El Tono de la Voz | Jorge Ferrer

Rumores crecientes

El rumor de mañana

Por Jorge Ferrer

Sucedió hace unos días: dos empleadas de agencias de viajes intercambiaban comentarios por la línea de chat que utilizan habitualmente para su trabajo. Una lo hacía desde San Petersburgo; la otra, desde Barcelona. Se había producido un alza en el precio de un cupo de billetes aéreos que llevaban días negociando. ''Ya sabes: la crisis'', escribieron desde Barcelona. ''¿Crisis? ¿Qué crisis?'', hubo sorpresa en San Petersburgo. ''¿No sabes lo de la crisis?'' ''No. Pero ¡cuéntamelo, cuéntamelo!'', se animó la rusa.

No se trata de un intercambio ficticio, y aun cuando uno ha de pensar que la empleada de la ciudad del Báltico vive de espaldas a los periódicos, lo que me sedujo del relato fue la curiosidad que mostró por enterarse de una crisis de la que no tenía noticia. Una vez informada, ya será otra más en este mundo que se desvela por una crisis que va generando noticias con rumbosa asiduidad. También se convertirá en otra propagadora de la mala nueva.

Las noticias, en efecto, suenan preocupantes a ambos lados del Atlántico. Mucho más preocupantes suenan en Africa, amenazada con la merma de la ayuda al desarrollo por parte de las potencias económicas mundiales. Incremento del precio de los servicios financieros, retroceso del valor del dólar frente al euro, galopante desempleo, correcciones a las tasas de crecimiento previstas. El creciente costo de los alimentos, la amenaza de un colapso alimentario en China y la India dentro de pocos años y el precio del barril de petróleo encaramado a números que parecerían escalofriantes si no fuera porque el presidente de Gazprom, el gigante petrolero ruso, ha dicho que alcanzará los 250 dólares en año y medio, son pavorosas guindas al inquietante e indigesto pastel del porvenir.

Entre quienes minimizan la gravedad de la crisis y los discursos apocalípticos --piénsese en ese Fidel Castro devenido profeta del fin-del-mundismo--, lo cierto es que la civilización humana se ve ante un reto que pone en cuestión el modelo de crecimiento que ha conocido desde hace al menos tres siglos. Un modelo que parece agotado como la paciencia de Mendel Singer, el Job de la novela de Joseph Roth.

A veces los árboles no dejan ver el bosque, se suele decir para animar a alguien a adoptar una visión amplia y escapar de la estrecha tiranía de los particularismos. ¿Qué hacer, sin embargo, cuando es el bosque entero el que amenaza con arder? ¿Traen las Páginas Amarillas el teléfono del servicio de bomberos?

Las discrepancias en torno a la responsabilidad de la crisis --la identidad del pirómano-- ha dividido en bandos a expertos y afectados. Los hay que señalan a los Estados Unidos. Otros apuntan hacia China e India, dos países que están sumando a millones de consumidores a la fiesta de la prosperidad, siquiera relativa. Hay también quienes discuten la existencia misma de una crisis --aquí en España, José Luis Rodríguez Zapatero huyó hasta hace unos días de la palabra ''crisis'' como quien cree que con silenciar un fenómeno se lo conjura.

Pero más allá de responsabilidades e irresponsables, lo cierto es que el modelo económico sobre el que se ha sustentado la civilización humana durante los últimos siglos está topando con frenos de variada índole. Llamadas de alerta. Estridentes alarmas. Y todos las advertimos a diario. Las notamos aquí en Occidente: las hipotecas, el precio de la gasolina y los alimentos. También, y más dramáticamente, llega el rumor a los más desfavorecidos.

Algunos piensan que los encargados de apagar el fuego somos todos los nombres contenidos en la imaginaria guía telefónica global a la que aludía antes. A todos corresponde abrir urgentes cortafuegos, mientras reconducimos la economía mundial y la idea de progreso por sendas menos gravosas que las que nos han traído hasta aquí, que bien, pero nos podrán llevar a un mañana insoportable para muchos. Acaso para todos.

En torno a 800 millones de personas viven hoy en la miseria. Según los demógrafos, en el 2050 los habitantes de este planeta rondaremos el número de 9,000 millones.

No cabe duda de que para entonces, e incluso mucho antes, el rumor de hoy se habrá convertido en rugiente clamor. Uno que llegará hasta San Petersburgo y más allá, sin necesidad de avisos a través de una línea de chat.

«El rumor de mañana» aparece publicado en la edición del día 16/07/2008 de El Nuevo Herald, Miami.

 

De contra:

Ileana de la Guardia, hija de Antonio de la Guardia, coronel fusilado en 1989, reacciona hoy en El País a nota de Zoé Valdés y a referencias a su padre y a su tío, Patricio de la Guardia, en el último libro de la autora de La nada cotidiana.

«Desde hace 18 años vivo en el exilio y mi dolor sigue intacto, pero me esfuerzo por llevarlo con nobleza y dignidad, como tantas otras víctimas. Por eso quiero que en mi país el odio y la intolerancia sean, por fin, solo parte del pasado», escribe.

Aunque lastrado por un «pero» que chirría -más preocupantes le parecen a De la Guardia las «conclusiones» de Valdés, dice, que el suplicio de René Ariza: una muy equivocada inversión de la jerarquía del interés–, vale la pena atender a este artículo al menos por una razón. A saber, la manera en que pone sobre la mesa una posición compartida por muchos hijos de altos dirigentes del castrismo que son o fueron responsables directos de la represión. En el caso de Antonio de la Guardia fue también victima él mismo, como lo es su hija.

El llamado de Ileana de la Guardia a «un cambio sin venganza» en oposición al supuesto revanchismo de la nota de Valdés –y digo supuesto porque no consigo localizarla a partir de la cita contenida en el artículo– se inserta en el debate en torno a la «reconciliación» del que ya me he ocupado aquí. Vale anotar que la necesaria gestión de los agravios no ha de pasar por la venganza, es cierto, pero sí por la justicia y la memoria. También eso, por suerte, es un rumor creciente.

 

UPDATE:

Gameloft, primer distribuidor mundial de videojuegos para teléfonos celulares, anuncia lanzamiento el próximo agosto de Chuck Norris: Bring on the Pain.

El juego consiste en el enfrentamiento de Chuck Norris a un combinado de fuerzas comandadas por Fidel Castro y Kim Jong Il. Misión: derrotar el comunismo.

Dado el carácter mítico del que la subcultura freak ha dotado a Norris, no cabe duda de que esta vez sí que ganamos.

 

UPDATE:

Vía AdGabber, anuncio publicitario del ron Matusalén, que se vende como "The Spirit of Cuba".

La idea del anuncio: Fidel Castro expulsa de Cuba al ron. Los cubanos se lanzan al mar desesperados en busca del dichoso líquido. Los tiburones se comen a los cubanos que nadan en pos del Matusalén. Pero aun dentro del vientre del tiburón que los devoró en las aguas del Estrecho de la Florida, los cubanos bailan felices y contentos.

Un anuncio rotundamente ofensivo con la memoria de decenas de miles de cubanos.

Los tres anuncios de la campaña aquí.


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