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La transición trimestral

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¿Cuántas veces hemos leído en los últimos meses que Fidel Castro está cada vez mejor y trabaja cada día más? Lo han dicho ministros cubanos y portavoces disímiles. Lo ha insinuado él mismo en alguna de las ocasiones en que ha asomado el Adidas a las noticias.

¿Cuántas veces? ¿Un centenar?

La pregunta es si se trata de especie mandada a despachar desde la mesa de Raúl Castro, de gesto magnánimo con moribundo que saben pendiente del hilo de noticias, o de mera declaración sin más fundamento que el interés propio de quien la difunde.

Probablemente, haya de todo.

Pero lo interesante sería comprobar hasta qué punto estamos ante estrategia urdida por el sucesor, algo que ya he afirmado aquí.

En los primeros días de agosto de 2006 -¡Sí! ¡Llevamos en esto desde agosto de 2006 por increíble que parezca!- Reina María Rodríguez me decía desde La Habana que se vivía una tensa sensación de espera.

Pasa de quince meses el país a la espera. Ya no es un país: es una masa a la expectativa. El nuevo régimen apenas se ha atrevido a insinuar la voluntad de cambios ajustada a dimensión gatopardista. Ha conseguido, eso sí, sortear obstáculos previstos e imprevistos. Entre los segundos, aquello que llamaron la «guerrita de los e-mails», cuando a medio año de la delegación de poderes parecía que se soliviantaban los intelectuales. Fue guerrita, por cierto, que está teniendo curiosas, aunque apenas prometedoras secuelas, en las reuniones previas al Congreso de la UNEAC. De los obstáculos previstos, las elecciones fueron prueba de fuego en las que apenas se les chamuscaron guayaberas y guerreras a quienes detentan el poder en Cuba.

Se me ocurría ayer que desde el exilio deberíamos ir nombrando los años que pasan desde el paso del déspota por el quirófano, de la misma manera que la Revolución nombró los suyos. Es útil recurso mnemotécnico, el menos. «Año de la Liberación», «Año de la Reforma Agraria», «Año de la Educación», «Año de la Planificación» fueron los primeros nombrados por el poder revolucionario.

El calendario del «castrismo postCastro»: ¿cómo bautizar sus años? ¿O lo hacemos por meses? ¿Por semestres? ¿Trimestres?

Adelanto propuesta por trimestres, que vamos comenzando ya el sexto, desde que se notificó la delegación de poderes:

Agosto-octubre de 2006: «Trimestre de la euforia»

Noviembre 2006-enero 2007: «Trimestre de la mengua de la euforia»

Febrero-abril de 2007: «Trimestre del “De este trimestre sí que no pasa”»

Mayo-julio de 2007: «Trimestre a la espera de las palabras de Castro II, alias Trimestre del marabú»

Agosto-octubre de 2007: «Trimestre de la propuesta de anexión»

Noviembre 2007 - Enero 2008, en el que estamos: «Trimestre en que se valora comenzar a contar el tiempo de sobrevida por semestres»

 

De contra: el «¡Por qué no te callas?» del Borbón a Hugo Chávez está generando toda suerte de excrecencias.

Unas pocas perlas: el «reyggaeton», la discusión envuelta en peluche y un dizque fiero dragón regicida.

Hay larga selección en El Catalejo.

 

UPDATE:

Sigue el Borrador de uno de los documentos elaborados con vistas al venidero congreso de la UNEAC al que aludía más arriba. "¿Por qué no cambiar lo que tiene que ser cambiado?", concluye.

Magnífico lema con que enfrentar ese congreso. Mi enhorabuena a los autores.

VII Congreso Nacional de la UNEAC. Borrador/ Primeras ideas.

Tema principal: La ciudad existente y el patrimonio construido. El caso crítico de la ciudad capital.

"La ciudad no es una retahíla de edificaciones, sino la creación más espiritual de nuestra civilización y, con el lenguaje, la más grande obra de arte creada por el hombre. Es el lugar de la cultura, el espacio público por excelencia, el lugar de la civilización"

Rogelio Salmona

Introducción

Son las ciudades y pueblos cubanos el patrimonio más importante de la cultura material de la Nación.

En el complejo proceso de origen y desarrollo de las ciudades se sintetizan, a través de la forma física, los valores espirituales de un momento determinado de la sociedad. La ciudad es el crisol donde la economía, las determinantes sociales, la política y la ideología se representan físicamente en la tectónica de lo urbano, a través de la cultura, en su acepción más amplia.

El caso cubano es muy singular. Por razones conocidas las ciudades cubanas han quedado detenidas en el tiempo por más de cuarenta años. Nuestras ciudades y pueblos se nos presentan hoy, en su mayoría, como testimonios, ruinas contemporáneas, del esplendor de una cultura pasada que ha seguido su desarrollo en el presente, gracias a la dinámica de sus habitantes en yuxtaposición a estos escenarios decadentes. El abandono que han padecido nuestras ciudades, en aras del desarrollo social fuera de su marco físico, la pobreza producto de limitaciones económicas, y por suerte, la ausencia de las operaciones inmobiliarios y de especulación urbana característicos de los años 70 y 80, permitieron que paradójicamente, estos procesos destructivos de gran parte del patrimonio urbano de América Latina, salvaran las ciudades cubanas. Pero hoy el panorama es desolador y el futuro poco optimista.

En La Habana --donde vive la quinta parte de los cubanos-- estos problemas se agudizan. La capital representa el tesoro construido más importante del patrimonio cultural y espiritual del país, que constituye su propio valor económico y simbólico, hoy en franca crisis. El deterioro acumulado por décadas pone a la ciudad en un estado de peligro inminente y en muchos casos irreversible, por su envejecido patrimonio edificado con cerca de 80 años como edad promedio y con el 75% de los asentamientos insalubres del país (160 000 habitantes.). Perder la ciudad capital o un fragmento de ella es perder una parte de nuestra historia y de nuestra identidad como Nación.

A diferencia del ejemplo excepcional del programa para la restauración del Centro Histórico de La Habana, una operación integral de trascendencia cultural, social y humana, el resto de la ciudad presenta un panorama desolador, donde lo más preocupante es la falta de estrategias y políticas del Estado cubano para enfrentar esta situación. El exitoso ejemplo de La Habana Vieja debería servir de patrón para discutir el destino de la ciudad toda. Si el gobierno, el Partido Comunista y demás instituciones no toman la suficiente conciencia de la trascendencia e implicaciones de esta situación, dentro de unos pocos años el mal será irreversible, como lo es ya para edificaciones valiosas, calles perdidas y barrios en ruinas.

La necesidad de una política prioritaria para la ciudad, dentro de los programas de nuestro desarrollo, no implica necesariamente que este tema sea una carga para el presupuesto del Estado. Está demostrado en otras experiencias mundiales y cubanas, que las operaciones urbanas a gran escala, como la del Centro Histórico de La Habana Vieja, pueden autofinanciarse y crear riquezas para la economía del país. La Habana está llamada a ser la “Roma de América”, como ha sido reconocido por prestigiosos urbanistas. Este valor excepcional de una ciudad, de poder convertirse en un paradigma urbano universal, sólo lo tienen contadas ciudades en el mundo. Mostrar en el futuro las cualidades abrillantadas de La Habana por la sabia restauración o las intervenciones contemporáneas adecuadas, tiene su precio pero también su recompensa, no solo a nivel de la entrada de nuevos recursos financieros, sino también y sobre todo, para mejorar el bienestar de la población y salvarnos nosotros mismos de la complicidad con la desidia o el abandono.

El deterioro generalizado.

La población de la ciudad de La Habana supera la del conjunto de las capitales provinciales y sus problemas se multiplican exponencialmente.

Desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, es alarmante el deterioro del fondo edificado y en especial de la vivienda, que constituye la masa crítica de cualquier ciudad. Existe un dramático número de viviendas con riesgo de derrumbe inminente y miles de familias expuestas cotidianamente a este grave peligro. El enorme déficit de viviendas y la ruina masiva de las edificaciones ha provocado una transformación de las tipologías tradicionales apareciendo en su interior una “arquitectura de sobrevivencia”, con características de tugurio autoproducida sin ninguna conducción técnica, sobre todo en los municipios centrales.

La red vial, que sigue siendo prácticamente la misma de hace 50 años, presenta un alarmante deterioro con el 70% de la vías secundarias en mal estado a lo que se añade un incremento de los vehículos particulares, y el colapso del transporte público, que hoy mueve solo el 10% de los pasajeros que transportaba hace 20 años. La ciudad es extensa, el tráfico crece, y no se vislumbra una solución.

Es notoria la ausencia o la falta de calidad en los espacios públicos. Las áreas verdes están desatendidas, falta más de la mitad del arbolado urbano y muchos de los parterres se han privatizado; el mobiliario urbano se encuentra en mal estado o falta. Todo esto se agudiza en las zonas de nuevo desarrollo. Además, proliferan las ilegalidades con transformaciones de las edificaciones, ocupación inadecuada del espacio público, etc. por parte de instituciones estatales y de particulares, unidas a la desaparición del control urbano. Existe una permanente y flagrante violación de las Regulaciones Urbanas, mientras que por otra parte se ha empobrecido la expresión de la escasa nueva arquitectura que se produce.

Desde el punto de vista funcional, se han estado perdiendo usos tradicionales, sobre todo por la reconversión masiva de antiguos locales comerciales y de servicios en vivienda, con soluciones que no cumplen las más elementales condiciones de habitabilidad y con la consiguiente desvalorización desde el punto de vista urbanístico y económico. Se pierde, incluso, la vocación funcional de ciertos barrios. Unos pierden su centralidad, como Centro Habana, y otros se deforman de manera consciente, como Miramar. Esta disfuncionalidad en los barrios provoca excesivos movimientos para la satisfacción de servicios. Se ha generado una nueva centralidad en moneda dura solo accesible mediante movilidad privada.

Desde el punto de vista ambiental, son angustiosas la obsolescencia de las redes de infraestructura, en especial las de suministro de agua y drenaje, así como la insuficiencia en el sistema de recogida y manejo de los desechos sólidos, todo ello causante de parte del deterioro ambiental que se aprecia en la ciudad, con la consiguiente proliferación de peligrosos focos de vectores que han producido alarmantes epidemias. La pésima situación del alumbrado público genera extensas zonas potencialmente peligrosas que incitan a la violencia.

Desde el punto de vista territorial, la ciudad se está fragmentando, con una franja relativamente privilegiada cercana a la costa, y un conglomerado de barrios cada vez más degradados hacia el centro y sur del territorio. Cabría una llamada de atención especial por la situación de los municipios centrales, susceptibles ya de una “declaratoria de emergencia”. No menos grave es el crecimiento de “villas miseria” como asentamiento de emigrantes “ilegales” mientras que el 65% de los que emigran al extranjero –jóvenes de 25-35 años con educación media y superior-- provienen de la capital que pierde una valiosa inversión en capital humano sin posibilidades de recuperación; sin embargo su población no disminuye, lo cual indica un recambio descontrolado permanente de la misma. Ya que las medidas orientadas a restringir la migración interna hacia la capital, además de inconstitucionales, no la han frenado.

Desde el punto de vista social, hay un extendido sentimiento de inseguridad ciudadana; basta ver la proliferación de rejas, car-porches, carnavales desvirtuados con la consiguiente pérdida de la cultura tradicional y la identidad de los barrios, comportamientos antisociales, etc., y un aumento del número de personas que deambulan por el espacio público, especialmente adultos mayores y personas con discapacidad física o mental.

El deterioro de la imagen urbana y en especial del paisaje de la calle y las condiciones infrahumanas de la vivienda, está indisolublemente acompañado por el deterioro de los valores cívicos y patrones de conducta civilizada, confirmándose la interrelación entre el contenedor y lo contenido.

En la gestión y administración de las ciudades es obvia la desconexión entre estrategias, presupuestos y planes de ordenamiento territoriales. Se elaboran planes sin la contrapartida del aporte financiero. Aparecen extra planes y prioridades no conciliadas con las líneas y los planes estratégicos. No se emplean métodos avanzados de dirección y gestión. La informatización y la infraestructura para la instrumentación de los planes es insuficiente u obsoleta. No se cuenta con personal capacitado específicamente en temas de redes de infraestructura y movilidad.

No solamente faltan recursos suficientes para acometer planes urgentes, sino que hay una ausencia de transparencia en los presupuestos de la ciudad y determinación de prioridades así como una obvia desconexión entre las decisiones y los lineamientos de planificación física, ordenamiento territorial y las estrategias de desarrollo, que en ningún caso cuentan con respaldo financiero.

Todo lo referido a la producción de la vivienda, que forma la gran aglomeración de la ciudad, fue traspasado del sistema de la planificación física (DPPF) al Instituto Nacional de la Vivienda (INV), lo cual constituye un gravísimo error, al privar al ente especializado en materia de planificación, regulación urbana y ordenanzas de la construcción, de emitir las licencias correspondientes y establecer el control adecuado sobre el tema que conforma la ciudad en su esencia.

Otro aspecto que atenta contra una eficiente planificación urbana es la ausencia de una Ley del Suelo, que constituye uno de los recursos económicos más importante con que cuenta cualquier ciudad para su desarrollo.

Por otra parte las autoridades no tienen en cuenta las propuestas del Plan, primando la óptica sectorial en la asignación de los presupuestos para la ciudad, lo cual hace impracticable la lógica articulación territorial y los equilibrios. Baste el ejemplo de la situación caótica de las construcciones para la salud que se acometen provocando insuficiencia y mala calidad en los servicios que brindan, obstrucción del espacio público, robo de materiales, etc.

Hay falta de información visual y otras formas de comunicación en general, altos niveles de “inaccesibilidad” en el sentido más amplio y dificultades crecientes en la gestión de trámites de toda índole por parte de la ciudadanía. Especialmente la extrema restrictividad de los procedimientos para construir, reparar o intercambiar viviendas genera una corrupción generalizada y una ampliación de la informalidad en procedimientos que debían ser reconocidos, regulados y aprovechados por la administración citadina.

Pensar el presente.

¿Cómo enfrentar este cúmulo de problemas?

Las ciudades no solo crean problemas, ellas concentran también grandes potenciales, capacidades creadoras, productivas e innovadoras que es necesario desatar. Hay que enfrentar sin duda amenazas y correr riesgos pero, sobre todo, saber aprovechar oportunidades. Lo real se nutre de lo probable y éste de lo posible.

AMENAZAS

Seis amenazas graves e inmediatas pueden ser:

1. el envejecimiento físico y humano,

2. el déficit generalizado de viviendas,

3. la fragmentación territorial,

4. la motorización privada,

5. la ingobernabilidad,

6. el comportamiento antisocial.

· Una vieja Habana significa desde el punto de vista humano un colosal esfuerzo en seguridad social. La población cubana tiende a envejecer. La esperanza de vida creciente permite que actualmente un 20% viva un promedio de 20 años después de la edad de retiro. Este grupo creciente requerirá de servicios a escala local. Una ciudad envejecida impondrá también sus demandas: será ineludible adaptarla para este creciente grupo etáreo además de reparar, rehabilitar y reponer, a riesgo de desaparecer, no solo el valioso patrimonio inmobiliario existente, sino también las obsoletas redes de infraestructura.

· El gravísimo déficit de viviendas constituye una deuda no resuelta con los ciudadanos, que genera múltiples problemas sociales. Se demandaría de una construcción masiva de viviendas que permitiera “destugurizar” los municipios centrales, para dar paso a acciones de conservación del fondo y a la eliminación de la condición de “albergados” a miles de familias que llevan años con ese estatus.

· La “dualización” de la ciudad –“luces” al norte, “sombras” al sur- tampoco parece fácilmente evitable, todo lo mas atenuable, a costa de fuertes inversiones, voluntad política y solidaridad ciudadana.

· Una notable tendencia a la motorización privada, y una ineficiente gestión del tránsito, sin alternativa colectiva viable a corto plazo, con un alto impacto en una red vial alarmantemente frágil ante obvios crecimientos de la circulación y en un alarmante estado de deterioro. La red radial existente, que tenía sentido cuando las relaciones se armaban entre un solo centro urbano y su periferia regional a través de las calzadas, no podrá absorber los crecientes flujos transversales que conectarán múltiples centros. La conexión este – oeste, a través del túnel de la bahía ya presenta signos de colapso.

· Un permanente desgaste de la gobernabilidad urbana, caracterizada por la erosión de los mecanismos de participación política cotidiana y barrial organizada a través de una institucionalidad en principio tan interesante como vacía de recursos y, por tanto, con el tiempo, de credibilidad. Por otra parte, no hay conexión entre las entidades responsables del ordenamiento urbano y la estrategia de desarrollo, ni estos planes tienen respaldo financiero, ni son tenidos en cuenta por los decisores.

· Una paulatina y alarmante erosión de las normas de convivencia, pues la sordidez del ambiente influye negativamente en el comportamiento humano, manifestándose en conductas antisociales generalizadas, indisciplina urbanística, irrespeto privado y estatal de las regulaciones urbanas y las normas constructivas, procedimientos informales respecto al cambio de viviendas, corrupción, agresiones sonoras impunes, tendencia a una elevación de inseguridad ciudadana, multiplicación de rejas, etc.

OPORTUNIDADES

Es necesario saber aprovechar procesos que constituyen oportunidades:

· El nivel de deterioro y la extensión de la ciudad permiten “hacer ciudad sobre la ciudad” por medio de la recalificación de suelos industriales o militares ya caducos, la refuncionalización de edificaciones industriales, la recuperación de antiguos locales comerciales o la redensificación de zonas con baja ocupación o explotación del suelo con el fin de no extender todavía más el área urbana existente.

· La enorme inversión efectuada en lograr un alto nivel científico y de instrucción en la población exige que sea aprovechada para que todos los ciudadanos puedan participar en la salvación de la ciudad. Sin embargo, ello demandará de profundos cambios en su reconocimiento social y material, que haga viable una efectiva participación. Se debe hacer un particular énfasis en la difusión de una cultura urbanística y civilizada.

· Explotar mejor la envidiable localización física de la ciudad –tanto su perfil costero como su ubicación regional en la encrucijada del Caribe-. No todas las ciudades tienen esta suerte. Esta posición estratégica puede resultar muy beneficiosa en un reposicionamiento global y sobre todo regional.

· La formidable riqueza patrimonial tangible e intangible que aún conserva a diferencia de otras capitales de la región. Es innegable el valor como ciudad, modelo paradigmático para el nuevo urbanismo con una ciudad de escala humana y grandes sectores tradicionales conservados. Por otra parte es reconocido el carácter abierto y hospitalario de sus ciudadanos, su idiosincrasia solidaria, la seguridad ciudadana que aún se aprecia, la música y diversas manifestaciones artísticas mundialmente conocidas, la rica historia ciudadana y las tradiciones. Será necesario un esfuerzo para sacar un mayor partido a estas cualidades.

· La existencia de experiencias que han resultado exitosas en materia de gestión del desarrollo integral como las de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y otras Oficinas en Santiago, Camagüey, Trinidad y mas recientemente en Cienfuegos. Sin dudas esta experiencia acumulada y con resultados muy alentadores puede servir de inspiración para la acción en las ciudades.

RIESGOS

Son esperables eventos de signo ambiguo, que constituyen riesgos, pero que pueden y deben revertirse en oportunidades ventajosas:

· La apertura al mundo, con el consiguiente conflicto entre globalización e identidad, pero con las enormes posibilidades de información, intercambio y cooperación.

· La participación del capital extranjero en inversiones inmobiliarias o de recuperación de infraestructuras, en un sentido de codesarrollo. Hay que prepararse para el “desbloqueo” con estrategias inspiradas no en la prohibición sino en la regulación y redistribución desde el Estado.

· Nuevas formas organizativas y jurídicas socialistas pero no forzosamente estatales, tales como cooperativas en los servicios, la construcción y reparación de viviendas, la comercialización, el transporte, etc. Trasladar conceptos ya usados y probados en lo rural a lo urbano.

· La capacidad de producción de viviendas por esfuerzo propio y de “viviendas con destino” , pero cuidando el pernicioso efecto que puede tener en una ciudad ya extensa el impacto físico de la vivienda unifamiliar, la baja densidad y el encarecimiento de infraestructuras urbanas.

Construir el porvenir.

Renovarse o perecer. No se trata solo de seguir dibujando objetivos, planes, visiones y otros sueños sino, además, de proponer vías y recursos. Es obvio que hay que contar con un Plan de Ordenamiento resultante de un Plan Estratégico, con un respaldo tanto jurídico (regulaciones y control urbano) como económico y material (presupuesto transparente y consensuado públicamente) y además con una revisión y adaptación a los nuevos tiempos y a los nuevos retos de toda una legislación que ha sido superada por la realidad (Ley de la vivienda, Ley inmobiliaria, inexistente Ley del suelo, etc.) Pero no se puede seguir hablando indefinidamente del qué sin abordar el cómo y el con qué. Renovar la ciudad implica gruesas sumas de dinero. ¿De dónde puede provenir?

ESCENARIOS PROBABLES

· Asignación centralizada de recursos. El país prioriza la salvación de la ciudad y decide desembolsar grandes sumas. La experiencia propia y ajena sugiere que no se pueden encaminar esos recursos a través de programas ministeriales con una racionalidad sectorial, central y vertical porque no hay quien articule en el territorio las decisiones y los recursos, ni quien controle los efectos y pueda reconducir errores y desviaciones. Seria imprescindible encauzar ese esfuerzo inversionista a través de las estructuras político-administrativas territoriales del Poder Popular. La gestión de los recursos debe ser provincial, municipal y de los consejos populares según sea su escala. A esos niveles deberá discutirse su asignación y distribución del presupuesto, así como rendirse cuentas de su uso.

· Generación local de esos recursos. Tomar como ejemplo la experiencia de la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana (OHCH). A menudo se oponen argumentos contra su generalización. Entre los que tienen algún sentido destacan dos que son fácilmente desmontables. Se afirma que el experimento es irrepetible puesto que se basa en la existencia de un patrimonio cultural “explotable” a través del turismo, que es el que constituye la fuente de los recursos. No es así, análisis documentados exponen que más de la mitad de las divisas recogidas por la red empresarial de la OHCH proviene del sector comercial minorista, a través de los recursos populares empleados en la compra de productos de consumo cotidiano. Tales recursos no son privativos de La Habana Vieja, ya que los verdaderos potenciales se encontrarían en las zonas con una red comercial más densa o de patrimonio económico familiar más potente.

Otro obstáculo aducido es que tales acciones reproducirían e incrementarían las desigualdades entre municipios, que posibilitarían el despegue de las zonas que tuvieran algún patrimonio – del tipo que sea - mientras que las menos provistas se quedarían atrás. En tales casos entrarían a jugar su papel los mecanismos de redistribución que ya funcionan actualmente.

Existen grandes recursos desaprovechados o mal usados en el suelo y en el fondo inmobiliario de nuestras ciudades. Hay enormes posibilidades en un sistema impositivo local, que pudiera aplicarse sobre la propiedad de las viviendas, sobre el uso privativo temporal del espacio público, sobre la compraventa de inmuebles, sobre las actividades productivas del territorio. También engrosaría un presupuesto local el cobro de servicios y la imposición de multas a infractores de las regulaciones y ordenanzas urbanas.

También podrían ponerse en acción una serie de sistemas que facilitaran la participación ciudadana en la transformación de su hábitat, tales como sistemas de créditos a bajo interés, mercado de materiales, creación de cooperativas de viviendas, de servicios, etc. El potencial que puede significar las relativamente pequeñas pero numerosas aportaciones familiares para el arreglo y equipamiento de los inmuebles puede tener un impacto tan grande o más en la ciudad que los grandes capitales. Piénsese, si no, en el papel que ha jugado la autoconstrucción y el esfuerzo propio en la construcción que ya es mas de la mitad de las viviendas y reparación de la vivienda en los últimos años en todo el país. ¿Por qué no desatar también en las ciudades las fuerzas productivas y el aporte de los ciudadanos?

· Recursos internacionales. Si no hubiera disposición para financiar la recuperación de la ciudad con recursos nacionales (de cualquier escala) pudiera apelarse a la consecución de recursos del exterior. De igual forma que el Estado socialista ha apelado –y sigue apelando- al capital extranjero para reflotar o echar a andar negocios que hoy constituyen la base económica del país como la producción y comercialización del níquel, la creación o la gestión de la infraestructura turística, de la industria de extracción y refinación del petróleo y el gas, de la renovación de la red telefónica, de distribución de agua, la producción de Ron y de Tabaco, etc. ¿Cuales son los problemas específicos que plantea el negocio inmobiliario que no deban enfrentarse en los otros casos? ¿Qué impide concebir y promulgar una Ley inmobiliaria? Lo lógico sería, una vez más, no prohibir sino prepararse técnica y jurídicamente para poder controlar tal eventualidad. Es necesario dotarse de conocimientos, mecanismos, disposiciones y reglamentos urbanos que permitan a las ciudades negociar en procesos de codesarrollo, sin ser devoradas por los tiburones de las firmas inmobiliarias. Está claro que se plantearán problemas no solo urbanísticos sino jurídicos, políticos, ideológicos, etc., pero más vale saber qué se hará a la salida del sol, que no sea taparlo con un dedo.

DOS ESCENARIOS NO DESEADOS

· Desplome lento, agónico y cada vez más acelerado. En el triste caso de que una miopía tan temerosa como paralizante imposibilitara el desarrollo de los escenarios anteriormente esbozados. Ya los síntomas están presentes: no hace falta ir a los suburbios, basta caminar por el malecón o los municipios centrales.

· Colapso súbito y temido debido a catástrofes naturales: huracanes de trayectoria menos misericordiosa, inundaciones por copiosas lluvias, penetración del mar, o la combinación de ellos.

Proponemos, pues, que se formule un programa para la acción inmediata sobre las ciudades que combine lo mejor de las alternativas descritas en los escenarios probables, articulando las medidas en tiempos y espacios definidos, sin aplicar recetas estandarizadas sino incorporando a los técnicos y especialistas, a la población y a las autoridades locales en la estructuración de sus propias soluciones. Siempre un remedio, por desagradable y riesgoso que sea, será mejor que una muerte anunciada y vergonzosa. ¿Por qué no cambiar lo que tiene que ser cambiado?

Graziella Pogolotti

Patricia Rodríguez

José Antonio Choy

Miguel Coyula

Carlos G. Pleyán

Mario Coyula

Jorge Peña

Rosendo Mesías

La Habana, 20 de Octubre 2007, día de la Cultura Nacional.



7 Comentarios



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7 por osca sanchez (Usuario no autenticado) 28/08/2009 2:00

No os metais con el rey de españa! tiene el tipico caracter de un español.

6 por Juanito Colibri (Usuario no autenticado) 13/11/2007 16:30

Firmantes: Graziella Pogolotti Premio nacional de literatura 2005. Critica y ensayista. Arq. Patricia Rodríguez Alomá Trabaja con Eusebio Leal en los planes de la Habana Vieja Arq José Antonio Choy Lopez Ganador de Concurso de Casa de las Americas Miguel Coyula Aquino Cineasta joven. Carlos Garcia Pleyán Urbanista con trabajos acerca de la población, viviendas, demografía, construccion y gobernabilidad. Mario Coyula Arquitecto y profesor, autor de obras premiadas en importantes concursos, es una voz imprescindible para entender la relación entre la arquitectura y el urbanismo en Cuba. Dr. Arq. Jorge Pena Diaz. IPF Instituto de Planificacion Fisica, Cuba Arq Rosendo Mesías Gonzalez. Gobierno Municipal de La Habana Vieja. Radica en Miramar.

5 por El Analista (Usuario no autenticado) 13/11/2007 12:20

Verdad que ese es un documento para discutirlo en el Congreso de la UNEAC?, vamos a ver que pasa, pues por poco mas que eso le metieron 5 años de carcel a los autores de "La Patria es de todos".

4 por Leonardo Gamboa (Usuario no autenticado) 13/11/2007 12:20

Ese documento parece estar bueno, pero es larguísimo. Otro dia lo leeré. Después de leerlo un poquito, por arribita, me pareció que decía cosas interesantes.

3 por Juanito Colibri (Usuario no autenticado) 12/11/2007 15:40

Continuan las voces contra el bloqueo, por supuesto del unico bloqueo que los cubanos conocemos tan bien que es el bloqueo interno, el bloqueo del rey contra los siervos. Dice el documento suscrito con su nombre de prestigiosos profesionales de la ingenieria y la arquitectura, del entorno y la vida ciudadana: "Hay que prepararse para el “desbloqueo” con estrategias inspiradas no en la prohibición sino en la regulación y redistribución desde el Estado." Ahora que esta de modo hacer la diseccion de los insepultos restos de lo que va quedando de un pais a nivel de vanguardia y ahora a nivel de Somalia vuelve a leerse un inventario parcial del gran cumulo de nuestras desgracias. "Cambiaremos todo para que nada cambie", dicen los tiranosaurios


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