cualquiera que en la noche de ayer se haya dado un paseo por la prensa digital española, o lo haga hoy mismo, notará la vulgar asimetría con que los diarios tratan ambas muertes: la del anciano hombre de letras y la del joven perseguidor de balones de cuero o de lo que sea que los hagan ahora los químicos de NIKE.

Peor aún es asomarse a la pantalla del televisor, donde llorosas muchedumbres hacen cola para decir adiós al cadáver del que corría sobre el césped.

Una desolación ante la pérdida de ese pobre muchacho que nos prepara para lo que viene el viernes: décimo aniversario de la muerte de Diana de Gales, icono del fin de siglo.

No, ¡más, qué coño!: ¡icono del fin de milenio!

Mil años enteros para acabar en esto.

Me pongo a trabajar hoy con la certeza de que si se desatara una hecatombe que acabara con esta civilización, los imposibles periódicos de la mañana siguiente no lamentarían la pérdida de lo poco que valdría la pena recordar.

 

De contra: Cortesía de El Mundo, donde Umbral escribía una columna diaria desde hace quince años bajo el epígrafe Los placeres y los días. Antes, hasta 1988 escribió para El País la serie Spleen de Madrid.

Todas las columnas que escribió desde 1994, están disponibles y ordenadas ahora en la web de El Mundo, único periódico que sacó hoy a los quioscos primera plana ajustada a los méritos de los difuntos.

LOS PLACERES Y LOS DIAS

Mi largo viaje a la derecha

FRANCISCO UMBRAL
Los niños españoles nacíamos falangistas como los niños moros nacen moritos. Era una cosa de la raza, cruzada con la política, que solía dar buenos resultados y gitanillos como El Lute, que ahora sale en este periódico muy honrado y bien elegido. Pero los niños, a pesar del franquismo y de la guerra ganada, no nacíamos de derechas ni de izquierdas, sino que ya éramos, en el vientre de la joven madre, unos hijos de la calle, la primera generación libre y libertaria que despuntaba en España, una cosa que la gran derecha no deseaba en absoluto porque aquellos señores iban a perpetrar una República, la II, y fuera del Ateneo no lo veían nada claro. Sólo los artículos de Ortega les fertilizaban un poco para poner bombas.

En mitad de este no ser una cosa ni otra, que le hubiera encantado a Sartre para escribir siempre contra sí mismo, ocurre que nací yo en una familia de izquierdas y tuve que iniciar en seguida mi largo viaje a la derecha, donde me estaban esperando los abuelos hidalgos y con título, los espejos requemados y lampasados del salón y, en fin, mi largo viaje a la derecha, que es el que metía a los falangistas en casa. Recuerdo a uno con esa cara de Fidel Castro que tienen todos los revolucionarios. Mi primo y yo jugábamos y dibujábamos con papeles, pero de pronto me eché a llorar porque mi primo mayor robaba siempre los lapiceros largos y a mí me quedaban solamente los de punta gastada. Era un pleito entre hermosos segundones, hasta que el falangista de turno cogió el lápiz largo, lo partió en dos y nos dio una mitad a cada uno.

Comprendí de golpe que eso era la revolución, lo que había vuelto revolucionario a José Antonio. Ya tenía yo mi programa político completo: tirar siempre a la derecha y romper muchos lapiceros. Los lapiceros eran para nosotros, niños revolucionarios, los molinos de Don Quijote. Pero aquel falangista amigo sin duda me encontraba todavía aspecto de lapicero mal afilado, de fascista sin apenas puntera, y me llevó al Retiro a montar en los autos de choque (entonces había: ahora sólo hay mamporreros que siguen buscando a Pío Baroja a media tarde, cuando pasea, para darle una pasada por rojo). Estas excursiones antibarojianas y otras aventuras impropias consiguieron hacer de mí un anarquista guapo, pues los anarquistas que salen feos tienen que ponerse al margen de la Historia a vender relojes parados en el Rastro.

Lo cual que Azaña y Franco nunca se llevaron bien. Don Manuel argumentaba con el militarismo francés, que había estudiado largamente en París, y Franco seguía muy puesto en el machismo académico de los Tercios de Flandes.

Cuando, en plena República, Franco salía de ver a Don Manuel pensaba asimismo que estos señores que van de gris no harán nunca la revolución pendiente, de modo que la hicieron ellos, los franquistas africaners, para que hoy la continuase Zapatero desmontando por el aire el caballo más inteligente de la Guerra Civil. La revolución la hizo Utrera Molina, según nos cuenta este periódico y según me ha contado a mí Utrera cuando viene de Málaga a echar versos (todo falangista lleva de relleno un poeta). Y un lapicero.

 

De recontra: En 20minutos, buena parte de los trailers de las películas en concurso en la Mostra de Venezia que comienza hoy su 64ª Edición.

Ojo con esa Nightwatching de Peter Greenaway, que recomiendo vaya acompañada de lectura previa del soberbio Los ojos de Rembrandt de Simon Schama.


12 Comentarios


7 por C.K.E. (Usuario no autenticado) 29/08/2007 17:40

Jorge,
Muy bueno tu blog, al menos das oportunidad a los “protestones” (yo entre ellos.)
Me alegra que te desmarques del coro de alacranes, si te fijas, en la pagina inicial de C. E. las opiniones contrarias no existen, que raro eso...

Soy “pro-sports” así que cuéntame entre los que leen primero la news del “soccer player”, sin embargo y después de leer tu blog, siento la perdida del escritor como si fuera “uno de los nuestros” :)

6 por EUFRATES DEL VALLE (Usuario no autenticado) 29/08/2007 17:30

Oye, Jorge, lastima que no pueda meter la cuchareta hoy. No conozco el tema ni los personajes. Pero te felicito porque has creado una buena polemica entre los entendidos, que es lo verdaderamente importante....y sobre el cadaver cuya muerte no es anunciada, nada? Bueno, que vamos a esperar, si con el nada nunca ha sido facil, fluyente, sincera o a tono con los tiempos modernos. El diablo es diablo aunque muerto este.... Date una vueltica por mi "casa digital" para que veas lo que desempolve.... Saludos.

5 por Subal Quinina (Usuario no autenticado) 29/08/2007 16:40

Pues yo le felicito por el artículo. Yo ando pensando en lo mismo viendo el telediario, pero sin el rollo de Umbral. Si Puerta hubiera sido colega mío, si hubiera hablado con él, pues vale. Pero su muerte —lamentable y triste— me afecta igualito que la de un camionero que volcó ese mismo dia en una autopista. Ah, la tribu.

Ah, y el rollo hipócrita de los fanáticos del Betis, cuando hace unos meses le endosaron un botellazo a Juan de Ramos en pleno partido. Todo el campo cantando Juande muérete, Juande muérete, y ahora todos lamiéndose las lágrimas mútuamente. Ah, la tribu, las masas, lo correcto. ¡Qué falacia!

Sin embargo, eso de la muerte lo vive uno como le da la gana. Yo aún echo de menos a Bolaño, pienso en él muchas veces, y ni siquiera lo conocía de nada, claro.

Lo de la muerte es un asunto relativo, como bien sabemos los lectores de este blog cuando la palme Fidel o cuando se suicidó Xirinacs.

por cierto, una prgeuunta me asalta de vez en cuando. ¿Ustedes, los bloggers exiliados, tienen ya preparados sus post para cuando Fidel se muera en serio? Simple curiosidad...

Salut!

4 por Yacer Te Hara Fat (Usuario no autenticado) 29/08/2007 16:30

Windows nos comunica muerte de Umbral y Puertas. Todo queda en casa, arquitectura. Cuidense Marisa Paredes y otros elementos constructivos.

3 por Kogan (Usuario no autenticado) 29/08/2007 16:20

Hola Jorge:
Soy un asturiano absolutamente prendido de tu blog. Quería agradecerte lo mucho que disfruto leyéndote cada día. Mi relación con la Isla nació a raíz de "participar" en el Festival Internacional de la juventud en La Habana, hace años ya. Aquello me sirvió para enamorarme de Cuba y horrorizarme por la dictadura. A los diez días ya me tuve que negar a pronunciar un discurso en una hamburguesería ;) En fin, tú sabes más de esto. Desde entonces voy buscando la Cuba secreta en Piñera, Lezama, Arenas, Sarduy...y ahora Ferrer. (¡Y también Abreu!).
No voy a estar a la altura del casticismo de los comentarios, soy más del norte, pero tras darte miel, hoy quiero llevarte la contraria. Afortunadamente aún vivimos en el mito, por eso nos conmueve más la muerte del héroe que la de un viejo que ha cumplido su vida; para los antiguos aquél era más afortunado al morir en la cumbre de su gloria y juventud. ¿Qué es más literario?

<emphasasize>TO AN ATHLETE DYING YOUNG

The time you won your town the race
We chaired you through the market-place;
Man and boy stood cheering by,
And home we brought you shoulder-high.

Today, the road all runners come,
Shoulder-high we bring you home,
And set you at your threshold down,
Townsman of a stiller town.

Smart lad, to slip betimes away
From fields were glory does not stay
And early though the laurel grows
It withers quicker than the rose.

Eyes the shady night has shut
Cannot see the record cut,
And silence sounds no worse than cheers
After earth has stopped the ears:

Now you will not swell the rout
Of lads that wore their honours out,
Runners whom renown outran
And the name died before the man.

So set, before its echoes fade,
The fleet foot on the sill of shade,
And hold to the low lintel up
The still-defended challenge-cup.

And round that early-laurelled head
Will flock to gaze the strengthless dead,
And find unwithered on its curls
The garland briefer than a girl's.

A.E.Housman


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