La risa y el horror
Jorge Ferrer | 07/05/2008 17:32
¿De veras a alguien sorprende que en las fotos de André Zucca los parisinos aparezcan sonrientes, indiferentes, acaso felices? Por lo visto sí: a algunos los sorprenden, e irritan, esas estampas del París ocupado. Son esos a quienes se ha contado que toda la ciudad era una gigantesca célula de la Resistencia y cada francés –menos Pétain, Céline y algunos Papon–, un héroe antifascista.
Zucca y la película AGFA que le proporcionaban los alemanes ofrecen el testimonio de lo archisabido: la capacidad del ser humano para perpetuar su dócil alegría bajo cualquier régimen, por despótico que sea.
Así, hubo risas soviéticas en las calles aledañas a la Lubyanka y hay carcajadas cubanas a unos metros de los atropellos a las Damas de Blanco. He visto a gente riendo en el Pyongyang de Kim Il Sung y el Bucarest de Ceaucescu. En los islotes del GULAG y en Auschwitz también se reía.
El cuento narrado una y otra vez a los niños franceses acerca del París agrisado por la ocupación no es más que otra de esas mentiras que sirven para construir falsos héroes, sean individuales o masivos.
Peor aún es que ahora pidan disculpas a la entrada de la exposición, se afanen en explicar que Zucca no era más que un propagandista. Que tapen la evidencia de la normalidad con que se tomaron en París el sometimiento al nazismo. Que pretendan demostrar que esas fotografías no muestran lo que muestran.
Pero lo mejor del pasado es que a veces se asoma al futuro.
Algo que no ha sabido ver Reinaldo Taladrid, uno de esos soldaditos de la UPEC. Por eso la emprende hoy en Granma contra el texto de Ivette Leyva sobre la recuperación de Fulgencio Batista que publicó El Nuevo Herald.
Taladrid salta a acusar y denunciar. ¡Miami estaría llena de batistianos!, denuncia. ¡Hay un renacido culto al viejo dictador!
Con lo sencillo que sería que comprendiera ese Taladrid que el desapasionado trasiego con Fulgencio Batista le facilita el camino a Fidel Castro en el futuro.
Pueblo acostumbrado a desdramatizar dictaduras, a reírse de ellas o a ensalzarlas soportará encantado exposición de fotos de rientes taladrides y otros camajanes de la tiranía. Y se olvidará de los horrores del castrismo con la misma rapidez que hoy los ignora.
No hay mal que por bien no venga, que se dice.
Publicado en:
El Tono de la Voz



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8 Comentarios
3 por J.Campos (Usuario no autenticado) 07/05/2008 22:24
Yep
Magnifique
2 por Zucca circunstante (Usuario no autenticado) 07/05/2008 21:14
Excellente el post de hoy, y peliagudo asunto éste (de tantos lados que tiene aboca a cualquier sitio, también a cualquier abismo). Es tema de los que concentran demasiado sentido como para que quedarse con alguno valga de algo (o con alguno que valga de algo, que no es lo mismo pero como si lo fuera).
La dócil criaturita feliz lo es, o intentará serlo lo menos y lo conseguirá de cuando en cuando y más a menudo de lo que se cree, bajo cualquier circunstancia. ¿Debería haber obligatoriamente algo provecto en esa felicidad, si dócil o a contracorriente tanto da? Pues a ver quién dice, a certeza, que sí o que no. Una sonrisa en Auschwitz o en Kolyma puede leerse tanto como asentimiento al infierno que como resistencia al infierno que como ignorancia –¿resistente, afirmativa, despreocupada o frívola sin más?– del infierno.
Puede leerse de mil maneras. Ahora bien, ¿la lectura secundaria no es superflua, a fin de cuentas? Una vez más, en última instancia lo que vale, por más que nos pese (y si vale, ¿realmente vale de algo?) es la circunstancia de la sonrisa o la felicidad momentánea que sea. El hecho, primero –la sonrisa, la felicidad de aquel día– y la circunstancia del hecho –a pesar de toda esta mierda esa mujer me sonrió, o salió el sol o qué buena está la vecina, o esto hay que aceptarlo como venga, tuve que denunciar a Mengano pero yo me libré, etc etc: circunstancias todas ellas, y NO valen igual, por supuesto, pero son circunstancia a fin de cuentas–. La circunstancia es lo que hace más o menos tratable el hecho, y el hecho (la sonrisa, la felicidad a brazo partido) sigue siendo el mismo.
Cualquiera de los internos del universo concentracionario alemán o soviético debe haber tenido días felices (un poco más de sopa ese día, una noticia buena, un gesto de alguien que se ha hecho cercano). Cualquier cubano, de los que viven en Cuba o de los que vivimos fuera, conserva seguro una foto o lo menos un recuerdo de días felices, de un día donde todo fue la mar de bien y se lo pasó de maravillas y se sintió el tipo más pleno del mundo –de ese día, de ese momento de aquel día, etc–. ¿Debería sentirse culpable por eso? Pues a ver quién dice que sí o que no. Y de última, una vez más, lo que queda es la mera circunstancia.
Pregunta que no sé cómo contestar: ¿y si la película se la hubieran hecho llegar los ingleses, digamos? Imaginémonos a Zucca, cercano a la resistencia, yendo a buscar una vez al mes paquete de película ilford –y no la agfacolor del enemigo– y tomando exactamente, idénticas, las mismas fotos. ESAS fotos. Fotografiando, digamos ahora, la alegría de vivir, la luz de la primavera de un mundo civilizado, de un mundo contrapuesto al de la ortodoxia nazi de rigor y austera disciplina y etc. ESAS MISMAS fotos.
Hmmm. Magnífico el post.
1 por Ric (Usuario no autenticado) 07/05/2008 19:51
En París la Resistencia tenía dos miembros: uno, y el otro que ahora dice que el primero era de la Resistencia. Y viceversa. Todos los otros se estaban dando la lengua con los fritzs.
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