La cocina de Castro I
Jorge Ferrer | 23/04/2008 13:11
Tags: En El Nuevo Herald
Reflexiones desde el subsuelo que es mezzanine. O belvedere, como aquella de Varona. Atalaya, minarete. Cualquier cosa menos faro.
Castro I quiere pudding perfecto. Nada de grumos. Ni grupos o grupúsculos. La búsqueda de la pureza: he ahí su leitmotiv. La sumisión pura, la enajenación pura, el odio puro.
El control puro.
Suya es la receta del pudding. Él lo cocina. Y él dispone quiénes tienen sitio en la mesa. La reflexión publicada hoy en Granma, Los vivos y los muertos, es el retrato perfecto del déspota pasado a retiro que mima su recetario para corregir hasta la última coma en los obituarios y las enciclopedias del mañana. Lo es desde el propio título.
Tiene delante la olla podrida de la revolución. Y en la mano el mismo cucharón de calamina que ha manejado siempre.
Los vivos y los muertos (extractos)
Usted puede pensar que su pequeño barco avanza río arriba, pero si la corriente es más fuerte estará retrocediendo.
No hacer vergonzosas concesiones a la ideología del imperio, dije y lo vuelvo a repetir hoy.
Nadie leerá nunca de mi humilde pluma un elogio oportunista que envilezca su conducta.
Por esta razón, apoyo resueltamente la decisión del Partido y el Consejo de Estado de sustituir al Ministro de Educación…
El titular de ese cargo, Luis Ignacio Gómez Gutiérrez, estaba realmente agotado. Había perdido energía y conciencia revolucionaria. No debió pronunciar los últimos discursos y hablar de futuros encuentros de educadores del hemisferio y del mundo, exaltando una obra que fue fruto genuino de numerosos cuadros revolucionarios y no personal, como pretendía hacer creer a los invitados…
Debo señalar que en el transcurso de diez años ha viajado al exterior más de 70 veces. Durante los tres últimos lo hizo con la frecuencia de un viaje por mes, utilizando siempre el pretexto de la cooperación internacional de Cuba. Por este y otros elementos de juicio, no se tiene ya confianza en él; más claro todavía: ninguna confianza…
En este especial e importante caso, aparte de mis apreciaciones personales, fui consultado e informado plenamente.
Cuando tuve el privilegio de ser igualmente consultado en vísperas de la elección del Consejo de Estado, no vacilé en proponer que prestigiosos jefes militares —que llenaron de gloria y autoridad moral a nuestro heroico pueblo— como Leopoldo Cintras Frías y Álvaro López Miera, maduros, modestos, llenos de experiencia y energía, con menos edad de quien con rango militar es uno de los más fuertes y amenazantes candidatos a la jefatura del imperio, fuesen propuestos a la Asamblea Nacional como candidatos a miembros del Consejo de Estado. Conozco a otros cuadros bastante más jóvenes que ellos de gran capacidad, excelente preparación y poco publicitados, con los cuales hay que contar.
No me agrada en absoluto herir a nadie, pero no puedo dudar en explicar con toda claridad los hechos para proteger la obra de las generaciones que han aportado sudor, sacrificio y no pocas veces hasta la salud y la vida por la Revolución.
Espero que mis compatriotas comprendan que el trabajo forzoso que me impuso la naturaleza en esta etapa de mi vida me obliga, ante amigos y adversarios, a expresar lo que pienso sin subterfugios y con pruebas morales a mi alcance que son irrebatibles. Asumo, por tanto, la responsabilidad plena por esta decisión, sean cuales fueren las reacciones y consecuencias…
No me resignaré jamás a la idea de que al poder se aspire por egoísmo, autosuficiencia, vanidad y supuesta imprescindibilidad de cualquier ser humano…
¡Los vivos y los muertos lucharemos!
Fidel Castro Ruz
22 de abril de 2008
6 y 18 p.m.
Decididamente, aún es pronto para cantar lo que sigue con el maestro.
La pista de audio es cortesía de AHR. Fuente: Conjunto Matamoros with Beny Moré, 1947.
Parteaguas
JORGE FERRER
La perspectiva de que la ciudad de Barcelona sufra recortes en el consumo de agua a partir del próximo otoño ha traído una ''guerra del agua'' a España, que se ha saldado con la aprobación de un trasvase desde el río Ebro cuyos promotores se niegan a llamar trasvase a despecho del diccionario.
En apariencia, las escaramuzas vividas estos últimos días no pasarían de ser un episodio más de la sempiterna tensión española entre el gobierno central y las autonomías. Y la no menos enconada entre unas autonomías y otras. Una cuenta más en el rosario de discordias que siempre acaban resueltas en España por el sentido común, la resignación o la comprensión --súbita o demorada-- de que discutir esencias patrias acaba generando artificiales provincialismos del espíritu. Así, en esta ocasión han salido a pasear con la ministra Elena Salgado la beneficiada Cataluña y las presuntamente agraviadas Murcia, Valencia y Aragón.
Sin embargo, esta vez el agua --que no la sangre; es guerra incruenta--, no llegará al río. También, aunque no únicamente, gracias al desasosiego de un centroderecha entretenido en la sucesión que se le viene encima. Ella sí con vientos y aguaceros de ciclón. Y con un Mariano Rajoy contestado por amenazadores sectores del Partido Popular y tal vez hasta por su propio instinto político.
Pero si la guerra no ha llegado a más es porque el agua, el agua que escasea, constituye un problema distinto al de la gestión de la memoria histórica o las definiciones inscritas en los preámbulos de los estatutos de autonomía. Se trata de una cuestión cardinal que afecta a buena parte del mundo y que constituye uno de los retos más importantes que enfrenta la civilización humana, sea uno, para seguir en España, gaditano o ampurdanés. Y una cosa es traerse las cajas de los ''Papeles de Salamanca'' a reposar en el feo y gris bunker de Valldoreix o discutir si son nación Cataluña y Andalucía o cómo se equipara la españolidad con la catalanidad --se me dispensará de ensayar con Andalucía ese sustantivo abstracto-- y otra bien distinta dirimir asunto cuya gravedad no desconoce nadie.
Cualquiera que sobrevuele España sabe del pavoroso paisaje que la sequía está coloreando de ocre en la Península. Y cualquiera que indague en la manera en que se usa, se negocia o se dilapida el agua, es consciente de que a España le espera un futuro que ha de pasar por una gestión imaginativa de sus recursos hídricos. Una gestión que pasa por revisar las políticas agrarias, cuestionar la pertinencia de los trasvases --incluido el que traería agua desde el Ródano-- y potenciar las plantas desalinizadoras. Pensar en una agricultura más adecuada a la capacidad del suelo español y en una política de urbanización que mire al desierto que repta sobre el mapa con ganas de estropearles la fiesta a los promotores inmobiliarios.
En ese sentido, como llevan una década insistiendo José Manuel Naredo y otros expertos españoles, el modelo puesto en práctica en California desde principios de la década de los ochenta a partir de los emblemáticos ''bancos de agua'' sería una opción a contemplar. Así se podría generar un entramado institucional que privilegie el ahorro y huir de los faraónicos trasvases, a favor de una gestión colegiada y autorregulada del agua.
Un segundo puntal de la necesaria política de aguas ha de pasar por el impulso y óptima utilización de las plantas desalinizadoras. Precisamente en Carlsbad, California, entrará en funcionamiento el próximo año una planta de enormes proporciones. Otra fue inaugurada el mes pasado en la Bahía de Tampa, Florida. Se da la casualidad de que ambas han sido responsabilidad de Acciona Agua, una empresa precisamente española.
La política, como cualquier otro arte, conoce problemas de envergadura diversa. Y ha de identificarlos, ordenarlos en jerarquía dictada por la urgencia y, sobre todo, ponerles nombres. Por ejemplo, un trasvase, por menor que sea, es un trasvase. Y aunque uno pueda hacerle trampas de vez en cuando al diccionario --yo mismo he titulado este artículo con voz que no recoge el tomo de la RAE--, al futuro, al de la desertificación que sube, no lo engañará nadie guardándose palabras en los bolsillos. Ojalá este último combate sea el necesario parteaguas.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 14/08/2008 2:19
Transición y militares en Cuba
Jorge Ferrer | 08/05/2008 15:38
La transición de uniforme
JORGE FERRER
Uno de los principales desafíos que enfrentan los procesos de democratización en países sometidos a largas dictaduras radica en la manera en que se consigue sumar al ejército a la nueva andadura reformista. A menudo, aunque es circunstancia que ha remitido en los últimos años, la posibilidad del golpismo ensombrece el panorama de las reformas institucionales.
Pocos conocen esos avatares mejor que Narcís Serra, quien acaba de publicar La transición militar. Reflexiones en torno a la reforma democrática de las fuerzas armadas (Barcelona: Debate, 2008), un libro de doctrina militar que basa en su experiencia como ministro de Defensa español entre 1982 y 1991, una década en la que España se despojó de la rémora del franquismo y consiguió una reforma de las relaciones entre poder político y ejército verdaderamente ejemplar. Las mismas que han permitido salto tan espectacular como el que va de aquellas piñas de generalotes con ojos ocultos tras gafas tintadas de negro a la oronda Carme Chacón, actual ministra de Defensa, pasando revista a las tropas con avanzado embarazo y ''¡Viva España!'' contenido.
Para la Cuba que vivirá más pronto que tarde su propia transición institucional hacia la democracia, la cuestión del acomodo del ejército a una sociedad donde los militares queden plenamente subordinados al poder civil es crucial. Y es evidente que conseguir la anuencia de la alta jerarquía castrense a que quienes presidan el gobierno y establezcan la función social y las misiones de las tropas sean cargos civiles --y no el comandante en jefe Fidel Castro o el general de ejército Raúl Castro-- implica mucho más que una mera cuestión de reordenamiento jurídico.
Una ''transición militar'' en Cuba deberá enfrentar obstáculos de enorme calado, como la radical militarización de la vida y la política cubanas en el último medio siglo. También, y sobre todo, la gestión militar de una economía vista tantas veces como ''economía de guerra''. No por gusto la célebre ecuación de Raúl Castro distinguía tanques de frijoles, una dupla que aun cuando apostara por los segundos, subraya el estrecho vínculo entre ejército y administración económica.
Así, no fue un mero accidente que la opción por los frijoles trajera consigo una estrategia de afianzamiento de la cúpula militar en sectores punteros de la economía, a medida que el otrora elefantiásico ejército cubano iba desmovilizando efectivos. A ello se suma el peso de Ramiro Valdés en la gestión de las nuevas tecnologías de la comunicación desde fecha tan temprana como los años '80, cuando presidía la corporación COPEXTEL. Todas esas premisas amenazan con colocar a la cúpula castrense al timón de la nave de la economía cubana del poscastrismo.
Se trata de una situación que difiere en buena medida de la que enfrentó España y que muy probablemente obligue a seguir la senda de una transición pactada con una cúpula militar que parece buscar un billete a la Cuba futura por medio del control de las empresas. Podríamos encontrarnos, en definitiva, con que el modelo que preconiza la transition through transaction, sea, entre nosotros, un asunto de transacciones bancarias.
Otro elemento principalísimo a tener en cuenta y que diferencia a los ejércitos español y cubano a la hora de enfrentar una transición hacia la democracia es la historia del desempeño de los militares cubanos en Africa. Si bien el ejército español era heredero del que se alzó con la victoria en la guerra civil, como el cubano se proclama continuador del ejército rebelde, también lo es que la retirada del norte de Africa había minado la moral de los militares españoles involucrados en la transición. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en cambio, han salido victoriosas de tres guerras en aquel continente y reivindican con orgullo su rol en la supresión del apartheid.
Recientemente, Jorge I. Domínguez repasaba esas campañas africanas en Cuba en el siglo XXI. Ensayos sobre la transición (Madrid: Colibrí, 2006) y anotaba algunas de sus secuelas que afectarán a una transición futura, en particular ''las demandas que los veteranos de las FAR harán al Estado y la persistencia de elementos de prestigio social en las instituciones militares''. Se trata de escollos sorteables, ciertamente, pero que requerirán mucha imaginación política al poder civil de una Cuba que se embarque de veras en un cambio a favor de una sociedad abierta.
No son esas las únicas malas noticias, sin embargo. Otra es que la práctica de las transiciones en años recientes ha demostrado que éstas no llevan forzosamente al afianzamiento de un régimen plenamente democrático. Por el contrario, las llamadas ''democracias de baja intensidad'' son una opción al alza. Y la ''intensidad democrática'' de una Cuba futura pasa decididamente por los cuarteles y una oficialidad que sabe de guerra convencional tanto como de estrategias de mercado.
En ese sentido, el libro de Narcís Serra ofrece muchas claves atendibles. Las sugerencias normativas que desglosa, su visión de la democratización del ejército como elemento fundamental de una transición política global, o su insistencia en el óptimo manejo del ritmo y las formas con que se introdujeron los cambios en España son lectura provechosa para ''transitólogos'' ocupados en Cuba.
Publicado en El Nuevo Herald, edición del 08/05/2008
UPDATE:
El 13/05/08 apareció en El Nuevo Herald la siguiente carta de un lector a propósito del artículo:
Publicado el martes 13 de mayo del 2008
Cuba, ¿una transición a la española?
El artículo de Jorge Ferrer La transición en uniforme [Perspectiva, 8 de mayo] toma como base un libro de Narcís Serra, ex ministro de Defensa de España, sobre la experiencia de las fuerzas armadas españolas durante la transición a la democracia después del franquismo. Ferrer trata de establecer un paralelo del caso de España con una posible transición en Cuba. Los elementos de la ecuación planteada tienen premisas totalmente diferentes. Durante la dictadura franquista, a pesar del bloqueo internacional sufrido por España, la economía se mantuvo intacta bajo un sistema de libre empresa, el ejército mantuvo sus estructuras tradicionales, y la transición fue presidida por el rey Juan Carlos, educado bajo el sistema económico, social y político de Europa Occidental.
El caso de Cuba es totalmente diferente. La revolución destruyó los basamentos jurídicos, sociales y económicos de la antigua república, desmanteló el ejército tradicional, sustituyendo a su oficialidad y clases por una banda de rebeldes sin conocimientos militares. Es increíble que uno de los expertos citados en el referido artículo, el profesor Jorge Domínguez, se refiera a ese ejército como ''elementos de prestigio social en la estructura militar'' cuando esa cúpula castrense que hoy gobierna Cuba incluye a tres comandantes ''históricos'', Juan Almeida, Guillermo García y Ramiro Valdés, que no alcanzaron siquiera una educación de nivel secundario. Pero lo más importante de esa ecuación es que se implementó en el orden económico un sistema comunista llevado a niveles increíblemente incompetentes que destruyó totalmente la economía.
Si se analiza racionalmente la realidad presente, no puede haber ninguna conexión entre una transición en Cuba y la que ocurrió en España después del franquismo.
Daniel F. Calderín
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 02/09/2008 1:43
Medio siglo de exilio cubano
Jorge Ferrer | 18/05/2008 12:20
Tags: En El Nuevo Herald
El Nuevo Herald publica hoy un suplemento especial con motivo del próximo aniversario de la instauración de la República de Cuba.
Un final para medio siglo
JORGE FERRER
Especial/El Nuevo Herald
Entre las muchas imágenes documentales que se rodaron en los primeros días de enero de 1959, hay unos segmentos de celuloide que, vistos medio siglo después, resultan particularmente desconcertantes.
Son el escueto a la vez que locuaz testimonio de apenas una mínima porción del júbilo que sacudió al país tras la caída de la penúltima dictadura cubana.
Se trata de imágenes tomadas en el aeropuerto de Rancho Boyeros al que llegaban vuelos procedentes de Estados Unidos, México o Venezuela, cargados de exiliados que retornaban a una patria que creían librada por fin de la maldición de los tiroteos, la tortura y la represión.
En todas las secuencias hay abrazos, la incontenible emoción del regreso y el reencuentro con parientes, amigos y compañeros de lucha a quienes no se había visto en años o, en algunos casos, apenas unos meses. Se asemejan a imágenes paralelas de tantos otros retornados --las imágenes de María Zambrano llegando a Barajas, por ejemplo-- y constituyen una prueba de que Cuba no es más que otra isla en la geografía del destierro. También de que los cubanos somos apenas uno más de entre tantos pueblos divididos por la sinrazón política de los totalitarismos.
Una de esas secuencias rodadas en el aeropuerto resulta particularmente significativa por lo que representaba el momento que documenta y por el destino que esperaba a su protagonista. Recoge el instante en que Carlos Prío Socarrás, ex presidente de la República, se asoma a la portezuela del avión de Cubana de Aviación que lo devolvió a La Habana en enero de 1959. Un trajeado y sonriente Prío emerge del vientre de metal para asomarse a una escalerilla virtualmente tomada por hombres armados que lo reciben con visible entusiasmo. Otras imágenes de ese mismo día muestran a Prío rodeado de ''barbudos''. Había vuelto a su patria desde el destierro. El régimen de Batista había caído.
Dos años más tarde, como es sabido, Prío, el presidente que volvía del exilio, marchó de nuevo a habitar en el destierro. No fue el único de los retornados de 1959 que padecería ese destino. Si bien es cierto que muchos de los exiliados supieron encontrar acomodo en la Cuba de Fidel Castro, muchos fueron también los que conocieron ese viaje de regreso e ilusión, como el mero tránsito entre dos exilios. Pocos, sin embargo, podían imaginar que el segundo se prolongaría por casi medio siglo, tiempo más que suficiente para que tantos hayan encontrado la muerte lejos de Cuba, pero también visto crecer a sus hijos y nietos. Y asistido, en definitiva, a la recreación de un país construido lejos, aunque no tanto, de la patria soñada, como quien se construye una réplica de su propia casa capitalina a la orilla de un balneario y al descubrir un día que las carreteras de vuelta están cortadas reproduce lo que alguna vez fue su centro en el nuevo espacio periférico.
Ni este último medio siglo, ni los exiliados de la década de los cincuenta, inauguraron la columna de los haberes de la historia del exilio cubano. El último siglo de dominación colonial provocó el destierro de incontables cubanos. Un destierro que incluyó episodios tan brutales como el envío de independentistas a penar condenas en la cárcel de Ceuta, enclave español en el norte de Africa.
La historia, que es injusta con los seres anónimos --es ella quien los vuelve decisivamente anónimos-- nos ha dejado el testimonio de poetas y políticos, de hacendados y periodistas que abandonaron la Cuba española en busca de la libertad. También, de la libertad para preparar la guerra contra la Metrópoli que los obligó a exiliarse. La encontraron en Nueva York y en Filadelfia, en las repúblicas de Hispanoamérica o en París. Y en el exilio se organizaron colectas, se compraron armas y se enviaron expediciones a la isla. También se publicaron periódicos, se pronunciaron discursos, se procuró el afecto de gobiernos extranjeros a la causa de la libertad de Cuba, se defendió la dignidad de los cubanos y la justeza de su lucha.
La gesta de la emigración cubana que reunió el dinero necesario para pelear por la libertad, en presupuesto que sumaba las importantes aportaciones de los pudientes, pero también las monedas reunidas por los trabajadores humildes de Tampa o Key West, es uno de los acontecimientos más hermosos de toda la historia del exilio cubano.
La certeza de que Cuba merecía ser libre y la convicción de que los exiliados tenían la responsabilidad de llevar a Cuba la libertad nace, pues, en esa emigración del siglo XIX. Es en el exilio que José Martí funda el Partido Revolucionario Cubano, y será un exiliado, Tomás Estrada Palma, el pedagogo de Central Valley, quien asuma la presidencia de la primera República cubana.
El próximo enero, el calendario político cubano marcará el cincuentenario de la última, y todavía vigente, etapa de la historia política de Cuba. Cualquiera que sea la perspectiva que se adopte ante esa cita con el aniversario, sea la celebración, el vituperio o hasta la mera indiferencia, pasa por el reconocimiento de que el último medio siglo ha partido a Cuba en dos. Un hachazo que rompió su tradición republicana, por renqueante que fuera, y obligó a pensar a la nación cubana como a un ente escindido en dos mitades irreconciliables.
La dialéctica entre ''los que se fueron'' y ''los que se quedaron'' ha marcado desde 1959 el devenir de la sociedad, la cultura y la política cubanas, porque no fue hasta ese año que la historia de Cuba conoció al exilio como fenómeno genuinamente masivo y leitmotiv nacional.
Reproches mutuos y rencores tantas veces justificados y otras tantas mal administrados conformaron desde entonces un modelo de relación agónica que ha conocido momentos críticos, episodios de distensión, y viene dibujando en los últimos años el perfil de una nación futura, ya para siempre deslocalizada y transterritorial. Un encono de medio siglo que ha multiplicado sin cesar los agravios mutuos y ha transformado la idea de país, tanto como ha modificado con esa díscola herramienta que es la memoria el pasado de Cuba, y con toda certeza también el futuro.
Hay hitos de esa tragedia que se han inscrito ya para siempre en los anales de la historia de Cuba. Momentos emblemáticos, fotografías de la desesperación, topónimos, performances.
Así, la tristemente célebre ''pecera'' del aeropuerto de La Habana, cuyos vidrios separaban dos mundos que continuarían mirándose ya para siempre desde la distancia. Los rostros de los niños que dejaron Cuba durante la Operación Pedro Pan al volverse desde la escalerilla por la que subían al avión que los alejaba de sus padres. Los prisioneros de la Brigada 2506 caminando con las manos sujetas a la nuca. Los hombres descamisados y hambrientos sobre el tejado de la Embajada de Perú. Las filas de gente camino a los barcos en el puerto del Mariel. Las despedidas a las balsas que salían desde el propio Malecón de La Habana en 1994. Todavía más plásticas, ondulantes y crueles, son las imágenes de las balsas vacías vistas desde el aire.
El medio siglo de extrañamiento ha dejado sus huellas de barro en los discursos. Algunas dolorosas como ''acto de repudio'', los epítetos con que el régimen de La Habana motejó y despidió a los exiliados, ''gusanos'', ''lumpen'', ''escoria''. El nombre que da a la comunidad exiliada en su conjunto: ''la Mafia de Miami''. Otras de más grata memoria, como aquellos ''viajes de la Comunidad'' a finales de los años 80.
También el exilio ha protagonizado acciones de rechazo a la presencia de cubanos residentes en la Isla en actos públicos fuera de Cuba o ha ensayado etiquetas para calificar a exiliados más recientes, en una permanente, y estéril, reivindicación de un linaje dado por la primacía en el arribo a la patria postiza. Así, ''marielitos'' y ''balseros'' son definiciones que en ciertos contextos arrastraron un poso de rechazo, como más recientemente se habló de un ''exilio de terciopelo'' en los años noventa y se habla hoy de los ''quedaítos'' para referirse a emigrados que no pertenecen, o no reivindican su pertenencia, a la partición beligerante entre el ''adentro'' y el ``afuera''.
Huir de Cuba para llegar a esa proyección geográfica de la patria que es ''Miami'' --topónimo que ha incluido durante largo tiempo a todo el sur de la Florida en la imaginación de los residentes en la isla-- es uno de los motivos simbólicos que han signado este último medio siglo de dictadura en Cuba.
Ello se debe a partes iguales al clima de terror impuesto por el régimen de La Habana y a la desesperanza que ha generado en los cubanos y a la gesta de los primeros exiliados, capaces de convertir al sur de la Florida en una extensión de la patria perdida.
La patria portátil hecha de memoria y tesón, porque como tantos otros expatriados de este mundo los cubanos fuimos despojados de todo, como requisito para marchar hacia la libertad, consiguió ganar cuerpo a unas millas del lugar donde los refugiados eran sometidos a crueles inventarios, a puntillosas requisas en el aeropuerto, que parecían condenarlos a un exilio de miseria. Tampoco la levedad de balsas que apenas eran capaces de cargar a quienes huían, permitieron acarrear más que sueños. Y, sin embargo, cientos de miles de cubanos supieron siempre --saben hoy-- que hay un lugar del mundo donde todavía pueden alimentar la ilusión de que no han abandonado Cuba. Donde podrán permitirse pensar que apenas han escapado de la pesadilla del castrismo.
Sin embargo, la historia del exilio cubano es también la de un fracaso político que requiere ser asumido con vistas a la definitiva mutación de la comunidad exiliada, cuando Cuba sea devuelta a la normalidad que le han secuestrado un par de siglos de excepcionalidad.
La colonia que no se creía colonia, la fracasada ''Suiza de América'' de la inauguración republicana o el ''Primer Territorio Libre de América'', en efecto, pasarán a la historia cuando Cuba reingrese al orden natural de la política. Entonces, por cierto, será revocada también la condición excepcional que ostentan los refugiados cubanos en los Estados Unidos, un gesto administrativo que convertirá a los exiliados en inmigrantes.
El retorno de Cuba a la senda democrática y a la economía libre habrá dado la razón a los exiliados que han abogado por esa recuperación durante medio siglo como afirmaba recientemente Rafael Rojas. Pero tener razón, cuando demostrado a posteriori, no implica por fuerza que una comunidad exiliada que fracasó en su propósito de convertirse en un contrapeso político efectivo al régimen de La Habana pueda retornar como vencedora a la Cuba del mañana. Ni siquiera garantiza que consiga participar desde un principio en el juego político de la Cuba poscastrista. Tal vez ahí se esconda la tragedia postrera del destierro cubano.
Hay, sin embargo, elementos que permiten calcular una participación activa de los exiliados en la política de la transición cubana. En primer lugar, la aceptación tácita o explícita de que el diferendo político cubano ha de ser resuelto por los ciudadanos residentes en la Isla. Una fórmula que presupone una enorme generosidad por parte de los exiliados y que deja sin efecto los reproches de injerencia que airean los castristas más ortodoxos.
A ello se suman otras dos consideraciones de singular importancia. La primera, la diasporización que el exilio cubano ha experimentado en los últimos años. Si durante décadas, la oposición entre La Habana y Miami monopolizaba cualquier debate sobre la relación entre la nación y la emigración, para decirlo según la taxonomía preferida por las autoridades cubanas, ahora la diáspora se ha afianzado en otros emplazamientos geográficos, y ha ganado prestigio intelectual y capacidad de cabildeo ante gobiernos distintos al de los Estados Unidos. Un segundo elemento que ha modificado al exilio, y podrá incidir en su participación en la política cubana del poscastrismo, es que la desideologización propia del castrismo tardío ha ido llegando a las orillas de todo el mundo con emigrados salidos de Cuba gracias a la lotería de visas o la lotería de la amistad. Hoy el exilio se parece más a la Cuba real de lo que se le ha parecido nunca, debido, en buena medida, a la porosidad de las fronteras de Cuba.
Gustavo Pérez-Firmat, autor de notables páginas sobre la condición del exilio, recordaba cómo asistió a un concierto de Willy Chirino en los meses posteriores al colapso de los regímenes comunistas de la Europa del Este y se dejaba ganar por la extraordinaria emoción que sacudía al auditorio cuando el cantante de Consolación del Sur enumeraba los países liberados y llegaba al final: la mención de Cuba, a la que el exilio creyó siguiente ficha de dominó que caería sobre la mesa de la historia.
Han transcurrido dieciocho años desde entonces y es apenas ahora, tras casi medio siglo de desazones, que el exilio cubano ve acercarse el fin. Un cierre aún apenas entrevisto, pero que alimenta en algunos el sueño del retorno; en otros, el de la libre circulación entre la isla y los islotes de la diáspora. En muchos más, la certeza de que perder la condición de exiliados para establecer una relación de otra índole con el país que algún día nos vimos obligados a abandonar cierra una de las etapas más crueles de la historia de Cuba. También de las más fecundas: la experiencia cultural y vital de los millones de cubanos que han residido lejos de Cuba constituye un importante legado que ofrecer a la Cuba que vendrá. A las Cubas que vendrán. Valdrá mucho más compartir la naturaleza de una diáspora que lo continuará siendo, por elección y no ya por obligación, que llevar armas o presidentes.
Cabe la posibilidad de que medio siglo después de las imágenes de júbilo en Rancho Boyeros que evocaba antes, pronto se repitan allí mismo momentos de euforia y se derramen lágrimas en recuerdo de tantos que no consiguieron volver.
Ojalá esa vuelta sea a un país que no levante ya jamás barreras basadas en el odio y la sinrazón ideológica. Que la diáspora cubana ayude a construir una Cuba que honre a su exilio y se sirva de él.
De contra:
Vía Secretos de Cuba, un buen video de Cayo Saetía. en Holguín.
Camellos auténticos, manadas de búfalos, ciervos. Hasta un Hummer. Y antes, un vendedor de bebidas plenamente entregado a su oficio. Pa’mí que el «bloqueo» ese no está funcionando muy bien que digamos.
UPDATE:
The Economic Times da cuenta de la enorme delegación comercial cubana que ha viajado a la India para una estancia de casi dos semanas. Son diecinueve miembros. Diecinueve.
Según declaraciones del embajador cubano en la India, Miguel Ángel Ramírez Ramos, hay un enorme interés en el nuevo modelo de la Tata, el Nano, que se venderá por unos 2.500 dólares.
Podría resultar que en consecuencia con la rebaja del perfil de Cuba a la que se asiste desde el pase a retiro de Castro I, se produzca en Cuba un tránsito del "Almendrón" a la "Almendrita".
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 14/08/2008 2:26
El centro de la derecha
Jorge Ferrer | 30/05/2008 20:33
Tags: En El Nuevo Herald
Ruido en el flanco derecho
JORGE FERRER
La escenificación de una debacle en el Partido Popular (PP) español ilustrada por el coro de voces discordantes, el abandono de algunos de sus pesos pesados y referentes simbólicos durante los últimos años y el acoso a un Mariano Rajoy contestado por tantos ha creado un ambiente que apunta a un posible cisma. Tal vez no pase de mero conato. Pero lo que sí parece muy probable es que gane quien gane esta guerra, la gran vencedora sería la política de derechas en España.
Era predecible que la derrota de Mariano Rajoy en las elecciones del pasado mes de marzo trajera conmoción al centroderecha español. Los cuatro años de bronca oposición a un gobierno que arriesgó con fuerza en materias tan sensibles para buena parte del electorado como las relaciones con los nacionalismos periféricos y las negociaciones con ETA abrían la posibilidad de devolver el poder a los populares, por difícil que fuera romper la inercia electoral. La derrota que algunos calificaron piadosa y estratégicamente de ''dulce'' fue una derrota amarga como cualquier otra.
Era, pues, de esperar que se produjeran dimisiones en la cúpula del partido y que se cuestionara la continuidad de Rajoy. Menos lo era que la conmoción llegara a una crisis en toda regla, una que afecta mucho más que el destino personal de Mariano Rajoy Brey, registrador de la propiedad, pues lo que se discute ahora es el futuro mismo del centroderecha y su redefinición ideológica. Más claro: cuánto ha de actuar en tanto ''centro'' y cuánto en tanto ``derecha''.
Todo corrimiento de un partido político de la colosal envergadura del Partido Popular en el espectro de la definición política que va de la extrema izquierda a la extrema derecha exige un replanteamiento ideológico que atienda tanto a los fundamentos clásicos de la política como a la sensibilidad de sus militantes --según fuentes del propio partido, más de 700,000 afiliados.
Rajoy, sin embargo, ha preferido alardear de pragmatismo y construir un partido basado en la ideología que le es más cara: el sentido común. Desde el lado del pragmatismo, su apuesta es diáfana y revela en él al funcionario que vive dentro del político: el objetivo de un partido político es llegar al poder y todo empecinamiento ideológico que lo impida ha de ser desmontado o, siquiera, atenuado.
Pocos se atreven a discutir su cálculo. Tradicionalmente, las encuestas de opinión en España destinadas a dibujar el paisaje de los afectos políticos muestran un país claramente inclinado hacia la izquierda. Así, en el último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) --Barómetro de marzo de 2008--, al ser preguntados por el lugar en que se situarían en un espectro político polarizado entre la izquierda y la derecha, un 29.4% de los encuestados se situó en la categoría de ''centro'', mientras que un 35% se colocó a la izquierda del centro y tan sólo un 12.4% a la derecha de éste.
Más allá de la imprecisión que conllevan tales sondeos, y del significativo porcentaje de encuestados que no supieron o no quisieron responder a esa pregunta, es evidente que ''ganar el centro'' podría equivaler sencillamente a ''ganar''. Y resulta más fácil, piensan Rajoy y los que le dan respaldo, que se mueva el partido a que se muevan los electores hacia la derecha. Al menos, las urnas acaban de demostrar que durante la dura campaña electoral pasada no lo hicieron.
El próximo congreso del Partido Popular, a celebrarse en Valencia a finales de junio, dirá si la maquinaria del partido opta por rebajar los maximalismos que podrían impedirle gobernar en largos años. Una vez más, la circunstancia política española pasa aquí por la relación con los nacionalismos: es evidente que negarse a pactar con los partidos conservadores nacionalistas, o provocar que éstos se nieguen a entrar en tratos con los populares, obliga al centroderecha a ganar las elecciones por mayoría absoluta, algo que parece una apuesta tan remota como la radical inversión de las preferencias políticas de los españoles.
La apuesta de Rajoy por esa suerte de partido sin ideología fuerte --''un partido de centro'', ''reformista'' y ''liberal'', como se define en distintos puntos de la ponencia política que se llevará al Congreso, responsable de la defección de María San Gil, referente moral para tantos militantes-- podría, de consumarse un cisma, propiciar la aparición en España de un partido que se defina sin complejos como de derecha. Ello, sin dudas, será una ganancia para el panorama político español, más de un cuarto de siglo después de la transición hacia la democracia. Aunque implica también un riesgo: el surgimiento de una fuerza política que enarbole rabiosos discursos en torno a la inmigración o la relación con los nacionalismos moderados.
Por lo pronto, Mariano Rajoy y sus valedores se mueven como aquellos personajes de Casa tomada, el relato de Julio Cortázar, que veían cerrarse espacios en su propia casa, antes de verse obligados a abandonarla y salir a la calle. Habrá que ver si consiguen salir a la calle para ganarla, y conservando casa en la calle Génova, o será Rajoy quien salga para cargar con su tan llevado y traído ''sentido común'' de camino a otros empeños.
Ruido en el flanco derecho apareció en la edición de El Nuevo Herald del 30/05/2008
UPDATE:
A esto le llamaban antes, hace mucho, amistad entre los pueblos:
Berlín, 30 de mayo, RIA Novosti. (Extracto) El portavoz de la compañía aeronáutica rusa 'Ilyushin Finance' anunció hoy en Berlín la apertura de un centro de mantenimiento de material aeronáutico. «Ya tenemos allí los equipos y un almacén de repuestos para reparar sin dilación los aviones», comentó. En Cuba, la compañía 'Ilyushin Finance' presta servicio a tres aviones IL-96-300 y tres Tu-204. En un futuro Cuba podría comprar otro Tu-2004 y tres A-148. El centro abierto en Cuba podría llegar a ser el principal centro de mantenimiento de material aeronáutico ruso en esa parte del mundo.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 14/08/2008 2:27
La Cuba de Zapatero
Jorge Ferrer | 03/07/2008 12:09
Tags: En El Nuevo Herald
Vuelva usted mañana
JORGE FERRER
Cualquiera que acabe siendo el verdadero alcance del levantamiento de las sanciones impuestas a Cuba en 2003 por la Unión Europea, y en suspenso desde 2005, el gesto ha servido ya para mostrar la manera en que Europa, antiguo referente moral en materia de valores democráticos, se va dejando deslizar por el tobogán que conduce a la tolerancia de las democracias de baja intensidad e incluso --es el caso de Cuba-- de las dictaduras.
Las reticencias que algunos países plantearon a acuerdo al que acabaron adhiriéndose son, en este caso, las excepciones que confirmaron la regla. Porque votar con la nariz tapada es también votar. Y lo que se votó allí --todos lo sabían-- fue darle un espaldarazo al gobierno cubano, bajo el tramposo amparo del método del ''ensayo y error'': si no han funcionado las sanciones, pues probemos a ver qué pasa suspendiéndolas, nos hacen creer que se dijeron. Un método que ya se ha mostrado de sobras inútil cuando se trata con el régimen de La Habana, niño malcarado al que no contentas ni con la golosina más empalagosa.
A punto de cumplirse dos años desde que Fidel Castro mudara su uniforme por el traje deportivo y cercano también el medio siglo de revolución castrista --crecidito ya el niño de marras, como se ve--, el ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero se ha embarcado en una estrategia de acercamiento al gobierno cubano a la espera, dicen, de réditos políticos y, aunque se lo callen, de ventajas económicas en el espacio del poscastrismo. Una posición que tiene calamitosa expresión en la letanía repetida una y otra vez por Miguel Angel Moratinos sobre el propósito que animaría a la Moncloa de ''acompañar'' las transformaciones que se produzcan en la isla. España ''no puede estar ausente de la dinámica de cambio en Cuba'', dijo hace unos días para defenderse de las críticas del centroderecha.
Pero los circunloquios acerca de la ''presencia'' y el ''acompañamiento'' --jerga más bien propia de charlas funerarias-- resultan insuficientes para explicar el cerril ahínco mostrado por la cancillería que dirige Moratinos en la gestión del levantamiento de las sanciones a La Habana. Mucho menos para comprender su apoyo al gobierno de Raúl Castro, que no hace más que desairar en público a la Unión Europea y a la propia España. Tampoco explican las razones de la manifiesta frialdad de sus relaciones con la disidencia interna cubana o que desde la embajada de la calle Cárcel se elaborara un informe comparativo de la situación en Cuba en los dos últimos años, cuya endeblez argumentativa es palmaria y sólo apta para convencer a quienes no necesitaban demasiado convencimiento, porque Cuba, en realidad, importa a la Unión Europea más bien poco o más bien nada. He ahí el por qué se deja que sea España, desde una lógica poscolonial, la que se ocupe de moderar las políticas con La Habana. Una decisión de veras lamentable, porque José Luis Rodríguez Zapatero tiene un problema de esos que sólo en contadísimos casos consigue convertirse en virtud: su tenacidad para perseverar no en el ensayo, pero sí en el error. La ha practicado con creces en política interna y también con rotundo énfasis en política exterior. Parte, su contumacia en el error, de un vicio fatal: está convencido de que puede reinventar la política.
La decisión de levantar las sanciones impuestas a Cuba tras la ola de detenciones de 2003 fue motivada por la desidia propia de quien se cree capaz de transformar el agua en vino a fuerza de diálogo, cooperación y demás señas del ''buenismo''. Sus impulsores olvidaron a sabiendas que la función de esas sanciones, como la del embargo norteamericano, es esencialmente moral. Ambos, sanciones y embargo, no han contribuido a la evolución democrática del régimen de La Habana, pero dicen a los cubanos, quiéranlo oír o no, créanselo o no, que viven bajo un régimen anómalo y que las democracias occidentales no van a tratar a ese régimen como a un igual. No son, pues, cuestiones a medir a partir de su eficacia, porque eficaz aquí no es ni una cosa ni la otra.
Es por eso que ahora, cada vez que Moratinos o sus emisarios consulten a La Habana acerca de los avances democráticos, escucharán aquel ''vuelva usted mañana'' con que tituló su célebre artículo sobre la desidia española Mariano José de Larra. Y su lógica del ''ensayo y error'' revelará entonces su necedad, como ya muestra su amoralidad.
"Vuelva usted mañana" aparece publicado en la edición de hoy, 3 de julio, de El Nuevo Herald.
Enlace permanente | Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 14/08/2008 2:28
[« Anterior][1][2][3][4][5][6][Siguiente »]





![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.amazon.com/Tristan-Medina-Retrato-apostata-canonico/dp/8493231150/ref=pd_bbs_2/002-7736270-8772012?ie=UTF8&s=books&qid=1177366006&sr=1-2] Tristán de Jesús Medina](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/el-tono-de-la-voz/libros/tristan-de-jesus-medina/326352-2-esl-ES/tristan_de_jesus_medina_small.jpg)
![Muestra el enlace externo en una ventana emergente. [http://www.amazon.com/Minimal-Bildung-Jorge-Ferrer/dp/0970307918/ref=pd_bbs_sr_1/002-7736270-8772012?ie=UTF8&s=books&qid=1177365089&sr=8-1] Cubierta Minimal Bildung](/var/cubaencuentro.com/storage/images/blogs/el-tono-de-la-voz/libros/minimal-bildung/326325-1-esl-ES/minimal_bildung_small.jpg)
