La utopía de Carlos Alberto Montaner
Jorge Ferrer | 28/06/2007 13:22
Carlos Alberto Montaner se rindió ayer a la temeridad de pronosticarle un futuro a la Cuba postcastrista. Dibujarle un rostro bonito a lo que puede ser catástrofe o puede sobrevivir en un gatopardismo de largas décadas.
Instalado en un optimismo que le envidio, Montaner expuso una hermosa utopía liberal. Una Cuba próspera, firmemente instalada entre los países punteros del mundo, dirigida por una pléyade de políticos adeptos del liberalismo económico y la democracia política, polo sur de un espacio económico que la reúna con el sur de la Florida.
Una Cuba del mañana dispuesta a aprovechar los elevados índices de formación de sus profesionales y más dispuesta a premiarlos con el maná de la prosperidad.
Una Cuba de justicia y progreso, ajena a enconos políticos, a disputas en torno al dolor generado por el castrismo.
Una Cuba que olvide rápido y se ponga a trabajar por su futuro.
Por mucho que la utopía de Montaner resulte consonante con mi propio credo político, no comparto su optimista visión del postcastrismo.
La celeridad que le presume al desmontaje de la maquinaria totalitaria, la confianza en que nos ahorraremos una cainita gestión de agravios y el olvido de los sobresaltos, algunos catastróficos, que sobrevendrán al cambio –la desmovilización del ejército, las insoportables tasas de desempleo, la euforia que generará el fin del régimen y la pronta reacción negativa ante la frustración producida por la lentitud con que se perciban los beneficios- amenazan gravemente la realización terrenal de la utopía de nuestro liberal más prominente.
En cualquier caso, hay que felicitarse por que alguien ponga por escrito que esa posibilidad existe. Más que lo haga con la prístina claridad que es propia de Montaner.
Ya tenemos una Cuba que sirve. Al menos, sobre el papel y en términos de programa político, ese género de la literatura fantástica.
Agradezco a Carlos Alberto Montaner la cortesía de ofrecer su conferencia a los lectores de El Tono de la Voz.
EL FUTURO DEMOCRÁTICO DE CUBA:
QUÉ TIPO DE CAPITALISMO NOS AGUARDA
Carlos Alberto Montaner
Foro Nueva Economía
Desayunos del Ritz
Madrid, 27 de junio de 2007
Percibo como gran un honor y un extraordinario respaldo a los demócratas cubanos que esta charla sobre el futuro de Cuba sea presentada por mi admirada amiga Doña Esperanza Aguirre, Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid. No se trata, por supuesto, de una circunstancia extraña: a lo largo de muchos años jamás nos han faltado su mano amiga y su solidaridad. Ni siquiera cuando dar su apoyo podría haberle acarreado cierto costo político, acaso porque el rasgo más notable de esta singular mujer es su compromiso con los valores y principios por delante de cualquier consideración política.
Agradezco, además, al Foro Nueva Economía, a su presidente, Don José Luis Rodríguez, y a las empresas patrocinadoras, que nos hayan prestado esta tribuna, una de las más importantes de España, para debatir la posible evolución política y económica de Cuba tras casi medio siglo de gobierno comunista.
La profecía
Comienzo por profetizar un cambio radical y relativamente acelerado en Cuba tras la muerte de Fidel Castro, y lo sustento en las siguientes cinco razones:
- La autoridad en Cuba está organizada verticalmente y depende de Fidel Castro. Existen las instituciones típicas calcadas del desaparecido modelo soviético, pero son sólo correas de transmisión para ejecutar la voluntad del dictador. Es verdad que cuentan con una figura de reemplazo, el general Raúl Castro, pero se trata de otro anciano de 76 años, carente de liderazgo o de simpatías populares, dotado se rasgos psicológicos muy diferentes a los de su hermano. En todo caso, ¿qué sucederá después de Raúl Castro, quien acaba de enterrar a su esposa de toda una vida? Las dinastías ideológicas padecen siempre una grave incapacidad para transmitir la autoridad ordenadamente.
- Fidel deja como herencia política y como tarea revolucionaria un proyecto descabellado: constituir un bloque junto a Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega, más cualquier otro personaje de esa cuerda política que se sume, con el objeto de conquistar, primero, a América Latina, y luego al resto del planeta. El bloque, que dirigirá y ya financia Hugo Chávez, es el sustituto de la URSS. La clase dirigente cubana ya experimentó esa fiebre política durante 30 años, pagando por ella un altísimo costo, y no es probable que desee volver a reeditar esa absurda aventura.
- La cúpula dirigente, aunque no posee convicciones democráticas, a estas alturas tampoco cree en las virtudes del colectivismo. Las familias que ocupan el poder están desmoralizadas. El país es una ruina en el terreno material tras cincuenta años de fracasos, y lo que más abunda entre los cuadros altos y medios son planes de reforma invariablemente inclinados al mercado y la liberalización. Todo el mundo sabe que eso fue lo que ensayaron China y Vietnam. Todos vieron que las tímidas reformas de los años noventa, sugeridas por el socialista español Carlos Solchaga, un economista prudente, produjeron efectos benéficos rápidamente, aunque muy limitados por la terquedad colectivista e igualitarista de Fidel Castro. No obstante, esa tendencia reformista, aunque muy mayoritaria, se mantiene oculta y paralizada porque Fidel es quien se opone a ella.
- Existe una obvia salida de la crisis: el cambio, la reforma económica, la reconciliación con Estados Unidos y la Unión Europea, y el consecuente abandono del delirante proyecto chavista. Pero inevitablemente eso conduce a la democratización del país y a la adopción de un modelo económico viable. Naturalmente, esto debe comenzar con la liberación de los presos políticos, el respeto a los derechos humanos y la renuncia al poder hegemónico del Partido Comunista. Sólo que, como se vio en Europa del Este, ese cambio de régimen, en rigor, no entraña ningún peligro real para la actual clase dirigente. Quienes pertenecen a ella han comprobado que hay vida, honores, seguridad y hasta regreso al poder si se reciclan dentro de las instituciones democráticas y están dispuestos a admitir la participación de toda la sociedad en el diseño, control y manejo del país.
- Por último, es muy importante la atmósfera histórica en que existen los Estados. El mundo, con marchas y contramarchas, a diferentes ritmos, se mueve hacía la democracia plural y el mercado. Es una tendencia imparable. Cuba no puede ser la excepción totalitaria y colectivista en el planeta, permanentemente instalada en un modelo político que se nutre de las polvorientas ideas marxistas, administradas por un estado minuciosamente incompetente, copiado de la URSS de los años setenta.
El cambio
Una vez iniciado el proceso de cambio, si se hace con buen tino y mano firme, la Isla puede dar en poco tiempo un salto tremendo hacia la prosperidad y el progreso en un periodo no muy largo. Durante quince o veinte años consecutivos, contados a partir del momento en que se inicie la reforma, el país puede crecer al ritmo promedio del 10 o 12% anual, con zonas aún de crecimiento más intenso, si quienes guían la transición entienden lo que hay que hacer.
No va a faltar el capital financiero -dinero internacional público y privado-, y la Isla cuenta con un excelente capital humano: ochocientos mil universitarios, entre quienes abundan los ingenieros, médicos y técnicos medios. El capital financiero va a llegar en grandes cantidades, principalmente desde Estados Unidos, nación muy interesada en estabilizar la situación de la Isla para evitar el éxodo masivo y para contentar a la influyente minoría cubanoamericana, pero también desde Europa, y muy especialmente de España, países en los que los empresarios más sagaces verán en la Isla una magnífica oportunidad de hacer buenos negocios.
En todo caso, ¿qué significa actuar con buen tino y mano firme? Significa: Primero, establecer un pacto social entre la mayor parte de los agentes políticos dispuestos a la moderación y a la sensatez. Un acuerdo que proporcione el sosiego y la estabilidad que demanda el momento. Segundo, construir a toda marcha un marco jurídico que garantice las inversiones y dé seguridades a la propiedad. Sin este prerrequisito, todo esfuerzo es casi inútil. Tercero, transferir a los cubanos la mayor parte de los activos en manos del Estado (además de las viviendas en las que habitan), para que masivamente se conviertan en propietarios de los medios de producción y sientan que el cambio, realmente, les beneficia y les pertenece. Cuarto, procurar alguna forma de compensación razonablemente justa a quienes fueron violentamente privados de sus bienes, así como una suerte de pago o acuerdo sobre la deuda internacional para restaurar el crédito del país, tener acceso a los mercados financieros y poder acudir en busca de ayuda a organismos internacionales como el BID, el BM o el FMI. Quinto, liberalizar rápidamente toda la economía, incluidos los precios, el tipo de cambio, la tasa de intereses y las formas de contratación, mientras se autorizan todas las transacciones comerciales legítimas. Sexto, solicitar ayuda internacional masiva -y los fondos existen para ello- con el objeto de paliar los efectos sobre los más indefensos -los ancianos, los jubilados y los niños- del paso de la dictadura a la democracia y del colectivismo al mercado y a la propiedad privada,.
Es vital que, desde el momento mismo del inicio del cambio, la sociedad perciba y confirme en los hechos que sus condiciones materiales de vida mejoran progresiva y sostenidamente. Es esta experiencia positiva y no el debate teórico o el nocivo “pase de cuenta” lo que legitimará el cambio y lo que cimentará las relaciones entre el pueblo y el nuevo Estado que comenzará a gestarse. Hay que rechazar cualquier forma de revanchismo o de regodeo en examinar el pasado. Lo importante es salvar el futuro. El pasado ya no tiene remedio.
¿Qué tipo de sociedad queremos?
En esta nueva etapa que se avecina es muy importante saber adónde queremos llegar y cuál es nuestra visión de futuro, panorama que acaso resulta fácil de precisar: Cuba debe ser un país normal, en paz y armonía con el resto del mundo, parecido a esas treinta naciones punteras que describe el Indice de desarrollo Humano de Naciones Unidas, destino perfectamente alcanzable en el curso de una generación.
En general, se trata de Estados de derecho fundados sobre la idea de que la autoridad, periódicamente renovada por medio de comicios trasparentes y plurales, radica en el seno de la sociedad y se expresa por medio de instituciones neutrales reguladas por leyes que no reconocen privilegios ni excepciones, y no por caudillos iluminados ni por grupos o partidos que arbitrariamente se arrogan la representación colectiva. Estados, además, en los que las transacciones se hacen dentro de un modelo económico regido por el mercado, y en los que la propiedad privada se reconoce como uno de los derechos humanos fundamentales porque sin su existencia, como se comprobó a lo largo del siglo XX, es imposible el mantenimiento de las libertades o el logro de la prosperidad.
El régimen cubano afirma que, de producirse un cambio, el destino que les espera a los cubanos, impuesto desde Estados Unidos, es el capitalismo de Haití, no el de España o Bélgica, pero ésa es sólo una consigna alarmista concebida para sembrar la incertidumbre y tratar de impedir las reformas. ¿Por qué Estados Unidos o la Unión Europea querrían una Cuba empobrecida a la que habría que subsidiar permanentemente en vez de un país rico con el que se pudieran realizar muchas transacciones mutuamente ventajosas?
Es verdad que un país puede tener democracia, libertad y propiedad privada, y ser, simultáneamente, un país muy pobre, injusto y con hirientes diferencias sociales, como sucede en diversos países hispanoamericanos o en el mencionado Haití, pero ese triste desempeño económico y esa falta de esperanzas no es el resultado de malvados designios procedentes del exterior, como sostenían los apóstoles de la equivocada Teoría de la Dependencia, o como hoy asegura Fidel Castro que les sucederá a los cubanos, sino es la consecuencia de la irresponsable y a veces criminal actuación de las propias clases dirigentes del país, combinada con una mentalidad social refractaria al progreso y al desarrollo.
- El capitalismo que vendrá a Cuba no podrá ser mercantilista. Es decir, el gobierno no podrá decidir quiénes son los favoritos a los que hay que enriquecer, ya sean nacionales y extranjeros, y los factores con los que va a forjar una alianza de mutua conveniencia para controlar las riquezas que se produzcan mediante el uso discriminatorio y abusivo del poder.
- El capitalismo que vendrá a Cuba no podrá ser oligárquico. Esto es, no será la nuestra un tipo de sociedad en la que los grandes intereses económicos forjen una alianza para colocar a los gobiernos y a los partidos políticos a su servicio en detrimento de las necesidades generales de la sociedad.
- El capitalismo que vendrá a Cuba no será el corporativismo socialista o fascistoide, autárquico, ruinoso por el peso de las ineficientes empresas estatales, plagado de trabas burocráticas, paralizado por normas inflexibles o por imposibles cargas tributarias, enfrentado en estériles conflictos de clase artificialmente engendrados, que no consiguen otra cosa que empobrecer a los pueblos.
- El capitalismo que vendrá, el que llevaremos a Cuba, es el moderno, abierto, competitivo, signado por la búsqueda de productividad, fuertemente integrado al resto del mundo desarrollado. Un modelo de desarrollo capitalista en el que se estimule la incesante creación de empresas que luchen limpiamente por cuotas de mercado mediante la calidad y el precio de los bienes o los servicios que se oferten. Un capitalismo que no tenga como atractivo la pobreza de su mano de obra, sino el alto nivel de productividad y la complejidad técnica y científica de unos trabajadores cubanos, respetuosa y dignamente tratados, dotados de derechos sindicales, capaces de alcanzar a cambio de su esfuerzo una alta remuneración que les procure el modo de vida digno que se encuentra en esas treinta naciones punteras a que hacíamos referencia. Nuestro modelo no es Haití: es Israel, es Irlanda, es España, y existen condiciones humanas y económicas para lograr implantarlo.
La responsabilidad social corporativa
Esa definición del modelo económico a que aspiran los cubanos debe servir, también, como un severo juicio crítico contra los precarios bolsones de economía semiprivada que medran en la Cuba actual. Las inversiones extranjeras que existen en Cuba, que son las que la dictadura autoriza y controla mediante la modalidad de empresas mixtas, no sirven a los intereses de la sociedad cubana, sino contribuyen dolosamente a la supervivencia de la dictadura, y constituyen una expresión del peor capitalismo estatal mercantilista. Mediante este modelo, el gobierno cubano, sin ocultar el asco que les merecen, elige a unos dóciles inversionistas, guiados exclusivamente por el objetivo de obtener beneficios, y dentro de esas empresas mixtas reproduce lo peor del modelo político totalitario: la explotación inicua de los trabajadores, a los que se les confisca el noventa y cinco por ciento de su salario mediante un tramposo cambio de moneda, más la represión política y la falta de libertades que existen en el resto de las instituciones del país.
Los empresarios serios, españoles o de cualquier otra latitud, no deben prestarse a esa sórdida complicidad. No es verdad que con su presencia en Cuba aceleran un posible cambio. Esa es una falaz excusa concebida para tratar de esconder una inocultable falta de escrúpulos. Tampoco pueden escudarse en la supuesta indiferencia de los empresarios ante las consecuencias políticas y sociales de sus actos, siempre que estén amparados por la legitimidad oficial. Cuando la legitimidad oficial propaga los abusos, la discriminación y el apartheid, vulnerando los derechos fundamentales de las personas, esa legitimidad se extingue de jure, convirtiéndose en una norma inmoral de la que no debe servirse ninguna empresa que comprenda y asuma lo que es la responsabilidad social corporativa.
Los empresarios serios, españoles o de cualquier otra latitud, tampoco deben sucumbir a la superstición de que es conveniente estar en Cuba cuando se produzcan los cambios. Lo sensato no es colaborar con la dictadura. Lo probable es que, quienes ya estén, tendrán que enfrentarse a cuantiosas reclamaciones legales (y a probables responsabilidades penales) por parte de los trabajadores que durante años han visto como en Cuba se violan las reglas establecidas por la Organización Internacional del Trabajo, reglas a las que tanto las empresas como el Estado cubano están obligados a someterse. Por otra parte, de muy poco les servirá a esos empresarios estar en Cuba, inmoralmente posicionados, a la espera de que surjan cambios, si a lo que aspiramos los cubanos es a instaurar en la Isla un modelo de desarrollo capitalista fundado en la competencia y la ley, y no en el compadrazgo, el mercantilismo o el contubernio entre los empresarios buscadores de renta fácil y funcionarios venales dispuestos a concederla a cambio de alguna corruptela.
Es un notable error táctico y una falla moral muy censurable, indigna de cualquier empresario moderno que se respete, participar en una repartición de privilegios mercantilistas y en la asignación de monopolios, invirtiendo en un coto cerrado en el que la población carece de mecanismos de defensa legal. Las sociedades verdaderamente prósperas, y en donde se hacen los mejores y más transparentes negocios, son aquellas en las que todos los agentes económicos que se lo propongan, y no los elegidos por una dictadura, pueden participar y competir libremente en el mercado.
El final
Se acerca el final del totalitarismo en Cuba. Cuando llegue, las oportunidades de ganar dinero legítima y decentemente serán extraordinarias. El país necesitará revitalizar rápidamente su dilapidada infraestructura material, demolida tras medio siglo de incuria colectivista, y eso requerirá miles de millones de dólares de inversión. El país, en su momento, será una formidable plataforma exportadora a Estados Unidos y un destino preferido de decenas de miles de jubilados y de millones de turistas norteamericanos. Los cubanoamericanos, por su parte, constituirán una poderosa locomotora empresarial que vinculará los intereses del sur de la Florida a los de la Isla, creando muy rápidamente un próspero espacio económico del que se podrá aprovechar, entonces sí legítimamente, cualquier empresario instalado en la Isla.
Hace unos años, un exitoso empresario español que estuvo involucrado en la creación y desarrollo de Puerto Banús, tras recorrer Cuba cuidadosamente en busca de posibles marinas, me hizo la siguiente afirmación: “cambiaría gustoso todas mis inversiones en España por las extraordinarias oportunidades que surgirán en Cuba cuando se produzca el cambio”. Tenía razón: las oportunidades futuras, tras la llegada de la libertad, serán enormes, y hoy, ahora, es el momento de comenzar a planear la instalación en Cuba de las empresas que van a participar en ese momento mágico tan interesante como potencialmente lucrativo.
Por último, es importante desterrar del análisis la idea absurda de que los “americanos se van a apoderar de Cuba” cuando termine el comunismo en la Isla. No existe una coordinación empresarial norteamericana donde anide esa fantástica mentalidad conspirativa dedicada a la conquista ilegal de mercados, ni es así como funciona el mundo económico moderno. Ésa es una visión antigua, propia de sociedades coloniales que ya no existen sobre la faz de la tierra.
La economía cubana, sencillamente, se expandirá de manera progresiva con las empresas que existen y con las que se creen, provengan de donde provengan. Unas serán cubanas y otras extranjeras, lo que redundará en beneficio de todos, y muy especialmente de los cubanos que verán multiplicarse sus fuentes de trabajo y observarán como aumentan paulatinamente su salario y su poder adquisitivo. Una economía moderna, verdaderamente competitiva y abierta, no es de ningún país en particular, y su rasgo principal es que cualquiera productor puede participar en el proceso de crear riqueza para su beneficio y de la colectividad.
De alguna manera, esa fue la forma en que José Martí describió la Cuba con que soñaba a fines del siglo XIX: “con todos y para el bien de todos”. Esta vez lograremos ese noble objetivo.
UPDATE:
Respuestas de Carlos Alberto Montaner a las preguntas hechas por los asistentes a la conferencia.
H/T Noticiero Cuba
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 29/06/2007 22:49




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59 Comentarios
59 por MAMADOC (Usuario no autenticado) 26/11/2007 21:30
"Cuba debe ser un país normal, en paz y armonía con el resto del mundo", dice CAM... y yo le pregunto: ¿como cuál? ¿Los USA son "un país normal, en paz y armonía con el resto del mundo"? Este niño, Virgen Santa, no cambia... En los no sé cuántos años que me he tomado el trabajo de leer sus columnas, veo que si empieza bien un escrito al final termina mal, siendo que resulta totalmente incapaz de asumir responsabilidad por sus juicios, que más bien no son suyos sino los del vulgo diz que instruido gracias a, y por, medio de los "media" responsables de la falsa erudición a la que se refiere Martí... Criterios los de esta vedette del escenario politiquero que no resultan tan "utópicos" (bueno fuera) como TRASNOCHADOS... No hay vez que lo lea que no recuerde al "Apóstol"... pues invariablemente me trae a la memoria la mejor cita que he encontrado en José Martí: "LA BATALLA FINAL SERÁ LA BATALLA ENTRE LA FALSA ERUDICIÓN Y EL CONOCIMIENTO". De "sabiduría" no tiene, este diletante de la política NI UN PELO, de FALSA ERUDICIÓN, TODO... Le recomiendo que cambie de cabeza, o que vuelva a nacer, si no puede con la que tiene ser más honesto en sus criterios, la mayoría de los cuales resultan tan desfachatados como insustentables... Paz y Amor, Sylvia Valls desde Valle de Bravo (Mamadoc a la orden...)
58 por CUBICHE (Usuario no autenticado) 26/11/2007 12:00
A Cubano47 y a todos los que ponen en duda o niegan la sabiduría del Sr. Montaner les digo que no pueden pedir de una vez y en unos pocos artículos todo un "Plan de Gobierno", esperemos a que se postule para la presidencia de Cuba al igual que otros muchos si Dios quiere lo antes posible en un futuro y ya él con todo un equipo de economistas, legisladores y tomando en cuenta la constitución de 1940 que por ser la última que fue aprobada por las vías legales y democráticas, entonces podríamos ponerlo a debate con los demás contrincantes y determinar si le damos el boto de confianza a él o a un contrincante por el partido comunista, el conservador o el democrata-cristiano. Me parece que lo primero que debemos hacer la mayoría de los cubanos es educarnos en eso de la diplomacia, la tolerancia, aprender a escuchar y nunca imponer nuestro criterio o nuestra verdad porque siempre hay una segunda opinión y nunca se sabe quien tiene toda LA VERDAD.........
57 por Abelardo Castillo (Usuario no autenticado) 04/09/2007 10:50
Suelo releer el área de comentarios al pie de trabajos cuyo valor suscita contradicciones interesantes que revelan el interés de los lectores por los temas y hasta aportan ideas adicionales que contribuyen a que el cuadro inicial se amplíe. Incluso, la opinión que pueda tener alguien acerca de los autores constituye un valor adicional siempre que se exprese con corrección. Ahora, me encuentro con que aquí faltan algunos comentarios. Parece que Montaner reclamó contra "ataques personales" que yo no ví antes, pero pienso que eliminarlos es una acción que contradice el ánima de la libertad.
56 por Mario Riva Morales (Usuario no autenticado) 14/07/2007 23:50
La vida de Fidel Castro se está extinguiendo, más no así sus ideas políticas y sociales que lo condujeron a la dictadura totalitaria.Ejemplos tenemos de sobra: Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua.
Si en Cuba, el traspaso de poderes se tornara permanente, tal vez Raul y sus acólitos podrían emprender reformas económicas que disminuyan las tensiones que existen actualmente. Con la lección bien aprendida, no creo que vuelvan a cometer el "error" de autorizar el trabajo por cuenta propia y las posibles reformas serán encaradas a partir del propio gobierno.
Una de las primeras reformas sería el mejoramiento del transporte urbano y a más largo plazo, la canasta básica. Estas medidas, en ningún modo serían con fines de estabilidad política poque saldrían de la propia estabilidad del régimen.
La desestabilización del régimen post-fidelista comenzaría a partir de las luchas intestinas por el poder político, entre facciones muy bien establecidas: PCC, MININT, MINFAR.
Todos tratarían de aglutinar entre sus filas, los hoy Secretarios del PCC en las diferentes provincias así como los órganos del Poder Popular, los CDR y los Núcleos Zonales del PCC. El MININT, además, podría aglutinar a los actuales Delegados del Ministro en las diferentes provincias (que actúan como un gobierno paralelo a los órganos del PP y PCC). Cada cuál irá tomando partido según sus propias conveniencias y oportunidades.
Nada de esto sucederá de la noche a la mañana. Va a ser un proceso lento y difícil (eso lo dijo Zapatero con lo de ETA), en la medida que el gobierno sea capaz de paliar las necesidades socio-económicas de la población. Ùnasele a esto la depauperación de la salud del septuagenario Raul Castro.
No creo que un régimen post-fidelista, al menos de forma inmediata, proporcione (a los cubanos de a pie) algún derecho económico de forma individual o, que no emane directamente del régimen.
Uno de los pilares en los que se sustenta el régimen totalitario de Fidel Castro y sus sucesores, es el enfrentamiento directo con los Estados Unidos. Hoy por hoy es imposible pensar que una administración que fué aupada, en sus inicios, por lo más intransigente de la comunidad cubana en los Estados Unidos (al punto de convertir al país, supuestamente más democrático del mundo, en una república bananera) pueda romper el círculo vicioso.
Abrazar reformas de estilo chino o vietnamita no es viable en una isla de solo 11 millones de habitantes y a tan solo 90 millas de la economía más poderosa del planeta. Pensemos a derechas.
La Ley “Helms-Burton” (HB) ha sido utilizada por el “Gran Maestro” del ajedrez político internacional para enfrentar a los ciegos del ajedrez político internacional con la Unión Europea. Por otra parte, no veo claro que los sucesores de Fidel Castro se vean forzados a actuar con urgencia en el campo económico.
¿Cuál es la prisa?
Todo está bajo control y no hay quién se mueva.
Solo un cambio de administración podría admitir la sucesión en Cuba, derogar la “HB”, así como la Ley de Ajuste Cubano y dar los primeros pasos para el levantamiento del embargo más discutido de la historia.
El levantamiento del embargo y el cierre de la prisión ilegal de Guantánamo constituirían la mejor credibilidad en una nueva administración norteamericana, a la vez que dejaría a los seguidores de la “Bestia Ilustrada” sin escalera y colgados de la brocha.
El período de negociaciones sería el factor desestabilizante del régimen de sucesión y, al faltar el genio, la partida resultaría pareja y con ventaja para la administración norteamericana, acostumbrada a gobernar, frente a un grupo de gente que se han pasado toda la vida dependiendo del virtuosismo político de un solo hombre. Las posibilidades del cambio serían visibles.
Las diferencias entre los dos hermanos son palpables, pero la falta de carisma, en lugar de ser una ventaja provoca un efecto boomerang. La agricultura urbana (proyecto asociado a Raul) ha sido la causante de las plagas de ratones etc, etc..., que se propagan por la ciudad de La Habana y de la proliferación incontrolable del mosquito trasmisor del paludismo, el dengue o la fiebre amarilla.
Al contrario de lo que muchos piensan en el exilio, la confrontación con los E.U. no es en forma de retórica ofensiva. Es retórica sí, pero en forma de nacionalismo defensivo. Y no hay mejor defensa que la ofensiva. El lema “Combatir al Imperialismo hasta la muerte” lo continuarán utilizando, gústele o no a la administración norteamericana. Es la única vía de unión entre las masas y el régimen. La amenaza de agresión estará latente, no importa que E.U. se encuentre empantanado en otra parte del mundo.
Los disidentes debemos mantenernos serenos ante las provocaciones de los exiliados de los años 60. Esos que se autotitulan “los puros”, olvidándose de sus nexos con el régimen de Batista y su incapacidad para poner fin a una dictadura totalitaria de corte stalinista.
Debemos trabajar para limar las asperezas del resentimiento y el odio acumulado, teniendo presente que una guerra civil o el mero intento de ella, no le hace bien a nadie.La desconfianza, las ambiciones, los celos, las tendencias y las corrientes de opinión dentro de la nomenklatura, son el caldo de cultivo de los enfrentamientos internos. La disidencia no debe provocar enfrentamientos externos.
http://manchiviri.blogspot.com/
No veo la posibilidad de que Raul Castro anuncie , en breve, medidas o cambios sustantivos. Si promoviera una apertura hacia el pruralismo político estaría firmando su muerte súbita. La estabilidad del régimen se demuestra en estos meses sin la presencia de Fidel Castro. El barco continúa haciendo agua, pero es practicamente insumergible.
¡Ojalá! Raul Castro se decidiera a una transición hacia un sistema democrático. No lo veo así.
Raul Castro es un rebelde de ideas izquierdistas, devenido en guerrillero por obra y gracia del hermano y, luego de consolidado el proceso, convertido en General de Ejército. No fué un político comunista convertido en dictador por obra y gracia de la bota soviética. Es el continuador de las ideas “anti-imperialistas” de su hermano.
55 por Un Cubano Demócrata (Usuario no autenticado) 12/07/2007 10:50
Concuerdo con 20/20 en agradecer a Jorge Ferrer por darnos la posibilidad de polemizar y de opinar (verbo bien caro a los cubanos) en su blog. Y lanzo un par de preguntas a mis compatriotas: Que sería de nuestro país si el Granma o Juventud Rebelde concedieran dos pulgadas cuadradas de sus páginas para que se realice, libre y abiertamente discusiones como estas? Podría resistir el regimen de La Habana semejante y minúscula libertad de expresión?
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