LA COSA
Juan Antonio Blanco | 02/06/2008 16:01
Recuerdo que un colega puso sobre el escritorio un cartelito que rezaba “Prohibido hablar de la cosa”. Cuando le pregunté por el significado de aquella advertencia me explicó que todo el tiempo y en todas partes –su casa, la oficina, la cola- la gente iniciaba una conversación indagando su opinión con la pregunta: ¿Cómo ves la cosa? Aquello daba pie a interminables coloquios que ocupaban su tiempo y lo dejaban agotado y deprimido porque todos –incluyéndolo- pensaban que la cosa andaba mal.
En Ottawa uno puede protegerse de la “cosamanía” mejor que en una ciudad como Miami donde se habla del asunto 24 x 7. En los diez años que he vivido en Canadá la TV sólo menciona a Cuba en temporada ciclónica. Las excepciones ocurren cuando alguien importante como Juan Pablo II visita la isla, Elián sobrevive rodeado de delfines el Estrecho de Florida y desata otro tipo de tormenta tropical, o Fidel se enferma de gravedad. Pero el virus de la cosa es endémico entre los cubanos. Cuando los medios no satisfacen nuestra curiosidad por saber como le va, hurgamos hasta en el Granma vía Internet. Junto al dominó, la cosa es el entretenimiento o hobby por excelencia de todos los cubanos. Lo más que podemos hacer para proteger nuestra sanidad mental es no hablar de ella después de las 5 de la tarde pare evitar insomnios.
En los últimos días hay nuevas señales de que la cosa no va bien. Al menos no del todo, o no en lo inmediato.
Después de 19 meses, finalmente, llegó Raúl Castro –aunque acompañado de Machado Ventura- y tuvimos un par de semanas de anuncios espectaculares sobre el advenimiento, a Cuba de algunos artefactos como celulares, DVDs y tostadoras. Estas noticias fueron convoyadas por otras igualmente bienvenidas decisiones como el que los cubanos podrían acceder a los hoteles y que el estado daría tierras en usufructo a aquellos dispuestos a hacerlas producir.
Pero cuando ya nos estábamos acostumbrando a esta cartelera de alegres estrenos semanales reapareció, delgaducho y lúcido, –a su manera, claro- el Asesor en Jefe y junto con él nuevos controles sobre el empleo de Internet por las instituciones estatales (desde Cuba me dicen que ahora puedo perjudicarlos hasta con una frase cordial en un mensaje de e-mail), acusaciones contra las Damas de Blanco, actos de repudio, golpizas y detenciones de disidentes. Todo ello coronado con llamados a fortalecer las cláusulas de la legislación represiva. Como si fuera poco, el verano trae acusaciones espectaculares contra una bloggera que funge de cronista de la cotidianidad sin mostrar el necesario optimismo que para ejercer esa función demanda el jefe del Departamento Ideológico del Comité Central. Antes le habían negado la salida del país, ahora parecen interesados en impedir que salga a la calle.
Los “de arriba” parecen estar también obsesionados con la cosa.
Quizás no sean las Damas de Blanco, Antúnez ni Yoani Sánchez los que más les inquietan, sino sus propios funcionarios y militantes del Partido que se van sumando al galopante disenso con el status quo vigente. Que los primeros expresen su malestar y los segundos lo piensen no deja de ser motivo de preocupación para quienes instalaron la Ley Mordaza y la doble moral teniendo ahora que enfrentar su consecuencia: una sociedad sin mecanismos de auto corrección.
El actual contrapunto entre los llamados a la apertura crítica y las exhortaciones a endurecer la represión me recuerdan el título de una vieja canción: Elegía a la incoherencia. Los procesos sociales no son lineales, sino zigzagueantes. Lleva tiempo metabolizar un cambio desde una mentalidad de bunker y confrontación a otra de diálogo y consenso. A veces no se logra.
Nada, la cosa es “compleja”.
La evolución de la situación en la isla nos devuelve al intercambio de ideas sobre la interrogante original de Bárbara: ¿Qué hacer -desde donde estamos- para extender aliento a las fuerzas que fuera y dentro del gobierno promueven cambios positivos por vía no violenta y para oponernos, incluso de manera preventiva, a las peores tendencias que hoy pujan por renovar su protagonismo?
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 02/06/2008 18:42
LQQD
Juan Antonio Blanco | 27/05/2008 2:44
Tags: Damas de Blanco, Mesa Redonda, represión
Cuando resolvía teoremas en bachillerato disfrutaba llegar al final para pegarle aquello de LQQD (Lo Que Queda Demostrado). No podía entonces imaginar que el gobierno “revolucionario” cubano haría uso del lenguaje de la matemática después de fabricar casos contra herejes, disidentes u oposicionistas.
Si usted es académico y asiste a un evento donde ellos han demonizado a algún participante como “agente de la CIA” el seminario completo y usted son parte de esa agencia y sus planes “por carácter transitivo; LQQD”.
El show más reciente es el de construir una conexión CIA / terrorismo a las Damas de Blanco. Ya la Mesa Redonda lo declaró: “Señoras y señores, Burundanga llamó a Bernabé y le dijo que no se desalentara. Más nada que hablar. Mercenarios de la CIA y de los terroristas. Caso cerrado.”
Fidel Castro puede reunirse con Mac Namara y el director de operaciones de la CIA en un congreso sobre la crisis de 1962 sin temer el contagio, pero una llamada telefónica puede ser altamente contaminante si viene de Miami y la recibe un disidente o una Dama de Blanco. Aunque sea tan sólo para darle ánimo y decirle que le enviarán doscientos dólares para que sobreviva a la política de hostigamiento y bloqueo de empleos.
Editoriales van y vienen llamando a la intolerancia frente a los “mercenarios”. Algo se avecinaba. Ayer ya se rompieron cabezas en Placetas ¨ y luego realizaron actos de repudio frente a la casa de Antúnez para mandar una señal a los “mercenarios” del enemigo imperialista. En realidad la señal la han enviado, alto y claro, a todo el mundo. Gracias por ello. No lo olvidaremos. Mejor aún: haremos todo lo posible para que nadie olvide, entre las demás noticias sobre celulares y DVDs, que el régimen totalitario sigue vigente.
Pero en Cuba, fuera de las oficinas en que se elaboran esos bochornosos libretos, nadie siente aprecio por el Granma ni la Mesa Redonda, mientras que las Damas de Blanco tienen el respeto de toda persona informada y decente en cualquier parte del mundo. Porque, al final, más que un asunto político esto es un tema de ética y humanidad que brilla por su ausencia en ciertos círculos de poder en La Habana.
Los dejo con Frank Delgado para que les explique. !Que cosa loca, caray!
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 22/09/2008 4:25




