Manifiesto "Diálogo Sí"; Jorge Luis Arcos: Diáspora, literatura y mitologías nacionales
Jorge Ferrer | 14/04/2008 12:48
Esta mañana se ha hecho público un Manifiesto impulsado desde Madrid que llama a los gobiernos europeos a revisar su política hacia La Habana. Contrario a la doctrina del appeasement o apaciguamiento, que tan tristes secuelas provocó en el pasado siglo, el Manifiesto llama a adoptar una política que considere el diálogo con toda la sociedad cubana, incluida la disidencia interna.
Una buena manera de recibir a Miguel Ángel Moratinos, apaciguador titular, que conserva cartera en el nuevo Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Seguramente también mantiene vicios.
Para firmar el manifiesto, entre aquí.
Diálogo Sí: También con el pueblo cubano
La situación que atraviesa Cuba es grave. Después de 50 años de dictadura comunista se ha producido una previsible sucesión encarnada en la figura de Raúl Castro. A pesar del eco que han encontrado en ciertos sectores algunas medidas aprobadas por el gobierno cubano, Cuba continúa secuestrada por la cúpula del poder que impide a su pueblo cualquier iniciativa social, política y económica. La prueba más evidente es la existencia de centenares de presos políticos condenados por ejercer iniciativas al margen del gobierno. Periodistas, bibliotecarios, pedagogos, activistas de derechos humanos siguen condenados por ejercer libremente su profesión.
Es la hora del cambio: del diálogo real. Cuando la Unión Europea adoptaba la posición común en 1996 reconocía esta realidad y declaraba su voluntad de fortalecer su relación con el pueblo cubano. Por eso la postura común, definida por el Consejo en virtud del artículo J.2 del Tratado de la Unión Europea establecía como objetivo “favorecer un proceso de transición hacia una democracia pluralista y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales, así como una recuperación y mejora sostenibles del nivel de vida del pueblo cubano”.
Este acuerdo unánime consiste básicamente en un compromiso de la Unión por colaborar activamente con una serie de reformas políticas, sociales y económicas que impulsen la reforma democrática de la Isla del Caribe, con el convencimiento de que “el diálogo político debería continuar para ayudar a que se produzcan resultados tangibles, sobre todo en las esferas políticas, económicas y de derechos civiles".
Con este fin, el Consejo establecía una serie de medidas y se comprometía a “intensificar el diálogo con las autoridades cubanas y con todos los sectores de la sociedad cubana a fin de alentar el respeto de los derechos humanos, así como avances concretos hacia una democracia pluralista”.
Esta voluntad de diálogo con toda la sociedad cubana fue rota cuando Fidel Castro trató de que se limitase a los contactos con el gobierno cubano. Con el objetivo de no dañar las relaciones con el régimen castrista algunos gobiernos europeos cedieron. Esta actitud ha supuesto, como han puesto de manifiesto los demócratas de la isla, un abandono del apoyo visible que estaban recibiendo los líderes de la oposición democrática en la isla –el caso más claro, fue el anuncio por parte de la Embajada española de la suspensión de las invitaciones a personas de la sociedad civil cubana a nuestra sede diplomática en el día de la Fiesta Nacional.
Los abajo firmantes, conscientes de la importancia que el apoyo internacional ha tenido en las transiciones exitosas a la democracia, queremos solicitar a los gobiernos europeos que articulen medidas concretas para lograr diálogo constructivo y visible con toda la sociedad civil cubana, en particular, con la oposición democrática que desde dentro de Cuba está luchando por la libertad. Sólo así los cubanos podrán ser libres.
Raúl Rivero
Gisela Delgado
Carlos Alberto Montaner
Rosa Montero
Fernando Savater
Carlos Durán
Alfonso Basallo
Rafael Miner
Alfonso Ussía
José María Marco
Alejandro González Raga
José Gabriel Castillo
Omar Pernet
Pedro Pablo Álvarez
Hector Palacios
Antonio Guedes
Miguel Gil
Sigue la magnífica ponencia leída por Jorge Luis Arcos en el evento «Diásporas literarias cubanas» celebrado la pasada semana en Barcelona. Muy Arcos, aquí están Manuel de Zequeira y María Zambrano, y también una visión descubanizada de la condición del escritor nacido en aquella isla.
Un regalo precioso a los lectores de El Tono de la Voz, que le agradezco especialmente a Jorge Luis.
(Del mencionado evento daba cuenta Ignacio Vidal-Folch en su crónica sabatina para el diario El País.)
Notas sobre Cuba y España: diáspora, literatura y mitologías nacionales
Por Jorge Luis Arcos
1
Hay preguntas, miradas que sólo se hacen desde el exilio (certidumbres o incertidumbres, da lo mismo). Sucede que un conocimiento y una percepción largamente saturada (es mi caso) de una literatura nacional, de repente comienza a temblar, a ofrecer fugas, desvíos, perspectivas inéditas, o regreso (qué curioso) a intuiciones prehistóricas. Preciso esto último: aquellas que tuve en la adolescencia y que luego fueron sepultadas en favor de un entusiasmo (acaso inevitable o necesario) por el conocimiento de la literatura nacional. Toda mi formación cultural, previa a la universidad, e incluso durante esta (estudié literatura hispanoamericana, eran los tiempos del boom), con la excepción de Carpentier y algo de Martí, no tuvo ninguna fuente cubana más allá de la familiar o física: cine, música, filosofía, biografías, novelas… Quiero decir: mi formación intelectual “cubana” ocurrió ya en la adultez. Luego, gracias a Manuel Moreno Fraginals, a principios de la década de los años ochenta, comencé a leer y estudiar la historia y la literatura insulares. Digo todo esto muy rápidamente para cuestionar el mito de la identidad. ¿Era menos cubano cuando leía a Nietzsche, a Dostoievski, o escuchaba a Bach o a Louis Amstrong o a Led Zeppelin? Lo cierto es que mi formación, de una manera espontánea o natural, se cumplió dentro de un universo foráneo, con una gran dosis, por cierto, de influencia cultural norteamericana. E incluso española, si atiendo a la enorme influencia que ejerció sobre mí mi bisabuela, criada en un colegio de monjas de Badalona, que se declaraba monárquica y que me decía que a Martí, de niño, le hubiera venido bien una buena zurra. Lo cubano, confieso, en aquellos tiempos “prelógicos”, me producía cierta irrisión. Incluso, también lo español, al menos su imagen más visible. Ahora sé que lo cubano era exactamente eso: leer a Nietzsche en una isla del Sur.
Luego todo eso cambió. A través de la poesía fundamentalmente, leí con fruición la poesía cubana y la española. Ahora, ya cumplido ese necesario viaje de conocimiento, he regresado a la índole de mis lecturas y percepciones iniciales. Ya antes de mi decisión de abandonar Cuba, esta llegó a saturarme de tal modo, que tuve que comenzar a desaprender, a desconfiar de una enorme carga mítica que el lado cubano origenista había potenciado hasta el delirio. Tengo que confesar que fue la vivencia cotidiana y devastadora (siempre fue desde la adolescencia devastadora) de la historia, la que me iluminó el reverso de ese imaginario. Por eso me reconocí siempre como un extranjero dentro de mi generación histórica y no fue hasta la emergencia de la llamada generación de los ochenta, con el antecedente de mi afinidad con el universo simbólico de Raúl Hernández Novás, que pude reconocerme en una generación insular con la sentía verdadera afinidad.
2
Esa extrañeza está acaso en los mismos inicios de la literatura cubana. Es el caso de ese poeta protoplasmático que fue Manuel de Zequeira y Arango, que acaso sirva para barruntar otra perspectiva sobre los inicios de la cultura insular. La crítica tradicional ha fijado el llamado “contrapunteo de las frutas” de Zequeira y Rubalcava para imponer una lectura del proceso de formación de una conciencia nacional que continúa con la adquisición de un paisaje en Heredia, percepción del destierro mediante, y culmina en Martí; quiero decir, esta lectura acentuaba las relaciones entre el “separatismo” político y la conformación de una conciencia nacional, con su consiguiente trasposición en la literatura. Por cierto, tanto Heredia como Martí, fueron dos desterrados. Esa línea de interpretación, lógica y plausible, fue sin embargo absolutizada, sobre todo dentro del universo ideológico de la revolución cubana. El ejemplo más intenso fue el que culminó con la teleología insular de Cintio Vitier. Acaso fue necesario este final delirante y trágico para que se iluminara su “parte falsa”, como diría Piñera. La contraposición entre la claustrofóbica isla en peso virgiliana y la “rodeada de Dios por todas partes”, de Eliseo Diego, se hizo recurrente tópico literario. Pero lo cierto es que puede imaginarse “otra historia” de la literatura cubana que parta precisamente de aquel poeta que le cantó a la piña en oda clásica y prestigiándola con la retórica renacentista. No otra cosa hizo Andrés Bello con su “Alocución a la poesía” y su “Silva a la Agricultura”, lo que se valora como el manifiesto de independencia cultural hispanoamericana.
Ahora bien, ¿se sentía Zequeira cubano? Aunque escriba a veces la frase “patria mía”, se sentía habanero, tal vez. Pero también español. No por gusto se decía entonces, cuando más, “criollo de la tierra” –como ilustra, por cierto tanta literatura canaria, para poner un ejemplo de continuidad y no de ruptura-, y sobre todo ese criollo se reconocía como “español de ultramar”. Tan es así que Zequeira participó como militar en contra de los independentistas hispanoamericanos y escribió un largo poema bélico sobre la confrontación de los españoles y los aborígenes americanos. Su oda “A la piña”, pues, puede verse también como la percepción poética de lo nuevo, lo desconocido, con el andamiaje retórico del neoclasicismo más castizo, percepción para nada ajena al espíritu renacentista. Y recordemos, nada menos, que Marcelino Menéndez y Pelayo elogió la calidad literaria y la radical españolidad de Zequeira. Pero es que hasta Martí incluso, cuando no hasta el hispanismo de Orígenes, lo español fue una fuente natural, quiero decir, no extranjera, de la literatura cubana.
Fue Zequeira, antes que Heredia, el primer poeta nacido en Cuba que tuvo una sutil y profunda conciencia de su destino de poeta (“Nadie nos oye, sufre, soy poeta”, dice en “El barquero”). Al punto de sufrir los ataques de “El regañón” Buenaventura Pascual Ferrer casi con hiperestesia y un cierto saludable desengaño patrio: “Mas hoy las tristes musas / en vez de alcanzar premios, / se esconden fugitivas / por no sufrir desprecios, /No es madre, que es madrastra / la patria, y con acerbos / golpes procura a veces / perseguir los talentos…”. Finalmente, el autor de la clásica oda “A la piña” escribirá la inquietante “Ronda verificada en la noche del 15 de enero de 1808”…”, donde se burla de su destino militar, es decir, de su ser como hombre de armas. Amargado como hombre de letras y como hombre de armas, Zequeira nos brinda una descomunal imagen de la frustración en los mismos albores de nuestra literatura. ¿Qué es la “Ronda”, sino un canto a la desidentidad? Asimismo, siguiendo una misteriosa tradición del disparate poético, seguramente española, escribió también sus octavas jocoserias y décimas donde estrena la “burla criolla”, y donde se revela, antes que cualquier Lorenzo García Vega o Samuel Feijóo o Francisco Pobeda o Seboruco o Tallet, como un poeta del reverso, como un poeta antisolemne, como un poeta de la desmitificación, como un poeta, en definitiva, donde la ironía hace su aparición. El humor las hace incluso más contemporáneas: “Carlos XII, rey de China….”, dice, por ejemplo… Este poeta que cantó a los “huevos fritos revueltos con tomate”, ilustra otra manera de expresarse “lo cubano”, que también reaparece en el Lezama de las décimas que intercala en Paradiso y en otras composiciones de Fragmentos a su imán, donde el final “barroco carcelario” lezamiano puede remontarse al barroquismo surrealista de la “Ronda”.
Pero ¿no inaugura también Zequeira con este extraño poema, además del tema de la desidentidad, el de lo fantasmal, el de la invisibilidad, como un antiguo “tokonoma”? ¿No es ese viaje simbólico, nocherniego, de Zequeira como un viaje por la periferia del espíritu? Esa “noche obscura” de la “Ronda” tiene más extrañeza literaria que su neoclásica oda “A la piña” y de tanta literatura “nacional” posterior. Es que hemos vivido el mito de lo nacional, la tiranía de ese imaginario, como un deber ser que ha desembocado, trágicamente, en el no ser retórico de tanta literatura cubana de la revolución, cuando teníamos, ya a principios del XIX, un no ser legítimo, casi imposible.
Zequeira, además, por si fuera poco, fue un conservador, cuando no un reaccionario, si continuamos leyendo la historia desde la perspectiva unilateral y teleológica de la emancipación nacionalista, pues en vez de cantarle al azúcar, le cantó al tabaco. Esto es, prefería la vida antigua de la colonia de tipo patriarcal y no la que conformó el separatismo económico y político del XIX, fruto de una cultura del azúcar. Se burlaba del nuevo rico, del “petimetre” criollo, que adquiría títulos de nobleza amparado por la riqueza del boom azucarero, y se pronunciaba por una ética y una religiosidad más severa y austera, más aristocrática, con lo que también disiente de las corrientes de pensamiento de su tiempo que se pueden calificar como más progresistas.
Finalmente, como sabemos, Zequeira enloqueció y terminó sus días creyéndose depositario de las “joyas de la corona” borbónica y que cuando se ponía el sombrero se tornaba invisible. Acaso debamos extraer también una sutil lección de esta última locura poética, pues ¿no es el exilio una suerte de invisibilidad, una suerte de destierro del ser, un reverso del mito de lo nacional revolucionario? Claro que también el exilio crea nuevos mitos (Lezama diría: con “sus nuevos cansancios y terrores”) o refuerza mitos previos, a veces en delirante simetría con los mitos del nacional socialismo revolucionario, pero para un creador, y es esta la única perspectiva que ahora me interesa, acaso sea esa vuelta de tuerca, ese viaje hacia el no ser, esa fantasmal vocación de desidentidad, el camino más creador por desconocido. Una suerte de “volver a nacer”, con el rostro zequeriano del histrión, a una plenitud suicida.
3
Significativamente, la primera mitad del siglo XX insular también está traspasada por lo hispánico. Digo “también”, obviando toda una historia previa –guerras de independencia mediante- porque incluso se ha visto a esas guerras como una suerte de guerra civil entre el hijo criollo y el padre español. Lo cierto es que el primer movimiento poético verdaderamente creador de nuestro siglo XX –Orígenes- esta en gran medida fecundado por el 98 hispánico. Ya asimilado Bécquer desde nuestro último romanticismo y primer modernismo, Orígenes, como la Generación del 27, toma como pivote, a menudo polémicamente (tal Lezama y Vitier) a Góngora. Creo, incluso, que, dentro de un espíritu más de continuidad que de ruptura, Orígenes es el último movimiento literario cubano donde lo español es un referente directo y profundo, amén de la marcada españolidad de un Nicolás Guillén. Unamuno, Machado, Juan Ramón, incluso Lorca (tan importante en la primera formación imaginal lezamiana), son los referentes predilectos. Pero, insisto, esa continuidad ya no ilustra una dependencia. Los poetas del 27 son, eso sí, como pariguales de los grandes poetas cubanos, no maestros. Ni Jorge Guillén, ni Salinas, ni Aleixandre, etcétera, pueden constituirse en padres literarios. Con el advenimiento de la llamada -en ambas riberas atlánticas- como generación del 50, parece que la ley de la entropía se acentúa todavía más, si bien se comparte una semejante retórica conversacional, como en todo el ámbito de la lengua, con fuente más anglosajona (Eliot, Pound, Wallace Stevens, William Carlos Williams, etcétera, más algo de la herencia del surrealismo francés, aparte de las enormes influencias hispanoamericanas: Vallejo y Neruda, estas últimas casi decisivas). Para no insistir en la furiosa singularidad lezamiana, poetas como Gastón Baquero o Eliseo Diego no son segundos de ningún poeta contemporáneo español. Digamos que ambos, como otros, se nutren, como cualquier poeta hispano, de la gran tradición anterior de la lengua, pero ya con total independencia de sus contemporáneos. Acaso fue Cernuda (más afín con un Virgilio Piñera) el único poeta que pudo influir en los jóvenes poetas cubanos de la época de la revolución. Sin embargo, al menos hasta el llamado “caso Padilla” se mantenía una relación de conocimiento mutuo. Con el “caso Padilla” se rompe bruscamente (físicamente incluso) toda continuidad. Pero es que en realidad ya no había verdadera fecundación e interdependencia literarias. Aunque también es muy significativo que ambas generaciones, llamadas del 50, tuvieran algo en común: la experiencia del franquismo (exilio republicano mediante) y la no menos traumática experiencia de la revolución, que ya se sabe que ha propiciado el exilio más numeroso del mundo iberoamericano conttemporáneo. La Historia, ese Dios del futuro, o ese oscuro demiurgo, las avasalló a ambas. Con la emergencia de la última poesía cubana, la llamada de los ochenta o noventa, grupo Diáspora(s) mediante, ya no hay, salvo casos aislados, ninguna relación de comunidad general entre ambas literaturas, a no ser la imprevisible que siempre se alimenta de la lectura silenciosa.
4
La última gran relación a la que quiero aludir entre lo cubano y lo español la encarna María Zambrano. Desde Unamuno y Ortega y Gasset, ningún pensador español ha podido imbricarse dentro de una corriente de pensamiento insular como lo hizo la pensadora andaluza, hasta el punto de participar desde dentro en la conformación de la llamada ontología poética origenista. Pero esa relación ha tenido un final polémico, además que ha sido a menudo mal comprendida. La relectura crítica más reciente del origenismo (Duanel Díaz y Rafael Rojas) confunde o limita a María Zambrano con la interpretación interesada de Cintio Vitier o le confiere a la impronta de su razón poética apenas alguna vaga o imprecisa relevancia. Muy diferente, sin embargo, fue la relación creadora que se estableció entre Lezama y María, como ya analizo en un largo ensayo. Amén de que tanto Lezama como sobre todo Cintio en su Experiencia de la poesía, La luz del imposible y Poética, parten de las lecturas juveniles que hicieron de Filosofía y poesía y Pensamiento y poesía en la vida española, el equívoco proviene de la lectura que hizo Vitier del espléndido ensayo de María “La Cuba secreta”. Por cierto, semejante recreación hace también María de sus contactos iniciales con los poetas de la Generación del 27 en Delirio y destino. Todo depende a veces desde donde y cuándo se hace una lectura, porque, por ejemplo, cuando yo leía en La Habana el ensayo “Las catacumbas”, de María, esas catacumbas eran para mí, simbólicamente, la realidad cubana revolucionaria y no, por supuesto, la realidad republicana. Sobre un fondo general de similar pulsión hacia un pensamiento o razón poéticas, cierto desencanto de la modernidad, un substrato de religiosidad (más visible o limitadamente “católico” en el origenismo que en María), una crítica al freudismo, entre otras comunidades generales, hay una radical diferencia precisamente donde Vitier ha querido ver identidad. Me refiero al “modo de vivir la Historia”, en frase de María en una carta a Vitier. Mientras María, luego de la derrota de la República, vive en un profundo exilio –para ella, dijo, acaso su verdadera patria-, los origenistas, con el triunfo de la Revolución, viven la ambigüedad de un despotismo de izquierda. El desolador final de la vida de Lezama y Virgilio, más los exilios de Baquero, Gaztelu, García Vega, Julián Orbón, Rodríguez Santos y casi el último de Eliseo Diego, no deja mucha duda al respecto. Es la interpretación interesada de Vitier, converso a la revolución desde 1968, la que mitifica la Historia, haciendo la conocida relectura teleológica del origenismo para hacerlo coincidir cosmovisivamente con la revolución. Ya María, desde Persona y democracia (1955) había sido muy clara en su condena a los regímenes no democráticos (tanto de derechas como de izquierdas). Incluso es muy significativo que su capítulo “El ídolo y la víctima”, parte futura del libro, se publicara por primera vez en Cuba, en la revista Bohemia, con sendas fotos de desfiles fascistas y stalinistas. Ciertamente María no podía convenir con una revolución que derivó en tiranía, se declaró atea y trató de instaurar una educación marxista-leninista y, para colmo, dividió a la familia cubana y persiguió a los homosexuales. Quien conozca aunque fuera elementalmente el pensamiento de la autora de Claros del bosque, sabe que su diferencia con ese “modo de vivir la Historia”, tenía que ser radical. Por suerte, se ha encontrado una primera versión del conocido texto de María “José Lezama Lima: Hombre Verdadero”, donde su condena de la revolución cubana es profunda y diáfana. Por otra parte, encontrar identidades entre el origenismo y María a expensas de un vago misticismo, o menospreciar los aportes al pensamiento poético tanto del origenismo como de la autora de Los bienaventurados (donde, por cierto, hay una interesante y extensa reflexión sobre el exilio), es también realizar una mala lectura de esa relación.
Ilustración: De la serie Absolut Revolution (2002-2004), de Liudmila Velasco y Nelson Ramírez.
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 15/04/2008 23:16






12 Comentarios
Página 1 de 3
12 por JEVITA P'A JORGITO (Usuario no autenticado) 16/04/2008 6:01
Ehh Jorgito, te cansaste de tu periodo pornografico? Ya no te sientes solito? Aparecio alguna “mano amiga”? Jajajajajajaja Ahora andas navegando en cuestiones politicas. Mejor asi, te lo confieso. Aunque lo unico que valio la pena de este trabajo tuyo fue la foto, quien la trabajo le quedo excelente. Lastima que se usara en este denso y aburrido texto.
11 por Para Consejo (Usuario no autenticado) 15/04/2008 22:09
Tengo dos noticias para tí. Una buena y una mala. La buena es que si haces click en el link al articulo del periodista catalan que pone Ferrer podras ver mas datos sobre el encuentro de gusanos. La mala es que no te va a gustar lo que dice. Ah y tengo otra mas mala para ti y tus jefes de la UCI: Ferrer si estuvo invitado
10 por CAMILO LORET DE MOLA (Usuario no autenticado) 15/04/2008 21:28
DA GUSTO DESCUBRIR UN ARCO DE LUZ, MARAVILLOSA LUZ, EN EL TONO DE LA VOZ. QUE BUENA BRUJULA PARA ENCONTRA EL NORTE, GRACIAS POR ESTA LECTURA. ARREGLA LA TARDE
9 por félix (Usuario no autenticado) 15/04/2008 9:40
La trobada literaria de Barcelona,es positiva en cultura en debate y analisis del mundo excluido de los cubanos por los cubanos y no solo de cubanos. La palmera de Juan Abreu, un personaje absurdo de nacinalismo tan actual en estas tierras trajo humor y reflexión del mundo cubano y el globalizado ,el exilio, desde el exilio y la cultura del exilio fueron temas que permiten motivar el pensamiento ,de porque tanto exilio o tantos excluidos ...Porqué? Un buen evento que podria continuar, con más voces y un buen uso del tiempo de exposición de los participantes. Por cierto la interveció de un pionero o novato( por el tiempo que lleva aqui) fue genial ,candido,intencional o...no sé.al preguntar. hay más libertad AQUI que en cuba SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII fue un coro de voces de repuetas, lo mejor que se escucho en el evento.Todos estabamos de acuerdo en el SI GRACIAS por el evento y DOY GRACIAS de ser un EXCLUIDO però con LIBERTAD y tambè sin palmeras
8 por Consejo (Usuario no autenticado) 15/04/2008 1:50
Mira a Jorgito queriendo meter culturita en el blog. Muchacho, los blogs son para tu chusmería. La cultura de verdad está en Cuba y allá no leen tu sonsera. Te dolió que no te invitaran al encuentro de ex-escritores gusanos en Barcelona. Te dolió mucho y vienes con esta. Sigue trabajando, va y ahi suerte dentro de 20 años, yoyito y alguien se acuerda de tu nombrecito.
Página 1 de 3