50 años: Cultura y revolución
Jorge Ferrer | 27/12/2008 13:58
Tags: En El Nuevo Herald
Una cultura partida en dos
JORGE FERRER
El 9 de enero de 1959, al día siguiente de la entrada de Fidel Castro en La Habana, el Diario de la Marina publicó un emocionado editorial que tituló "El deber de todos los cubanos''. En él, y en términos rotundamente entusiastas, el centenario periódico brindaba su respaldo al "caudillo'' y saludaba la afirmación hecha por éste la víspera de que "la libertad de expresión no volverá a ser mancillada en Cuba''.
Dos años más tarde, cerrado ya el "decano de la prensa de Cuba'' donde tantos prominentes intelectuales cubanos de los más diversos extremos del espectro político encontraron espacio y lectores, los artistas cubanos se reunían con Fidel Castro en la Biblioteca Nacional para escuchar a Virgilio Piñera decir que había un miedo "virtual'' motivado por el rumor de que "el gobierno va a dirigir la cultura''. En la última de las tres sesiones celebradas en aquel edificio heredado del antiguo régimen se escuchó el célebre dictum "Con la Revolución, todo; contra la revolución, nada'', que todavía hoy rige los destinos de la cultura insular.
El escaso tiempo que le tomó a la revolución transitar desde el apoyo mayoritario de la intelectualidad cubana hasta la aparición del "miedo'' que se atrevió a insinuar Piñera y la evidencia de que no se trataba de un miedo infundado, sino más bien de uno cuyo verdadero alcance muchos no podían siquiera imaginar en aquel momento, constituye el testimonio más rotundo de la centralidad que la revolución concedió al control sobre la cultura. En ella, el gobierno de Fidel Castro encontró una de las armas que han oscurecido los perfiles del horror totalitario padecido por los cubanos a lo largo de medio siglo. También un recurso para la proyección internacional de la revolución, una herramienta para dibujar una Cuba atractiva a la izquierda mundial. Dos propósitos éstos --represión y oronda máscara-- en los que la eficacia de la revolución, vale decirlo, ha sido notable.
Imaginar el legado de la cultura cubana del último medio siglo requiere tomar en cuenta, el menos, dos circunstancias. Primero, que toda comparación entre el estado de la cultura nacional antes y después de 1959 es improcedente. La revolución de 1959 es un hecho total que trastocó de raíz la vida del país también en el ámbito de la cultura, estableció una política cultural regida por el estado y un entramado institucional para ordenarla. Casi medio siglo después de establecida esa pragmática, son sus aciertos e iniquidades los que conforman ese saldo.
En segundo lugar, se ha de atender a una circunstancia generada por esa misma política cultural: prácticamente desde los primeros meses del triunfo de la revolución, la cultura cubana se partió en dos, como toda Cuba. La revolución creo una doble Cuba, la de "quienes se fueron'' y "quienes se quedaron''. De ahí que la cultura cubana, aun en manifestaciones menos atentas a la política, sea hoy una cultura bífida. Las muchas tentativas de reunión, sean patrocinadas desde La Habana o desde el exilio, no hacen más que poner en evidencia esa dualidad, si bien es cierto que el común trasiego de afectos y la hábil mediación del mercado han conseguido escenas memorables. Quienes han tenido la suerte de asistir a alguno de los conciertos de Bebo y Chucho Valdés, exiliado el primero desde principios de los sesenta y renuente a visitar Cuba mientras no sea una democracia y prominente artista residente en la isla el segundo, habrán gozado de esa reunión entre los dos extremos escindidos.
Por último, conviene atender aun a otra circunstancia. Todo proyecto sociocultural que se define como revolucionario, y especialmente si se ha mantenido en el poder durante medio siglo, requiere ser juzgado a partir de la correlación entre las fuerzas que despertó o desató y la manera en que éstas encontraron en la nueva sociedad el cauce para desarrollarse plenamente. Desde esa perspectiva, la historia de la cultura ‘‘revolucionaria'' cubana del último medio siglo es la historia de la permanente negociación entre los artistas y el Estado de los márgenes de libertad que pueden permitirse los primeros. Una historia, pues, de mecanismos de censura y represión a la libertad artística en un vaivén que, como bajo toda dictadura totalitaria, ha conocido períodos de relativo "deshielo'' y episodios de la más feroz represión.
Sin una estrategia cultural definida a la fecha del triunfo revolucionario, la política que el gobierno revolucionario acabaría implementando se desarrolló durante los primeros meses en un ambiente de relativa anarquía, y marcado por el entusiasmo que sacudía a buena parte de los artistas cubanos.
Hay tres sucesos que tuvieron lugar en fecha tan cercana al triunfo como la primavera de 1959 que muestran la ambición que tenían los intelectuales afines a la revolución y dan testimonio de la manera en que el nuevo gobierno se mostraba dispuesto a satisfacerlas. El 23 de marzo de 1959 los lectores cubanos se encontraron con la primera edición del tabloide Lunes de Revolución, un suplemento cultural llamado a ‘‘revolucionar'' la propia revolución que lo auspiciaba. Al día siguiente, 24 de marzo, un decreto del Gobierno revolucionario establecía el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC). Un mes más tarde, el 28 de abril, se creó, por ley, la Casa de las Américas.
Lo que esas tres instituciones representaban y la suerte que corrieron sirve para detectar tres apetencias que la revolución despertó y abrigó desde sus albores. También define, como en una foto fija, el curso de la cultura en la revolución. Por una parte, Lunes mostró el anhelo de una generación que buscaba acceder al vórtice de la historia nacional e internacional con un nuevo discurso afín a las ideas filosóficas y artísticas que dominaban los debates intelectuales de la década que se cerraba y romper, a la vez, con una idea de la cultura cubana que repudiaban. Por otra, en el caso del ICAIC, la voluntad de algunos gremios artísticos de instituirse en entidades autónomas que, aun cuando fieles a la revolución o capaces de cohabitar con ella, pudieran mantener cierto margen de independencia. Por último, la Casa de las Américas era --y lo continúa siendo aunque ya en forma severamente devaluada-- una institución en la que encarnaba la que ha sido una estrategia permanente del régimen castrista: la conversión de la cultura en una herramienta de la proyección internacional de la revolución cubana.
Aquellos mimbres con que se tejió el fundamento de la relación entre cultura y poder revolucionario crearon un cesto donde no todos cabían. Un marco que se fue estrechando cada vez más a partir de la institucionalización de la cultura y el decisivo avance hacia la sovietización del milieu intelectual. La serie es harto conocida y, por fuerza, breve el recuento que anoto: la censura a P.M., el documental auspiciado por Lunes de Revolución; el cierre de aquel suplemento y el exilio de Carlos Franqui y Guillermo Cabrera Infante, sus principales animadores; la creación de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la conversión de la disidencia literaria en disidencia política; la progresiva desaparición de manifestaciones de la cultura popular asociadas al catolicismo o los ritos afrocubanos; el llamado "Caso Padilla", puerta de entrada al llamado "Quinquenio gris"; el ostracismo al que se condenó a los intelectuales que no comulgaban con el régimen unipersonal establecido en Cuba; la noción de "espacio experimental'' surgida en los ochenta para enfrentar a artistas nacidos después de 1959 y renuentes a participar de la lógica institucional propuesta por el régimen; la extorsión, a partir de los noventa, a los artistas cubanos que trabajan fuera de Cuba, aunque continúan viviendo allí. En definitiva, medio siglo de censura y de sometimiento de la cultura cubana a una revolución que creyó regalar al país el cumplimiento de su destino.
La sujeción al férreo control del estado y la realidad de una nación dividida, con la consiguiente dificultad de acceso a la totalidad de la cultura producida en la isla y el exilio que ello implica, han dejado una impronta decisiva en la evolución de la cultura cubana del último medio siglo. Las tres variables ya presentes desde los primeros meses y que anotaba antes --diversidad y cosmopolitismo, autonomía desde la fidelidad y utilización de la cultura para ensalzar la revolución-- han continuado marcando el juego cultural dentro de la Cuba revolucionaria. Y como desde aquellos momentos inaugurales, la diversidad ha sido sinónimo de disidencia y ha sido aplastada con regularidad. Desde el exilio, libres de la sujeción a la política cultural del castrismo, decenas de miles de cubanos han trabajado a favor de la cultura cubana. Lo han hecho creando revistas y editoriales, actuando o bailando sobre las tablas de teatros de medio mundo, componiendo y ejecutando música, escribiendo libros donde Cuba ha estado más o menos presente, mostrando, en definitiva, que la cultura cubana no es la "cultura revolucionaria".
La cultura cubana, en la isla y el exilio, ha viajado durante el último medio siglo en buque cuya singladura marcó el triunfo de la revolución de 1959. A pesar de aquel ‘‘miedo'' que denunció Virgilio Piñera y de la formidable maquinaria de la cultura oficial, los cubanos han demostrado que el talento y el amor por la cultura escapan al feroz abrazo de la coerción.
El artículo "Una cultura partida en dos" aparece en la edición de hoy de El Nuevo Herald.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 23/01/2009 21:49
Relativismo, derechos humanos, manifestaciones
Jorge Ferrer | 30/01/2009 10:30
Desalojar a Mugabe
Por Jorge Ferrer
El arte de la política es una compleja urdimbre de intereses y pasiones. Del equilibrio que se consiga entre ambos depende en buena medida la dimensión ética de la política, el peso de una ética pública basada en valores que comparta una comunidad.
Cuando se trata de política internacional, y de una comunidad de naciones, el equilibrio entre el interés y la pasión suele inclinar la balanza, salvo en tiempos de guerra, hacia los primeros. Es así que tantas veces a la dupla que forman pasiones e intereses se suman la ignorancia deliberada, la desidia, el olvido. Y pocos lugares de este mundo conocen mejor cuánto dolor genera ese comportamiento como el Africa negra.
Me siento a escribir este artículo inmediatamente después de leer una información distribuida por la Organización Mundial de la Salud sobre la epidemia de cólera que asuela Zimbabwe. Hoy son 1,822 los muertos, desde agosto. Ayer eran 1,778. Cuando ustedes lean este artículo es muy probable que la cifra se acerque a 3,000.
Son guarismos que hablan de la sangría que padece Zimbabwe, el país que gobierna Robert Mugabe desde 1980 y al que ha empobrecido con una tenacidad y una eficacia verdaderamente alucinantes. Son cifras pareciera que menores las de esos muertos --aunque, ¿acaso se puede calificar de menores las listas de muertos?--, en un continente que no consigue, salvo excepciones, enderezar el rumbo y tomar la senda del progreso y la regeneración democrática. De poco han servido magnas iniciativas internacionales --los Objetivos de Desarrollo del Milenio impulsados por Naciones Unidas en 2000, por ejemplo-- o las intervenciones puntuales de la comunidad internacional en algunos focos de conflicto.
El Africa negra está ahí --oscura y misérrima-- para demostrar con la elocuencia de su pobreza y sus muertos que pugnan por ganar titulares en la prensa mundial entretenida con la globalización y sus cuitas, las finanzas internacionales y sus vergüenzas o los procesos electorales en los países primeros de este mundo, que una parte de la humanidad permanece sometida al grado cero de la pasión: la desidia.
Los casos de Zimbabwe, Congo, Sudán y Somalia requieren desde hace ya demasiado tiempo una intervención decidida de la Unión Europea y los Estados Unidos. ¿Se acuerda alguien de los 800,000 muertos de Rwanda? ¿Cuánto tardarán la Unión Europea y los Estados Unidos en invocar con fuerza el derecho de intervención?
El entusiasmo despertado en el continente negro por la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos no es un punto de partida, porque ya la anterior administración desarrolló un trabajo notable en el continente negro, por insuficiente que sea. Pero sí es de aprovechar esa empatía, mientras dure, para que Washington y Bruselas desarrollen una política mancomunada y decidida que consiga poner fin a los conflictos más acuciantes y ayude a impulsar la democracia y la transparencia en las cuentas públicas de países que podrían paliar buena parte de la pobreza que padecen sus poblaciones si no se dilapidaran los recursos que ingresan por la extracción de sus recursos naturales.
Precisamente Zimbabwe es un ejemplo magnífico de la necesidad de intervención decidida de Occidente, ayudado por las voces africanas que se muestran a favor de obligar a Robert Mugabe a respetar los últimos resultados electorales que demostraron el apoyo de una mayoría de zimbabuenses al Movimiento para el Cambio Democrático que lidera Morgan Tsvangirai.
La cantinela de la ''no injerencia'', tan del gusto de déspotas y tiranuelos, merece, ella sí, ser relegada al olvido, cuando implica tolerar la muerte de miles de seres humanos. Hombres, mujeres y niños ajenos a las doctrinas políticas, a las pasiones e intereses que rigen la política internacional, porque su único interés es encontrar un vaso de agua y un plato de comida que llevarse a la boca.
El relativismo en materia de derechos humanos que vindican caciques y dictadores alimenta los complejos de Occidente, todavía reo del pasado colonial, y sirve de coartada a la desidia. Sirva a modo de mantra que nos ayude a librarnos de complejos y coartadas la pregunta que anotaba más arriba: ¿se acuerda alguien de los 800,000 muertos de Rwanda?
El artículo “Desalojar a Mugabe” aparece publicado en la edición de hoy, 30 de enero, de El Nuevo Herald.
CONVOCATORIA A MANIFESTACIÓN FRENTE AL CONSULADO DE CUBA EN BARCELONA
El pasado 1 de enero de 2009 se cumplieron cincuenta años de régimen castrista. Un aniversario cerrado que no debería ser motivo de celebración para quienes defendemos los derechos humanos y las libertades políticas fundamentales.
A lo largo del último medio siglo, los cubanos hemos conocido un solo gobierno, un solo partido, un solo discurso oficial. Más del 10 por ciento de la población de la isla ha marchado al exilio huyendo de la falta de oportunidades, la represión a la diferencia y la sinrazón de un país gobernado por Fidel Castro –y ahora por su hermano Raúl– con mano férrea y dogmatismo militante.
El cincuentenario de la Revolución cubana no debe ser, por tanto, motivo de festejo.
Al contrario, se trata de una magnífica ocasión para mostrar nuestra solidaridad hacia todo el pueblo de Cuba, que merece poder decidir su propio destino, gozar de libertades de asociación y expresión, manifestar su derecho a disentir y dar rienda suelta a la iniciativa empresarial de sus ciudadanos sin temer la represión de un estado policial.
Mediante este comunicado, un grupo de exiliados cubanos en Cataluña invita a una manifestación reivindicativa y pacífica ante las puertas del Consulado de Cuba en Barcelona (Paseo de Gracia, 34) el próximo domingo 1 de febrero, a las 12.00 hrs.
Los ciudadanos amantes de la libertad no debemos permanecer impasibles ante un régimen que se ufana de su inmovilidad y desprecia todos los llamados a impulsar una transición hacia la democracia.
Convocatòria a manifestació davant el Consolat de Cuba a Barcelona
El passat 1 de gener 2009 es van fer 50 anys del règim castrista. Un aniversari tancat que no hauria de ser motiu de celebració per als que defensem els drets humans i les llibertats polítiques fonamentals.
Al llarg de l' últim mig segle, els cubans hem conegut un sol govern, un sol partit, un sol discurs oficial. Més del 10 per cent de la població de l'illa ha marxat a l’ exili fugint de la falta d’oportunitats, la repressió a la diferència i l’absurd d’un país governat per Fidel Castro –i ara pel seu germà Raúl- amb mà de ferro i dogmatisme militant.
El cinquanta aniversari de la Revolució cubana no ha de ser, per tant, motiu de celebració.
Al contrari, es tracta d’una magnífica ocasió per a mostrar la nostra solidaritat cap al poble de Cuba, que mereix poder decidir el seu propi destí, gaudir de llibertats d’associació i expressió, manifestar el seu dret a dissentir i desenvolupar lliurement la iniciativa empresarial dels seus ciutadans sense témer la repressió d’un estat policial.
Mitjançant aquest comunicat, un grup d’exiliats cubans a Catalunya convida a una manifestació reivindicativa i pacífica davant les portes del Consolat de Cuba a Barcelona (Passeig de Gràcia, 34) el proper diumenge 1 de febrer, a les 12.00 hrs.
Els ciutadans amants de la llibertat no hem de romandre impassibles davant un règim que s' ufana de la seva immobilitat i menysprea tots els crits a impulsar una transició cap a la democràcia.
EN MADRID:
Entrevista a Tony Guedes sobre la convocatoria a manifestarse.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 30/01/2009 11:07
Castro II, el cobrador
Jorge Ferrer | 12/02/2009 11:49
Tags: En El Nuevo Herald
Réditos de ayer y hoy
JORGE FERRER
En diciembre de 1964 y enero de 1965, Ernesto Guevara, tercer hombre de la jerarquía de poder de la Cuba revolucionaria, realizó un largo periplo por Africa, que comenzó en Argel, ciudad en la que pronunció su célebre intervención conocida precisamente como ``el discurso de Argel''.
Una de las etapas de ese viaje fue el Congo Brazzaville donde Guevara se entrevistó con Agostinho Neto, entonces dirigente del MPLA en el exilio y recibió la solicitud expresa de que Cuba se involucrara de manera activa en la liberación de Angola --a saber, que enviara instructores además de armas. Unos meses más tarde Jorge Serguera, embajador de Cuba en Argel, reunió en la casona de la embajada de Cuba al presidente de Argelia, el carismático Ahmed Ben Bella, y a varios líderes de los llamados movimientos de liberación y quedó sellado un acuerdo de triangulación que constituyó uno de los momentos fundamentales de la fase expansiva de la revolución cubana en Africa. El derrocamiento de Ben Bella en el que, por cierto, tomó parte el mismo Abdelaziz Bouteflika que recibió la semana pasada a Raúl Castro, daría al traste con aquella estrategia de multiplicación de conflictos. No obstante, la presencia de Cuba en Africa ha sido constante a lo largo de todos estos años y ha incluido, muy significativamente, la participación en la guerra civil de Angola en la que perdieron la vida más de 2,000 cubanos, según lo admitido por el gobierno de La Habana. Una guerra librada con armamento soviético; unos soldados, cuya avanzadilla voló a Luanda en aparatos de Aeroflot.
Las etapas del viaje que Raúl Castro ha realizado a Moscú, Luanda y Argel han repasado aquel eje de la geoestrategia de la Cuba de los primeros años de revolución y han sido vistas por algunos, ayudados por la superficie de la retórica de La Habana, como una mera reedición de alianzas políticas de antaño.
Pero si también en el pasado las alianzas de Cuba buscaban ventajas, ahora, con la clase castrense-empresarial al mando, las ecuaciones que han guiado este viaje pertenecen a una dinámica mucho más pragmática, porque buscan convertir la solidaridad en rédito. Réditos contables en dólares --en muchos millones de dólares--, aprovechando el tráfico de afectos. Es el futuro de la economía cubana lo que está en juego, el porvenir del ''modelo cubano'', tal vez un híbrido del ruso, el chino y el angolano. Raúl Castro ha viajado al futuro, al que avizora y ansía: el futuro de una Cuba que comercie ventajosamente con las democracias de baja intensidad que son Rusia, Angola y Argelia.
En las memorias de Jorge Serguera, recién publicadas en España, se narra una curiosa escena que transcurrió ante una playa de Porto-Novo, Benin, durante el recorrido que hizo acompañando a Ernesto Guevara por el continente negro. El argentino esbozaba sus teorías redentoras y Serguera, que llevaba un par de años pateándose la región, le aseguró: ``Che, este continente no es de nadie, pudimos habérnoslo cogido; pero tengo la impresión de que llegamos tarde...''
Remotos ya aquellos sueños expansionistas, ahora Raúl Castro no ha viajado a visitar a camaradas, ni a promover la beligerancia. Bien al contrario, ha actuado como gerente de empresa que hace visita de cortesía a dos clientes importantes de la industria de la ''colaboración'' tan mimada por el castrismo tardío. En Angola, cuya producción de petróleo ha aumentado en forma exponencial durante los últimos años, hay en marcha un programa de reconstrucción del que participan activamente empresas cubanas. Por otra parte, la ''zona económica especial'' de Viana, donde Castro se reunió con numerosos ejecutivos --algunos de nacionalidad china--, constituye un modelo exitoso de un tipo de espacio de exclusión económica que gusta a los empresarios cubanos salidos del ejército. Argelia, entretanto, se ha convertido en un magnífico cliente para el know-how cubano en materia de salud pública y producción de medicamentos, dos rubros de exportación que La Habana busca potenciar y llevar a otros países del área.
Con sus empresas de construcción y sus médicos exportables --en definitiva, con su mano de obra barata-- La Habana le está poniendo números a la llamada ''colaboración sur-sur''. Ha llegado la hora de cobrarse la aventura africana, la iniciada en el ''club tercermundista'' que fuera la embajada de Cuba en Argel a principios de los años sesenta, y de cobrársela bien. Pero es poco probable que un sistema económico tan rotundamente ineficaz como el cubano consiga aprovechar los afectos de antaño para sacar beneficios perdurables de coyuntura tan propicia. Sobre todo, cuando basa su política de precios en los salarios de miseria que paga a los trabajadores cubanos implicados en esos proyectos.
Muy lejos quedan los tiempos en que Cuba envió a Argelia el primer contingente de tropas cubanas que marchó a combatir en suelo africano. En aquel entonces, octubre de 1963, Raúl Castro firmó unas ''notas de instrucción'' dirigidas a los efectivos que participaron en la misión. En el punto decimoctavo de las instrucciones, hechas públicas por The National Security Archive, programa de The George Washington University, se lee la siguiente admonición a los cubanos enviados entonces a Africa: ``En ningún momento se debe pasar a estar inventando nada fuera de lo programada (sic), y mucho menos estarse ofreciendo para tareas mayores que nuestras posibilidades''.
Cabe esperar que 45 años más tarde Raúl Castro se haya atenido a recomendación tan aconsejable.
Réditos de ayer y de hoy aparece publicado en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald.
UPDATE (de contra):
El documento al que aludo al final del artículo puede consultarse libremente en pdf.
Se trata de las instrucciones enviadas por Raúl Castro a las tropas cubanas que marcharon a Argelia, cuando el ejército marroquí realizó una incursión en Tindouf, al sur del país.
Los cubanos no llegaron a entrar en combate, como es sabido. Lo curioso del caso es que cuando le dan el golpe de Estado a Ahmed Ben Bella, el gran aliado de Cuba, los golpistas se sirven de las mismas armas, tanques incluidos, que los hermanos Castro enviaron para enfrentar a Hassan II.
El apartado sobre la intervención cubana en África de The National Security Archive contiene otros documentos bien interesantes.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 12/02/2009 20:20
¡Cambio ya! en Nueva York + Obama y España
Jorge Ferrer | 25/02/2009 19:31
Tags: En El Nuevo Herald
El próximo domingo, 1 de marzo, se celebrará una concentración en Nueva York bajo el lema "Cuba, ¡cambio ya!"
Los detalles, manifiesto y cartelería en la página de Alexis Romay.
Obama y España
By JORGE FERRER
Que Barack Obama gusta en España no es secreto para nadie. Aun antes de que ganara las elecciones, el presidente de los Estados Unidos gozaba de entusiastas y valedores en todo el espectro político español. El atractivo de la retórica del cambio y la animadversión hacia los neoconservadores norteamericanos, y particularmente hacia el ex presidente George W. Bush, ayudaron a que el ''efecto Obama'' sedujera por igual a los socialistas, la centroderecha, la democracia cristiana y los comunistas. Todos quisieron ser contaminados --y sobre todo que se percibiera que se dejaban contaminar-- por el discurso de la regeneración política venido desde el otro lado del Atlántico.
José Luis Rodríguez Zapatero el que más. Su torpeza el 12 de octubre de 2003, cuando desfilaron tropas de los Estados Unidos en Madrid con motivo del Día de la Hispanidad y el entonces jefe de la oposición socialista permaneció sentado en la tribuna negándole el respeto a la bandera que portaban, puso en evidencia un antiamericanismo pueril. Ese precedente y la retirada súbita e inconsulta de las tropas españolas en Irak fueron gestos que dañaron las relaciones a nivel político entre ambos países a lo largo de los últimos años, a pesar del denuedo mostrado después por la Moncloa para enmendarlas y los buenos oficios de Eduardo Aguirre, embajador de los Estados Unidos en Madrid durante el segundo período presidencial de George Bush.
Pero Obama --la idea de Obama-- no es patrimonio de la izquierda española. Artur Mas, presidente de la coalición demócrata cristiana Convergencia i Unió, ha reivindicado recientemente que el ''cambio'' que busca para Cataluña la coalición que preside es similar al que Barack Obama promete imprimir a la política norteamericana. Y hay más: el Partido Popular de Cataluña --centroderecha-- acaba de lanzar una campaña en la que también el presidente norteamericano es protagonista. La excusa ha sido la presentación de un paquete de ''cien soluciones'' para enfrentar la crisis económica que aqueja a esta región española y tanto en el folleto como en las cuñas de radio la imagen y la voz de Barack Obama sirven de pie forzado. En las versiones radiadas, es la propia Alicia Sánchez-Camacho, presidenta del Partido Popular catalán, la encargada de traducir un segmento del discurso del presidente norteamericano en la toma de posesión en Washington.
La curiosa obamanía que cunde entre la clase política española no pasaría de mera anécdota si no fuera porque entraña un motivo de esperanza con vistas al reforzamiento de la relación entre España y los Estados Unidos tras cuatro años de tirantez. Tal unanimidad, cabe suponer, irá acompañada de un consenso acerca de la necesidad de hacer frente común con los Estados Unidos para encarar los retos comunes a todas las grandes economías. También, y sobre todo, para compartir las responsabilidades.
Las cuestiones pendientes son numerosas. En primer lugar, la crisis económica que conlleva la necesidad de implementar políticas comunes de regulación de los sistemas financieros y de comercio internacionales, así como conjurar la seductora, pero funesta, propensión al proteccionismo. También está por ver la manera en que España se involucrará en la estrategia de Barack Obama para Afganistán. En este sentido, el excelente desempeño de Carme Chacón al frente del Ministerio de Defensa en España y la eliminación del tope de 3,000 efectivos del ejército destinados a misiones en el extranjero que consiguió son buenos augurios para una mayor implicación de España en la lucha contra el terrorismo internacional y la intervención en zonas de conflicto.
Lejos ya los tiempos cuando José María Aznar apostaba por el reforzamiento de la Alianza Atlántica, el ejecutivo español tendrá que demostrar que su postura distante de antaño respondía a momentos muy definidos de la estrategia de lucha contra el terrorismo de la administración republicana y no a prejuicios de orden ideológico o pruritos vagamente culturales que entorpezcan la acción coordinada de la diplomacia española y la norteamericana en ámbitos donde sus intereses puedan colisionar. Servida la mesa, pues, ahora queda por ver la disposición española a sintonizar con la estrategia que la Secretaría de Estado dibuje para Oriente Próximo y Latinoamérica, dos regiones donde, por razones distintas, España aspira a ser un actor relevante. Y constatar entonces si la obamanía es algo más que la emulación de una estrategia discursiva que seduce al electorado.
El artículo Obama y España aparece publicado en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 26/02/2009 1:39
Desarme ideológico + AAA: The Miami Special Edition
Jorge Ferrer | 10/03/2009 21:58
Añoranza del unilateralismo
Por Jorge Ferrer
Los presidentes Barack Obama y Dimitri Medvedev se reunirán el próximo 2 de abril en Londres. Será su primer encuentro en el marco de una nueva relación que Hillary Clinton quiso significar con el botón rojo y etiquetado con la promesa de un ''reset'' que llevó a la cita preparatoria que celebraron en Ginebra ella y Serguei Lavrov, ministro de Exteriores ruso, la semana pasada.
También en su reciente viaje a China la secretaria de Estado habló de una ''nueva era''. Lo hizo mientras agradecía a Pekín su persistente confianza en los bonos del Tesoro estadounidense y, significativamente, mientras callaba sobre la situación de los derechos humanos en China, sorda ante el reclamo de múltiples organizaciones de derechos humanos que denunciaban la detención de varios disidentes durante los días de la visita.
El ''reset'' y la ''nueva era'' apuntan, pues, a una curiosa versión de la pax americana que me ha recordado el ''desarme ideológico'' por el que clamaba Norbert Elias en los años postreros de la Guerra Fría. Entonces, sostenía el autor de Humana conditio, se imponía desmontar el encono de los discursos que intercambiaban el Este y el Oeste en aras de una paz nueva que conjurara el peligro de una guerra nuclear y el consiguiente fin de la civilización. Leídas en la década que siguió al derribo del Muro de Berlín y la ola democratizadora del período 1985-1995, las buenas intenciones de Elias habrán arrancado más de una sonrisa de esas que se regalan a los falsos profetas.
Hoy, en cambio, cuando los discursos en torno a una nueva guerra fría o una posguerra fría cobran cada vez mayor protagonismo, el ''desarme ideológico'' parece haberse convertido en una de las estrategias del Departamento de Estado para situarse ante el desolador paisaje de una debacle económica que sacude los cimientos de las economías nacionales y el sistema económico internacional entero con fuerza de unos cuantos megatones.
La recomposición de la política exterior norteamericana transcurre paralela a la preocupación por la recesión democrática que amenaza instalar al mundo en una nueva condición. Buena parte de ese debate se centra en el viejo tópico de la relación entre crecimiento y democracia y en la crisis de la fe en la ineluctable victoria del modelo económico y democrático que encarnaba Occidente, que tuvo su expresión más publicitada --también discutida-- en la teleología de Francis Fukuyama y la noción de ''fin de la historia'', que él mismo se ha ocupado de matizar más adelante.
Los primeros años del siglo XXI han sido los del progresivo auge de estados fallidos y democracias de baja intensidad. También los de la multiplicación de modelos socio-políticos y económicos, operación aritmética que corre pareja al colapso económico y la oposición entre las libertades, la seguridad y la estabilidad. La crisis del sistema económico del capitalismo desarrollado ha añadido además una nueva variable a la ecuación que plantea que a más crecimiento económico mayor posibilidad de desarrollo de la sociedad civil y las instituciones democráticas. Ahora, cuando el crecimiento es una quimera y la democracia un sistema discutido por una miríada de modelos adhocistas, habremos de asistir a un baile donde todos estarán dispuestos a bailar con la más fea, con tal que compre y pague.
Así, cada uno de los temas conflictivos que abordarán Barack Obama y Dimitri Medvedev en Londres --la instalación del escudo antimisiles, la ampliación de la OTAN y la amenaza de Irán-- se manejarán desde la comodidad que brinda ese ''desarme'' unilateral de la Casa Blanca. El clamor a favor del multilateralismo que marcó los últimos años de la administración Bush no se repetirá ante ese gesto, adviértase, unilateral. Quién sabe si dentro de unos años no nos tocará asistir a un clamor inverso a favor del unilateralismo que defienda las libertades más allá de Guantánamo.
El artículo “Añoranza del unilateralismo” aparece publicado en la edición de hoy del diario El Nuevo Herald.
De contra:
La prestigiosa revista Archivos de Arquitectura Antillana ha dedicado un número especial a los últimos diez años de arquitectura en Miami y a las propuestas de futuro desarrolladas por arquitectos de la ciudad. Incluye textos de Teofilo Victoria, Carmen Guerrero, Jean-Francois Lejeune, Rafael Fornes, Jose Gelabert-Navia y Enrique Madia.
La revista será presentada mañana, 11 de marzo, en la librería Books & Books, 265 Aragon Avenue, Coral Gables.
En el excelente site de la revista puede consultarse íntegro este número especial. También se puede descargar en versión pdf y, naturalmente, comprar la edición impresa.
Una selección de los trabajos de la School of Architecture de la University of Miami en el proyecto El Malecón de Miami pudo verse antes en El Tono de la Voz por cortesía de Rafael Fornés y la propia Universidad. Sígase el enlace para disfrutar de esas imágenes.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 12/03/2009 13:38
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