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Política, literatura, medios

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

Foto: © Laura Ceccacci

Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

 

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Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
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Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

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Los sueños de los cubanos

8 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Enviar Imprimir

Mañana comienza a correr diciembre. Se cumplirán catorce meses desde que los cubanos dejaron de soñar con el día en que Fidel Castro abandonara el poder. Aquel sueño se les ha ido convirtiendo en pesadilla. Ahora ya no saben exactamente con qué sueñan. En lo que a Cuba se refiere, que de otros sueños cada uno tendrá los suyos.

¿Se acuerdan de aquellos tiempos cuando uno imaginaba que muerto el perro, se acababa la rabia? Aquellos tiempos venturosos en los que bastaba imaginárselo muerto para que uno se llenara la boca con que si prosperidad o con que si libertad.

Esos tiempos se acabaron ya irremisiblemente.

«¿Cómo que acabaron?», preguntará todavía alguno. «Todavía no ha muerto, pero en cuanto muera…» y se le enredará la lengua con que si libertad y con que si prosperidad. Pero ya van siendo los menos quienes alimenten tal ridícula, aunque conmovedora, esperanza.

La muerte definitiva de Fidel Castro será su segunda, tercera o cuarta muerte. Ya nos es igual. Por no darnos, no nos dio ni una buena muerte que celebrar. Por darnos, nos dio hasta el extenuante desasosiego de su sobrevida.

La historia, que ya antes lo había colmado de regalos, le regaló todavía otro: asistir al después de su muerte. Disfrutar de los desfiles y discursos en largo espectáculo fúnebre.

Comienza diciembre y casi se les acaba a los cubanos un año entero que se juraron sería el último con tirano, desde aquella noche luminosa de 2006 cuando «Carlitos» Valenciaga salió a dar parte.

Y se deslizan hacia el next-year-in-Jerusalem los exiliados cubanos –sin Castro pero con castrismo, y resignados ya- con el mismo olvido con que aquellas apetitosas señoras republicanas se dejaban caer por el tobogán del Parque de Palatino hacia los brazos del gallardo muchacho que las recogía.

¿Con qué podrían soñar hoy los cubanos?

Pues, con un tobogán. Una «canal», que se dice en los parques de Cuba. Un gran tobogán al que encaramarse después del sofoco de la montaña rusa.

Parque de Palatino (1906), de Enrique Díaz Quesada, pasa por ser la primera película filmada por un cubano.

 

De contra:

«Marea humana en Caracas contra la reforma constitucional», dice al pie de esta foto distribuida por Reuters.

Mi estimado José Antonio Parra me envía desde Caracas enlace a Esdata. Por el derecho a elegir en Venezuela, una magnífica página para revisar en vísperas del Referéndum.


8 Comentarios


3 por J. Campos (Usuario no autenticado) 30/11/2007 18:40

Ferrer está clarísimo en ese retrato de la realidad actual cubana.

Anarquista:
¿So...?
¿y...?
¿your point is...?

Happy weekend

2 por Anonimo (Usuario no autenticado) 30/11/2007 18:40

Ferrer, muchacho, que duro es vivir del cuento, pero no te desanimes, que segun la Loynaz


"Acaso en esta primavera no florezcan los rosales, pero
florecerán en la otra primavera.
Acaso en la otra primavera todavía no florezacan los rosales...
Pero florecerán en la otra primavera..."

1 por El Anarquista (Usuario no autenticado) 30/11/2007 16:00

Oh Ferrer, tu mezquino sueño; pervertido y prosaico sueño desprovisto de angeles. Tu trasnochada vigilia, hiede a infecto cansancio. Te has convertido en un rehen a la deriva; desesperanzado y con "ardientes lagrimones". Le apostate a la muerte en tu virus de hastío... cuánta idiotez y ceguera encolerizan tu insano tedio.

Tanatos decidió agobiar tus jornadas; posponer tu réquiem; alimentar tu saturada bilis.

Oh, Ferrer, no desmayes; quizás la próxima primavera se apiade de tus mezquinos reclamos y, entonces, puedas cobijar tu indencencia entre las mártires cenizas, de quien se ha convertido en la razón de tus agravios.


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