El Tono de la Voz | Jorge Ferrer

El fin del mundo (de Castro I)

«Lo mejor siempre será el optimismo. No queda otro remedio. Por eso hablé un día de una especie en peligro de extinción.»

El bueno de Fidel Castro. Siempre dando alegrías desde su avasallador optimismo. Como si no tuvieran suficientes cosas que lamentar los cubanos -sus cincuenta años de ensañamiento contra Cuba y los cubanos, por ejemplo. Encima tienen que aguantar sus letanías sobre el fin de la humanidad. Asistir a la conversión del dictador comandante en Profeta.

El guión de estos años de sobrevida de Castro I parece urdido por mentes muy complejas. Si no fuera porque la propia existencia de Fidel Castro es prueba de la inexistencia de Dios, podría verse algo divino en ese Profeta oculto a la vista del pueblo, a cuya vera acuden apenas unos pocos elegidos, que lo califican de "lúcido" (eso dijo Evo, El-hombre-que-pudo-haberse-llamado-Adán) o "cariñoso", que dijo García Márquez (o su mujer). Un Profeta que va desparramando sus "reflexiones" por todo el planeta en delirante sucesión.

Barba, delirio, ocultamiento, fin-del-mundismo, un pasado discutido con fiereza entre sus adeptos y sus detractores, muchos de los últimos apóstatas del castrismo: lo tiene todo.

Es curioso el afán por los discursos fin-del-mundistas que ha mostrado el Profeta desde que su decadencia física lo hace atisbar su propio fin. Dueño de un país por medio siglo, figurón de la política mundial durante ese mismo tiempo, verse morir le despierta un deseo febril de imaginar que con él se muere también el mundo.

Probablemente también siga la información del Near Earth Object Program.

 

En la edición de The New Yorker, cuya portada se encaramó ayer a todos los periódicos, Making It. How Chicago shaped Obama, de Ryan Lizza. Trae divertido diálogo entre Obama y el senador Rickey Hendon en 1989:

HENDON: Senator, could you correctly pronounce your name for me? I’m having a little trouble with it.
OBAMA: Obama.
HENDON: Is that Irish?
OBAMA: It will be when I run countywide.

La portada juega a reinventar ese diálogo imaginando algo como esto:

X: Is that Muslim?

OBAMA: It will be when I run worldwide.

Pero Barack Obama, no se lo olvide, es cualquier cosa menos un musulmán. De hecho, su conversión al cristianismo lo hace, a los ojos del Islam, un apóstata. De manera que merecería todas las muertes. Ya alertaba Edward N. Luttwak en el NYT que un Obama presidente implicará un reto inédito para los servicios de seguridad cada vez que visite un país islámico. Será un blanco doblemente codiciado.

Por otra parte, la exagerada reacción contra esa portada pone de manifiesto una faceta de Obama intolerante y acomplejada. Por exenta de sentido del humor.

A mí, por cierto, me sigue pareciendo que la mejor parodia de Barack Obama es la que lo retrata como al Borat de Sacha Baron Cohen.

 

El presidente ruso se ha reunido este mediodía con los altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores y un gran número de embajadores rusos que viajaron a Moscú para la ocasión. Medvédev expuso las que serán las líneas maestras de la política exterior de su gobierno, una suerte de neoimperialismo light.

Cuba y Venezuela, que apuestan por relaciones cada vez más estrechas con el Kremlin se quedaron sin regalito. Más bien, todo lo contrario. Entre el puñado de países con los que Moscú quiere reforzar sus relaciones y nombró el presidente hay dos de América Latina: México y Brasil. Y punto.

Aunque hubo más, sin dar nombres, Medvédev recordó el imperialismo diplomático que pactico la URSS durante la Guerra fría en términos diáfanos:

«Estamos hartos de hacer inversiones ideológicas. Como saben, las hicimos antes, y sabemos muy bien qué nos reportaron.» Es dinero «gastado infructuosamente para sostener a regímenes corruptos. Eso no volverá a suceder en el futuro.»


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