El Tono de la Voz | Jorge Ferrer

Héctor Palacios y Gisela Delgado en Nueva York + Update

Teresa Cruz estuvo presente en la charla que dieron el pasado viernes los disidentes cubanos Héctor Palacios y Gisela Delgado en una sala de conferencias del diario The New York Times.

Héctor Palacios fue uno de los opositores procesados en la llamada Causa de los 75 en 2003. En diciembre de 2006, a Palacios le fue concedida una licencia extrapenal por razones de salud y viajó a España con su esposa, Gisela Delgado, una de las más conocidas Damas de Blanco.

Más tarde, anunció su propósito de regresar a Cuba a finales del mes de julio en curso para retomar su actividad opositora. El viaje ha sido pospuesto para el próximo septiembre.

Sigue la crónica del encuentro que Teresa Cruz ha escrito para los lectores de El Tono de la Voz, y le agradezco.

Ya antes publiqué aquí su «Defensa de Héctor Palacios», que recomiendo a quienes no la hayan leído entonces.

Marabú en el cerebro

Por Teresa Cruz

Poco antes del comienzo del shabbath, exactamente a las 7:00 p.m., iniciaron Héctor Palacios Ruiz y Gisela Delgado Sablon una plática sobre el futuro de Cuba en una sala de conferencias del New York Times en el corazón de Nueva York.

Ellos dieron inicio a un debate sobre el cambio político en Cuba y el ejercicio de los derechos humanos en la isla a la que ellos regresarán próximamente y de la que no han estado ausentes.

Muchos de los que tampoco han estado ausentes, pero viven en exilio, acompañaron a Héctor y Gisela en este análisis libre y profundo de la situación en Cuba.

Había un silencio de claustro cuando inició sus palabras Héctor Palacios Ruiz, un silencio alentador, respetuoso; no era el silencio inhumano de las tapiadas, era el cálido silencio de quienes escuchan a dos cubanos que han arriesgado sus vidas por eso que llamamos nación, patria y que nos conmueve a todos las entrañas del ser. Eso es lo que entregan Héctor y Gisela día a día, su ser.

Esa entrega ya ha dejado una huella. Héctor, Presidente del Partido Liberal de la República de Cuba fundado en 1989, y Gisela, Directora del Proyecto de Bibliotecas Independientes y fundadora de las Damas de Blanco, explicaron a una nutrida audiencia la visión que tienen de la realidad cubana.

Gisela subrayó la importancia de la lectura libre y enfatizó que el Régimen sólo ofrece la posibilidad de una lectura censurada. En el pasado año, 2.000.000 de cubanos ejercieron la posibilidad de leer libremente a través de las bibliotecas independientes.

Héctor explicó que este es el momento de los cambios, que se van a producir de todas formas, porque el pueblo cubano se despojó de la careta del terror pero aún tiene la del miedo. Uno de los catalizadores del cambio es la desaparición física de Fidel. Héctor también se refirió a una reciente encuesta en la que se refleja que el 68.6 por ciento de los encuestados favorecerían a la oposición si las elecciones se realizaran hoy mismo.

La situación en Cuba es tan difícil -expresó Héctor- que es un país que incluso vive sin gobierno, porque Raúl preside las instituciones del gobierno, pero Fidel es el Secretario del Partido que es la institución dirigente en un esquema socialista. Enfatizó que la economía del país es un desastre, nunca en Cuba estuvieron las tierras cultivables llenas de marabú. Así están la industria, los servicios, la vida cotidiana. Lo peor es el marabú que hay en la mente del gobierno, sostuvo.

Héctor dijo que los documentos mas censurados en Cuba son la Constitución del 40 y La Historia me Absolverá. ¿Qué más se puede decir?

Al final, Héctor, de forma sencilla y emotiva, sugirió que cantáramos el himno nacional. !Qué momento!

Gracias a Héctor y a Gisela por lo que son y hacen, gracias a ellos por estas horas, por esta dádiva generosa. Y gracias a Iraida Iturralde y Bob Kent por el espacio.

Fotografías: Teresa Cruz.

 

UPDATE:

Apenas ahora he podido leerme cuidadosamente el artículo de David Rieff de hoy en el NYT sobre el paisaje electoral en el Sur de la Florida.

Dos apuntes:

“This community has always been caricatured”, cita Rieff a Eduardo Padrón. Lo hace desde la certeza de que él, Rieff, salva por fin esa trampa.

No me parece lo haga: la «Miami Spring» o la «Cuban-American glasnost» que describe son también caricaturas, por parcialmente válidas que sean las razones que lo conducen a esos nombres. Se trata, por cierto, de cambio en la sociología del exilio de la que se ha escrito ya de sobras. Rieff, por lo tanto, ha descubierto un agua tibia, sobre cuya temperatura no hace más que especular. En ese cubo, el termómetro entrará en noviembre.

Más: la negativa de Mario Díaz-Balart a ser entrevistado para este reportaje por tratarse, dijo una de sus ayudantes de prensa, del «left-wing New York Times» es de agradecer. Piénsese en la peor: pudo haber respondido que no concedía entrevistas al hijo de Susan Sontag, esa comunista de mierda. Y eso se habría leído hoy en el Times. Y habría quedado feo, la verdad. Lincoln, su hermano, ni siquiera respondió a la llamada. Más allá de las razones que los asisten en cuanto a su idea del NYT, otra es la idea que surge: ¿de veras estos tipos que se niegan a hablar con un periódico por su inclinación hacia la izquierda ayudarán en algo en el imaginario foro de una Cuba democrática?

Pero lo que me hace lamentar haber tenido que posponer hasta esta hora la lectura del Will Little Havana Gone Blue?, de David Rieff, es la pregunta de los 24.000 pesos que formula Marco Rubio: «What makes Cubans different from Haitians who come here or anyone else if they go back and forth, that is to say, if they’re not exiles at all?»

Una pregunta que esta noche me quitará el sueño: ¿Qué nos diferencia de los haitianos? ¿Me sosegará responderme que la práctica del vudú?

¡Mira que es desasosegante la intervención de los políticos en el campo de la antropología!


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