• Registrarse
  • Iniciar sesión
  • Palabras claves

El tercer hombre / The Third Man

27 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Eso dicen algunos cables sobre el difunto Juan Almeida, que era «el tercer hombre». Se refieren a él como al tercer hombre de la cúpula del poder en Cuba. Pero cualquiera que conozca el castrismo siquiera de lejos sabe que eso es incierto. Que Almeida, comandante y todo, hace muchos años que pinta en el gobierno de La Habana lo que Farah María en el meneíto de caderas nacional. O sea, nada. Antes, mucho antes, sí, y en lo suyo Farah María más.

Pero la tentación de vender esa pirámide con cadáver en posición tercera les resultaba atractiva a los redactores porque entronca con la cantinela de que el régimen se descabeza, una perspectiva con la que se solazan en las redacciones para alimentar la idea de que el cambio está a la vuelta de la esquina.

Murió Almeida: «el tercer hombre». ¡Vaya tontería!

Pero se me ocurre que tal vez el duende que coló eso de «tercer hombre» en despachos de agencias, titulares de periódicos y lecturas en los teleprompters de los noticieros buscaba en secreto otra relación. Una que me divierte.

El tercer hombre, recordarán, es el título de la extraordinaria película de Carol Reed escrita por Graham Greene. Ambos se reunieron nuevamente años después para la magnífica Nuestro hombre en La Habana y allá la rodaron, en 1959. Ese duendecillo sabe de coincidencias… ¡Vaya si sabe! The 3rd Man es una deliciosa y trepidante historia ambientada en el paisaje de la posguerra europea donde el enfrentamiento entre las democracias occidentales y el comunismo ruso generaba un terreno propicio para el miedo, la corrupción... y las reapariciones de los muertos.

Esta deliciosa escena en la noria, el célebre discurso donde Orson Welles compara la Italia de los Borgia y la pacífica Suiza…

A veces hay que agradecer estos divertimentos de la prensa que no sabe qué decir sobre Cuba porque nos traen a la mente conexiones que transcurren por debajo del papel de periódico e iluminan la memoria: de todas las herramientas, una de las más necesarias.



«Mayoría de los exiliados aprobó recital de Juanes…»

49 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

«Mayoría de los exiliados aprobó recital de Juanes», titula El Nuevo Herald. Radio Martí y otros muchos se van también con la de trapo, con que si los «exiliados» aprueban, suscriben, apoyan. Son titulares falaces, porque el exilio cubano, como el amor según Rocío Jurado, se nos acabó de tanto usarlo.

Más de una vez me ha sucedido hablar con cubanos residentes en España y otros países de Europa -bien y definitivamente asentados aquí, por cierto-, y encontrarme con aquello de que «Ustedes, los exiliados, etc…» No se trata exclusivamente de jóvenes, como quiere hacer creer la sociología de ocasión. Gentes de diferentes orígenes sociales y edades, cubanos que han salido de Cuba en los últimos años, los cubanos escapados en el s. XXI, después de casi una década de dolarización, mantienen una relación con Cuba que difiere de manera radical –aunque ellos la manejan con naturalidad- de la que algunos todavía defendemos.

Hace poco, en un restaurante cubano de Barcelona, hablaba con una decena de estos cubanos. Se comentaba el cómo cada cual había conseguido «los papeles», es decir, qué vía utilizó para regularizar su situación en España. Alguno con beca del Instituto de Cooperación Iberoamericana, otro en viaje de estudios con otras becas de las que no había oído hablar, otro más, con carta de invitación y contrato de trabajo… Cuando dije que obtuve asilo político me miraron como quien mira a un afgano. Fui Ahmed por un instante. «¿Asilo de qué?», me preguntó uno con acento de Silvito el Libre con María Elvira, y me eché a reír. Ojo: no son castristas ni mucho menos. Simplemente, participan de una idea distinta de la relación con Cuba. Te dicen de corrido que quieren que el equipo de Cuba gane el Mundial de Baseball, mientras agitan banderas cubanas, y que Fidel y Raúl son unos hijos de puta o que se van a Cuba de vacaciones el mes que viene pa' gozar en La Habana y que en Cuba no hay quien viva por culpa del «gobierno».

«Mayoría de los exiliados…» dicen esos titulares. Antes de titular habría que establecer quiénes son los exiliados y quiénes los cubanos que viven una diáspora que algunos llamarían light.

En realidad, los «nuevos cubanos» son una proyección más del castrismo y de Cuba. Más de la última que del primero. Y vale la pena contemplar esa distinción, no para excluirlos de la Cuba y el exilio que quiere libertad, sino para entender que generaciones después de los fusilamientos en La Cabaña, hay cubanos que han construido su propia Cuba y su propio «estar afuera». Definitivamente, esos cubanos son cualquier otra cosa menos exiliados. Son ni fu ni fa, ni comunistas sembrados ni militantes exiliados. Son poscubanos. Y yo los escucho y respeto. ¡Por supuesto que sí!

Así que lo de «Mayoría de exiliados aprobó…» vale lo que moneda falsa. ¿O será que han comprado en el Grupo de Estudios Cubanos, El Nuevo Herald o Bendixen&Associates un fiable exiliómetro?



Urgencias de la oposición en Cuba

58 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Uno atiende a lo que ocurre en La Habana estos días y se encuentra dos sucesos paralelos, ambos de una gravedad extrema.

Por un lado el plantón que una docena de opositores mantiene en la casa de Vladimiro Roca. Algunos están en ayuno, otros en huelga de hambre. Un reporte que me llegó hace un rato me condujo a El Nuevo Herald donde se sostiene que a Martha Beatriz Roque, una de las plantadas, le habrían administrado los últimos sacramentos. Se teme seriamente por su vida ahora mismo cuando escribo estas líneas.

Del otro lado la actualidad opositora en Cuba se centra en la agresión sufrida hace unos días por un grupo de blogueros, significativamente Yoani Sánchez, Orlando Luis Pardo y Claudia Cadelo. La primera se duele aún de los golpes recibidos durante el secuestro que padeció cuando se dirigía a una marcha contra la violencia. ¡Ojo al dato!: además del plantón y el secuestro, otro grupo distinto, el proyecto Omni-Zona Franca, uno de los más interesantes de la escena underground cubana, se manifestó durante unos minutos por las calles de La Habana.

No hay que ser especialmente agudo para percatarse del divorcio entre ambos sucesos y de la distinta atención que han recibido por los medios de comunicación. Si la represión a los blogueros motivó hasta una condena del Departamento de Estado de EE.UU., que ¡bien!, el plantón chez Vladimiro pasa sin penas ni glorias por los titulares. Esta tarde, en La Habana, Vladimiro Roca reaccionó afirmando que los blogueros tienen impacto fuera de Cuba, pero no adentro.

No se trata, ni a estas ni a otras alturas, de las penas y glorias. De contarlas y aquilatarlas para establecer distinciones entre protestas y curricula de cada cual. Se trata, en cambio de asunto muy complejo y al que volveré. A saber, que la recepción del movimiento opositor ha experimentado un vuelco sin precedentes con la aparición de una nueva generación contestataria que se expresa por canales que resultan mucho más atractivos para los medios y los ciudadanos. También lo resulta su discurso. Una nota de Yoani Sánchez o Claudia Cadelo convoca una empatía distinta a la que pueden alcanzar documentos como La Patria es de Todos, el Proyecto Varela o las parrafadas del Arco Progresista de la mano de Manuel Cuesta Morúa. Eso, hoy, es un hecho.

Habrá tiempo ―tiempo es lo que a los cubanos nos sobra― para entretenerse con los por qué. También para repasar la historia de la oposición en Cuba y los éxitos de la DSE, siempre dispuesta a periclitar una generación de opositores aprovechándose de otra que será a su vez periclitada. «Escobita nueva barre bien», ya se sabe. Si bien no me parece, por cierto, que el artefacto funcione hoy como ha funcionado en el pasado...

Ahora mismo, sin embargo, cuando el plantón en casa de Vladimiro Roca con una Martha Beatriz Roque en calamitoso estado de salud amenaza acabar en tragedia con mayúsculas, se me ocurre que lo menos que merece esa oposición que algunos llaman «tradicional» es la solidaridad y la atención de todos.

La imagen es cortesía del espacio de Martha Beatriz Roque en Picassa.



Cuba y la represión a paso de conga

28 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Las imágenes del Mitin de Repudio de ayer en La Habana contra Reinaldo Escobar han circulado hoy profusamente por muchas televisiones e Internet.

En ellas no hay más que redundancia: el modelo de represión castrista que consiste en fabricar un «pueblo» que se encarga de reprimir, vejar y acosar. Un sistema donde la policía viene a rescatar al opositor para evitar su linchamiento por el «pueblo». Dispositivo pensado desde y para la imagen: los telespectadores nunca ven a un uniformado golpeando, pateando, insultando. Ven a los policías, esos seres bondadosos, rescatando a la víctima, pidiéndole paciencia al «pueblo» organizado y transportado ad hoc.

Es un mecanismo, admitámoslo, perfectamente concebido.

Pero nos faltaba ver esa suerte de making-of del Mitin de Repudio que son las imágenes subidas a la red por Yoani Sánchez hace unas horas. Las imágenes tomadas por un ojo situado fuera del vórtice del Mitin de Repudio.

Son fascinantes, en el sentido en que es fascinante el fascismo, según la conocida fórmula de Susan Sontag. Muestran la tramoya de la «espontaneidad». El medido y perfectamente ensayado correcorre de los organizadores del Mitin, el organizado acarreo de sillas con total indiferencia al suceso que transcurre a unos pasos ―¿no se alebresta el pueblo a la vista de «contrarrevolucionarios»?― y, sobre todo, la vecindad de esa comparsa que avanza a pocos pasos de los reprimidos con el mismo ímpetu que si lo hiciera entre bailadores pegados a sus pergas de láger.

Hay un momento de veras sublime (3:08), en que el orador de los «Pin pon, fuera…» y «La calle es de Fidel…» la emprende con los célebres versos de Bonifacio Byrne, los de que si la bandera fuera rota en pedazos, y la música lo acompaña como en reggaetón postrevolucionario.

Golpes y corneta china (¿no querían «modelo chino»?), insultos y faroleros, represión y buenos culos de rumberas, terror y trajes con los colores de Changó. «La calle es de Fidel», pero la ocupa la comparsa.

En definitiva, ayer y hoy el «pueblo» arrasa mientras la comparsa arrolla.

Si no fuera porque tratamos de lo que tratamos, de fusilados, de reprimidos, de exiliados, de encarcelados… hasta podríamos reírnos con este carnaval incesante.

Pero de risa nada. No por gusto nuestra comparsa más célebre alude al ponzoñoso alacrán.

 

UPDATE:

Una lectora me escribe: "Acabo de ver tu post y por ello te mando esta foto de la conga. No se si ya la tengas, pero la saque del nefasto de Yoandry y creo que ilustra bien tu post."

Y sí, la fotografía de esa comparsa calentando motores me parece muy atinada ilustración para este post.

Gracias, L.



Buscar en este blog

Sobre este blog

Política, literatura, medios

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

Autor: Jorge Ferrer

Jorge Ferrer. Foto © Laura Ceccacci

Jorge Ferrer. Escritor y traductor. Escribe desde Barcelona, España.

Foto: © Laura Ceccacci

Contacto: eltonodelavoz@gmail.com

 

Donaciones

Enlaces Patrocinados

Advertise here / Anúnciese aquí


Archivo

Calendario

lunmarmiéjueviesábdom
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30      

Libros

Tristán de Jesús Medina

Tristán de Jesús Medina

Retrato de apóstata con fondo canónico. Artículos, ensayos, un sermón. Selección y prólogo de Jorge Ferrer. Editorial Colibrí, Madrid, 2004.

 
Cubierta Minimal Bildung

Minimal Bildung

Veintinueve escenas para una novela sobre la inercia y el olvido Editorial Catalejo, Miami, 2001.

 

ETDLV en Facebook