La transición cubana, y las pieles finas
Jorge Ferrer | 02/08/2007 14:06
Tags: "Transición" en Cuba
Cuando se apunta la posibilidad de una transición política en un régimen despótico, y más cuando esa posibilidad tiene tintes de proceso ineludible, cual es la situación cubana hoy, se impone la búsqueda de indicios en los discursos políticos, los pronunciamientos de las elites, los más leves movimientos institucionales… Indicios de la dirección y los tempos del cambio. De las resistencias que encuentra y de las incipientes adhesiones que suscita.
Así, antes se buscaron, y corroboraron, indicios de cambio en aquel célebre discurso de Mijaíl Gorbachov ante la XIX Conferencia del PCUS en abril de 1985.
Perestroika, por cierto, fue en aquella sala del Kremlin término que aludía en un inicio a la perentoria necesidad de practicar una serie de “ajustes estructurales” en un sistema socialista que se consideraba entonces inamovible. Nadie dijo hasta mucho después que el sistema había de ser desmontado desde su fundamento, como tampoco, por cierto, lo desmontaron los emigrados en París o la neoyorkina Little Odessa, ni mucho menos los fantasmas de la emigración blanca que reposan en el cementerio ruso de Sainte-Geneviève-des-Bois.
El sistema comunista soviético –es bueno que lo recuerden unos cuantos- fue abolido por las elites políticas e intelectuales soviéticas. Las herramientas con que se lo abolió fueron proporcionadas por investigadores de centros de estudio adscritos al PCUS. Fueron esos grises centros, animados por los líderes comunistas, sede donde se organizaron los primeros coloquios sobre participación política o reformas de la propiedad, en debates cuyo objetivo primordial no era otro que aumentar la producción de alimentos y bienes de consumo.
No se trata de trazar paralelismos fáciles. De hecho, la experiencia soviética, de la que tanto se vuelve a hablar en La Habana, sirve de acicate tanto a reformadores como a inmovilistas.
Pero lo que sí me parece evidente es que a un año del paso a equívoco retiro del dictador, Cuba experimenta un siquiera tímido proceso de cambios. Uno en el que confluyen todo tipo de fuerzas y que aunque apenas se revuelva, lo hace a veces para mostrarnos lomos diversos, en los que no es difícil adivinar tintes gatopardistas, fundamentalistas y audazmente reformistas.
Intentar leer los indicios de ese proceso incipiente implica el riesgo de equivocarse, claro.
Pero es riesgo que prefiero a la dócil, extenuante y estéril postura de quienes optan por anclarse en la incapacidad política de imaginar y valorar un cambio del que apenas participaremos los exiliados.
Una transición, la que se avizora, que no es la que nos gusta. De hecho, nos gusta tan poco, que ni queremos llamarla transición, algo en lo que coincidimos con los fundamentalistas de allá, en una más de las muchas curiosas alianzas que nos depararán los tiempos que se inauguran.
Pensar, sin embargo, exige imaginación, arrojo y renuncia a proyectar nuestros propios deseos sobre una dinámica que, mal que nos pese, nos es ajena, toda vez que ganar la libertad nos alejó, para nuestra suerte y tranquilidad de conciencia, de las elites isleñas.
De ahí que no será un exiliado quien aparezca en un futuro anuncio de Louis Vuitton. No viaja en ese coche Solzhenitsin –víctima del GULAG- con bolso de piel fina. Lo hace Gorbachov, ex funcionario del partido.
Es lo que tiene la historia. Su piel fina.
La foto es de Annie Leibovitz para la campaña publicitaria de Louis Vuitton lanzada el pasado 26 de julio.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 1:49
Celia Hart: trotskismo vs. transición
Jorge Ferrer | 22/08/2007 12:58
Tags: "Transición" en Cuba
Celia Hart se ha convertido, por obra de esa pertinaz manía que tienen las elites de perpetuarse, en una figura exportable de la (pre)post-revolución. Como Mariela Castro, a la que llamaban «future leader» la semana pasada en The Guardian. Como Aleida Guevara; como, en tono menor, Laidi Fernández de Juan.
He escrito ya aquí sobre fenómeno tan curioso: el de esas hijas que toman el testigo de sus padres, el de esa proyección femenina y filial del ideario castrista (Carlos Lage Codorniú sería la nota masculina de este elenco de herederos en funciones). Rostros que podrán ser parte de la política cubana del futuro. Rostros que atraerían votos continuistas, de estar respaldados por un discurso político atractivo.
No parece ser el caso de Celia Hart. Desde su caída del caballo en Berlín oriental allá por los ochenta y su conversión a la doctrina trotskista, la hija de Armando Hart y Haydée Santamaría, se ha dedicado a tropicalizar a Trotsky y a fusionarlo con Ernesto Guevara. La tesis que pasea por el continente es la de que la revolución cubana es ejemplo, aunque imperfecto, de ese cóctel trotstko-guevarista. Y la cosa parece gustar a trotskistas, ciertos comunistas, chavistas… y, según afirma Hart, a segmentos de las elites cubanas que se resisten con uñas y dientes a la posibilidad de una transición que siga el modelo chino. Modelo que, naturalmente, repugna a una trotskista.
«La revolución cubana pasa por las calles de Caracas», afirmó este lunes Celia Hart de visita en Venezuela. No es la primera vez que lo dice. Ni la primera que lo hace: los continuistas cubanos apelan cada vez más, y sin ambages, a la idea de que será Venezuela quien les ayude a frenar una transición en Cuba que impulsan los reformistas. Y Celia Hart parece ufanarse de poder ofrecerles una doctrina que valide esa dependencia: la revolución permanente. Es clavo ardiendo, pero es algo a lo que asirse.
De los apoyos que concita, hay pocas expresiones públicas. El más curioso el de Soledad Cruz, quien en aparición anterior al outing-(¡qué-no-es-outing-muchacho!), defendía a la trotskista Hart, enzarzada entonces en debate con estalinista sudamericano, reclamando respeto para «nuestra libertad de pensar, cuestionar, polemizar, criticar, reconocer nuestros errores» o «los que aspiramos a ser portadores de las mejores ideas para la humanidad estamos obligados a respetar la diferencia de enfoques, la diversidad de puntos de vista, la valentía de atreverse frente a lo establecido para no ser estandartes de un pensamiento único a la inversa, que fue la propuesta estalinista que fracasó».
Celia Hart es cada vez más clara respecto a sus valedores y la imperiosa necesidad de cortar el paso a los reformistas cubanos. Así, en reciente entrevista a revista de ultraizquierda, en ocasión de viaje a la Argentina, decía: «existe un sector Cuba que ahora defiende esta perspectiva (transición inspirada en el modelo chino) con más tranquilidad y confianza. Eso sí es un peligro, no reconocerlo sería infantilismo político. Si bien en Cuba no existe un Stalin, el peligro de que pueda haber una tendencia hacia la restauración capitalista, aunque sea lenta, sí existe.» Más: «a una transición estilo China, que es mi terror, se le contrapone de manera desafiante la Venezuela cada vez más radical. ¿Quién ganará? A los revolucionarios no nos gustan las apuestas. Mientras otros piensan entre lo uno y lo otro nosotros lucharemos sin descanso para que venza la única opción que merece la escandalosamente bella y coherente revolución de Fidel Castro.»
Por muy descabellado que nos pueda parecer ese discurso trotskista, conviene atenderlo. Vale de poco en sí mismo, cierto. Pero constituye uno de los pocos espacios que nos dibujan la correlación de fuerzas actual en las elites cubanas en asuntos tan fundamentales como la puesta en marcha de reformas de corte liberal, por pequeñas que sean, y la difícil situación que enfrentarían las relaciones de Cuba con Venezuela si se produce una apertura en la isla.
De contra:
Aquí, Celia Hart en entrevista concedida el pasado fin de semana a Telesur. Siempre es un alivio verla. Hija de su padre, la escasez de su talento es directamente proporcional al atractivo de sus propuestas.
Aparece en tres cortes: -18:28 a -15:30; -12:30 a -09:30; -3:04 a -1:50. Lo mejor: echarlo a andar, poner pausa y volver cuando se haya cargado íntegro.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/08/2009 2:30
La transición trimestral
Jorge Ferrer | 12/11/2007 13:24
Tags: "Transición" en Cuba
¿Cuántas veces hemos leído en los últimos meses que Fidel Castro está cada vez mejor y trabaja cada día más? Lo han dicho ministros cubanos y portavoces disímiles. Lo ha insinuado él mismo en alguna de las ocasiones en que ha asomado el Adidas a las noticias.
¿Cuántas veces? ¿Un centenar?
La pregunta es si se trata de especie mandada a despachar desde la mesa de Raúl Castro, de gesto magnánimo con moribundo que saben pendiente del hilo de noticias, o de mera declaración sin más fundamento que el interés propio de quien la difunde.
Probablemente, haya de todo.
Pero lo interesante sería comprobar hasta qué punto estamos ante estrategia urdida por el sucesor, algo que ya he afirmado aquí.
En los primeros días de agosto de 2006 -¡Sí! ¡Llevamos en esto desde agosto de 2006 por increíble que parezca!- Reina María Rodríguez me decía desde La Habana que se vivía una tensa sensación de espera.
Pasa de quince meses el país a la espera. Ya no es un país: es una masa a la expectativa. El nuevo régimen apenas se ha atrevido a insinuar la voluntad de cambios ajustada a dimensión gatopardista. Ha conseguido, eso sí, sortear obstáculos previstos e imprevistos. Entre los segundos, aquello que llamaron la «guerrita de los e-mails», cuando a medio año de la delegación de poderes parecía que se soliviantaban los intelectuales. Fue guerrita, por cierto, que está teniendo curiosas, aunque apenas prometedoras secuelas, en las reuniones previas al Congreso de la UNEAC. De los obstáculos previstos, las elecciones fueron prueba de fuego en las que apenas se les chamuscaron guayaberas y guerreras a quienes detentan el poder en Cuba.
Se me ocurría ayer que desde el exilio deberíamos ir nombrando los años que pasan desde el paso del déspota por el quirófano, de la misma manera que la Revolución nombró los suyos. Es útil recurso mnemotécnico, el menos. «Año de la Liberación», «Año de la Reforma Agraria», «Año de la Educación», «Año de la Planificación» fueron los primeros nombrados por el poder revolucionario.
El calendario del «castrismo postCastro»: ¿cómo bautizar sus años? ¿O lo hacemos por meses? ¿Por semestres? ¿Trimestres?
Adelanto propuesta por trimestres, que vamos comenzando ya el sexto, desde que se notificó la delegación de poderes:
Agosto-octubre de 2006: «Trimestre de la euforia»
Noviembre 2006-enero 2007: «Trimestre de la mengua de la euforia»
Febrero-abril de 2007: «Trimestre del “De este trimestre sí que no pasa”»
Mayo-julio de 2007: «Trimestre a la espera de las palabras de Castro II, alias Trimestre del marabú»
Agosto-octubre de 2007: «Trimestre de la propuesta de anexión»
Noviembre 2007 - Enero 2008, en el que estamos: «Trimestre en que se valora comenzar a contar el tiempo de sobrevida por semestres»
De contra: el «¡Por qué no te callas?» del Borbón a Hugo Chávez está generando toda suerte de excrecencias.
Unas pocas perlas: el «reyggaeton», la discusión envuelta en peluche y un dizque fiero dragón regicida.
Hay larga selección en El Catalejo.
UPDATE:
Sigue el Borrador de uno de los documentos elaborados con vistas al venidero congreso de la UNEAC al que aludía más arriba. "¿Por qué no cambiar lo que tiene que ser cambiado?", concluye.
Magnífico lema con que enfrentar ese congreso. Mi enhorabuena a los autores.
VII Congreso Nacional de la UNEAC. Borrador/ Primeras ideas.
Tema principal: La ciudad existente y el patrimonio construido. El caso crítico de la ciudad capital.
"La ciudad no es una retahíla de edificaciones, sino la creación más espiritual de nuestra civilización y, con el lenguaje, la más grande obra de arte creada por el hombre. Es el lugar de la cultura, el espacio público por excelencia, el lugar de la civilización"
Rogelio Salmona
Introducción
Son las ciudades y pueblos cubanos el patrimonio más importante de la cultura material de la Nación.
En el complejo proceso de origen y desarrollo de las ciudades se sintetizan, a través de la forma física, los valores espirituales de un momento determinado de la sociedad. La ciudad es el crisol donde la economía, las determinantes sociales, la política y la ideología se representan físicamente en la tectónica de lo urbano, a través de la cultura, en su acepción más amplia.
El caso cubano es muy singular. Por razones conocidas las ciudades cubanas han quedado detenidas en el tiempo por más de cuarenta años. Nuestras ciudades y pueblos se nos presentan hoy, en su mayoría, como testimonios, ruinas contemporáneas, del esplendor de una cultura pasada que ha seguido su desarrollo en el presente, gracias a la dinámica de sus habitantes en yuxtaposición a estos escenarios decadentes. El abandono que han padecido nuestras ciudades, en aras del desarrollo social fuera de su marco físico, la pobreza producto de limitaciones económicas, y por suerte, la ausencia de las operaciones inmobiliarios y de especulación urbana característicos de los años 70 y 80, permitieron que paradójicamente, estos procesos destructivos de gran parte del patrimonio urbano de América Latina, salvaran las ciudades cubanas. Pero hoy el panorama es desolador y el futuro poco optimista.
En La Habana --donde vive la quinta parte de los cubanos-- estos problemas se agudizan. La capital representa el tesoro construido más importante del patrimonio cultural y espiritual del país, que constituye su propio valor económico y simbólico, hoy en franca crisis. El deterioro acumulado por décadas pone a la ciudad en un estado de peligro inminente y en muchos casos irreversible, por su envejecido patrimonio edificado con cerca de 80 años como edad promedio y con el 75% de los asentamientos insalubres del país (160 000 habitantes.). Perder la ciudad capital o un fragmento de ella es perder una parte de nuestra historia y de nuestra identidad como Nación.
A diferencia del ejemplo excepcional del programa para la restauración del Centro Histórico de La Habana, una operación integral de trascendencia cultural, social y humana, el resto de la ciudad presenta un panorama desolador, donde lo más preocupante es la falta de estrategias y políticas del Estado cubano para enfrentar esta situación. El exitoso ejemplo de La Habana Vieja debería servir de patrón para discutir el destino de la ciudad toda. Si el gobierno, el Partido Comunista y demás instituciones no toman la suficiente conciencia de la trascendencia e implicaciones de esta situación, dentro de unos pocos años el mal será irreversible, como lo es ya para edificaciones valiosas, calles perdidas y barrios en ruinas.
La necesidad de una política prioritaria para la ciudad, dentro de los programas de nuestro desarrollo, no implica necesariamente que este tema sea una carga para el presupuesto del Estado. Está demostrado en otras experiencias mundiales y cubanas, que las operaciones urbanas a gran escala, como la del Centro Histórico de La Habana Vieja, pueden autofinanciarse y crear riquezas para la economía del país. La Habana está llamada a ser la “Roma de América”, como ha sido reconocido por prestigiosos urbanistas. Este valor excepcional de una ciudad, de poder convertirse en un paradigma urbano universal, sólo lo tienen contadas ciudades en el mundo. Mostrar en el futuro las cualidades abrillantadas de La Habana por la sabia restauración o las intervenciones contemporáneas adecuadas, tiene su precio pero también su recompensa, no solo a nivel de la entrada de nuevos recursos financieros, sino también y sobre todo, para mejorar el bienestar de la población y salvarnos nosotros mismos de la complicidad con la desidia o el abandono.
El deterioro generalizado.
La población de la ciudad de La Habana supera la del conjunto de las capitales provinciales y sus problemas se multiplican exponencialmente.
Desde el punto de vista urbanístico y arquitectónico, es alarmante el deterioro del fondo edificado y en especial de la vivienda, que constituye la masa crítica de cualquier ciudad. Existe un dramático número de viviendas con riesgo de derrumbe inminente y miles de familias expuestas cotidianamente a este grave peligro. El enorme déficit de viviendas y la ruina masiva de las edificaciones ha provocado una transformación de las tipologías tradicionales apareciendo en su interior una “arquitectura de sobrevivencia”, con características de tugurio autoproducida sin ninguna conducción técnica, sobre todo en los municipios centrales.
La red vial, que sigue siendo prácticamente la misma de hace 50 años, presenta un alarmante deterioro con el 70% de la vías secundarias en mal estado a lo que se añade un incremento de los vehículos particulares, y el colapso del transporte público, que hoy mueve solo el 10% de los pasajeros que transportaba hace 20 años. La ciudad es extensa, el tráfico crece, y no se vislumbra una solución.
Es notoria la ausencia o la falta de calidad en los espacios públicos. Las áreas verdes están desatendidas, falta más de la mitad del arbolado urbano y muchos de los parterres se han privatizado; el mobiliario urbano se encuentra en mal estado o falta. Todo esto se agudiza en las zonas de nuevo desarrollo. Además, proliferan las ilegalidades con transformaciones de las edificaciones, ocupación inadecuada del espacio público, etc. por parte de instituciones estatales y de particulares, unidas a la desaparición del control urbano. Existe una permanente y flagrante violación de las Regulaciones Urbanas, mientras que por otra parte se ha empobrecido la expresión de la escasa nueva arquitectura que se produce.
Desde el punto de vista funcional, se han estado perdiendo usos tradicionales, sobre todo por la reconversión masiva de antiguos locales comerciales y de servicios en vivienda, con soluciones que no cumplen las más elementales condiciones de habitabilidad y con la consiguiente desvalorización desde el punto de vista urbanístico y económico. Se pierde, incluso, la vocación funcional de ciertos barrios. Unos pierden su centralidad, como Centro Habana, y otros se deforman de manera consciente, como Miramar. Esta disfuncionalidad en los barrios provoca excesivos movimientos para la satisfacción de servicios. Se ha generado una nueva centralidad en moneda dura solo accesible mediante movilidad privada.
Desde el punto de vista ambiental, son angustiosas la obsolescencia de las redes de infraestructura, en especial las de suministro de agua y drenaje, así como la insuficiencia en el sistema de recogida y manejo de los desechos sólidos, todo ello causante de parte del deterioro ambiental que se aprecia en la ciudad, con la consiguiente proliferación de peligrosos focos de vectores que han producido alarmantes epidemias. La pésima situación del alumbrado público genera extensas zonas potencialmente peligrosas que incitan a la violencia.
Desde el punto de vista territorial, la ciudad se está fragmentando, con una franja relativamente privilegiada cercana a la costa, y un conglomerado de barrios cada vez más degradados hacia el centro y sur del territorio. Cabría una llamada de atención especial por la situación de los municipios centrales, susceptibles ya de una “declaratoria de emergencia”. No menos grave es el crecimiento de “villas miseria” como asentamiento de emigrantes “ilegales” mientras que el 65% de los que emigran al extranjero –jóvenes de 25-35 años con educación media y superior-- provienen de la capital que pierde una valiosa inversión en capital humano sin posibilidades de recuperación; sin embargo su población no disminuye, lo cual indica un recambio descontrolado permanente de la misma. Ya que las medidas orientadas a restringir la migración interna hacia la capital, además de inconstitucionales, no la han frenado.
Desde el punto de vista social, hay un extendido sentimiento de inseguridad ciudadana; basta ver la proliferación de rejas, car-porches, carnavales desvirtuados con la consiguiente pérdida de la cultura tradicional y la identidad de los barrios, comportamientos antisociales, etc., y un aumento del número de personas que deambulan por el espacio público, especialmente adultos mayores y personas con discapacidad física o mental.
El deterioro de la imagen urbana y en especial del paisaje de la calle y las condiciones infrahumanas de la vivienda, está indisolublemente acompañado por el deterioro de los valores cívicos y patrones de conducta civilizada, confirmándose la interrelación entre el contenedor y lo contenido.
En la gestión y administración de las ciudades es obvia la desconexión entre estrategias, presupuestos y planes de ordenamiento territoriales. Se elaboran planes sin la contrapartida del aporte financiero. Aparecen extra planes y prioridades no conciliadas con las líneas y los planes estratégicos. No se emplean métodos avanzados de dirección y gestión. La informatización y la infraestructura para la instrumentación de los planes es insuficiente u obsoleta. No se cuenta con personal capacitado específicamente en temas de redes de infraestructura y movilidad.
No solamente faltan recursos suficientes para acometer planes urgentes, sino que hay una ausencia de transparencia en los presupuestos de la ciudad y determinación de prioridades así como una obvia desconexión entre las decisiones y los lineamientos de planificación física, ordenamiento territorial y las estrategias de desarrollo, que en ningún caso cuentan con respaldo financiero.
Todo lo referido a la producción de la vivienda, que forma la gran aglomeración de la ciudad, fue traspasado del sistema de la planificación física (DPPF) al Instituto Nacional de la Vivienda (INV), lo cual constituye un gravísimo error, al privar al ente especializado en materia de planificación, regulación urbana y ordenanzas de la construcción, de emitir las licencias correspondientes y establecer el control adecuado sobre el tema que conforma la ciudad en su esencia.
Otro aspecto que atenta contra una eficiente planificación urbana es la ausencia de una Ley del Suelo, que constituye uno de los recursos económicos más importante con que cuenta cualquier ciudad para su desarrollo.
Por otra parte las autoridades no tienen en cuenta las propuestas del Plan, primando la óptica sectorial en la asignación de los presupuestos para la ciudad, lo cual hace impracticable la lógica articulación territorial y los equilibrios. Baste el ejemplo de la situación caótica de las construcciones para la salud que se acometen provocando insuficiencia y mala calidad en los servicios que brindan, obstrucción del espacio público, robo de materiales, etc.
Hay falta de información visual y otras formas de comunicación en general, altos niveles de “inaccesibilidad” en el sentido más amplio y dificultades crecientes en la gestión de trámites de toda índole por parte de la ciudadanía. Especialmente la extrema restrictividad de los procedimientos para construir, reparar o intercambiar viviendas genera una corrupción generalizada y una ampliación de la informalidad en procedimientos que debían ser reconocidos, regulados y aprovechados por la administración citadina.
Pensar el presente.
¿Cómo enfrentar este cúmulo de problemas?
Las ciudades no solo crean problemas, ellas concentran también grandes potenciales, capacidades creadoras, productivas e innovadoras que es necesario desatar. Hay que enfrentar sin duda amenazas y correr riesgos pero, sobre todo, saber aprovechar oportunidades. Lo real se nutre de lo probable y éste de lo posible.
AMENAZAS
Seis amenazas graves e inmediatas pueden ser:
1. el envejecimiento físico y humano,
2. el déficit generalizado de viviendas,
3. la fragmentación territorial,
4. la motorización privada,
5. la ingobernabilidad,
6. el comportamiento antisocial.
· Una vieja Habana significa desde el punto de vista humano un colosal esfuerzo en seguridad social. La población cubana tiende a envejecer. La esperanza de vida creciente permite que actualmente un 20% viva un promedio de 20 años después de la edad de retiro. Este grupo creciente requerirá de servicios a escala local. Una ciudad envejecida impondrá también sus demandas: será ineludible adaptarla para este creciente grupo etáreo además de reparar, rehabilitar y reponer, a riesgo de desaparecer, no solo el valioso patrimonio inmobiliario existente, sino también las obsoletas redes de infraestructura.
· El gravísimo déficit de viviendas constituye una deuda no resuelta con los ciudadanos, que genera múltiples problemas sociales. Se demandaría de una construcción masiva de viviendas que permitiera “destugurizar” los municipios centrales, para dar paso a acciones de conservación del fondo y a la eliminación de la condición de “albergados” a miles de familias que llevan años con ese estatus.
· La “dualización” de la ciudad –“luces” al norte, “sombras” al sur- tampoco parece fácilmente evitable, todo lo mas atenuable, a costa de fuertes inversiones, voluntad política y solidaridad ciudadana.
· Una notable tendencia a la motorización privada, y una ineficiente gestión del tránsito, sin alternativa colectiva viable a corto plazo, con un alto impacto en una red vial alarmantemente frágil ante obvios crecimientos de la circulación y en un alarmante estado de deterioro. La red radial existente, que tenía sentido cuando las relaciones se armaban entre un solo centro urbano y su periferia regional a través de las calzadas, no podrá absorber los crecientes flujos transversales que conectarán múltiples centros. La conexión este – oeste, a través del túnel de la bahía ya presenta signos de colapso.
· Un permanente desgaste de la gobernabilidad urbana, caracterizada por la erosión de los mecanismos de participación política cotidiana y barrial organizada a través de una institucionalidad en principio tan interesante como vacía de recursos y, por tanto, con el tiempo, de credibilidad. Por otra parte, no hay conexión entre las entidades responsables del ordenamiento urbano y la estrategia de desarrollo, ni estos planes tienen respaldo financiero, ni son tenidos en cuenta por los decisores.
· Una paulatina y alarmante erosión de las normas de convivencia, pues la sordidez del ambiente influye negativamente en el comportamiento humano, manifestándose en conductas antisociales generalizadas, indisciplina urbanística, irrespeto privado y estatal de las regulaciones urbanas y las normas constructivas, procedimientos informales respecto al cambio de viviendas, corrupción, agresiones sonoras impunes, tendencia a una elevación de inseguridad ciudadana, multiplicación de rejas, etc.
OPORTUNIDADES
Es necesario saber aprovechar procesos que constituyen oportunidades:
· El nivel de deterioro y la extensión de la ciudad permiten “hacer ciudad sobre la ciudad” por medio de la recalificación de suelos industriales o militares ya caducos, la refuncionalización de edificaciones industriales, la recuperación de antiguos locales comerciales o la redensificación de zonas con baja ocupación o explotación del suelo con el fin de no extender todavía más el área urbana existente.
· La enorme inversión efectuada en lograr un alto nivel científico y de instrucción en la población exige que sea aprovechada para que todos los ciudadanos puedan participar en la salvación de la ciudad. Sin embargo, ello demandará de profundos cambios en su reconocimiento social y material, que haga viable una efectiva participación. Se debe hacer un particular énfasis en la difusión de una cultura urbanística y civilizada.
· Explotar mejor la envidiable localización física de la ciudad –tanto su perfil costero como su ubicación regional en la encrucijada del Caribe-. No todas las ciudades tienen esta suerte. Esta posición estratégica puede resultar muy beneficiosa en un reposicionamiento global y sobre todo regional.
· La formidable riqueza patrimonial tangible e intangible que aún conserva a diferencia de otras capitales de la región. Es innegable el valor como ciudad, modelo paradigmático para el nuevo urbanismo con una ciudad de escala humana y grandes sectores tradicionales conservados. Por otra parte es reconocido el carácter abierto y hospitalario de sus ciudadanos, su idiosincrasia solidaria, la seguridad ciudadana que aún se aprecia, la música y diversas manifestaciones artísticas mundialmente conocidas, la rica historia ciudadana y las tradiciones. Será necesario un esfuerzo para sacar un mayor partido a estas cualidades.
· La existencia de experiencias que han resultado exitosas en materia de gestión del desarrollo integral como las de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y otras Oficinas en Santiago, Camagüey, Trinidad y mas recientemente en Cienfuegos. Sin dudas esta experiencia acumulada y con resultados muy alentadores puede servir de inspiración para la acción en las ciudades.
RIESGOS
Son esperables eventos de signo ambiguo, que constituyen riesgos, pero que pueden y deben revertirse en oportunidades ventajosas:
· La apertura al mundo, con el consiguiente conflicto entre globalización e identidad, pero con las enormes posibilidades de información, intercambio y cooperación.
· La participación del capital extranjero en inversiones inmobiliarias o de recuperación de infraestructuras, en un sentido de codesarrollo. Hay que prepararse para el “desbloqueo” con estrategias inspiradas no en la prohibición sino en la regulación y redistribución desde el Estado.
· Nuevas formas organizativas y jurídicas socialistas pero no forzosamente estatales, tales como cooperativas en los servicios, la construcción y reparación de viviendas, la comercialización, el transporte, etc. Trasladar conceptos ya usados y probados en lo rural a lo urbano.
· La capacidad de producción de viviendas por esfuerzo propio y de “viviendas con destino” , pero cuidando el pernicioso efecto que puede tener en una ciudad ya extensa el impacto físico de la vivienda unifamiliar, la baja densidad y el encarecimiento de infraestructuras urbanas.
Construir el porvenir.
Renovarse o perecer. No se trata solo de seguir dibujando objetivos, planes, visiones y otros sueños sino, además, de proponer vías y recursos. Es obvio que hay que contar con un Plan de Ordenamiento resultante de un Plan Estratégico, con un respaldo tanto jurídico (regulaciones y control urbano) como económico y material (presupuesto transparente y consensuado públicamente) y además con una revisión y adaptación a los nuevos tiempos y a los nuevos retos de toda una legislación que ha sido superada por la realidad (Ley de la vivienda, Ley inmobiliaria, inexistente Ley del suelo, etc.) Pero no se puede seguir hablando indefinidamente del qué sin abordar el cómo y el con qué. Renovar la ciudad implica gruesas sumas de dinero. ¿De dónde puede provenir?
ESCENARIOS PROBABLES
· Asignación centralizada de recursos. El país prioriza la salvación de la ciudad y decide desembolsar grandes sumas. La experiencia propia y ajena sugiere que no se pueden encaminar esos recursos a través de programas ministeriales con una racionalidad sectorial, central y vertical porque no hay quien articule en el territorio las decisiones y los recursos, ni quien controle los efectos y pueda reconducir errores y desviaciones. Seria imprescindible encauzar ese esfuerzo inversionista a través de las estructuras político-administrativas territoriales del Poder Popular. La gestión de los recursos debe ser provincial, municipal y de los consejos populares según sea su escala. A esos niveles deberá discutirse su asignación y distribución del presupuesto, así como rendirse cuentas de su uso.
· Generación local de esos recursos. Tomar como ejemplo la experiencia de la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana (OHCH). A menudo se oponen argumentos contra su generalización. Entre los que tienen algún sentido destacan dos que son fácilmente desmontables. Se afirma que el experimento es irrepetible puesto que se basa en la existencia de un patrimonio cultural “explotable” a través del turismo, que es el que constituye la fuente de los recursos. No es así, análisis documentados exponen que más de la mitad de las divisas recogidas por la red empresarial de la OHCH proviene del sector comercial minorista, a través de los recursos populares empleados en la compra de productos de consumo cotidiano. Tales recursos no son privativos de La Habana Vieja, ya que los verdaderos potenciales se encontrarían en las zonas con una red comercial más densa o de patrimonio económico familiar más potente.
Otro obstáculo aducido es que tales acciones reproducirían e incrementarían las desigualdades entre municipios, que posibilitarían el despegue de las zonas que tuvieran algún patrimonio – del tipo que sea - mientras que las menos provistas se quedarían atrás. En tales casos entrarían a jugar su papel los mecanismos de redistribución que ya funcionan actualmente.
Existen grandes recursos desaprovechados o mal usados en el suelo y en el fondo inmobiliario de nuestras ciudades. Hay enormes posibilidades en un sistema impositivo local, que pudiera aplicarse sobre la propiedad de las viviendas, sobre el uso privativo temporal del espacio público, sobre la compraventa de inmuebles, sobre las actividades productivas del territorio. También engrosaría un presupuesto local el cobro de servicios y la imposición de multas a infractores de las regulaciones y ordenanzas urbanas.
También podrían ponerse en acción una serie de sistemas que facilitaran la participación ciudadana en la transformación de su hábitat, tales como sistemas de créditos a bajo interés, mercado de materiales, creación de cooperativas de viviendas, de servicios, etc. El potencial que puede significar las relativamente pequeñas pero numerosas aportaciones familiares para el arreglo y equipamiento de los inmuebles puede tener un impacto tan grande o más en la ciudad que los grandes capitales. Piénsese, si no, en el papel que ha jugado la autoconstrucción y el esfuerzo propio en la construcción que ya es mas de la mitad de las viviendas y reparación de la vivienda en los últimos años en todo el país. ¿Por qué no desatar también en las ciudades las fuerzas productivas y el aporte de los ciudadanos?
· Recursos internacionales. Si no hubiera disposición para financiar la recuperación de la ciudad con recursos nacionales (de cualquier escala) pudiera apelarse a la consecución de recursos del exterior. De igual forma que el Estado socialista ha apelado –y sigue apelando- al capital extranjero para reflotar o echar a andar negocios que hoy constituyen la base económica del país como la producción y comercialización del níquel, la creación o la gestión de la infraestructura turística, de la industria de extracción y refinación del petróleo y el gas, de la renovación de la red telefónica, de distribución de agua, la producción de Ron y de Tabaco, etc. ¿Cuales son los problemas específicos que plantea el negocio inmobiliario que no deban enfrentarse en los otros casos? ¿Qué impide concebir y promulgar una Ley inmobiliaria? Lo lógico sería, una vez más, no prohibir sino prepararse técnica y jurídicamente para poder controlar tal eventualidad. Es necesario dotarse de conocimientos, mecanismos, disposiciones y reglamentos urbanos que permitan a las ciudades negociar en procesos de codesarrollo, sin ser devoradas por los tiburones de las firmas inmobiliarias. Está claro que se plantearán problemas no solo urbanísticos sino jurídicos, políticos, ideológicos, etc., pero más vale saber qué se hará a la salida del sol, que no sea taparlo con un dedo.
DOS ESCENARIOS NO DESEADOS
· Desplome lento, agónico y cada vez más acelerado. En el triste caso de que una miopía tan temerosa como paralizante imposibilitara el desarrollo de los escenarios anteriormente esbozados. Ya los síntomas están presentes: no hace falta ir a los suburbios, basta caminar por el malecón o los municipios centrales.
· Colapso súbito y temido debido a catástrofes naturales: huracanes de trayectoria menos misericordiosa, inundaciones por copiosas lluvias, penetración del mar, o la combinación de ellos.
Proponemos, pues, que se formule un programa para la acción inmediata sobre las ciudades que combine lo mejor de las alternativas descritas en los escenarios probables, articulando las medidas en tiempos y espacios definidos, sin aplicar recetas estandarizadas sino incorporando a los técnicos y especialistas, a la población y a las autoridades locales en la estructuración de sus propias soluciones. Siempre un remedio, por desagradable y riesgoso que sea, será mejor que una muerte anunciada y vergonzosa. ¿Por qué no cambiar lo que tiene que ser cambiado?
Graziella Pogolotti
Patricia Rodríguez
José Antonio Choy
Miguel Coyula
Carlos G. Pleyán
Mario Coyula
Jorge Peña
Rosendo Mesías
La Habana, 20 de Octubre 2007, día de la Cultura Nacional.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 1:42
Una transición sin exilio
Jorge Ferrer | 22/02/2008 16:09
Tags: "Transición" en Cuba
Ningún cambio. Algún cambio. El Cambio.
¿Cambio? Ya hubo cambio en Cuba: fue el de 1959, dicen los voceros de la Habana.
¿Cambio con maquillaje? Ese no lo queremos. Queremos borrón y cuenta nueva: que renuncien Raúl Castro y sus ministros, que sea abolido el partido comunista, que cada CDR se convierta en un tribunal…
Son dos extremos comprensibles. El primero, porque lo sostienen aquellos que temen perder sus privilegios de hoy en la Cuba depauperada. Y porque, en el fondo, sus valedores alimentan bien tasado cálculo: saltar de la cúpula castrista a la cúpula empresarial y política del postcastrismo sin pausa ni sobresalto.
También es comprensible el extremo de los vociferantes de la revancha. Los avala el dolor del presidio, de la patria secuestrada por Fidel Castro, las décadas de vida en el exilio.
(Huelga decir que entre los militantes de ambos bandos hay quienes alimentan otros intereses.)
Lo curioso, sin embargo, es que tanto los valedores habaneros del «ningún cambio», como los defensores de la revancha, parecen trabajar mano a mano para que se consume la exclusión del exilio de la dinámica por la que se encamine Cuba en los próximos meses.
Néstor Díaz de Villegas comenta hoy en El Nuevo Herald cómo el NYT suscribió en reciente artículo editorial la «doctrina de exclusión castrista» respecto al exilio cubano en EE.UU. El asunto es aún más grave: la exclusión del exilio la suscriben también las cancillerías europeas y latinoamericanas.
La suscribe todo aquel que afirma, con aire de quien suelta una perogrullada, que el futuro de Cuba lo han de decidir «los cubanos de Cuba». Peor aún: la suscriben muchos opositores cubanos. Recuérdese si no el Proyecto Varela.
Todos ellos, desde una cándida llamada a la no injerencia, ayudan a que se consume la que podría ser la gran tragedia moral del postcastrismo: apartar al exilio de las decisiones sobre Cuba. Apartar a los que ya fueron apartados antes, y por eso obligados a abandonar su país. Apartar a los apartados de siempre.
Los 49 años de revolución son también 49 años de exilio. Un exilio en el que conviven cubanos que abandonaron el país en 1959 –o antes- y los que llegaron a Madrid en el vuelo de Iberia de esta mañana, a los Cayos de la Florida, en la última lancha, a los pasos fronterizos con EE.UU. mientras redacto esta nota.
Al millón y pico de cubanos que vivimos fuera de Cuba, sean cuales sean las razones que haya tenido cada cual para radicarse en el extranjero, se nos ha de conceder el mismo derecho que a cualquier otro cubano cuando se trate de decidir sobre el presente y el futuro de Cuba. No más derecho. Pero tampoco menos.
Carlos Espinosa me envía reseña del libro Cuerpo a diario, de Gerardo Fernández Fe. Una cortesía con los lectores de El Tono de la Voz que le agradezco.
Cuerpo a diario, publicado por la editorial argentina Tsé Tsé se puede comprar online en la Librería Hernández.
El cuerpo escriturado
Por Carlos Espinosa Domínguez
Si empezara apuntando que Cuerpo a diario (Tsé tsé, Buenos Aires, 2007, 145 pp.) constituye el estreno como ensayista de Gerardo Fernández Fe (La Habana, 1971), estaría haciendo honor a la verdad. Hasta ahora sólo había publicado el poemario Las palabras pedestres (Premio David 1995, 1996) y la novela La Falacia (1999). Pero antes de que el título objeto de estas líneas viese la luz, su autor ya había dado a conocer en revistas algunos excelentes ensayos entre los cuales está Un escritor de novelas llamado Roland Barthes, que recibió una mención honorífica en el Premio Juan Rulfo de Ensayo en el año 2002. El texto más reciente de esa parcela de su actividad literaria es José, el impuro, un análisis de la poesía de José Kozer que se puede leer en el número 5, Septiembre-Octubre 2007, de La Gaceta de Cuba, y, en su versión íntegra, en el número 40, Invierno 2007, de la revista digital La Habana Elegante.
Cuerpo a diario, es, de acuerdo a su autor, fruto de más de diez años de leer y tomar notas sobre diarios personales de todo tipo. Quienes en su momento los redactaron conforman un grupo muy heterogéneo. Entre ellos hallamos reconocidos escritores e intelectuales: José Martí, Drieu La Rochelle, Ludwig Wittgenstein, Paul Lèautaud, Walter Benjamin, Ernst Jünger, el Marqués de Sade, Samuel Pepys. Pero al lado suyo figuran, entre otros, un barbero de origen rumano radicado en París y un judío alemán profesor de filología. Ciudadanos corrientes y anónimos que cuando redactaron sus textos no pensaron que pudiesen ser leídos por otras personas. Esta última opinión me temo que no será compartida por Fernández Fe, quien opina que "no hay diario íntimo exento de la idea de la trascendencia. Todo diario se sabe leído".
Pero más allá de que quienes los firman sean escritores o no, todos esos diarios poseen en común las circunstancias bajo las cuales fueron redactados. Ya sea la proximidad de la muerte, la guerra, la enfermedad o el ambiente cerrado de los regímenes totalitarios, en todos los casos se trata de situaciones límites. De ahí que, a diferencia del presupuesto místico de narrar lo sublime indescriptible, son "diarios límites, textos jadeantes, a escondidas, que ambicionan narrar la otra cara de lo sublime, eso, lo más sórdido, mefistofélicamente inmemorable".
En su perspicaz lectura de esas páginas en las que sus autores volcaron sus emociones, dudas, dolores y confesiones, Fernández Fe se interesó, en particular, en el cuerpo, que, en los casos de los cuales se ocupa, es "un cuerpo jadeante e inseguro". Por ejemplo, al leer Reportaje al pie de la horca, de Julius Fucik, advierte que unos meses antes de ser fusilado por la Gestapo el periodista checo narra como contempla desde la ventana del vehículo en donde lo conducen a un interrogatorio las bellas piernas de las mujeres. Fernández Fe destaca el detalle de que el cuerpo de Fucik mantenga aún, pese al desfallecimiento y las heridas, el regocijo de la poca carne que conserva. Eso lo lleva a comentar: "Vanidad final del condenado. Cuerpo mustio que todavía irradia arrogancia. Confluencia de pathos, convicción política, extremismo socrático y boca que aún espuma".
Con pupila aguda, se fija en la conciencia del cuerpo adolescente que evidencia Ana Frank, quien al apuntar pormenores candorosamente escatológicos (el sonido de su orina al caer en una latita, la llegada de la primera menstruación, los horarios para ir al retrete, el aseo a oscuras), convierte su diario en "el relato implacable de ocho cuerpos en cautiverio". De igual modo, los apuntes del diario de Drieu La Rochelle que van de 1939 a 1945, Fernández Fe los interpreta como las cavilaciones y confesiones de un cuerpo emasculado, entre viril y acabado. De ahí, expresa, "ese ojo austero, minucioso, que se detiene y regodea en la grieta, el pliegue, la ajadura, máxime cuando se trata del suyo o de algún otro cuerpo cercano que ya no puede retornar a la epopeya".
Consciente de que pese a ser una zona de salivazos y confesiones incómodas, el diario íntimo es también una zona llena de recodos y escondrijos, Fernández Fe sabe hurgar con inteligencia en los vacíos, cortes, lagunas voluntarias y pausas que aparecen en algunos de esos textos. Al leer un cuaderno llevado por Klaus Mann en 1940, se da cuenta de que las actividades diurnas las anota en letra redonda, mientras que al referirse a sus furtivos escarceos amorosos emplea una cursiva sinuosa, como si tuviese conciencia de la ilegalidad de sus actos. Señala además que cada vez que alude al acto sexual, Mann se escuda en términos como eso, ternura o la cosa misma, "como un político del cuerpo que acciona sus eufemismos".
El autor de Cuerpo a diario se refiere también a la estrategia adoptada por Wittgenstein, quien cuando da cuenta del costado vital de su existencia emplea un sencillo lenguaje en clave. Esas líneas, comenta Fernández Fe, evitan el fisgoneo ajeno, las revelaciones de una carne como todas -aunque taimada, escurridiza, autoculpada- y un espíritu en ascuas". Y no deja de apuntar el hecho de que, aparte del prurito de los propios autores, en muchas ocasiones los comedidos albaceas y la censura se han encargado de mutilar de los diarios las aristas menos convenientes para los defensores de las buenas costumbres y las normas morales.
Fernández Fe dedica un amplio espacio a nuestro José Martí, quien también relató el cuerpo desde la escritura. Se apoya en fragmentos de algunos de sus artículos y cartas, pero fundamentalmente basa su análisis en su Diario de campaña. Convertido ahora en soldado, Martí no puede prescindir de apuntar el disfrute que experimenta ante la naturaleza cubana. Y pese a que está aguardando el momento de entrar en combate, no deja de plasmar las impresiones de ese goce, "utopía del cuerpo que es también -en su caso- colmo de la imagen, utopía del lenguaje".
Al igual que ha hecho con otros diarios, en especial, los escritos por personas víctimas o sobrevivientes del Holocausto, Fernández Fe interpreta con un sentido más amplio y profundo los sufrimientos del cuerpo, e incorpora la arista cívica, aquella que, a juicio suyo, más se apega a la realidad exterior. Eso justifica las páginas dedicadas a las discrepancias que tuvo Martí con Antonio Maceo y Máximo Gómez. A partir de esa lectura, demuestra que el diario martiano, "aun siendo foto deslumbrada y jolgorio del lenguaje", no está ajeno a las relaciones entre su cuerpo y los accidentes políticos por él generados. Llama la atención sobre la ausencia de alusiones a las dolencias físicas, y expresa que Martí omite las confesiones del cuerpo carnal, pero da cabida a las del cuerpo político. Eso responde, razona Fernández Fe, a que "el principal dolor del cuerpo martiano viene de la incomprensión, la injuria y el desdén de sus propios compañeros de lucha". Y concluye que por eso el Diario de campaña debe ser visto, también, como muestrario, empeño y batalla de los más convencidos fueros republicanos de Martí.
Resulta difícil, en fin, glosar todo el contenido de Cuerpo a diario, pues su autor desarrolla amplia y brillantemente el núcleo analítico y temático. En centenar y medio de páginas, despliega una lucidez cautivadora y aporta reflexiones plenas de erudición y de interpretaciones originales e inesperadas. Por otro lado, nos exime de la parafernalia académica, que lastra a tantos libros al hacer de ellos una prolongación de la cátedra universitaria. Elude asimismo la estructura tradicional del ensayo, y opta por otra mucho más abierta y flexible, que le permite volver sobre los textos y trenzar entre ellos una tupida red de relaciones. Escarbando en los diarios de Martí y Jünger, descubre que ambos presenciaron por primera vez la muerte de un ser humano cuando tuvieron que tomar parte en el fusilamiento de dos soldados pertenecientes a sus propias filas. Uno fue ajusticiado por traición y por dirigir una banda de ladrones y violadores. El otro, por haber desertado y dedicarse a traficar en el mercado negro. Sus respectivos relatos de aquel fusilamiento, señala Fernández Fe, tienen en común el detalle de que "representan un pico neurálgico dentro de la narración".
Estamos además ante un ensayista que, además de escribir con un estilo elegante y personal, posee una inconfundible voz narrativa (en 1999 publicó La Falacia, su primera novela). Eso le da a su fluir discursivo un peculiar atractivo, pero sin que en ningún momento se aflojen la sagacidad de su mirada ni el rigor analítico. Lo afirma él mismo, al comentar que los suyos son "textos que intentan una idea y pretenden provocar un par de salivaciones del imaginario". Véase, a modo de ejemplo ilustrativo, este fragmento: "Se escuchan disparos a lo lejos. Martí continúa ante eso que no ha sido Diario sino Imaginario de Campaña. Media un minuto de riesgo entre la primera bala que abre una herida y la última palabra por trazar. Caligrama impreciso. Sensual".
Cuerpo a diario pertenece, en resumen, a esa categoría de libros que al tiempo que se disfrutan, nos enriquecen, por las numerosas sugerencias que expande. Su centenar y medio de páginas rebosa lucidez, madurez intelectual, profundidad reflexiva y analítica. Cualidades más que suficientes para que desde aquí recomiende con entusiasmo su lectura.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 1:38
La transición del «pez gato»
Jorge Ferrer | 25/02/2008 14:30
Tags: "Transición" en Cuba
Raúl Castro declaró abierto ayer oficialmente el proceso de cambios que espera a Cuba en los próximos meses. Tal vez, también en los próximos años.
Como en aquella célebre escalera del Château de Chambord por la que unos suben y otros bajan sin verse, la puerta que lleva a esta transición se abrió y cerró anoche para beneficio de ciegos.
Y si en el país de los ciegos, el tuerto es rey, que dice el dicho, en la «patria» que dibujó Raúl Castro en su discurso gris, ciegos habrán de ser todos por obligación, aunque tanto haya insistido en que no tienen que ser también mudos.
Sabíamos que nos esperaba continuismo. Contábamos con las loas al «jefe». Avisados estábamos de que asistiríamos a unanimidades y aplausos cerrados.
Hasta habíamos previsto el «¡Viva Fidel!» final lanzado por un espontáneo.
Pocos eran, sin embargo, en Cuba y el exilio, los que imaginaban que la tan cacareada transición, el tan previsto y anhelado cambio, iba a sufrir mentís tan rotundo desde los escasos labios del Segundón.
Cada uno habrá asistido a la lectura de ese discurso a su manera. O lo habrá leído, según su humor.
A lo que yo asistí fue a espectáculo urdido por un dictatorzuelo de tercera jugando a un Monopoly con las casillas en blanco y los dados trucados.
Raúl Castro, propóngase lo que se proponga, dijo ayer a los cubanos exactamente aquello que la mayor parte de ellos no quería escuchar. Llamó al Orden y la Disciplina –lo hizo una y otra vez- a quienes quieren escuchar las palabras Libertad y Cambio, a quienes anhelan desplegar su iniciativa individual y vivir en una sociedad que extienda sus límites. Aunque sea al ritmo del «Poco a Poco» que él mismo había alimentado.
Hizo más: convirtió a su hermano, Castro I, en árbitro de la transición. Lo llamó y buscó. Y pidió votación que lo consagrara como tal. Se votó, a instancias suyas, que Fidel Castro ostente derecho de veto sobre todo movimiento de envergadura. Quiso establecer la figura tutelar de un Ayatollah. Y se salió con la suya –cómo no, cuando Cuba sigue siendo Cuba- por unanimidad.
Raúl Castro ha dejado de ser el Interino para ser un ex-Interino por vocación propia. Puso tales límites a la transición que inauguró, que llamarla «transición» equivale a llamar sábado a un domingo cualquiera. Prometió lanzar migajas. Esa promesa fue la única que regaló anoche.
Hace pocos días, y a raíz de que la televisión de Miami transmitiera documental sobre el «pez gato» o «diablo», se hablaba de la voracidad incontenible y ciega de ese pez traído de Asia que se ha convertido en una amenaza para el ecosistema de Cuba. Un pez que se desplaza por la tierra, se zampa cuanto encuentra. Una ambivalente plaga: da de comer, a la vez que arrasa con todo lo comestible.
Eso fue lo que Raúl Castro mostró a los cubanos. La voracidad del castrismo se zampará lo que venga, aunque se llame historia. Aunque se llame Cuba. Ninguna carnada ha tentado de veras a esa bestia que es el Estado leninista de los hermanos Castro.
Amanezco hoy manoseando ejemplar de Moby Dick. Releyendo historias de arponeros.
La foto es de Enrique de la Osa para Reuters.
Zoé Valdés en La Repubblica: Da Castro I a Castro II. Il raulismo nella continuità
Una nota de humor de Simanca Osmani:
Cortesía de Yubanet.com
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 1:47









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