Réplica(s) a Soledad Cruz
Jorge Ferrer | 01/08/2007 2:10
El outing-(¡que-no-es-outing-muchacho!) de Soledad Cruz publicado en Kaos en la red, una página que me concede placeres ideológicos inefables cada vez que la visito, se coló en la redecita de la única redecita cubana.
Y aunque despacio, ya comienzan a gotearle réplicas. Goteo lento. Apenas un par de tejas rotas, otra más. Pero ya se aprecia.
Descubierta la intranet como herramienta de pataleo, ya no hay quien pare el j'accuse.
Copio la réplica de Jesús Lao, y también una de Jorge Dalton, aparecida ya en Penúltimos Días, receptora también de curioso comentario del trovador Amaury Pérez Vidal.
Y aclaro a la policía: no son textos enviados a El Tono de la Voz para su publicación. Son mensajes que difundo porque me huelo que quieren ser difundidos.
Los autores, si interrogados, pueden acusarme de exiliado entrometido. Es figura que me encanta.
La Soledad del corredor de fondo
Por Jesús Laó
El artículo “El revolucionario riesgo de la verdad”, de Soledad Cruz, publicado recientemente en la website “kaosenlared” y circulado ampliamente entre nosotros vía email, como todo escrito polémico y sanamente provocador, máxime si ve la luz en tiempos tan difíciles como los que vive Cuba ahora mismo (justamente los que generan ese tipo de periodismo, imposible de ejercer en la prensa oficial cubana), ha traído reacciones tan diversas como contradictorias, pero no ha dejado indiferente a nadie.
Como sólo tengo 25 años, enseguida pregunté a mi padre (también vinculado al mundo de la comunicación social) sobre la autora, y lo que me informó fue poco después corroborado por mí en una visita a la biblioteca: se trata de una periodista cultural que hizo época en los ya lejanos años 80 en el periódico “Juventud Rebelde” justamente por la agudeza y la audacia que el artículo en cuestión revelan. Si bien se movió sobre todo en las áreas de su especialidad (los medios, el teatro, la cultura en general), los escritos de Soledad devinieron más de una vez encendidas polémicas; cierto que se encuentran también banalidades (como una risible reyerta en torno a la cantante Rebeca Martínez,
o si era legítimo o no que Amaury Pérez usara aretes) pero en sus mejores momentos, que no fueron pocos, Cruz trascendió la mera reseña para rozar ingentes problemas sociales de la cultura, y movió las aguas de la opinión pública en una sección destinada al diálogo llamada “Por el ojo de la aguja”.
Justamente esa actitud combativa y crítica (de esto sí no me enteré en la biblioteca) catapulteó a la periodista al para ella ajeno campo de la diplomacia (fue embajadora de Cuba ante la UNESCO), pero al regresar, encontró que la Cuba cómodamente socialista (pese a todos sus problemas) sobre la que ella escribía e invitaba a responder, era otra: Período Especial, base capitalista sobre estructura del otro sistema, dolarización, abismos sociales... Y claro, una “lengua viperina” como ella, si bien siempre identificada con el sistema, no hacía mucha gracia: la enviaron (para no hacer el cuento
largo) a su casa a escribir un libro con el sueldo del periódico, y así, tras varios años en este oficio no dudo que riguroso y laborioso, pero ajeno a las “mareas”de la opinión y sus reflujos, Soledad Cruz se nos aparece con el artículo de marras, en un estilo aún más afilado y energético que en sus comentarios de otrora.
Yo soy de los que aplaudo la movilidad en las ideas, desearía incluso que no en un website al que (sabemos) la mayoría no puede acceder, ni a través del correo electrónico del que la mayoría carece, sino en las páginas de nuestros principales periódicos y revistas (perdonen si les sueno al Thomas Moro de Utopía) se publicaran artículos como “El revolucionario riesgo de la verdad”, de Soledad Cruz, pero justamente haciéndole honor a ese sano espíritu polémico que ella mismo ejecutó y sembró en los 80, voy a disentir de algunas de sus reflexiones.
La autora sin dudas pertenece a la clase media, y desde ese estrato reclama, exige, sugiere. Ello en sí mismo, nada tiene de objetable, como quiera que la gran mayoría de la intelectualidad cubana (al margen de sus militancias y credos políticos) integra ese grupo social, pero vamos, una mirada realmente abarcadora, objetiva de una periodista que como todos (también al margen de militancias y credos políticos) anhela los cambios que mejoren la vida del cubano (todo) debiera pensar y escribir un poco más amplio, y sobre todo, un poquito más “abajo”.
Soledad habla de quienes no pueden traspasar su carro, venderlo en buena lid a los que tengan la posibilidad de mantenerlo mejor , pero olvida a los millones que no pueden hacer tampoco nada con el auto porque simplemente no lo tienen, y por ello deben esperar horas ante una parada donde no pasan guaguas o las contadas que lo hacen están repletas y no paran, y deben entonces, o caminar cualquier cantidad de cuadras, o gastarse sus contados pesos en los almendrones que, cierto, son caros y desconsiderados, pero son, y al menos permiten llegar al trabajo o al cine a tiempo, o regresar a casa tras varias horas de infructuosa espera en las henchidas paradas.
Habla también la autora de quienes no pueden hospedar en sus casas a amigos
extranjeros si no es con un difícilmente alcanzado permiso, ignorando a quienes aún
cuando lograran la dichosa licencia no pueden hospedar a nadie pues no se “hospedan” siquiera a sí mismos: no tienen casa, viven agregados, hacinados o ilegales (como la lamentable realidad que denuncia el reciente documental Buscándote Havana).
Se refiere Cruz al no menos triste hecho de aquellos que teniendo CUC no pueden reservar en un hotel, pero yo hubiera aludido, mejor, a los miles de miles que no a un hotel, de ninguna estrella ( en “ una pieza, una mínima pieza y no una pieza colosal”, que escribiera Guillén en su inolvidable poema “Tengo”) sino a un humilde restaurant donde ir con la novia, los amigos o la familia, porque los pocos que existen en MN
protagonizan eso que llaman “chiste cruel”: si un plato fuerte vale de 30 a 60 pesos cubanos, cuál es la diferencia real entre esos y los otros, los inaccesibles de la “otra” moneda, tan nuestra y tan ajena, tan cercana y a la vez lejana.
O ver a una policía inflexible, que, claro, cuida de la delincuencia y todo eso, pero
detiene y exige constantemente el carné a jóvenes bien vestidos, normales, que a la legua cualquiera puede identificar como personas decentes, entorpeciendo su tránsito normal por la capital. El otro día, por ejemplo, quedé con un amigo y su novia para, junto a la mía, vernos en casa e ir al cine, pues bien: esos dos jóvenes, estudiantes ejemplares, correctos, de apariencia personal nada “sospechosa”, llegaron una hora después pues un obstinado miembro de la PNR los detuvo durante todo ese tiempo y de nada bastó mostrarles, además del carné de identidad a tiempo y en forma, sino el otro, de la Universidad, conversar con él de la mejor forma (ajeno, claro, a todo tipo de diálogo), etc: se les dio el tratamiento de cualquier ladrón o asesino, confrontando sus datos en la planta, aislándolos del resto (sólo faltaron las esposas) . El muchacho, a propósito, es negro, pero esa no es la noticia: según me contó, el policía también. Y otra noticia mejor es que este policía terco e irrespetuoso, abusador del poder que irresponsablemente han puesto en sus manos, dista mucho de ser la excepción.
Si por una casualidad, el joven paseante es del interior, los trámites para poder pasear libremente por las libres calles de un país libre, estar una temporada en casa de un
familiar o amigo habaneros, o simplemente, conocer la capital, son más engorrosos y
kafkianos que los que se requieren para salir del país (y mira que esos lo son). No digo que algunos vengan también con otras intenciones, pero vamos, ¿por qué meterlos a todos en el mismo saco? ¿Y los buenos jóvenes de provincias que estudian y trabajan, por qué deben recibir el trato de los que vienen a delinquir o a ejercer la prostitución?
Esas molestias cotidianas de que habla la articulista, y otras muchas que ignora, cuyos autores no son precisamente los imperialistas con su consabido bloqueo, resultan mayores, dobles, incalculables, para la gente de a pie, sin casa, sin dinero que, no hay que decirlo, no son precisamente la minoría.
A pesar de estos detalles, saludo a Soledad con sus serias y agudas reflexiones: no está sola en su carrera, en la de tantos que deseamos lo mejor para este país hermoso pero difícil que habitamos, que sufrimos y amamos día a día.
Escuché decir también que en ciertos círculos, altos por cierto, este artículo no había caído nada bien, pero que en vez de analizar lo que dice, cuestionaban el objetivo y la actitud de quien lo escribe: que si es oportunista, que si “enviado”, que si ella ahora reniega y busca “méritos” para el futuro...
No lo sé ni me interesa, no conozco personalmente a la autora, ya lo he dicho, sólo sé que su prosa transpira honestidad y buena voluntad, y esto es lo que vale, pero si así no fuera, uno de los sabios, no recuerdo si Séneca o Lezama, afirmó que lo importante no es el arquero sino la flecha, y la de Soledad Cruz, claro que sí, ha dado en el blanco.
Lunes, julio 31, 2006
No estoy tan seguro, Soledad
Por Jorge Dalton
Patria es eso, equidad, respeto a todas las opiniones y consuelo al triste.
La patria es dicha de todos, y dolor de todos, y cielo para todos, y no feudo ni capellaní­a de nadie
José Martí
Demás está decir que concuerdo con algunas cosas que dice Soledad, incluso aplaudo que una persona como ella corra esos riesgos en el nombre de la verdad. Parte de todos esos “defectos y problemas”, un grupo de jóvenes artistas e intelectuales cubanos, ya los habí­amos expuesto en una serie de foros en los años 80s. La mayoría de esos foros, como sabrán, fueron cerrados por la oficialidad y los que nos arriesgamos en ese entonces fuimos maltratados, acusados de “hipercrí­ticos” y de “hacerle el juego al enemigo.
Esas “taras”, “defectos” y “problemas”, a las que se unen también las injusticias, las han venido denunciando miles de personas cubanas anónimas y reconocidas a lo largo de estos casi 50 años, dentro y fuera de Cuba. Quiero aclarar que entre estas miles de personas se encuentran también ciudadanos que no precisamente han tenido un pensamiento contrario a la Revolución, pero que de igual manera, han sido humilladas y marginadas por sus opiniones. Algunos han ido a parar a la cárcel, otros han sido expulsados de sus trabajos, convirtiéndose en parias o han sido repudiados y hasta golpeados en plena ví­a pública en uno de los actos más hirientes y penosos que he visto en mi vida. Indudablemente, estos, han corrido la peor suerte.
Otra gran parte tuvo que marcharse de Cuba; la oficialidad no les dejó otra alternativa, que integrarse a la enorme comunidad cubana que vive, sobrevive, trabaja, sueña y se hace visible en Miami, New York, New Jersey, Madrid, Barcelona, México, Puerto Rico, Santo Domingo, Venezuela y en otros rincones del orbe.
No todos los cubanos que viven o mueren fuera de Cuba, han sido felices o exitosos, el exilio no es una fiesta donde todos tienen las mismas oportunidades, muchas familias cubanas han tenido que pagar un alto precio. El exilio tiene un lado sumamente amargo y José Martí­ lo vivió en carne propia cuando fue desterrado.
Decir la verdad no necesariamente es un riesgo revolucionario, lo considero más bien, un acto honorable y valiente, un deber. La verdad no tiene color, la verdad es la verdad.
Año tras año, en Cuba se celebran multitudinarios actos de reafirmación revolucionaria. Más de un millón de personas desfilan en la Plaza cuando son convocados a dar vivas a sus lí­deres. Es una verdad que nadie puede evadir. Incluso, soy del convencimiento que la mayorí­a en Cuba, independientemente de todo lo negativo que se diga, sigue estando a favor de Fidel. Negar esa verdad, serí­a una estupidez.
Pero aun así­ no estoy tan seguro como afirma Soledad Cruz, de que en Cuba, la mayorí­a de la población quiere salvar la Revolución a toda costa. Entre esa muchedumbre que alza banderas y viste gorras y pulóveres rojos, existe una gran incertidumbre por el futuro; hay muchos que han acumulado también años de resentimiento y hay niveles de inconformidad ante el silencio de sus gobernantes. Dentro de esa masa entusiasta que vemos en esas poderosas imágenes que le dan la vuelta al mundo, también hay miles que guardan el mismo silencio que se guardó en la antigua URSS o en Rumania. Dudo que todos, absolutamente todos los que marchen, estén conformes.
No sé que pasaría en Cuba si toda esa incertidumbre acumulada se llegase a mantener por 10 años más. No sé tampoco si las nuevas generaciones están tan dispuestas a sacrificarlo todo por la Revolución al igual que sus padres y abuelos, viviendo apiñados en una misma casa, acumulando angustias y esperanzas, pero también desarrollando una cultura de la espera. Siempre he dicho que los cubanos son, hoy por hoy, los campeones mundiales de la espera. No dejo de ver esto como algo sumamente injusto.
También dudo mucho, que esa nueva generación, y la que está por venir, quieran seguir hablando de marxismo, de las glorias pasadas de un Sistema Socialista que en definitiva, se derrumbó como un castillo de naipes, producto de de su ineficacia y corrupción. Seguir hablando de algo que ya no existe, de Lenin, un dirigente que si bien alertó sobre Stalin, tampoco hizo mucho por evitar la noche negra del estalinismo y que desgraciadamente en algunos sitios aún persiste. Antes que Lenin enfermara, Stalin ya tení­a prácticamente todo consumado.
Apoyándome en la dialéctica, teniendo en cuenta la desaparición de ese Sistema Socialista hace ya unos cuantos años, la desaparición fí­sica inminente del máximo lí­der y la continuidad de una dirigencia que sobrepasa los 70 años; no estoy tan seguro si esta nueva generación con intereses muy distintos, decida “salvar la Revolución a toda costa”. No estoy tan seguro de eso, incluso el propio Fidel ha comenzado a dudar en algunos de sus recientes manifiestos.
No es la primera vez que oigo decir de forma categórica que aún hay tiempo para “salvar la Revolución Cubana”, “preservar sus conquistas”, “reformar para que el proyecto se mantenga a largo plazo”. Pero también podrí­a suceder todo lo contrario. Pues eso requiere de un sacrificio mayor al de estos casi 50 años. Y digo mayor, porque muchas de estas conquistas ya se han perdido. A pesar de todas esas conquistas sociales y ese potencial, gran parte de la población cubana vive en lo que pudiéramos denominar una humillación económica. Esto que voy a decir no es nada nuevo, lo he mencionado otras veces.
En el año 2001, el último viaje que hice a Cuba, me percaté de las marcadas diferencias sociales que existen en la isla. Hoy en día todos esos problemas, lejos de ser superados, se han acrecentado.
Una de las cosas que más me sorprendió fue el imperio de una elite, dentro del propio estado, que ha venido acumulando poder económico y polí­tico. Ellos también están entre los que marchan o están en las tribunas, estos también guardan un misterioso y frí­o silencio. Me refiero a las personas que trabajan en las llamadas “empresas mixtas”, los únicos autorizados a realizar todo tipo de negociaciones y transacciones comerciales con empresas extranjeras. El sector de la cultura no está exento de esos mecanismos. Estas personas han adquirido experiencia de cómo funciona el capitalismo. Como olvidando que el capitalismo sigue siendo un sistema feroz y también deshumano.
Estas personas han terminado por desconocer las verdaderas necesidades de la sociedad cubana. Muchos viven en una opulencia que poco tiene que envidiarle a las oligarquí­as latinoamericanas, su nivel de vida se diferencia bastante del resto de la población. Algunas de sus casas están amuralladas, se han aislado y enriquecido a niveles insospechables. Entre más se enriquecen éstos, los cubanos de a pie, se empobrecen más. Dentro de estos cubanos empobrecidos también hay gente talentosa, profesionales, médicos, maestros, obreros, artistas, etc.; pero sobreviven con salarios miserables, tratando de subsistir gracias al mercado negro, y en ocasiones, obligados a cometer una serie de ilegalidades.
Esta elite, muchos de los cuales son miembros del Partido, van desde funcionarios con altos cargos gubernamentales, dirigentes intermedios, militares, miembros de la inteligencia, donde también hay ingenieros y economistas, ya no los mueve tanto la ideologí­a, sino el dinero y el ansia de poder. Son los más beneficiados en esa situación de estancamiento social y económico que vive Cuba actualmente. Son los menos interesados en que el embargo llegue a su fin. Por otro lado, son los más concientes que Fidel Castro desaparecerá fí­sicamente de un momento a otro y una vez que esto suceda, por la acumulación de poder y riqueza, sabrán qué hacer ante una nueva e inesperada situación que se presente. Llevan años preparándose para ese momento. Su enriquecimiento ha ocurrido, justa y paradójicamente, los años duros del Perí­odo Especial. Ellos sabrán qué hacer con todo ese poder, ante las propuestas que a sólo 90 millas, ofrecerá el imperio.
De ellos depende en gran medida, el manejo de la economí­a en el presente. Me atrevo a decir que también dependerá en el futuro. Son los que conocen cómo funciona este mundo globalizado, donde todo es perfectamente comprable y vendible, el de la bolsa, las tarjetas de crédito, viajes, compra y venta de acciones, cuentas bancarias, tecnologí­a y conectividad, telefoní­a e información, todo eso que el cubano común y corriente desconoce.
Este sector elitista, se compone de personas con formación profesional, talentosas y audaces; sin embargo, no son nada democráticos. Son autoritarios ambiciosos, mezquinos y egoí­stas. La democracia es y será uno de los mayores retos de la nación cubana en el futuro.
Noté un acentuado deterioro en la calidad de vida de los cubanos. Me dolió ver a los más viejos como ermitaños empobrecidos, los que sacrificaron todo, esperando la muerte en las esquinas, sin tener ya nada que decir.
La sordera y ceguera de la dirigencia que negada a realizar cambios de envergadura, no ha hecho más que aumentar la zozobra social, se sienten seguros y han olvidado que aún está fresco el daño causado por la irresponsabilidad histórica de los dirigentes del Socialismo en Europa del Este, responsables de las tragedias que se han venido desatando luego de la caí­da del muro de Berlí­n.
Hay otro aspecto que también ha cambiado la fisonomí­a cubana y es la corrupción, un cáncer que ha hecho metástasis en todos los sectores de la sociedad, nadie parece estar fuera de ella. Salvando las distancias, en Cuba se ha creado una situación similar a la que existí­a en la Unión Soviética antes de la caí­da del Socialismo.
Habrí­a que tomar en cuenta también, que muchos cubanos en este mundo ya no desean “rectificaciones”. Desean cambios concretos e inmediatos, el término Cambio no lo inventó el imperialismo ni el fascismo. Durante el llamado proceso de rectificación de errores se crearon otros peores y es por eso que un amigo cubano residente en España, me dice: “Cuba podrá tolerar otros errores pero lo que no podrí­a soportar, es otro proceso de rectificación”.
El surgimiento de izquierdas en el poder en América Latina, no es una garantía tampoco de la continuidad del proyecto cubano, hay que recordar que no todas esas izquierdas son iguales. Algunas tienen intereses muy distantes a las del gobierno de Cuba y Venezuela. El arribo de partidos de izquierda en paí­ses latinoamericanos, no está dado precisamente por la ejemplar resistencia de la Revolución Cubana, ni significa que habrá revolución al estilo cubano.
En otro aspecto, es cierto que Estados Unidos hay una ley que acoge a todos los cubanos que lleguen a su territorio y brinda todas las facilidades para establecerse, lo cual no hace con el resto de los emigrantes. Pero también es cierto, que en otros paí­ses, sobre todo en los latinoamericanos, muchos cubanos son tratados como ratas, despojados de sus derechos, son maltratados y humillados hasta no poder. He sido testigo de esto, en paí­ses con los cuales Cuba, tiene excelentes relaciones diplomáticas. Estos cubanos han navegado en verdaderos infiernos sin recibir ningún respaldo de sus embajadas. Nunca he visto ninguna nota de protesta de parte del gobierno cubano al maltrato y vejámenes que simples ciudadanos cubanos, sufren de parte de autoridades latinoamericanas.
No se trata de un asunto de comunismo, socialismo o capitalismo. Es un asunto de humanidad, de dignidad. Muchos cubanos están lacerados producto de un atropello sin precedentes de parte del estado, ese estado que como bien dice Soledad, insiste en resolverlo todo de una manera centralizada truncando la iniciativa personal y la creatividad de cada cual. Existe un cúmulo de humillaciones que los cubanos han tenido que enfrentar por el simple hecho de salir del paí­s, y no solamente salir, sino, también entrar.
Por ejemplo, llegar al aeropuerto de La Habana, es un momento sumamente desagradable y es uno de los sitios donde he visto aplicar de parte de las autoridades, la prepotencia, el maltrato y el abuso de poder a los cubanos que regresan a la isla, porque han salido temporalmente a visitar a sus familiares o a los cubanos que residen en el exterior de forma definitiva. El trato es pésimo tanto a unos como a otros. El trato, por supuesto, es muy diferente a funcionarios gubernamentales y personalidades reconocidas. Es denigrante y vergonzoso ver ese ensañamiento de unos cubanos con otros cubanos, por el simple hecho de ser cubanos. Un ensañamiento similar al que he visto aplicarse a los cubanos en diversos paí­ses latinoamericanos.
Cuba es único paí­s que llama “traidores” a los deportistas que deciden quedarse en otros paí­ses o firman contratos millonarios para ingresar en el profesionalismo. Es conocido las historias oscuras que se tejen en el mundo del profesionalismo, pero no conozco ningún boxeador o beisbolista venezolano, nicaragüense, dominicano o panameño que su paí­s lo llame “traidor” por similar decisión. Sin embargo, funcionarios cubanos han desertado llevándose incluso dinero del gobierno cubano. Pasado el tiempo, he sabido que esos funcionarios, han hecho fortuna fuera y han terminado negociando con el gobierno de Cuba. Me pregunto: ¿Porque estos no son “traidores”?
Muchos cubanos americanos en Miami se fueron de Cuba en contra del gobierno revolucionario. Actualmente no pocos están a favor del levantamiento del bloqueo y hasta negocian con Cuba. ¿Por qué aquellos sí y estos no?
Prostitutas, “jineteras” con un largo expediente inmoral, se casaron con empresarios y diplomáticos extranjeros, esa fue su fórmula para escapar de Cuba. Hoy por hoy, al estar casadas y obtener algo de fortuna fuera del país, el estatus ya no es de “jinetera”, al contrario, tienen sus documentos en regla para regresar a Cuba cuando quieran, incluso gozan del Permiso de Residencia en el Exterior.
Miles de cubanos, a lo largo de estos años, por discrepancias ideológicas y que no precisamente eran “terroristas”, se marcharon de Cuba sin la posibilidad del regreso, gran parte de ellos han muerto sin poder retornar a su patria, el estado cubano los catalogó de “traidores” igualmente. No solo eso, les allanó y usurpó sus casas y bienes, convirtió a sus familiares en una especie de rehenes del estado como acaba de hacer con la familia del bicampeón olí­mpico Guillermo Rigondeaux.
No todos los que se fueron en 1950 y a partir de la década del 60 eran “burgueses”, “ricachones” o “batistianos”. Habí­a también gente humilde que llegó al exilio a trabajar como peones toda su vida en factorí­as, tiendas y almacenes. Eran gente decente antes y después de marcharse de Cuba. No pocos tuvieron que rehacer sus vidas, otros no tuvieron tiempo de hacerlo. Quiero recordar también que dentro de la primera avalancha de cubanos hacia la Florida a principios de la revolución, habí­a también ex miembros del Movimiento 26 de Julio. Incluso, reconocidos dirigentes de las organizaciones más extremistas surgidas en Miami en esos años, eran ex miembros del 26 de Julio. Tanto unos como otros, también guardan un lógico resentimiento.
No conozco que el gobierno mexicano denigre a sus compatriotas, que emigran dí­a tras dí­a por diversos motivos a Estados Unidos, llegando a constituirse en la comunidad latina más importante en la Unión Americana. Tampoco lo hace el gobierno brasileño con los emigrados cariocas que tienen una importante presencia en la Florida. De hecho, muchos emigrados venezolanos en la Florida, tuvieron la libertad de votar a favor de Hugo Chávez, porque conservan ese derecho ciudadano, bajo el gobierno chavista, no se si será así en las próximas elecciones. Conozco empresarios, artistas, productores de televisión, gente común y corriente de origen venezolano, que desde Estados Unidos, emitió su voto a favor del actual gobernante venezolano.
La comunidad de cubanos en Miami, no deja de ser una de las más influyentes, ha resultado ser en términos generales una comunidad próspera a pesar de las tristezas, frustraciones y del extremismo de importantes sectores. Su población ha aumentado al paso de los años. Hay que recordar que está comunidad está siendo renovada como las generaciones de la isla. El sector mas extremista, el cual mantiene una guerra sin cuartel al gobierno cubano, su dirigencia histórica, también sobrepasa los 70 años, está en ví­as de extinción.
Me parece ofensivo y poco inteligente, seguir llamando “mafiosos”, “terroristas” y “atorrantes” a los emigrados cubanos en Miami. Muchos se marcharon por las mismas humillaciones que Soledad enumera en su artículo. Las remesas familiares que enví­an los emigrados cubanos de Miami, sostienen parte de la economí­a cubana, es como en otros paí­ses de América Latina, uno de los rubros económicos fundamentales. Los mercados y establecimientos en dólares controlados por el gobierno de la isla, se sostienen en parte, gracias a ese flujo económico.
He conocido miles de personas en Miami, pues viví­ entre ellas y sé que sienten un profundo amor por su patria, que a pesar de que están concientes que nunca regresarán a su paí­s natal, trabajan de sol a sol para mantener a sus familiares en la isla, sin importar si estos estén a favor de Fidel Castro y el socialismo.
No considero justificable tampoco, como dice Soledad, haber denigrado, humillado, maltratado y vejado a personas por ser catalogadas de “burgueses”. Entre los burgueses cubanos habí­a también gente honorable que incluso gracias a ellos, Batista fue derrocado en 1959. ¿Cuántos burgueses actualmente apoyan la Revolución Cubana y el socialismo, son amigos de Cuba, sin ser molestados? ¿Quién es acaso Gabriel Garcí­a Márquez, independiente de ser uno de los monumentos literarios mundiales, que tiene una de sus tantas mansiones en la isla, obsequiada personalmente por Fidel, una propiedad que anteriormente pertenecí­a a otro “ burgués” pero cubano? ¿Quién es acaso, Danny Glover, actor de Hollywood que gana millones por cada película gracias a la maquinaria monopolista hollywodense? ¿Quién fue Alejo Carpentier o el pintor ecuatoriano Guayasamí­n, independientemente de su talento e ideologí­a?
Vuelvo y repito, no estoy tan seguro, que la Revolución pueda salvarse en los próximos 10 años, un proceso donde también se han crearon muchas desigualdades, muchos abismos separa a unos y otros, pero tal vez me equivoque. Me parece que hay muchas cosas por revisar y que no merecen seguir en el silencio, creo también que hay demasiadas injusticias más que “errores.”
Esa nación cubana próspera del futuro, dependerá en gran medida, de la participación de los propios ciudadanos cubanos. Algo que el estado se niega a conceder. Está demostrado que a pesar de los obstáculos, los cubanos fuera de Cuba, han logrado una prosperidad que no se puede negar, negarlo sería también una gran estupidez. Una de las mayores riquezas de esa Cuba futura, está concentrada precisamente en el aporte de sus ciudadanos vivan adentro o afuera, independientemente de su religión o afiliación ideológica.
La reconciliación de la nación cubana, será también uno de los mayores retos de ese futuro, se requerirá de enormes sacrificios, parece muy fácil decirlo pero muchos sabemos que no será una tarea fácil. Los cubanos tendrán que recurrir a una serie de fórmulas y sobre todo, dar paso a un verdadero cambio de mentalidad. Tendrán que dejar a un lado rencores y vanidades, desaparecer los discursos de odios y separación que han caracterizado a los dos bandos enfrentados antagónicamente, discurso caduco, guerrerista y frí­o que tanto daño ha hecho a la nación. Propiciar el cambio no puede significar tampoco, esperar 50 años más, a que el gobierno de Estados Unidos, decida sentarse a platicar con el gobierno de la isla. Si los cubanos de todo el planeta llegasen a entenderse, eso sería más que suficiente.
De lo que si estoy totalmente seguro Soledad, es que gran parte de los millones de cubanos que viven en la isla, más otros millones que viven fuera, a pesar de su diversidad de pensamiento, desearían con todas las fuerzas del alma, salvar la nación cubana, que es en definitiva, lo que está en riesgo.
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 01/08/2007 2:49


![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.amazon.com/Tristan-Medina-Retrato-apostata-canonico/dp/8493231150/ref=pd_bbs_2/002-7736270-8772012?ie=UTF8&s=books&qid=1177366006&sr=1-2] Tristán de Jesús Medina](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/el-tono-de-la-voz/libros/tristan-de-jesus-medina/326352-2-esl-ES/tristan_de_jesus_medina_small.jpg)
![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.amazon.com/Minimal-Bildung-Jorge-Ferrer/dp/0970307918/ref=pd_bbs_sr_1/002-7736270-8772012?ie=UTF8&s=books&qid=1177365089&sr=8-1] Cubierta Minimal Bildung](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/el-tono-de-la-voz/libros/minimal-bildung/326325-1-esl-ES/minimal_bildung_small.jpg)

43 Comentarios
Página 1 de 9
43 por Carlos Alberto Coma Peña (Usuario no autenticado) 19/10/2007 22:35
Mi comenatrio está dirigido específicamente a usted Jesús Laó: Pienso que su artículo está genial y en alguna medida sostenemos las mismas ideas, y encontramos entre líneas dentro del artículo de Soledad Cruz su posición de clase, pues es esencial para entender nuestro ser, reconocer que las clases sociales no vinieron junto con el periodo especial como muchos aún ingenuamente sostienen, incluso dirigentes, es necesario abordar las cosas con un aspecto crítico (diga más: digo científico), conciente y corroborando la efectividad de nuestro pensamiento y conciencia con la práctica social de la que dependemos objetivamente, tú (si me permites el acercamiento) eres de mi generación y admiro tu posición con los más humildes, no por filiación "ética" que roza con el superado "estoisismo" y caiga de bruces en el "neo-socialismo útopico" y " el dogmatismo ideológico", adornado con aforismos martianos,si no por comprensión de su rol en la existencia de todos nosotros. Le invito a intercambiar ideas, por favor escríbame al e-mail carlosalberto@cenapet.sld.cu
42 por Alicia Maravillosa (Usuario no autenticado) 13/10/2007 15:00
¡Y creíamos que estaba todo dicho ya! ¡Ayuda, por favor, Ferrer! Necesitamos otros temas para saltarle al cuello al primero que se nos oponga o tenga puntos de vista originales sobre nosotros mismos.
41 por Moskovish (Usuario no autenticado) 12/10/2007 16:20
El problema del tipo ese es que no baila y al parecer su esposa se fue de rumba con algún cubanito de la zona. Nada, puro despecho.
40 por Canta Claro (Usuario no autenticado) 12/10/2007 13:10
Pero es que el señor Adrian Pellegrini tiene un atraso (no me entiendan mal) del cara' -- sera como en el cuento del pinareño que ahora fue que entendio el chiste --, pues viene a hacer su comentario -- seguro pensaba en su familia en ese momento -- al cabo de 2 meses, asi que ademas de grosero es algo retardadito.
39 por Jorge Ferrer 12/10/2007 0:38
Muy pertinente tu pregunta, Driver. Demuestra que me equivoqué. Te explico: ante insulto tan burdo, decidí validarlo toda vez que no iba dirigido a nadie en particular. Dedicado a todos los que no comparten su "credo", me pareció, y parece, que pone en evidencia el carácter totalitario de estos sujetos que nos desprecian por exiliados, por abominar de la tiranía de los Castro y por cubanos. De ahí que lo validara, suponiendo que ninguno de los lectores se iba a sentir aludido individualmente. También jugó en favor de que lo validara mi reticencia a censurar a estos que sí son censuradores permanentes. Muchos de ellos en ejercicio. Pero, lo dicho: si uno se lo toma como algo personal, entonces me equivoqué. Te ruego me disculpes. Así, los demás lectores.
Página 1 de 9