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Desde mi “radio de acción”

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La prensa informa del nuevo debate nacional “convocado por Raúl y el Partido”. Se dice que este proceso "no será exactamente igual'', pues esta vez estará dirigido a realizar un "análisis interno'' de "lo que ocurre en cada lugar'', identificar los problemas y sugerir soluciones. Así lo explica el Material de Estudio con las orientaciones para conducir –y saber conducirse- en esas asambleas. "Este análisis debe ser objetivo, sincero, valiente, creador, de intercambio'' en ‘‘la más absoluta libertad de criterios y "el respeto a las opiniones que puedan resultar discrepantes'', añade el citado texto.

Machado Ventura, cuando fue nombrado Secretario de Organización del PCC, impuso un principio disciplinario a los miembros del partido comunista: limitar sus observaciones críticas y propuestas al llamado “radio de acción” o entorno inmediato de los militantes. Ese es el criterio que, al parecer, regirá ahora esas “libérrimas” asambleas.

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, sin embargo, acaba de publicar en la revista Espacio Laical un lúcido y valiente texto en el que no se limita a quejarse de la baja producción de ostias para las misas dominicales, sino en el que reclama una reforma sustantiva del Estado cubano por medio de un cambio constitucional. Tiene por ello todo mi respeto. Esa es la actitud responsable que corresponde a un descendiente de patricios cubanos y sacerdote de una iglesia que llama cada día a servir con lealtad los principios de Cristo.

Como soy también parte de la nación cubana (porque allí nací) y ostento ciudadanía de esa isla – ya que no se me reconoce otra por las autoridades cubanas pese a que la actual Constitución los obligaría a ello- voy a responder a ese llamado “de Raúl y el Partido”. Pero a diferencia de Monseñor, lo haré refiriéndome a mi entorno inmediato como solicitan sus organizadores.

Deseo dejar registrados cinco planteamientos vinculados directamente a mi “radio de acción”, que son los siguientes:

1) El restablecimiento del derecho de todo ciudadano a migrar y retornar libremente al país o residir fuera el tiempo que estime pertinente y la consiguiente supresión, -inmediata, completa e incondicional- de los permisos de entrada y salida del país.

2) El cese de todas las represalias y acoso contra los que desean migrar hacia el exterior o dentro de Cuba.

3) La liberación inmediata e incondicional de los parientes que, como a rehenes, no se les permite la reunificación familiar.

4) La abolición del pago de trámites para ir a nuestro propio país o prorrogar nuestra presencia fuera de él y el reconocimiento del uso de pasaportes de aquellos países donde somos ciudadanos.

5) La reducción de tarifas telefónicas y de los impuestos sobre remesas, las cuales son las más altas del Hemisferio Occidental y de las más caras del mundo.

En buena lógica, si la privación de libertad de cinco cubanos en Estados Unidos es considerada tan importante por el gobierno de la isla, ¿por qué no dispensan igual prioridad a la situación de millones de cubanos cuya libertad de movimiento ha sido conculcada por casi medio siglo?



¿Hay comunistas en Cuba?

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Cuando cayó la URSS alguien comentó que el mayor error de la CIA en sus estimados sobre aquel país era no haberse percatado de que, desde hacía ya algunos años, no quedaban apenas comunistas en el PCUS. Dicho de otro modo: los militantes ya no eran creyentes del sistema entonces vigente ni compartían sus premisas ideológicas. Me pregunto si la eterna posposición del VI Congreso del PCC por los hermanos Castro se debe en parte a la sospecha que ambos albergan de que quedan pocos comunistas en ese partido que crean en la viabilidad del actual regimen en la isla.

El discurso del General Raúl Castro el pasado 26 de Julio muestra que la elite de poder cubana está consciente de que se inicia una etapa económica y social crítica, sólo comparable a la que se produjo a la caída de la URSS.

Pese a la gravedad de esa conclusión la cúpula dirigente aun no ha alcanzado un consenso –o si ya existe continúa bloqueado por Fidel- sobre el mejor plan de acción económica para enfrentarla. Las referencias a “planes” que se hacen en el discurso reducen ese concepto a un listado de buenos propósitos y acciones puntuales (ie, equilibrar la balanza de pagos, reducir gastos sociales y productivos). Pero esas directrices generales y medidas aleatorias no constituyen una ruta crítica ni concepción estratégica creíble que permitan navegar las actuales turbulencias mundiales y faciliten el cambio hacia un modelo sustentable de desarrollo económico y social. Ni siquiera tienen posibilidades razonables de ser aplicadas con éxito dentro del actual sistema.

El General ha hablado de la necesidad de delinear un modelo económico en indirecto reconocimiento al hecho de que el actual no funciona y de que hasta ahora no hay acuerdo sobre el que pudiese reemplazarlo. Por ello es de esperar que se sigan adoptando medidas ad –hoc en el terreno del ahorro y otras en relación a la esfera monetaria, pero sin llegar a los prometidos cambios de “estructuras y conceptos” por lo que ya lleva tres años esperando el país inútilmente.

En una frase que pudiera pasar por retórica pero no dejaría por ello de reflejar la incertidumbre respecto a los anclajes externos de Cuba, el General Raúl Castro dijo que “Lo que ocurra en Honduras será decisivo para el futuro de Nuestra América”. Los reiterados viajes de Castro a Argelia y Angola –países petroleros a los que Cuba ayudó de manera decisiva en el terreno militar – así como a Brasil parecen indicar que La Habana se está procurando alternativas en caso de que en meses venideros el ALBA retrocediese y Hugo Chávez confrontase problemas internos o regionales de alguna gravedad.

La constatación de que se avecina un tiempo de agravadas escaseces y penurias los pone de nuevo ante la cíclica disyuntiva de la sociedad cubana: represión o reformas. El discurso de Raúl Castro es ambiguo y escaso en indicios claros sobre el modo en que abordarían esta vez esa opción. La impresión que deja es que su respuesta estaría en línea con la que en el pasado ha impuesto su hermano mayor: hacer sólo aquellas concesiones inevitables, factibles de ser revertidas y que no debiliten el control político del caudillo sobre la sociedad.

El gobierno cubano debería comprender que no hay nada “antisocialista” en buscar solución a problemas vitales -como son los de la alimentación y vivienda- liberando las fuerzas productivas a través de actores autogestionarios situados fuera del estado. Pero si no lo entiende e insiste en criminalizar las soluciones en lugar de fomentarlas, debe disponerse a pagar el precio de aparecer como el innecesario verdugo de la población cuando arrecie la crisis. En tal caso, debe estar igualmente dispuesto a pagar las consecuencias de su opción.



Agujero Negro

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¿Recuerdan los cartelitos que rezaban “Cerrado por reformas” que aparecían ocasionalmente en puertas de comercios o teatros? Me vinieron a la mente cuando leía el brillante análisis del internacionalmente laureado académico cubano Carmelo Mesa Lago (El País, Julio 12, 2009) sobre la situación de la economía cubana. Allá la situación parece que será la inversa. Un día el país completo tendrá que “cerrar” -declarándose en bancarrota- por no haberse reformado oportunamente. Cuba se ha cerrado al cambio.

¿Como anda la economía cubana? Muy mal, según el experto. Mesa Lago subraya que si se cumpliesen los pronósticos de algunos “pesimistas” y se llegase este año a experimentar una tasa negativa de crecimiento de -0.5% ese seria “el peor desempeño desde 1994”

A esa inquietante perspectiva hay que sumar la información aportada por el corresponsal del periódico mexicano La Jornada en su despacho del pasado 19 de julio. Según las fuentes de Gerardo Arreola, ha surgido un agujero negro de unos mil millones de dólares en cuentas sin pagar a las empresas extranjeras que negocian con Cuba. Su artículo incluye la siguiente observación: “Esta crisis en el sector bancario no la vivió Cuba siquiera en los peores momentos de la década pasada, tras la caída de la Unión Soviética.”

¿Y las acciones gubernamentales ante este cuadro? Los prometidos cambios “estructurales y de concepto” siguen brillando por su ausencia. Las escasas medidas adoptadas tienen la misma celeridad y eficacia de quien pretende correr en un pantano.

De las 100,000 solicitudes de tierras estatales ociosas presentadas hace diez meses se ha tramitado el 73% pero han sido efectivamente entregadas en usufructo el 38%. La producción nacional de alimentos continua cayendo y ya el pasado año costo al país $1850 millones de Euros importarlos. La ya exigua cuota racionada continúa disminuyendo en la mesa familiar. El salario real sigue descendiendo pese a algunos incrementos nominales y el recién autorizado pago a destajo se aplica a menos del 20% de la fuerza laboral. Todo llega tarde y en medida insuficiente. Mercuro cromo y curitas para hacer frente a heridas profundas de rápido desangramiento.

La Constitución vigente en la isla otorga formalmente el máximo poder al Partido Comunista de Cuba. Por su parte los estatutos que rigen esa organización política conceden la suprema autoridad interna al Congreso del Partido. Pero ese máximo órgano de autoridad y poder es un cero a la izquierda al que nadie consulta desde el pasado siglo (1997). Su convocatoria para fines del 2009 parece haberse extraviado. Si finalmente se convocase sería un acto litúrgico, no un congreso. Después de todo, ¿para que realizar esa o cualquier consulta en un país donde sólo vale una opinión?

Las recientes purgas demostraron que incluso a la más alta tecnocracia se le tiene prohibido opinar. Ser “librepensador” sigue siendo una actitud problemática en el “socialismo” cubano. Ni Raúl Castro escapa a ese principio. Cuando lo olvida enseguida lo corrigen.

Sólo Fidel tiene licencia para tener y expresar ideas sin cortapisa alguna. Y mientras el pueda “reflexionar” el país habrá que cerrarlo por ausencia de reformas porque no las quiere ni le interesan. Por estos días, con su bien pertrechada alacena, está muy ocupado preparando la “insurrección” en Honduras por lo que no puede ocuparse de las mundanas inquietudes alimenticias padecidas por simples mortales.

IMPORTANTE AVISO A LECTORES Y AMIGOS

He cambiado desde el pasado dia 15 de julio mi correo personal.En lo adelante deben escribirme a:

jablanco96@gmail.com



CARTA AL GENERAL RAUL CASTRO

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General:

Las medidas anunciadas por el Presidente Barack Obama han sido acogidas con alegría por las familias cubanas. Los hijos verán a sus padres, los abuelos a sus nietos, los primos a sus tíos. Podrán apoyarlos económicamente con el fruto del sudor que derraman en otras tierras. Mirar esa realidad humana desde la retorcida lógica política de cualquiera de los bandos en este interminable conflicto es una imperdonable mezquindad. Dejemos a un lado las elucubraciones sobre quien gana o pierde, General. En esta ocasión ganamos todos los cubanos gracias al Presidente Obama. Pero usted no tiene por ello que considerarse “perdedor”. Aproveche que él ha dado el primer paso. Ya no tiene que temer lucir débil. Obama tuvo el coraje de iniciar otra lógica que en Estados Unidos no todos aprueban. Súmese ahora usted a esa lógica positiva aunque no todos la aprueben en Cuba. Que ese sea el primer paso para competir en quién puede mostrarse más constructivo y sensible en vez de más destructivo e indolente.

Usted dijo que en esta ocasión su gobierno exigiría un proceso de gesto por gesto. Muy bien. Le toca jugar a usted General. Como a menudo sospecha que los que disentimos de la actual realidad cubana somos anexionistas o plattistas tome nota de que nos dirigimos a usted en lugar de a un mandatario extranjero. Somos tan cubanos como usted, General, aunque tengamos perspectivas distintas sobre lo que más conviene al país. Por ello le planteamos algo muy simple: contribuya a la lógica de normalización de relaciones con Estados Unidos iniciando una normalización de relaciones entre cubanos. No nos referimos a los “de allá” y “los de aquí” sino a todos los cubanos que allá y aquí pensamos de mil maneras distintas pero aspiramos a un porvenir decente para el país. Sin una normalización de relaciones entre cubanos las otras serán mucho más complicadas.

Pensamos de modo diferente en demasiadas cosas General. Pero podríamos ponernos de acuerdo en una para comenzar en alguna parte: separar a nuestras familias por diferencias ideológicas es obsceno.

Castigar a las familias divididas gravando artificialmente sus remesas y comunicaciones telefónicas o teniendo de rehenes a algún pariente porque otro decidió establecerse fuera es criminal. Usted no inventó esa política y por ello puede ahora tomar distancia de ella como ya hizo su hija Mariela y el Congreso de la UNEAC. Ellos no son anticastristas ni anticomunistas, sino personas que reconocen el innecesario e inmoral gravamen impuesto por medio siglo a nuestras familias. Levántelo y le será reconocida su autonomía respecto a las más retrogradas fuerzas del momento tanto “allá” como “acá”.

El Presidente Obama tuvo un gesto hacia las familias cubanas, complételo usted ahora con un gesto propio: levante los permisos de entrada y salida del país, reduzca el costo de los trámites de viaje y las llamadas telefónicas y suprima el recargo del 20 % a las remesas. Gesto por gesto en favor de la familia cubana. Vale la pena.

Juan Antonio Blanco



Obamofobia

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La Obamofobia no es una patología limitada a los afiliados al KKK y algunos republicanos radicales. En Caracas y otras capitales se padece por igual de ese síndrome. La simpatía que irradia el actual presidente de Estados Unidos es motivo de profunda preocupación en los círculos de la izquierda autoritaria.

Por estos días, Chávez parece dedicado a concertar una acción durante la próxima Cumbre de las Américas dirigida a destruir la credibilidad y aminorar la atracción del presidente de Estados Unidos.

La popularidad mundial del nuevo ocupante de la Casa Blanca es de tal magnitud que Chávez y su inseparable abuelito en La Habana se han visto obligados a hacer alardes de hipocresía para que su mensaje sea, al menos, escuchado. Del Obama cómplice del “genocidio” contra el pueblo palestino, según una de las primeras “reflexiones” sobre el presidente estadounidense del Primer Secretario del PCC, ahora se habla de otro sincero y con buenas intenciones al que hay que tratar de ayudar. Lo que sucede es que el modo con el que se pretende “ayudarlo” es algo extravagante. Se le exige, por ejemplo, que demuestre su sinceridad y voluntad de cambios levantando unilateralmente el embargo y liberando de manera inmediata a los “Cinco Héroes”,

¿Confunden Chávez y Fidel el sistema constitucional estadounidense de poderes separados con el que reina en la isla, donde un hombre hace y deshace sin respetar ninguna norma jurídica? ¿Acaso lo que realmente se procura con esas demandas es “demostrar” que Obama es más de lo mismo porque no accede corriendo a sus reclamos?

La forma en que piensan “ayudar” al Presidente de Estados Unidos parece ser la de armarle un gran “escándalo” durante la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago en torno a la demanda del embargo. Para ello hay dos anillos de concertación “artillera”. El primero lo integra Chávez con sus homólogos de un grupo de países. Pero si bien el rechazo al embargo es una demanda ampliamente compartida, no lo es el deseo de arrinconar a Obama, por lo que los “duros” no están seguros del todo de hasta donde el resto de los participantes les permitirá llegar con su show en el foro multilateral.

El segundo anillo de presiones lo constituye la Cumbre de los Pueblos que –como es usual- va a ser instalada en Trinidad y Tobago como tribuna paralela a la de los jefes de Estado. Allí, además de los respetables representantes de organizaciones no gubernamentales legítimas, desfilarán también los activistas profesionales del radicalismo bolivariano, exigiendo definiciones inmediatas a Obama y “desenmascarándolo” por no levantar de manera unilateral e incondicional, el embargo a Cuba.

Es probable que la prensa -que detesta las Cumbres por aburridas e insulsas- se dé un festín reportando las confrontaciones folklóricas de los “duros” con los “blandos” y asegurando –para satisfacción de Chávez y su cómplice habanero- que los titulares de la Cumbre informen de “la primera derrota política de la actual Administración de Estados Unidos”. Particular placer derivarán del hecho los dos compadres por coincidir las fechas con las de la batalla de Playa Girón. Pero el placer, aun cuando se obtiene, es siempre efímero y hay victorias pírricas.

¿Le conviene a Raúl Castro formar parte de esas piruetas de su hermano y el presidente venezolano? No lo creo. Puede apoyarse en Lula para que lo ayude a escapar de ese entuerto. Pero si conflicto es lo que busca debiera saber que debe llevar dos jabas y, muy probablemente, olvidarse de toda perspectiva futura de mejorar las relaciones con Washington.



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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco@rogers.com

 

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