Miscelánea poscomunista
Jorge Ferrer | 10/05/2008 13:10
La Jiribilla trae hoy la contrarréplica de Elizabeth Díaz González al sal-pa-fuera de Rinaldo Acosta discutiendo y vindicando méritos en la publicación de textos de teoría y crítica literaria en la editorial Arte y Literatura.
La polémica, algo subida de tono para lo que se suele tolerar el milieu intelectual cubano, tiene el encanto del ridículo. Que si uno publicó a Losev y la otra a Slavov, que si Lotman es mío y Nóvikova es tuya, etc. Cualquier editor que conozca siquiera de oídas lo que trasegaba el pensamiento estético y crítico en Occidente en los largos años en que esos funcionarios se dedicaban a hurgar en el cubo de la basura del pensamiento antiburgués a ver qué ofrecían al lector cubano, debería, por lo menos, callarse su curriculum.
Pero lo interesante del asunto es que se trata de una típica polémica poscomunista. Dos funcionarios del aparato editorial de una dictadura marxista se disputan sus méritos como adelantados de la apertura y valladares contra el pensamiento de la metrópoli comunista.
Debates de esos, veremos unos cuantos.
Elizabeth Díaz, uno
Rinaldo Acosta, dos
Elizabeth Díaz, tres
Corría una anécdota acerca de arquitecto húngaro que invitado a La Habana recorrió la ciudad y confesó a su acompañante –en mi memoria, Alejandro Ríos, pero puedo equivocarme– que la ciudad era hermosa, pero se veía claramente cuánto había sufrido los bombardeos en 1961.
Apócrifa o no esa anécdota, lo cierto es que la embajadora de Polonia en Cuba, Marzenna Adamczyk, acaba de establecer posbélico paralelo entre Varsovia y La Habana similar al del húngaro. Y lo ha hecho ante micrófonos. ¡Son un peligro estos enviados del poscomunismo!
Entresaco de la crónica en Opus Habana:
Al referirse a la importancia de la Semana (de la cultura polaca), la diplomática consideró que constituye «un vínculo, un puente que nos une ya que la Ciudad de La Habana está en plena reconstrucción, intentando recuperar lo perdido, lo devastado, lo arruinado…». En apenas unos ocho meses de estancia aquí, dijo, ha sido testigo del progreso experimentado, por ejemplo, en el rescate de palacetes y viviendas del malecón habanero.
Llegada a Cuba en septiembre de 2007, esta «varsoviana de pura cepa» —según confiesa— catalogó de «un honor la posibilidad de presentar mi cultura, mi tierra, mis paisajes preferidos, mi ciudad preferida…»… luego de concluir la proyección del documental Varsovia no lo olvidará de Maria Kwiatkowska, que recoge imágenes de archivo sobre la destrucción del 12 por ciento de la capital polaca durante la ocupación alemana de 1939 a 1945 y su posterior restauración.
El corto fue presentado en el teatro de la Biblioteca Pública Rubén Martínez Villena por el Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal Spengler, quien se refirió al valor del patrimonio cultural universal y cómo, al finalizar la II Guerra mundial, surgieron escuelas de restauración en Europa que trataron de preservar a ultranza la memoria de lo perdido.
De una de ellas, de la polaca, «más que aprender técnicas, aprendimos la voluntad de sacar hasta la última piedra posible y restituirla», a pesar de que algunas teorías vigentes en aquel momento repetían que lo casi perdido en las conflagraciones no debía volver a hacerse, sostuvo.
En sus declaraciones sobre el propio tema, Marzenna Adamczyk recordó que «expertos extranjeros consideraron que no tenía sentido rehabilitar la ciudad; que con tantos escombros y ruinas no se podía, que había que trasladar la capital de Polonia hacia otro sitio; que los polacos teníamos que buscarnos otra». Sin embargo, los varsovianos dijeron que no, que Varsovia se iba a quedar, añadió. Y eso fue precisamente lo que hicieron, expresó para significar que el proceso de reconstrucción está aun inconcluso.
No nos abandona, sin embargo, la estética soviética que desvela a los polemistas en La Jiribilla. La hubo de sobras en el desfile en la Plaza Roja que le ha costado 1.400 millones de rublos a la ciudad, tras el paso de maquinaria militar sobre el asfalto. Alardes poscomunistas.
Y la hay en el clip con que The Last Shadow Puppets anuncia The Age of Understatement. Para esos muchachos la Guerra Fría y la Batalla de las Termópilas tienen exactamente el mismo peso. O sea, ninguno que rebase la categoría de evento estético.
Cortesía de Seaweed W.
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 10/05/2008 13:34
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