Carlos Otero, el ICRT y la carne de puerco
Jorge Ferrer | 13/12/2007 15:55
«¡Carlos Otero!», vocean. «¡Bienvenido!», se desgañitan.
El despliegue del Canal 41 es comprensible. Acaba de ganar –canal célebre por la tacañería de sus pagos- a notable practicante del tipo de humor que promueve: un humor básico y estridente, un humor que a falta de complicada taxonomía, se suele llamar «pujo».
Cercana la Navidad, ya se les apareció «estrella». ¿Que viene del firmamento del Instituto Cubano de Radio y Televisión? ¡Pues, mejor! ¡Un héroe! ¡Uno que huyó de la tiranía!
Algunos, sin embargo, poco avisados de la programación de la televisión cubana no conocen bien a la rutilante «estrella». Otros, yo mismo, tenemos de Carlos Otero una idea tan básica como su humor. Se trata de un tipo que lleva un cuarto de siglo trabajando en el ICRT, es decir, cobrando de organismo represor, censurador y divulgador cotidiano de la mentira sobre el exilio –la «mafia de Miami»- y el oprobio hacia los opositores cubanos –los «mercenarios de la Oficina de interese…». Un tipo que trabajaba en tándem con la Mesa Redonda. Era la válvula que el ICRT utilizaba para hacer reír a los cubanos, para darles circo, ya que no había pan. Y este Otero, por lo visto, cumplía con la tarea encomendada con notable éxito.
Cabía imaginar que llegado a Miami, Otero nos contara una historia con tintes soviéticos o nazis. Nos hiciera la crónica del chantaje a que lo sometían, las amenazas que recibía, el terrible acoso cotidiano que padecía.
Así, anoche me senté a ver la entrevista con Óscar Haza como si lo hiciera ante exclusiva del History Channel. Una entrevista, por cierto, en la que el de «A mano limpia» hizo gala de lo mejor de su estilo: hacer ristra de preguntas tan predecibles como las gracias de Otero y colar un par de cuestiones complicadas para esforzarse de inmediato en que el entrevistado no tenga que responderlas.
El Otero que se asomó anoche a las pantallas del exilio parecía un director de casa de cultura municipal. Dijo que en el pasado sentía admiración por el «régimen de Fidel Castro», porque no tenía información. ¿Que cómo la obtuvo, por fin? Pues, gracias al Canal 41, claro.
Ufano, Otero contó que durante el período especial, el ICRT –es decir, el partido, el gobierno, etc.- le encargó hiciera el especial de fin de año: «Toda Cuba estaba hipnotizada. Se olvidaron de que no tenían carne de puerco», dijo.
¿Que si le pagaban por eso? Era de los mejor pagados en toda Cuba, alardeó.
¿Y el Minint? ¿Lo acosaba el Minint? Pues, resulta que no. Lo llamaron una sola vez, ¡en 1989!, para pedirle que les avisara si escuchaba algún rumor de atentado contra Fidel Castro, de quien dijo «creo que le decían “El Caballo”».
Por último, al ser preguntado por el paso por la cárcel de Salvador Blanco, con quien trabajaba en 1981 y a quien sustituyó, Otero explicó que apenas tenía «diferencias artísticas» con su compañero enviado a presidio y que aquel affaire le abrió los ojos sobre la naturaleza del castrismo.
Todo aquel que todavía estuviera escuchando la jabonosa entrevista al presentador del ICRT, al Randy gracioso, se habrá preguntado cómo fue que en 1981 se percató de la brutalidad del régimen y fuera a partir de ese año -¡hace un cuarto de siglo!- que comenzara su rutilante carrera televisiva. ¿No había sido el Canal 41 quien le llevó el Evangelio?
A mí que pujón del ICRT, carpintero de Placetas o pescador de Batabanó salga de Cuba y pueda dedicarse a ejercer su oficio, u otro, en Tegucigalpa, Estambul o Miami, me parece magnífico.
Que la gente escape de la tiranía y viva en libertad me parece una suerte.
Que abandonen Cuba personajes allá célebres con la consiguiente irritación de los esbirros, me parece requetemagnífico.
Pero que se conceda categoría de héroe a un vividor del castrismo y activo colaborador con la política de enajenación que persiguen los programas humorísticos de la televisión cubana, me parece, cuando menos, motivo de risa. Es la única risa que me ha arrancado jamás el tal Otero.
Felicítense, eso sí, los valedores de la reconciliación entre cubanos. Canal 41 acaba de demostrar cómo el mercado es la herramienta suprema de la reconciliación.
«Nunca me gustó estudiar: ¡no se lo recomiendo a nadie!», dijo ayer el «cómico» ante un aquiescente Haza. Pues a mí –ya se habrán dado cuenta-, nunca me gustaron estos payasos, ni mucho menos me sirvieron de sustituto del lechón asado.
¡No se los recomiendo a nadie!
En Youtube, la entrevista con Haza y la posterior aparición de Otero en La Cosa nostra. De éste último, lo admito, no conseguí soportar más que unos breves minutos. Ambos, en el tubo, por cortesía de Baracutey cubano.
UPDATE:
Cortesía de Zoé Valdés y Ricardo Vega, este corto magnífico, El informe, rodado en Cuba en 1990. Dirigido por Ricardo, aparecen también Juansí y Jorge Crespo, todos ellos integrantes de ARDE, Arte y Derecho, uno de los más atrevidos proyectos de La Habana de los ochenta. Una joya, de veras.
Léanse en el blog de Zoé unas palabras sobre la historia del cortometraje.
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 14/12/2007 0:15
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