El Tono de la Voz | Jorge Ferrer

El hambre del verano

Se recordará a ese Ricardo Alarcón de Quesada, quien justificaba frente a aquel estudiante de la UCI que a los cubanos no se les permita viajar libremente al extranjero. La pregunta era facilita, pero Alarcón se salió con aquello de la enorme «trabazón que habría en los aires del planeta».

Ayer tuvo nueva ocasión de imaginar disculpas. Creaban la Comisión Agroalimentaria de la Asamblea del Poder Popular y era obligado, claro, hablar del desastre de la agricultura cubana que han padecido los cubanos durante el último medio siglo. De la falta de caldero, vaya. ¿Que a qué se debe? Según Alarcón, la culpa la tiene «el eterno verano de este país».

Fray Luis de León escribió un delicioso libro que se titula De los nombres de Cristo. Es un catálogo de los apelativos que recibe el Nazareno. Sin tiempo ahora para verificarlo, me parece que glosa casi un centenar. Algunos muy pintorescos.

Podría hacerse también un catálogo con los nombres del desastre cubano y todo el andamiaje perifrástico que evita denunciarlo. Allí entrarían, por la C, «Caballo» y «Caguairán». Y el apellido que justifica la existencia del libro. Castro, que no Cristo.

De Alarcón habría hasta foto. Esa Comisión, dijo, será "la niña de los ojos" del parlamento. A ver cómo se las arregla la muchachita con la neuropatía óptica, otro eufemismo.

 

En la sección Acuse de Recibo en Juventud Rebelde, un testimonio de alguien que recuerda mejor que Alarcón el por qué del hambre:

Felicia Domínguez es una campesina de la comunidad Valle Elena, de Santa Cruz del Norte, provincia de La Habana. Y me escribe en nombre de un grupo de agricultores que entregaron sus tierras para colectivizarlas, y se incorporaron a las tareas de la Revolución. Relata la señora que, en aquel momento, la pensión que les otorgaron era modesta, pero justa para entonces. Y, sin embargo, ahora percibe que siguen aumentando las pensiones de los jubilados del sector estatal, y ellos ven devaluarse cada vez más la exigua suma que reciben. «No quiero morirme pensando que se han olvidado de los que un día entregaron lo que tenían y se incorporaron a la lucha diaria», concluye Felicia.

 

En El Nuevo Herald, Rolando Veitía, entrenador del equipo femenino de judo, ha hecho las declaraciones más sensatas que he leído jamás a funcionario cubano tratándose de estos menesteres. Sorprenden por la manera en que abandonan la retórica cuartelera del castrismo. Al «Gallego» Fernández no le van a gustar Veitía. No le van a gustar nada.

Como es sabido, una de las yudocas que viajaron al torneo en Miami, Yulisel Laborde, decidió permanecer en los Estados Unidos. «Nosotros esperábamos una huída masiva, tal como pasó con la selección de fútbol en el preolímpico. Que sea una sola atleta no está tan mal», dijo Veitía. «La verdad es que no esperaba esto precisamente de ella, luchamos para que pudiera venir aquí y ya ves, le deseo que le vaya bien.»

Esperaba una huída masiva y le desea lo mejor a la quedada. Tengo para mí que Veitía no va a poder viajar a Beijing. Si, por el contrario, esas declaraciones no tiene la menor consecuencia, habrá que convenir que Fidel Castro ya pasa muchas más horas acostado que sentado en el sillón con alzaderas.

Por cierto, ¿se imaginan un encuentro entre Yulisel y Miguel Saavedra, el de Vigilia Mambisa? Ah, ¡qué ippon!

 

De contra:

El New York Times trae hoy magnífico reportaje que demuestra que los teléfonos celulares sí pueden ser un motor de cambio.

En el Golfo… pérsico.

A cellphone picture of Alia’s fiancé — a 25-year-old military man named Badr — was passed around, and the girls began pestering Alia for the details of her showfa. A showfa — literally, a “viewing” — usually occurs on the day that a Saudi girl is engaged…

Later that evening, over fava bean stew, salad, and meat-filled pastries, Alia revealed that she was to be allowed to speak to her fiancé on the phone. Their first phone conversation was scheduled for the following day, she said, and she was so worried about what to say to Badr that she was compiling a list of questions…

“Ask him what kind of cellphone he has, and what kind of car,” suggested another. “That way you’ll be able to find out how he spends his money, whether he’s free with it or whether he’s stingy.”…

According to about 30 Saudi girls and women between ages 15 and 25, all interviewed during December, January and February, it is becoming more and more socially acceptable for young engaged women to speak to their fiancés on the phone, though more conservative families still forbid all contact between engaged couples…

And certainly, practices like “numbering” — where a group of young men in a car chase another car they believe to contain young women, and try to give the women their phone number via Bluetooth, or by holding a written number up to the window — have become a very visible part of Saudi urban life.

A woman can’t switch her phone’s Bluetooth feature on in a public place without receiving a barrage of the love poems and photos of flowers and small children which many Saudi men keep stored on their phones for purposes of flirtation. And last year, Al Arabiya television reported that some young Saudis have started buying special “electronic belts,” which use Bluetooth technology to discreetly beam the wearer’s cellphone number and e-mail address at passing members of the opposite sex.

 

UPDATE:

Armando Tejuca me avisa de vídeo que subió a Youtube en 2006 repasando los sucesivos motes de Castro I.

Aquí va. Gracias, Tejuca.


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