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El triste olvido de los sitiados

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Desde hace trece días, la casa de Vladimiro Roca en La Habana es la sede de una protesta contra el régimen que apenas encuentra eco en periódicos e hilos de noticias.

Gracias a Teresa Cruz, amiga y lectora, he podido escuchar a lo largo de estos días las pistas de audio de algunas de sus conversaciones con Martha Beatriz Roque, una de las sitiadas. ¡Son estremecedoras, créanme!

Ambos compartimos el estupor y la indignación por la indiferencia que genera esa gente acosada, una vez más, por las hordas castristas, los soldaditos de la dictadura.

«Lo que pasa», me decía esta tarde un amigo desde La Habana al que preguntaba por ese silencio, «es que vivimos en un tiempo en el que tanto el discurso del régimen como el de la disidencia tradicional han quedado obsoletos. ¡Ya no les interesan a nadie!».

Ok. Discútase eso, discútase lo que sea, pero, oigan, ¿avala esa o cualquiera otra consideración que silenciemos el drama de los sitiados HOY, AHORA?

¡AHORA!

Decididamente,: ¡NO!

El sitio

Por Teresa Cruz, New Jersey

En la insularidad que crea el exilio, hace unos días un grupo de compatriotas escuchábamos el relato que hacía Israel Abreu de lo que decía Martha Beatriz Roque sobre el sitio a la casa de Vladimiro Roca en el barrio habanero de Nuevo Vedado. Comenté: «Los no sitiados». Lo hice pensando en nosotros. Craso error que rectifiqué enseguida: «Estamos sitiados», añadí. Más que percatarme de ello, lo sentí.

En conversación telefónica con Martha, ella pone el teléfono en la puerta de la casa para que oiga a la jauría rebajar el español para proferir gritos que he oído muchas veces pero no dejan de aterrarme por vulgares y aterrorizantes. Martha me dice: «¿Tú lo oyes?» Gritos que hace unas décadas obligaron a mi padre a plantarse, machete en mano, en el portal de su casa aunque el acto de repudio era en la otra cuadra. Son las mismas voces, otros improperios, la misma decadencia; decadencia añejada en los barriles de Havana Club.

«Maricones», «Tarrúo’», «gusanos», «vendepatrias», «que te mato», «lo’ vamo’ a matar», «ustedes son unos singáo’», «te voy a singar». Eso gritan. Dudo al repetir esas palabras –aunque santa no soy- pero cómo relatar el horror, las gargantas desgarradas, amenazadoras, que tiran las palabras en el altavoz para que todo el cielo habanero y los niños que los acompañan, las escuchen, las repitan. Sí, cómo no, hay niños, hijos y nietos de los repudiadores. Están los adolescentes de la cercana secundaria básica dirigida por una mujer que aportó su grito civilizado: «Yo quiero tirarles la bomba de Hiroshima y Nagasaki.» Y después dirá: «la tiré, ¿y qué?»

Los niños acompañan sus gritos con gestos lujuriosos, los menos niños también. Enseñan los glúteos, se tocan las regiones púbicas, algunas despobladas ya, me imagino. Siempre que llamo por teléfono hay novedades circenses pero mortales: entraron, forcejearon, se golpeó el dedo Martha Beatriz, le tiraron una piedra en la cabeza a Vladimiro. El domingo pasado, un hombre con un cuchillo en la mano, desde la acera, le gritaba a Martha: «¡Te voy a matar!»

En inefable acto de la tiranía se le ha permitido a la prensa extranjera pasar el cerco para entrevistar a los participantes en el acto de repudio. A los sitiados no, claro. Hay un cordón de policías que rodean las cuadras aledañas a la casa de Vladimiro Roca. Acto inteligente para sitiar al resto de la población.

Los agresores son los agentes fascistas de esa entelequia que la Unión Europea y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) llaman gobierno, quizá por compromisos anteriores con los Castro y, seguro, por esperanzas de recuperar a la «siempre fiel», para exorcizar los complejos de 1898. Ellos refuerzan el sitio. Otros no se han enterado del sitio; la SINA permanece callada aunque se reunieron con opositores y adeptos a la entelequia, después del pregonado concierto que, tan pronto, se hizo desconcierto.

Estamos sitiados. Estamos sitiados y no respondemos con toda la fuerza que exige el cerco: unos andan rompiendo libros; algunos alegan cómo lo hubieran hecho ellos; otros pasan la vista por la pantalla del PC, se asombran y siguen, pasan faxes; todos dolidos pero paralizados ante el sitio.

Nos hemos acostumbrado. Pero son trece ahí y puede que el régimen les sirva la última cena.

La ilustración es de Guamá.

 

De contra:

Imágenes del sitio a la casa de Vladimiro Roca:



12 Comentarios



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12 por El anticomunista (Usuario no autenticado) 10/11/2009 17:08

Bueno para ser chinchero , el solo olvido que se tiene aqui es el de HDR, por donde estara ese, cabron de guajiro machoInocente, habra tenido un infarto con sus borracheras de tres por quilo, y su vino de cinco litro por un euro cincuentaDinero boca, hip, hip, ah y cristina la ciprina Beso y su academia leal epangolaPie en la boca, bueno saludos de su adversario en cantadoLengua fuera

11 por Para Caluidio (Usuario no autenticado) 08/11/2009 21:04

Claudio Ramirez -- ese es el nombre de "guerra, no? --, quizas no te des cuenta pues tu eres sin dudas un fiel seguidor de las "orientaciones" de las mesas redondas y sabes poco de historia y de pensar por cabeza propia, ni hablar, pero no sabes como me recuerdas a Otto Meruelos. Realmente la inmundicia eres tu y los que como tu se prestan para a que tu te prestas

10 por Claudio Ramirez (Usuario no autenticado) 08/11/2009 20:36

Este show de la quinta columna,se repite anualmente,mas ahora que Washington ha desviado el dinero para europa,y quieren recuperarlo de nuevo...da verguenza,hacerse llamar opositor,disidente,decir que luchan por una causa,y recibir pagas de una potencia extranjera,el verdadero patriota no recibe sueldos de nadie,para defender una causa,tambien ellos pueden hacer el show de los sitiados con las neveras repletas de alimentos,con dinero de los enemigos de la patria..decir opositor,disidentes,es decir inmundicias.

9 por El chico del Este (Usuario no autenticado) 06/11/2009 22:35

Niurka Caridad Ortega es una infiltrada del G2 no engañas a nadie,con ese ataque de victima.

8 por Mongo el malo (Usuario no autenticado) 06/11/2009 22:28

Le ronca tener que leer comentarios como el # 4, el 5, el 6 y el 7. Segun estos despues de todo los que estan sitiados en casa de Vladimiro se lo merecen por brutos, exagerados, controladores o falta de liderazgo. Los que escriben son realmente brutos o sera lo que parece, que tratan de defender a la dictadura que, despues de todo no es "tan horroroza".


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Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

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