Trini tiene una ovejita…
Jorge Ferrer | 29/11/2007 13:15
Canturreó Trinidad Jiménez en viaje hacia Miami:
Mary tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Zzzzzz. Mira que jode el zumbido de los aviones, pero ella:
Mary tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Después, repitió la cancioncilla en pase privado al que se accedió con la cara oculta. Gustó. Desde allí, se transmitió la buena nueva a los candidatos demócratas:
Mary had a little lamb
Whose fleece as white as snow.
And everywhere that Mary went,
The lamb was sure to go!
En La Habana, leyeron los cables y salmodiaron:
Mery tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Espantando de Annapolis, Moratinos recibió la llamada de Trini y se sumó al animado coro:
Mary tiene una ovejita,
blanquita como la nieve.
Dondequiera que va Mary,
siempre lleva su ovejita.
Me voy a trabajar. Balando, aunque a medias erecto. Es conato de lumbalgia, no encantamiento ovino.
UPDATE:
«Despatillado en un rincón del escaparate, los codos doblados contra el pecho y los brazos en rodajas, descansaba el Redentor, el sin pies ni cabeza. De las muñecas y los tobillos le salían garfios y del cuello, cortado a nivel de la nuez, un gran tornillo.
No tenía ni sexo ni rodilla. Lo cubría un barniz nacarado y por el vientre rosa viejo. Estaba carcomido. Olía a incienso y a naftalina. Por el costado herido se le veía una bisagra...
En un santiamén lo armaron. El Bruno le atornilló la cabeza, hasta que los dos hilillos de sangre que le corrían desde los ojos se continuaron con los del cuello. Rita le peinó la barba y con un buclero mojado de cerveza le retorció en la peluca de cáñamo varias conchas, que vino a sujetar una corona de alambre de púas. Auxilio lo perfumó con su «Atractivo y Vencedor». Sacó su sarta de imperdibles. Le pusieron un refajo de vuelos, crujiente de almidón, y sobre él, un poncho de rubíes y piedras del Cobre y caracoles ensartados. Se mantuvo en equilibrio, con su traje de luces, sobre sus pies planos, en medio de la sacristía.
Las Cristo's Fans se alejaron para contemplarlo. Cuando se volvieron, cayeron de rodillas.»
Severo Sarduy, «La entrada de Cristo en La Habana», en De donde son los cantantes.
Publicado en: El Tono de la Voz | Actualizado 01/12/2007 1:53
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