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¿Por qué no cierra este blog?

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Alguien que firma Tirofijo coloca aquí abajo un enlace que me lleva a su página en Blogspot y de ahí a la de Emilio Ichikawa en la misma plataforma.

Emilio, a quien me une una amistad de 20 años, dice advertir que los blogs cubanos están en crisis y eso es lo menos que dice. También se acusa y acusa a otros bloggers de actuar como las Hermanitas de la Caridad.

Se lo nota afectado al bueno de Emilio y tendría motivos para estarlo si su diagnóstico fuera certero, asunto que desconozco. ¡Con lo fácil que le sería seguir mi consejo de no leer letras, en blogs u otros soportes, porque sean «cubanas»! Curarse de la blogopatía cubensis le ahorraría a él y a muchos tanta desazón. A fin de cuentas, uno lee por elección dictada por el placer y el provecho. Y dispone de su tiempo de lectura según su leal entender, que se decía antes.

Nada tengo que objetar a quienes se dedican a vocear las bondades de la llamada «blogosfera cubana», un término que impulsó, creo recordar, Camilo López, desde el blog Estancias cubanas. Un fenómeno que me interesa como cualquier otra pulsión que aqueje a los cubanos: la creciente conversión al Islam de vecinos de Centro Habana y La Lisa, el intercambio de películas de animación japonesa en Cuba, los avatares de la producción editorial del exilio cubano, etc., etc. Son movimientos que afectan a unos pocos, a poquísimos, y cuya importancia no se me ocurre sobredimensionar. Mucho menos se me ocurre leer lo que no me interesa.

 

«¿Cómo es que todavía sigues con el blog?», me preguntó precisamente ayer, mientras Emilio escribía su nota, alguien con quien no me veía hace tiempo. Simulaba sorpresa. En realidad, estaba enfadado. Le resulta insoportable la idea de que dedique mi tiempo a escribir para un medio tan efímero. Una indignación que me halaga, a la vez que me disgusta, porque parte de unos cuantos errores alimentados por otras tantas ideas erróneas acerca de la literatura y estos espacios privados. También me reta, porque es pregunta que yo mismo me he hecho alguna vez.

Colgué el primer post en El Tono de la Voz el 11 de marzo de 2007. Justo ocho meses después de que en julio de 2006 propusiera a este portal la inserción de blogs. Desde entonces, escribí una nota diaria hasta que la criatura cumplió el añito y a partir de ahí me he permitido saltarme la cita algunas veces, bien pocas. Año y medio es suficiente tiempo como para que a veces abra, buscando en Google, algún viejo post y me sorprenda que lo haya escrito yo mismo. (No siempre es una sorpresa de la que vanagloriarme, por cierto, aunque jamás ha sido motivo de arrepentimiento.) Año y medio es también tiempo suficiente para haber corroborado que se trata de un medio que me trae muchos más placeres que disgustos.

«¿Cómo es que todavía sigues con el blog?» La pregunta –en ella simulado desdén; algo de envidia–, tiene respuesta tan predecible como la llegada de la factura del gas.

Para mí, El Tono de la Voz es la mera extensión de lo que he hecho siempre: comentar lo que me interesa en charlas de sobremesa, artículos, correos electrónicos o anotarlo en mi ristra de cuadernos Clairefontaine. La única diferencia es que lo que antes era soliloquio o charla con unos pocos es ahora exposición permanente.

Largos cientos de personas siguen ahora a diario lo que escribo, algo que sólo permite la tenencia de un blog, salvo que uno tenga columna diaria en un periódico, claro. ¿Cómo que cientos? ¿Tan pocos? Es un estimado. Porque es difícil saber cuántos de los millares de visitantes que entran aquí a diario lo hacen en verdad para leer. ¿Cuántos leerán esta misma nota de cabo a rabo? Quienes tenemos blogs y herramientas que miden las visitas sabemos que centenares de visitantes entran desde buscadores por error y se van enseguida, como sabemos que otros largos centenares de visitantes acuden traídos desde buscadores de imágenes que hemos etiquetado con pericia para atraerlos. Lo recuerdo siempre para bajarme los humos y bajárselos al blog: son visitantes, pero no son lectores, aunque algunos de ellos puedan sumarse a la segunda categoría, tras descubrir la página.

Lo que más me atrae de este medio es la posibilidad de jugar con la gramática de los blogs, que te permite escribir una nota larga, un artículo, hilvanar un par o tres de ideas que juntas adquieren otra dimensión cognoscitiva, jugar a enlazar –como hice ayer– a un puñado de artículos que te sirven los agregadores o encuentras en revistas que lees, colgar una escena de película que acabas de ver y quieres compartir, compartir una fotografía, ensayar el delicioso género del panfleto, transcribir conversaciones telefónicas… Escapar así de la tiranía del artículo –tantas veces con sabor y textura de «batido de cabilla»– para poner en juego ideas e imágenes sin más corsé que el de mis propios intereses y los que presupongo a mis lectores habituales. Buena parte de los blogs que acaban por cerrar son los que ponen en marcha quienes no tienen otro espacio donde publicar y suponen que sesudos artículos les atraerán el interés de muchos. Craso error.

Y están también los comentarios, sin los que no imagino escribir un blog. Aun cuando los lectores que comentan constituyen apenas una ínfima parte de los lectores, la libertad que se les concede para reaccionar de inmediato a lo que leen y la manera en que la aprovechan para apuntar lo que falta, para denunciar errores e incluso para manifestar su fobia a las ideas que les someto son motores para seguir escribiendo. Este es, además, un medio donde lo tienen fácil, porque se escribe robándole tiempo al trabajo y se deslizan errores con facilidad –ahora mismo son las 12:50 y llevo dieciséis minutos escribiendo esta nota que se me ha pasado de larga: ya acabo…

«¿Cómo es que todavía sigues con el blog?»

Pues, porque no he encontrado motivo para cerrarlo. Pero este mismo podría ser el último post, como lo pudo ser el de ayer o lo será el de mañana. Porque los placeres, por gratos que sean, mudan con extraordinaria facilidad.

Miren a Emilio, por ejemplo: ¡ya no le gustan los «blogs cubanos»! ¿Recuerdan cuando a Rousseau le preguntaron su opinión sobre los franceses? Dijo que no tenía ninguna porque no los conocía a todos. En cuanto a mí, los poquísimos blogs escritos por cubanos que visito con cierta regularidad, me parece que gozan de estupenda salud.

 

De contra:

Si algún lector tiene preguntas que hacer sobre El Tono de la Voz, sobre el por qué y cómo se escribe un blog, etc., puede anotarla en los comentarios. Casi todas las preguntas serán respondidas. Si dan para ello, por número y alcance, bien podrían ser objeto de un update o el post de mañana.

La ilustración está sujeta a Copyright: El Tono de la Voz & Morivati.

 

UPDATE:

Telecinco emitirá mañana un documental sobre la prostitución infantil en Cuba. Sigue avance.

h/t: Memorandum Vitae, via Secretos de Cuba



72 Comentarios



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72 por J.Campos (Usuario no autenticado) 06/10/2008 0:50

...ó simplemente aprieta la tecla Ctrl mientras rotas la ruedita del mouse. En un sentido aumentará el tamaño de la letra, y en el sentido opuesto lo reducirá (si tienes windows, por supuesto) (ese truquito me lo explicó hace poco un chama gringo en la pincha. Hasta ese día yo tampoco sabía cómo se usaba la tecla "Print Scm" y ahora meto unos alaaardeeess!!!) :-)

71 por Jorge Ferrer (Usuario no autenticado) 05/10/2008 13:31

Cubaleah (Nº70): fíjate que encima de cada post, junto al número de comentarios, hay dos casillas marcadas con un signo de más y otro de menos y la leyenda Tamaño de texto. Sirve para agrandar o disminuir el tamaño de letra. También en el extremo superior derecho de la página, encima de la cabecera del blog, hay otra herramienta para hacerlo. Pone Tamaño del texto: Disminuir / Normal / Aumentar Salud y gracias.

70 por http://cubaleah.blogspot.com/ (Usuario no autenticado) 05/10/2008 7:24

QUE LETRA TAN CHIKITA QUE TRABAJO ME DA LEERTE

69 por A.T. (Usuario no autenticado) 03/10/2008 21:15

Jorgito: has cultivado tremendo blog, culto, vacilable, elegante. Sigue con él y al que no le guste que se j...

68 por Cristina García. (Usuario no autenticado) 03/10/2008 16:52

Disculpas por la errata. Debía decir regocijada. Mis respetos a todos.


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