El Tono de la Voz | Jorge Ferrer

Casos y cosas del biscastrismo

El reto de tratar un sistema económico caduco, manifiestamente ineficaz y esencialmente represor de la iniciativa individual, como a un adolescente problemático. Suponer que bastan un poco de disciplina y algún que otro estímulo para enderezarlo. Esa es una de las ilusiones del biscastrismo. El castrismo 2.0.

El discurso de Castro II ayer mostró un par de cosas que vale la pena anotar. O tres.

Primero, que Raúl Castro está dispuesto a corregir males de la sociedad cubana que tendría que enmendar igualmente cualquier gobierno del poscastrismo. Tal es el caso del colapso del sistema de seguridad social. Ya lo he dicho aquí: que sean los comunistas quienes enmienden males endémicos generados por ellos mismos es una suerte para el futuro gobierno poscastrista. Imaginemos por un instante que se produce un proceso de democratización en la isla y que el nuevo gobierno decide alterar la edad de jubilación –algo a todas luces necesario por mero efecto demográfico–: ¡escándalo! ¡neoliberalismo! ¡explotación! ¡la gente pa’ la calle! Buen saldo, pues, para el futuro por improbable que sea.

Segundo, el Raúl Castro que vieron ayer los cubanos, el «General de Ejército», que le dijo por costumbre Ulises Rosales, no es «el Comandante». Y aquí cuesta decidir si para bien o para mal. O si da lo mismo. Hay detalle que puede tener cierta importancia. Fidel Castro no tiene sentido del humor, ni lo tuvo jamás. En términos de su trato con los demás, es el clásico pesáo.

Raúl Castro, en cambio, posee una cualidad que los cubanos detestamos. Es también un pesáo pero uno que se cree gracioso: es un bofe, un sangrón. Sus «chistes» de ayer fueron torpones y mal armados. Y eso en discurso donde no daba a los cubanos que esperan cambios más que el de cinco años más de vida laboral, anuncio de estrecheces mayúsculas por venir y apenas la idea, no es más que una idea, y manida, de que la propiedad cooperativa no está reñida con el socialismo. Una idea sin consecuencia alguna para la población urbana de Cuba. Con ese discurso, y su sangronería, perdió ayer la confianza de mucha gente que esperaba algo de él.

Tercero, el biscastrismo se ha encontrado con una crisis mundial que afecta al planeta entero. Los efectos de esa crisis se sienten en EE.UU. y en España. Todavía más en las economías dependientes. Aparte del alza de los precios de alimentos y combustibles, la crisis incidirá también en la disminución del volumen de remesas que enviamos los exiliados. Por lo tanto, Raúl Castro y sus secuaces –siempre con Juana Bacallao– no mienten al referirse a la manera en que la crisis mundial condiciona el proceso de reformas de la economía cubana. La cuestión radica en si preferirán tomarla como excusa para refrenarlo o como motivación para acelerarlo. Lo segundo no sería nada descabellado: la necesidad de desatar las fuerzas productivas para enfrentar el período de crisis económica avalaría el reconocimiento de la iniciativa y la propiedad privadas, sin que ello fuera visto como una capitulación. La crisis serviría de muy buena excusa, si de veras tuvieran la voluntad de reformar la economía cubana.

Esa posibilidad, aunque remota, queda todavía abierta. El año y medio que transcurrirá hasta el Congreso del PCC será durísimo -no hacía falta que lo anunciaran ayer desde la tribuna- y la incapacidad del estado para satisfacer demandas de consumo tenderá a crecer. Que ello se traduzca en la apertura decidida hacia otras formas de propiedad en mucho dependerá, como siempre, de la capacidad de los cubanos para protestar y exigir masivamente, un capítulo en el que hemos suspendido siempre. Y de la capacidad del estado represor para imponer el silencio a través del terror, un capítulo en el que la DSE ha aprobado siempre. Aun así, vivir para ver.

 

James Petras se rebela contra Fidel Castro con toda su rabia a propósito de las FARC: «la historia no lo absolverá». Ya antes se ganó el mote de hiperrevolucionario. Ahora ya no recibirá del ICAP ni e-mail por el 1 de enero.

 

De contra:

Cortesías:

En Le blog des blogs, de la revista Courrier International, el periodista iraní Hamdam Mostafavi dedicó ayer un post a blogs escritos por cubanos.

También lo hizo un día antes Guillermo Pardo, periodista coruñés, en Migramundo.

Agradezco a ambos sus buenas palabras para con El Tono de la Voz.


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