Ernesto Guevara: «comandante en jefe»
Jorge Ferrer | 08/10/2007 13:44
Se cumple aniversario redondo de la muerte de Ernesto Guevara y el aluvión de noticias, evocaciones y promesas ha sido mayúsculo…
El mechón de cabello que se subastará en unas semanas, Bertrand de la Grange a vueltas con los huesos buenos y los malos, festejos en Cuba y au delà, proyectados monumentos en Argentina y Bolivia, «devoción en Vallegrande», «reflexión» del convaleciente Castro… Me ahorro glosar tanta letra, pero recomiendo paseo por los titulares: escríbase «Che» en la casilla de búsqueda del servicio de noticias de Google y se asistirá a ese carnaval memorioso.
De lo que he leído, casi todo en diagonal, poca cosa me ha llamado la atención. Y lo que lo ha hecho lo ha sido porque atañe a lo único que me importa de ese Guevara a estas alturas: la manera en que su biografía y su bibliografía interesan al futuro de una Cuba postcastrista.
En primer lugar, el Ernesto Guevara que esgrimen como herramienta política, y económica, los abogados del llamado «socialismo del siglo XXI». Después, el reciclaje simbólico del «Che», su silueta recortada para ser inscrita en el espacio iconográfico: el «Che» como fetiche.
De lo primero se ocupa Fernando Martínez Heredia en entrevista para la que el Juventud Rebelde eligió titular que es todo un manifiesto: «Che: expresión viva de la herejía cubana». De lo segundo, Iván de la Nuez en su «Che versus Feti-che», aparecido en el diario El País.
La lectura de la entrevista a Martínez Heredia me retrotrajo al Moscú de 1987. Carlos Tablada acababa de ganar el Premio Casa de las Américas con su celebrado libro El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara y aprovechando una visita suya a la capital rusa, la oficina cubana en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) lo invitó a dar una charla sobre el asunto a una veintena de funcionarios cubanos. A ruego mío, mi padre consiguió colarme en aquella reunión en una de las últimas plantas del «rascacielos» de la entonces Avenida Kalinin y pude asistir a delicioso espectáculo celebrado en el cielo de una ciudad revuelta por la perestroika: a funcionarios cubanos concientes de la orfandad que se avecinaba -la URSS implotaba y con ella todo el campo socialista- se les ofrecía tabla de salvación y coartada. El «Che» descreyó siempre de las fórmulas trilladas del socialismo soviético, afirmaba Tablada. La economía cubana pudo haber funcionado mejor sin la sujeción a las prácticas de la URSS y convenía rescatar las polémicas sobre el Sistema Presupuestario de Financiamiento y el cálculo económicos, la dinámica de los estímulos materiales y morales, sacar de los archivos el fantasma de la autogestión. La mera traslación de los modos del moscovita GOSSPLAN a la habanera JUCEPLAN fue error mayúsculo. Había, pues, esperanzas de rescatar otro socialismo que no sé si se atrevían a llamar autóctono, toda vez que el «economista» era argentino. Así, el peligro estaba conjurado: Cuba podría continuar con su aventura socialista, gracias a fórmula guardada, discurso a discurso, en los archivos del Ministerio de Industria.
La apuesta de Tablada había sido refrendada por el propio Fidel Castro: recuérdese el llamado que hizo en discurso que pronunció hace hoy exactamente 20 años: «Yo lo que pido modestamente, en este vigésimo aniversario, es que el pensamiento del Che se conozca. Se conozca aquí, se conozca en América Latina, se conozca en el mundo: en el mundo capitalista desarrollado, en el tercer mundo y en el mundo socialista. ¡Que también se conozca allí!»
Han transcurrido otros veinte años desde entonces. (Cuba pierde los años como los cubanos no parecen perder la paciencia.) Y otra vez ahora, aquel «pensamiento económico» de Ernesto Guevara vuelve a resurgir voceado por los abogados de una resistencia socialista en la Cuba de Castro II. Y se regala la fórmula a la Venezuela del Epígono Vulgar, a la Bolivia que ya conoció a un «Che», la misma donde se recortaron esos pelos por los que ansío ver quiénes van a pujar y qué destino dará al macabro souvenir quien gane la puja.
¿Qué proponen exactamente para la Cuba de hoy? ¿Sustituir el voluntarismo de Fidel Castro, que denuncian sin denunciarlo al vindicar la doctrina guevarista, por esa amalgama de fórmulas de la NEP protosoviética y sacrificio personal que personifican en el argentino? ¿De veras alguien puede concebir a estas alturas que la doctrina guevarista tiene más salida que la del trasiego académico o historiográfico?
Ese hombre, Ernesto Guevara, el que fusiló con ganas y firmó billetes de banco con desgana, ese paradigma del loser ¿en serio creen que es figura a rescatar para un país destrozado y dolido? ¿La fría y selectiva máquina de matar se transformará en cálido y promisorio teórico de cabecera de la izquierda cubana del poscastrismo?
Pues se ve que sí. Y lo peor es que la apuesta tiene visos de éxito. Reconstruir la idea de un socialismo cubano sobre la base de un Ernesto Guevara que abandonó Cuba tan pronto como en 1965 y al que la mayoría de los cubanos de la isla no asocia, por ende, con la miseria y la represión posteriores es una posibilidad que algunos manejan. Relanzar una Revolución sin Fidel Castro requiere de un mito fundador, cuyo olvido se denuncie en aras de vestirse con ropajes de refundación.
Guevara sirve a la causa de los gatopardistas en un curioso ejercicio de retroalimentación del mito. Si antes Cuba y su revolución ganaban adeptos en el mundo gracias al magnetismo del guerrillero errante, ahora, afianzado ya el icono, será esa cualidad de estandarte de la izquierda mundial la que podrían utilizar las elites políticas cubanas adeptas del socialismo para fundar una nueva legitimidad. Y exportarla. Antes exportaban la revolución; ahora, exportan los arcanos del revolucionario más conocido.
En su artículo sobre el «Che» como fetiche, Iván de la Nuez apunta a la dimensión cultural del icono: «Para la izquierda radical, el fetiche del Che significa una victoria cultural después de una derrota política. Para la derecha radical, el fetiche del Che significa una derrota cultural después de una victoria política», escribe. Una victoria cultural, entiendo, que avala el efecto estadístico de la multiplicación del rostro de Guevara.
En efecto, y de la Nuez apunta ejemplos varios, la recortada silueta de Korda se ha inscrito en la memoria visual de los últimos cuarenta años con fuerza que pocos iconos, si alguno, había conseguido en esta época del arte amigo de la reproducción mecánica. Por ello no es de extrañar que en la batalla cultural cuyos pelotones viste y paga Chávez, mientras Eliades Acosta, comisario político, los dota de munición ideológica, a ese Guevara lo harán aparecer con galones de Comandante en Jefe.
Me da que es guerra que perderán por muchas razones. Y que el tipo sea gafe no es la última.
Por lo pronto, les aconsejo a los guevaristas de La Habana que pidan puñado de petrodólares para comprar esos pelos en la subasta que se avecina. Lo dijera o no el argentino en sus arengas del Ministerio de Industria, las cruzadas se libran para hacerse con reliquias. Y las suyas, como era de esperar, se venden.
UPDATE:
¿Se acuerdan de los muchachos de la Brigade de l'Argent des Français (BAF)? Hace unos meses se dedicaban a limpiar París de imágenes de Ernesto Guevara. Vean aquí y aquí.
Hoy han celebrado el aniversario dedicándole un homenaje a Félix Rodríguez. Hay develación de busto, reconstrucción de los hechos, canción y hasta lectura de su entrada en la wikipedia.
H/T Zoé Valdés
UPDATE:
Otras dos piezas atendibles:
Discurso de Ramiro Valdés en Santa Clara y artículo de Jorge Castañeda: "Aniversario del Che".
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 09/10/2007 13:46



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12 Comentarios
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12 por Mariana (Usuario no autenticado) 28/11/2007 13:30
Si, muchos medicos a Venezuela y en Cuba cada dia va a peor(si es que esto es posible) la atencion al pueblo. Consultorios vacios, medicamentos solo en la bolsa negra.....
11 por CURVA AFUERA (Usuario no autenticado) 09/10/2007 21:10
Hoy me enteré de que Guevara era conocido por sus amigos como El Chancho (heroico?) por su habilidad para evadir las duchas. El coma-andante patillas también iba de Bola de Churre por las mismas razones. Será toda esta cagazón una conspiración de cochinos?
10 por CURVA AFUERA (Usuario no autenticado) 09/10/2007 21:00
Malinche, Que lindo como te prestas de peon para ese juego que tus jerarcas pretenden jugar eternamente con la gastada humanidad de los cubanos. De los médicos cubanos, o de los médicos en general, siempre espero mucha humanidad, y por supuesto que no sean herederos de ese "gran medico" el cual nos hizo saber, con su estilo mesiánico, que, ante la disyuntiva, literalmente eligió una caja de balas en vez de una de medicinas y así abandonó definitivamente su carrera de médico para dedicarse a la de asesino. Además, sabemos que esa misión médica es más política que médica, y si no, por qué tanta propaganda para esa supuesta ironía?
9 por CAVECANEM (Usuario no autenticado) 09/10/2007 18:50
Jorge: Los pelos de Ernestito van a ser comprados por algun oscuro projecto cubano-venezolano, su DNA extraido y utilizado en clonar otros tantos bebes emboinados y asmaticos. De aqui a algunos años será perfectamente posible tocar a la puerta de una humilde casa en Barquisimeto o San Miguel del Padrón y encontrarse a un ceñudo y encachimbado sujeto que te salude con un: "y vos que carajo querés". Saludos desde Idaho.
8 por CAVECANEM (Usuario no autenticado) 09/10/2007 18:10
Malinche: La Malinche original se abarraganó con el bigotudo de Hernán y de paso le sirvio de guia, siendo la primera jinetera/chivata en entrar a la historia tendiendose --bocarriba-- como puente hacia el avasallamiento y exterminio de toda una cultura. De tu pseudonimo lo unico que colijo es que te defines como una jinetera-barragana-chivata cubana pues eso es lo que el genitivo latino que te apellida significa. De tu coprolalia, escaso queda por decir salvo: fo!
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