Con lupa | Michel Suárez

Bolivia: Gobierno y oposición desastrosos

Rubén Costas, prefecto de Santa Cruz.

La batalla porque prevalezca el imperio de la ley no se gana con ilegalidades, ni mucho menos a través de la promoción gratuita de la violencia. Hace unas semanas tenía la intención de comentar lo que sucede en Bolivia y, aunque los acontecimientos van de prisa, adelanto algunas ideas bajo la premisa de las primeras líneas.

Evo Morales sabe bien lo que significa retar al poder desde posiciones abiertamente ilegales y poco civilizadas. Espero que los calificativos no ofendan a nadie. En su papel de opositor, Morales redactó el libro de estilo que ahora cumplen, al pie de la letra, los de la bancada de enfrente.

No veo diferencias entre la promesa de quemar el Parlamento, que hizo el jefe aimará cuando se debatía la ley de hidrocarburos en la era de Carlos Mesa, y la toma por la fuerza de varias instituciones oficiales que hoy protagoniza la oposición a modo de protesta. Por ahí no es.

La única salida para la oposición boliviana, ante los rasgos totalitarios del presidente, es de tipo política. Su mayor reto es convencer a una población harta de los políticos, pero seducida por el encantador de serpientes de turno. No vale convocar referendos no previstos en el ordenamiento jurídico, ni otros atajos de semejante índole. Sus resultados han demostrado un pulso sin sentido, además de constituir un derroche criminal en uno de los países más pobres del mundo.

Frente a la "democracia de las estadísticas" de moda —esa que sólo aspira a contar votos a favor y en contra, que no conoce de consensos y se siente autorizada, mediante un sistema de consultas democráticas, a desmontar la democracia misma— , no funciona otra "democracia a la carta".

Evo, Hugo y Rafael han aprovechado la insatisfacción crónica de Bolivia, Venezuela y Ecuador para gobernar a golpe de referendos, como si en el instrumento, por sí solo, la esencia del sistema estuviese garantizada. Pero ninguna de estas naciones, por desgracia, se parece a Suiza.

La salida de Bolivia pasa por denunciar y explicar los peligros de aprobar la Constitución oficialista, y no por colapsar pueblos enteros, muchos de ellos ya desabastecidos de alimentos y combustibles.

Un hombre inteligente como el ex presidente y ex candidato Jorge Quiroga lo tiene claro. Por eso no está en la calle detrás de neumáticos o sacos de piedras, sino donde debe: en el escenario político. Los prefectos opositores deberían hacer lo mismo.


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