Disidencia, insumisión y terremotos políticos
Juan Antonio Blanco | 12/02/2008 0:52
Cuando el Muro de Berlín se vino abajo, las sonrientes personas que salían a las plazas en Europa del Este a apoyar el socialismo y al partido comunista, exigieron el fin de ambos. La clase política de aquellos países despertó, aturdida, a la realidad. Había ocurrido un cambio de época, pero ellos no se habían percatado hasta entonces. Acostumbrados al poder absoluto, les resultaba inimaginable el drama –o fiesta popular- que se desarrollaba ante sus atónitos ojos.
En La Habana, no menos desconcertados, los miembros de la elite de poder asistían a aquel terremoto europeo a través de CNN y se formulaban todo tipo de interrogantes. ¿Cómo era posible que perdiesen el control de la situación si cada grupo opositor estaba aislado, infiltrado, hostigado o encarcelado? ¿Por qué todos esos sumisos ciudadanos afiliados a las organizaciones de masas, e incluso -¡horror!- al partido de gobierno, habían enloquecido de manera súbita y rechazaban a gritos todo lo que hasta entonces veneraron, a lo largo de cada día de su existencia, en miles de rituales públicos? ¿Cómo podía ser posible que el más reverenciado líder comunista rumano fuese juzgado y fusilado de manera sumaria por algunos de sus propios colegas? ¿Cómo era posible que los rigurosos servicios de inteligencia no hubiesen alertado a tiempo de aquella tormenta? ¿De qué servían policías, cárceles y tanques ante un desbordamiento de masas?
Los seres humanos tienden a negar la realidad cuando ella no es complaciente. En esos casos se busca refugio en zonas mentales de confort construidas de manera fantasiosa. Al igual que el aquejado de cáncer busca razones para desautorizar la sentencia que le fue extendida por los médicos, la elite de poder borró las malas memorias, al alejarse en el tiempo aquellos estremecedores sucesos. Lo mismo hizo antes con el éxodo del Mariel, cuyas causas profundas evadieron analizar con rigor. Ante la caída del socialismo europeo, los miembros de la elite de poder cubana, con mentalidad del pasado, intentaron entender su presente y –aún más peligroso- descifrar el futuro. “Lo que sucedió en Europa no sucederá en esta isla del Caribe”.
Sus mentes discurrían, más o menos, del siguiente modo: “El embargo y algunos discursos altisonantes del exilio nos permitirán justificar nuestra ineptitud administrativa y mantendrán vivo el miedo al cambio. Si la gente nos soportó hasta ahora lo seguirá haciendo por temor a Miami y EEUU. Hay que redoblar la batalla ideológica –acudiendo menos a Marx y resaltando a Martí- e intensificar la represión y el control sobre los grupos disidentes. Todo seguirá bajo control, si no nos dejamos llevar por los cantos de sirena que llaman a cambios democráticos. Tenemos que mantener el control. La tarea es resistir hasta que encontremos petróleo, una vacuna al SIDA, o un nuevo mecenas que reemplace la URSS sin pedirnos “aperturas”, democracia y derechos humanos”. Las“dulces mentiras comunistas” –curiosa frase de Lenin- reproducidas incesantemente por sus periódicos y medios de comunicación, llegaron a seducir a los líderes, pese a haber sido elaboradas para consumo popular y algunos crédulos compañeros de viaje en el extranjero.
Lo que fueron incapaces de entender es que el terremoto de 1989 tuvo su origen en “fallas tectónicas del subsuelo socialista” europeo. Lo que parecían imperceptibles movimientos sísmicos a los que restaron importancia los líderes de aquellos países, eran presagio de un movimiento telúrico de magnitud insospechada. Había una nueva “disidencia” fuera de control e imparable, alimentada por la realidad de un socialismo fallido y no por Occidente, que se abría paso desde las alturas del Buró Político del PCUS en Moscú hasta los ciudadanos checos, búlgaros o rumanos afiliados o no a las instituciones comunistas. No era una disidencia organizada y por lo tanto identificable e infiltrable. Era más bien un estado de ánimo y mental que rechazaba el status quo y que permeaba toda la sociedad, desde los comunistas hasta el más sencillo ciudadano. Su esencia era el malestar y decepción generalizados respecto a la situación y la creciente convicción de que no era posible “arreglarla” sino imprescindible cambiarla.
En Cuba las simplificaciones elitistas no se hicieron esperar: Gorbachev era el culpable de lo sucedido. Sin embargo, resultaba cada vez más fácil percatarse de que la Guerra Fría la perdió la URSS cuando su sistema cerrado y totalitario –que demostró ser compatible con el desarrollo de la sociedad industrial en Rusia- bloqueó el tránsito hacia la nueva civilización del conocimiento que emergía a fines del siglo XX.
Las sociedades cibernéticas tienen que ser abiertas. El libre acceso y flujo de información es su esencia. La frase “he estado en Rusia y visto el futuro” pronunciada por un líder comunista occidental poco después del triunfo bolchevique llegó a transformarse con el tiempo en la de “he estado en los países socialistas y he visto el pasado”. China descubre día a día que no es posible aplicar un sistema electrónico de apartheid a Internet para aprovechar sus ventajas económicas y negar las políticas. La lógica de sus transformaciones de mercado presiona y agranda el boquete digital abierto en su muralla de controles al libre flujo informativo.
El totalitarismo del siglo XX no era compatible con las sociedades de la información y la nueva civilización cibernética. Tampoco con el espíritu libertario esencial al ser humano. Pero el tránsito civilizatorio que hoy tiene lugar no ha materializado el futurismo pesimista de George Orwell en su novela 1984. El potencial empleo totalitario de las nuevas tecnologías se ve contrarrestado por el uso contracultural que los ciudadanos hacen de ellas. Es ese empleo libertario de las nuevas tecnologías el que impide su asimilación totalitaria.
Hoy los jóvenes cubanos se niegan a ver su existencia secuestrada por líderes atrapados en obsoletas visiones del pasado. Quieren vivir en una sociedad moderna, con Internet y libertades individuales, en la que poner a prueba sus sueños. Se creen con derecho a vivir en el futuro y no en un sempiterno “perfeccionamiento” del presente. Para ellos la historia nacional no ha concluido, sino apenas empieza o recomienza. Se muestran impacientes al declarar una huelga estudiantil en Santiago de Cuba e irreverentes al emplazar a un dirigente nacional con preguntas tan elementales como incómodas. No es posible justificar el sistema vigente en Cuba con argumentos presentables. Quien lo intenta, por brillante que sea, se expone al ridículo de forma irremediable.
Parafraseando a Marx puede decirse que la sociedad cubana vive hoy un conflicto entre la necesidad de desarrollo de las fuerzas productivas y las obsoletas relaciones sociales que hoy las bloquean. Es ese bloqueo –no otro- el que abre una etapa de crisis y cambios inevitables. Se ha arribado al punto crítico en el que el carácter socialmente inclusivo del sistema ha generado una población calificada que, precisamente por ello, reclama ahora poder real de participación y se opone al régimen excluyente -en lo económico y político- del mismo sistema. Ese núcleo central conflictivo genera múltiples puntos de enfrentamiento con el status quo.
Hay un arco de crisis social marcado por diversos ejes de conflictividad signados por raza, región de procedencia, generación, o niveles de ingreso. Un sector de la juventud urbana, semihundido en la marginalidad, reúne a decenas de miles de personas a los que el movimiento contracorriente Hip Hop otorga una identidad cultural. Miles de inmigrantes “ilegales” internos comienzan a resistir a los representantes de la ley cuando se les ordena retornar a sus lugares de origen. El “orden” que pretenden salvaguardar las leyes ya no les “resuelven” empleo, salarios dignos, viviendas o servicios públicos decentes.
Las viejas teorías de Herbert Marcuse sobre el potencial revolucionario de los sectores marginales deben preocupar a más de un miembro ilustrado de la elite de poder en estos días. Los desafíos inmediatos a la gobernabilidad del sistema no provienen de la zona del activismo anticomunista organizado ni de Washington, sino de la alienación generalizada entre sectores que no pueden ser integrados bajo las actuales formas de organización societal. Pero esa ineptitud sistémica para cooptar apoyos se extiende también hoy a toda la población.
La disidencia –entendida como grave insatisfacción e inconformidad con las instituciones y normas vigentes- es hoy un fenómeno de masas. Ese es el cambio real y profundo ocurrido en Cuba.
Mientras tanto, las organizaciones disidentes formalmente establecidas siguen hostigadas y, supuestamente, “bajo control” por lo que a menudo padecen la desconexión cultural que les impone ese aislamiento. Eso no quiere decir que sean irrelevantes. Es cierto que su dimensión hoy puede compararse a los que el franquismo gustaba llamar “los partidos del taxi” aludiendo, de manera burlona, su relativamente corta membresía. Sin embargo, fueron esas organizaciones las que jugaron un papel significativo en promover una visión critica del status quo, respondieron eficazmente a la necesidad de articular los consensos para la transición a la democracia y se transformaron -en muy poco tiempo- en partidos masivos al restablecerse las libertades políticas.
Lo que es un error de Washington, parte del exilio y la elite de poder cubana es pensar que esos son los únicos disidentes. Hoy hay una disidencia de masas que va más allá de las posibles membresías o preferencias ideológicas, comunistas o anticomunistas, de sus portadores.
Este nuevo y masivo movimiento disidente contiene proyectos y propuestas de cambio -divergentes o en franco conflicto- que van desde el reformismo sistémico hasta el antisistémico, signados por todo el arcoiris socialdemócrata, liberal y conservador. Pero hay también convergencias. La nueva disidencia recoge como propios algunos de los reclamos de viejas organizaciones disidentes satanizadas hasta la fecha. El acceso libre a todos los servicios e instalaciones, la moneda única, el derecho de los cubanos a formar empresas y trabajar por cuenta propia, el derecho al libre movimiento dentro y fuera del país, la reforma del sistema electoral vigente, el cese del periodismo amordazado y falaz, la libertad para la protesta y propuesta, así como muchas otras demandas que cuentan con gran respaldo popular, -y fueron voceadas en el reciente proceso peticionario de asambleas públicas-, tuvieron a los disidentes anteriores como pioneros y abanderados. Lo que hoy solicita un intelectual, obrero, estudiante, campesino o incluso diputado del Poder Popular, era motivo de represalia hace apenas unos meses.
No es que haya cambiado la actitud del poder ante la disidencia y la herejía, es que ella se va tornando irreprimible por masiva. Y la gente toma debida nota de ello. Todo es diferente cuando se conoce que “tu vecino piensa igual que tú”. Por eso balcanizaron el proceso de asambleas e intentaron ocultar al público la mayor parte de lo que se planteaba y proponía en cada una de ellas. Pero aun así los reclamos se repetían de San Antonio a Maisí. Por otra parte, esa nueva disidencia se transforma en actos aislados de insumisión. Los empleados de empresas extranjeras se niegan a pagar el nuevo impuesto sobre “gratificaciones”.No es que se demoren o resistan de manera sorda al pago, es que lo anuncian en publico y explican su posición, lo cual se aleja del ”no marcarse y resolver por la izquierda” y se acerca a la clásica desobediencia civil de Henry David Thoreau. Antes de acudir al expediente fácil de reprimirlos las autoridades deberían meditar que fue la negativa a pagar el impuesto de la corona británica sobre el té lo que provocó el Boston Tea Party y las represalias inglesas trajeron la revolución de las trece colonias de Norteamérica. Las disidencias, según muestra la Historia, pueden transformarse en insumisión y dar paso a terremotos. El fenómeno ocurre cuando la gente llega a un punto crítico en que ya no tolera la insensibilidad y sordera del poder.
En Cuba, la ausencia de cambios desde arriba viene siendo respondida –por ahora- con un cambio de mentalidades desde abajo. La elite de poder debe evidenciar en el 2008 si es o no capaz de entender que su tiempo ha quedado trascendido por la vida y si está lista para reconocer -con genuinas transformaciones “estructurales y conceptuales”- el cambio de época que ya ha ocurrido. La cuenta es regresiva. Si la población –incluyendo a los comunistas- se llega a cansar de esta larga espera, pudiera decidirse a echarlos a un lado para proseguir la siempre inconclusa historia nacional por otros senderos
En esas circunstancias es que se instala la próxima Asamblea Nacional del Poder Popular: la última bajo la dirección de los hermanos Castro. Sus diputados tendrán probablemente que optar, en algún momento de su mandato, entre oponerse a esta nueva disidencia masiva o ser parte de ella. Si eligen lo último podríamos ser testigos, por primera vez en el socialismo cubano, de una ruptura entre los que mandan y los que gobiernan.
Las fallas tectónicas que anidan el subsuelo del socialismo cubano, de continuar combinadas con la persistente abulia de su elite de poder, presagian movimientos telúricos de gran intensidad. Los terremotos socialistas ocurren cuando algún hecho fortuito cataliza tensiones largamente acumuladas y caen al unísono las caretas con las que los ciudadanos ocultaban sus verdaderas ideas y sentimientos. La disidencia sorda se transforma en abierta insumisión y el genio ya no puede ser devuelto a la botella. De llegar a ocurrir esto en Cuba, solo será lamentado por aquellos que hoy padecen de una aguda miopía política de la que no los ha curado, hasta ahora, ninguna “operación milagro”.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 16/02/2008 1:38
La Asamblea bisagra
Juan Antonio Blanco | 05/02/2008 2:51
“La vida es lo que nos ocurre cuando planeábamos otra cosa” dijo John Lennon. No se si Gustav Husak recordó esa frase el día que anunció en una conferencia de prensa que el socialismo había dejado de existir en la antigua Checoslovaquia. Pero lo que nunca he olvidado es su rostro aturdido cuando un periodista le preguntó: ¿Y qué es el socialismo? Husak encogió los hombros e hizo mutis por el foro. Siempre me ha parecido extraordinario que el ultimo líder comunista de un país en que miles de personas fueron victimizadas para salvaguardar el socialismo fuese incapaz de definir el motivo de tanto sacrificio y atropello. El líder que no dudó en tirar por la borda la soberanía nacional al solicitar una intervención militar extranjera “para salvar el socialismo” se mostraba al final inepto para explicar la causa meritoria de semejante decisión.
La próxima Asamblea Nacional del Poder Popular que quedará instalada el 24 de febrero tiene previsto ejercer sus funciones hasta el 2013 según dictamina la constitución vigente. Ha habido muchas Asambleas anteriores, pero esta parece llamada a vivir en un auténtico “periodo especial”, no por sus penurias, sino por las características peculiares de esta etapa. Esos cinco años estarán marcados por nuevas situaciones que se dibujan ya en el horizonte interno y externo. Según sea su comprensión del tiempo que viven, pueden verlo o no como una época de oportunidades. El papel potencial de esta Asamblea no está dado por ser “la primera de Raúl Castro”, sino por constituir la bisagra con el advenimiento de la época “post Castros”
Hay dos factores a tener presentes en el plano interno
Uno es el cese del ejercicio directo del poder por los hermanos Castro. No pronostico ni deseo la muerte de nadie, solo me atengo a un hecho terco: en el 2013 Fidel tendría 87 y Raúl 82. La actual situación del primero y la siempre precaria salud del segundo hacen pensar que esa sea la realidad, aun de seguir ambos vivos para entonces. Eso significa que el nombramiento y encumbramiento de un “tercero” (el género está bien conjugado porque el machismo que prevalece en la elite de poder cubana no parece estar preparado para aceptar una “Hillary”), se vuelva un tema estratégico después de haber sido anatema por medio siglo. Las relaciones de ese delfín con los patriarcas que lo sitúen en esa nada deseable posición serán tensas: le exigirán, mientras ellos vivan, total incondicionalidad. Por otra parte, las relaciones con el resto de sus colegas y la población –que se creerán más libres de exigir explicaciones a un simple mortal que a los dos principales “líderes históricos de la Revolución”- pueden tornarse conflictivas. Ningún “tercero” podrá gobernar de manera unipersonal como hasta ahora cuando le llegue el turno y su mandato sería, posiblemente, efímero.
Un segundo factor interno es el cambio de mentalidades que se abre espacio en la población. La gente intuye que se arriba al fin de una época. Han llegado hasta allí después de innumerables sacrificios y peligros que no llegaron a traducirse en el bienestar y seguridad que deseaban legar a sus hijos. Los que pusieron sus vidas en manos de un líder que los conduciría a la tierra prometida, se preguntan por el significado de su existencia cuando ven a sus descendientes preferir la migración a otros países donde poner a prueba sus anhelos. El socialismo -que acabó con la propiedad privada hasta del menor tendero- terminó privatizando los sueños. Solo la elite tiene el privilegio de soñar – hasta desvariar- mientras los otros están en el deber de movilizarse para materializar sus deseos.
Durante el reciente proceso peticionario se hicieron más de un millón de planteamientos y propuestas, algunas en tono menos amable que otras. Los líderes post Castro no podrían ignorar ese cúmulo de demandas sin correr riesgos. Ya están en una nueva época y lidiar con ella con la mirada y soluciones de antaño es una mala receta. La prensa y no pocos gobiernos extranjeros han venido observando y buscando señales de cambio de parte del gobierno, de donde pocas han emanado en estos meses. El cambio sustantivo viene operándose –gradual, pero seguro- en la subjetividad nacional y será ese el que determine los demás.
En el campo internacional también se vivirá una fase fluida hasta el 2013.
La Casa Blanca tendrá un nuevo inquilino (o inquilina) y un nuevo presidente (o presidenta) ocupará el Palacio de Miraflores. Los dos principales actores externos del conflicto cubano –EEUU y Venezuela- verán pasar la antorcha a nuevos líderes. Aferrarse a la filosofía de la confrontación geopolítica cuando se abren oportunidades a formas no violentas y constructivas de cambio en lo interno y externo sería un grave error para quienes dirijan Cuba en estos años. La viabilidad internacional de la economía cubana después del 2013 se decide ahora. Los dirigentes cubanos tienen que acomodar los posibles anclajes externos del desarrollo. Ya no pueden darse el lujo de seguir haciendo piruetas geopolíticas con apuestas cortoplacistas. Insistir en un rumbo confrontativo excluye las posibilidades de normalizar y encaminar al largo plazo las relaciones internacionales, políticas y económicas, de la isla. La subjetividad nacional no otorgaría nuevos créditos a quienes deseen embaucarlos en la repetición de experimentos fallidos.
¿Es relevante la Asamblea Nacional ante estos dilemas? A mi juicio la que quedará instalada en este mes lo es porque constituye una bisagra constitucional entre dos épocas. Los que hoy hayan sido promovidos por la elite de poder para extender un voto incondicional y unánime en favor de sus decisiones pueden descubrir mañana que, en las nuevas circunstancias, gozan de mayor autonomía si hacen valer sus derechos formales. Los diputados y funcionarios gubernamentales no son parte de la elite de poder. Esta última es la que realmente manda y los otros gobiernan del modo que se lo indiquen. Hasta ahora ha sido así. Pero puede no seguir siéndolo en nuevas circunstancias.
Rechazo la visión de que detrás de cada comunista o diputado hay un servil oportunista, del mismo modo que siempre he rechazado la versión oficial de que detrás de cada exiliado hay un revanchista. Parte de la tragedia nacional ha sido el extravío espiritual y mental de millones de personas decentes. Muchos hoy se preguntan por el sentido que dieron a sus vidas. Estos diputados no son la excepción. Están próximos a iniciar el ejercicio de su mandato en un periodo extraordinario de la historia nacional que les ofrece la oportunidad de reencontrar y rescatar el significado de su existencia sirviendo la nación desde una nueva perspectiva.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 05/02/2008 19:19
Después de mí, el Diluvio
Juan Antonio Blanco | 29/01/2008 1:57
Los lectores de este Blog van a tener que perdonarme su extensión en esta ocasión. Estamos ante circunstancias oscuras que pueden ser presagio de nuevas tragedias y es necesario pensar en ellas.
Hoy existe una gigantesca coalición pro cambio en Cuba, que engloba a los más amplios sectores de la población y algunos del gobierno, dejando desmarcados a los pocos que se resisten a alterar el status quo. Unos promueven cambios para comenzar un nuevo capitulo en la historia nacional; otros para que no se llegue a cerrar el que hoy se vive. En ese contexto, Fidel Castro ha optado por ser el líder de la “micro fracción” opuesta al cambio.
La elite de poder en Cuba necesita asegurar la gobernabilidad y sabe que solo hay tres herramientas para ello: la represión, la cooptación –antes por medio de la adhesión ideológica y hoy por temor al “enemigo”- y la integración por vía de generar prosperidad cotidiana. Al hacerse crítica la necesidad de supervivencia, la gente puede llegar a perder el miedo a la represión e incluso al “enemigo”.
El gobierno necesita con urgencia vencer el escepticismo generalizado. También requiere un marco de distensión para que sus proyectos –aun si se tratase de reformas graduales y controladas- puedan prosperar. Es en este punto donde las iniciativas de algunos actores extranjeros involucrados en el conflicto cubano pueden complicar las cosas. Pero, ¿cuán “externo” es el origen de algunas de esas posibles complicaciones? El ahora anciano, pero incorregible caudillo, pudiera estarse dedicando a alentar sucesos que descarrilen sus proyectos.
Según ha declarado el Presidente Hugo Chávez fuentes de inteligencia venezolanas y “de otros países” le han alertado de una inminente agresión colombiana y ha movilizado por ello a su maquinaria de guerra para enfrentarla. Dudo que esas fuentes –si realmente existen- sean ecuatorianas, bolivianas, nicaragüenses, iraníes, chinas, o incluso cubanas. Un examen serio de las actuales circunstancias del gobierno colombiano, del contexto regional y de la sobrecargada agenda de la actual Administración en la Casa Blanca, -cuando se aproxima una elección presidencial y una recesión en ese país-, no permitirían a ningún analista llegar a tan arriesgada conclusión aunque tuviese indicios aislados que le preocupasen.
El Presidente venezolano fue más lejos aun. Ya está, virtualmente, en pie de guerra. Sus acciones podrían ser tomadas de ese modo por otros. Movilizó a sus fuerzas armadas y pidió a los países de la región que retirasen sus fondos de los bancos de EEUU cuando ese país está en la antesala de una recesión. También reclamó a los gobiernos del ALBA que integrasen con urgencia sus fuerzas militares y de inteligencia. “Si se meten con uno de nosotros se meten con todos”. Y poco después declaraba que si la oposición en Venezuela lograba ganar las alcaldías en las elecciones previstas para dentro de unos meses, el “2009 sería el año de guerra”. No satisfecho con todo eso, aseveró que “Si a Hugo Chávez le toca entregar el gobierno en 2013, no lo hará a un contrarrevolucionario, porque si no, vendría la guerra”. Más claro ni el agua: el resultado del recién celebrado referéndum ya puede considerarse cuestionado. Como todo aquel que presente una candidatura contra la suya –sea comunista o anticomunista- es para él un contrarrevolucionario, el presidente venezolano ha venido a declarar sin ambigüedad posible que no entregara a nadie el poder. Qué relevancia tiene perder un referéndum cuando bastan las bayonetas (“vendría la guerra”).
Tiendo a pensar que detrás de bambalinas, conectado de algún modo con estos hechos, se encuentra el gran “Maestro” en la política de confrontación como medio para justificar la congelación del status quo y manipular apoyos populares, movilizando la patriotería. En el caso cubano recurrió repetidamente a enturbiar las aguas cada vez que se amansaban. Lo hizo con Angola cuando el Presidente Ford había levantado ya el embargo a las subsidiarias de empresas de EEUU en terceros países, y La Habana se llenó de Chevrolets, sabiendo que con esa acción, además, torpedeaba el proceso de distensión entre la URSS y EEUU. La Guerra Fría había sido un buen negocio para La Habana desde su perspectiva. Si bien esa acción protegió a Angola del régimen de África del Sur, el análisis de sus iniciativas posteriores indica que no era esa altruista causa lo que realmente lo decidió a emprenderla en aquella ocasión. Lo volvió a hacer con Etiopía –está vez para intervenir en un conflicto entre dos países africanos-, cuando Jimmy Carter le informó de sus planes para avanzar hacia el restablecimiento de relaciones en su mandato presidencial. Insistió en ese curso al dar inicio al éxodo del Mariel en el momento en que Carter se jugaba su reelección frente a Reagan. Lo repitió con Clinton, también al jugarse su reelección, cuando derribó las dos avionetas que sabía desarmadas, pese a que la Casa Blanca le aseguraba que no aprobaría la Helms Burton y deseaba ampliar las conversaciones bilaterales. Insistió en sus maniobras para volar todo puente de entendimiento alternativo cuando a los pocos días de abrirse, por primera vez, una oficina de cooperación de la Unión Europea en Cuba, lanzó la redada de detenciones más grande desde el preludio de la invasión por Bahía de Cochinos.
El Comandante es un experto en iniciar acciones que descarrilan negociaciones y arrastran a todos a confrontaciones que le faciliten someter a los demás a la disciplina del nacionalismo y la patriotería.
No me resulta difícil, por haber sido testigo cercano de algunos de esos hechos, imaginarlo alimentando fantasías y paranoias en otros presidentes aliados e instándolos a actuar sobre la base de una interpretación distorsionada de la realidad. Basado en sus dotes de manipulador, pudiera estar lanzado a una maniobra de doble propósito. Por un lado recuperar la popularidad de Chávez y justificar que asuma poderes de emergencia nacional para que, sobre esa base, imponga lo que no logró por vía del referéndum. Por la otra, cerrarle, a los aún timoratos reformistas gubernamentales –de manera definitiva-, la posibilidad de futuras alianzas externas con fuerzas progresistas, pero moderadas, como Brasil o con bloques como la Unión Europea.
Su reciente y oscura disquisición sobre el error de Stalin al no decidirse a movilizar sus tropas, pese a los alertas que le había enviado un agente de inteligencia soviético desde Japón acerca de la inminencia de una invasión alemana, cobra nuevo significado en esta coyuntura. Solo que Venezuela, Colombia y el contexto regional y mundial en el siglo XXI no son los de la URSS y Alemania en 1941. Las informaciones de Sorge tampoco tenían el propósito de enturbiar las aguas entre ambos países. Alemania era ya un régimen totalitario y expansionista cuando Stalin suscribió con Hitler un pacto de no agresión.
Hay pronósticos errados que una vez aceptados como verdades invitan a otros a obrar en consecuencia. Es lo que en inglés llaman “a self-fulfilling prophecy”. Si bien Colombia no tendría razón para intervenir militarmente en Venezuela, expandiendo con ello su ya compleja guerra civil, sus Fuerzas Armadas, al verse frente al despliegue venezolano, pueden llegar a suponer que Chávez pretende atacarlos y se decidan a actuar, basados en esa suposición, con una escalada militar. En situaciones en las que los actores distorsionan las pretensiones de los demás, en un contexto cargado de tensiones y desconfianzas, lo que no era cierto puede transformarse en realidad como resultado de los errores de interpretación de todos o de un hecho fortuito que actúa como catalizador. Relean la historia del estallido de la Primera Guerra Mundial y verán lo que sucede cuando se confunden conjeturas con realidades.
“En río revuelto ganancia de pescadores”. Fidel Castro fue siempre un apostador arriesgado a la hora de revolver las aguas y pescar beneficios sin que el río llegase a desbordarse y lo ahogara. La filosofía del Comandante era la de sacar ventajas materiales a su bien calculada participación en la Guerra Fría con las que compensar su total ineptitud para construir una economía eficiente. La de Raúl Castro pudiera ser otra: la de generar eficiencia económica y alejarse de los conflictos internacionales para sacar dividendos a la paz en lugar de a la guerra.
Pero, si como es previsible, Chávez resulta menos brillante que el Maestro para sacar ventajas políticas internas a su danza al borde del abismo y la guerra de veras se desencadena, ¿cuáles van a ser las consecuencias para Cuba de esa aventura?
Si el hermano convaleciente y su ciego discípulo venezolano arrastran a todos a una conflagración de insospechada magnitud y consecuencias, se dinamitarían los puentes internacionales alternativos para anclar los posibles proyectos del actual gobierno de La Habana. También tendría el gobierno cubano que enfrentar el actual estado subjetivo de la población. Me pregunto si el pueblo del 2008 es el mismo de 1962 cuando la Crisis de Octubre. ¿Alguien en su sano juicio puede creer que oficiales y reclutas de la FAR se van a envolver gustosos en el pabellón venezolano y marchar a morir por culpa de la incontinencia verbal de Hugo Chávez?
Nadie sabe si ya hay tratados militares suscritos entre los dos países, además de los civiles que aparecen en la prensa. Nadie sabe la magnitud, naturaleza y misión de la actual presencia militar cubana en Venezuela hoy día, ancladas en un país de creciente conflictividad interna y exterior. Un fósforo inoportuno puede iniciar un incendio de grandes proporciones y trágicas consecuencias para los cubanos involucrados en este episodio por vía de su temerario caudillo.
Aunque, si viene el cataclismo, ¿qué puede importarle a quien ya vive prestado cada día? No hay Plan B para salir de esa tormenta una vez que se desate. Ni el anciano aventurero, ni su admirador venezolano lo tienen. No pueden tenerlo porque simplemente no existe esa posibilidad.
Lo sensato es que la elite de poder cubana acabe de comprender que la amenaza más clara e inmediata a sus intereses – y a los del pueblo, en este caso- no radica en Washington ni Miami, sino en un anciano, siempre proclive a la aventura y el voluntarismo, que sigue contando con algunos admiradores tan influyentes como inexpertos en el manejo de crisis internacionales.
Lo cierto es que si Cuba necesita del petróleo de Venezuela, Hugo Chávez también depende de su alianza con la isla. Precisa de médicos, asesores civiles, militares y sobre todo del capital simbólico que desea heredar de lo que fue una revolución. La elite de poder cubana tiene cartas suficientes para imponer cordura a sus aliados, siempre y cuando no se someta ella misma a los delirios de quien puede hundirlos de manera definitiva antes de partir de este mundo.
Como dijo Mariela Castro: ha llegado el momento de que se deje cuidar. Y yo agrego: para que todos, sin excepción, podamos cuidarnos de él en tan delicadas circunstancias. Cortarle la cuenta telefónica con ETECSA sería una contribución importante a la paz regional.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 16/02/2008 1:31
La bronca
Juan Antonio Blanco | 22/01/2008 5:07
Hace poco leí en una novela cubana, como muletilla constante de sus personajes: “El problema es…”. Luego me he percatado de que, efectivamente, es un estribillo en boca de muchos. Haga la prueba y verá como salta la frasecita a cada momento. “El problema es…”, lo mismo para justificar algo trivial que para emitir un juicio lapidario sobre cualquier tema terrenal.
La necesidad de determinar el problema central en cualquier situación parece una perogrullada, pero con más frecuencia de lo que imaginamos confundimos las causas o efectos, con el asunto al que hay que buscar solución. En uno de los seminarios sobre resolución de conflictos al que asistí hace algún tiempo, uno de los participantes contó que un sábado por la noche, cuando compartía con unos amigos, vieron una trifulca en la calle. Al reconocer al hijo de un vecino, corrieron para separar y calmar a los cinco muchachos, antes de que llegara la policía. Cuando indagaron sobre la causa que provocó la reyerta casi se arma otra bronca porque las explicaciones se contradecían. Al inicio dijeron que uno había ofendido al otro y éste respondió con un bofetón. Pero, ahondando en el asunto, pudieron determinar que todo comenzó porque dos de ellos no se ponían de acuerdo sobre dónde debía ir el grupo aquella noche, y los otros tres se sumaron a la pelea después del primer “galletazo”. Al final, la causa de la pelea radicaba en una discrepancia entre ellos y la incapacidad para ponerse de acuerdo. Los “sopapos” eran el efecto, no la raíz del problema entre aquellos dos jóvenes, al que se sumaron los otros tres para ayudar a su amigo preferido.
La anécdota vino a mi mente cuando en un reciente seminario sobre Cuba formulé las siguientes preguntas: ¿Cómo comenzó este conflicto? ¿Quiénes fueron sus primeros actores? ¿Quiénes se involucraron luego? ¿Cuál es hoy es problema central?
Me llamó la atención que nos tomó algún tiempo formular respuestas con las que todos estuviéramos de acuerdo. Al final, el consenso de los allí presentes fue algo más o menos como lo que sigue.
Esta “bronca” comenzó cuando, al caer Batista, los revolucionarios se dividieron sobre cuál camino tomar. Fidel Castro, con la ambición de consolidar un poder centralizado y absoluto, pretendía afirmar que esa era la única manera posible de promover la justicia social. Los que favorecían conjugar la democracia con la justicia social no fueron escuchados y cuando denunciaron el rumbo de los acontecimientos fueron reprimidos. Aquel conflicto condujo a una guerra civil que se extendió por más de cinco años. Si bien el gobierno declaró haber derrotado militarmente a quienes se le opusieron, no pudo vencerlos: el conflicto continúo expresándose de otros modos y sigue pendiente de solución. Pero aquella confrontación nacional facilitó la temprana entrada al escenario de dos actores externos -EEUU y la URSS- que al apoyar a sus aliados también tenían su propia agenda.
Los participantes en aquel seminario concluyeron que el conflicto tuvo un origen interno y aún no ha sido resuelto. La violencia se desató - insistieron- cuando Fidel Castro recurrió a ella para imponer su posición y se internacionalizó al involucrar a actores externos. El gobierno cubano, sin embargo, tiene otra tesis oficial según la cual el único conflicto ha sido desde el inicio entre el pueblo y los EEUU, siendo ellos los”representantes” del primero y toda persona que se les oponga un “mercenario” del segundo.
Pero aquella “bronca”, al margen de la tesis que se prefiera para interpretar su origen, dejó en herencia un determinado sistema que todavía hoy está vigente. Sus efectos fueron rechazados por el pueblo cubano -que ya no es el de 1959- en el reciente proceso de asambleas que tuvo lugar en la isla. El conflicto central se expresa hoy entre las fuerzas que pretenden, en esencia, congelar el actual sistema y la población que reclama su urgente transformación. La mayor parte de las personas no tienen interés en discutir a estas a alturas si fue acertada o no la decision de implantarlo. Lo que expresan sin ambigüedades es que se ha tornado insufrible.
En estas discusiones, el embargo de EEUU no fue enarbolado por el gobierno como causa principal de los problemas. La gente ya no acepta el criterio de que el ejercicio de sus derechos y la calidad de su cotidianidad se deciden en la Casa Blanca. Exigen levantar “los otros bloqueos” que no dependen de Washington, para llegar a vivir en una sociedad decente.
Las asambleas pusieron de manifiesto que los llamados “logros de la Revolución” asemejan hoy los restos del pez aguja devorado por los tiburones, que fue todo lo que le quedó al personaje central de El Viejo y el Mar. Crisis de los sistemas de salud, educación y transporte; bajos salarios; comida y viviendas escasas; mala calidad de vida; economía ineficiente; violencia social en ascenso; pérdida de capital humano con los jóvenes que emigran y les imponen una “salida definitiva” de su patria; ausencia de libertades económicas y políticas, al punto de no existir democracia ni siquiera para los funcionarios y miembros del partido de gobierno. Con razón el trovador Pablo Milanés se pregunta y responde en una canción reciente: “¿Ha valido la pena? Pregunto, no sé. ¿Ha valido la pena? Respondo, no sé”.
Preferiría que Pablo Milanés no se obsesionara en exceso con el significado del pasado, y se concentrara en pensar –junto a muchos otros- cómo “arreglar” el futuro. El relato bíblico de lo ocurrido a la mujer de Lot es aleccionador. Quien hoy mire hacia atrás corre el riesgo de convertirse en estatua de sal. Sin padecer por ello de amnesia, debemos intentar mirar hacia delante y construir la concertación de todos aquellos que ahora están convencidos de la necesidad de transformar la realidad. Juntarnos todos y vencer el inmovilismo.
Esta “bronca” comenzó por nosotros y debemos ser los cubanos quienes le demos una salida honorable y justa. Los que estamos fuera de la isla gozamos de libertades y un margen de iniciativa que no tienen siquiera los funcionarios del gobierno y el partido comunista. Eso conlleva la responsabilidad de romper la inercia cuando se hace posible concebir y promover soluciones “con todos y para el bien de todos”. Ejercitémosla.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época
Pelota política
Juan Antonio Blanco | 15/01/2008 1:16
La televisión local de Ciudad de La Habana, en tiempo estelar del pasado sábado, mostró el documental del realizador Ian Padrón titulado Fuera de Liga en el que se examina la trayectoria del baseball nacional y se entrevistan peloteros residentes en la isla y tres que hoy radican en el exterior: los lanzadores Orlando “Duque” Hernández y Rene Arocha, y el bateador Kendry Morales. De los 70 minutos del film se dedican diez a esas tres entrevistas. La noticia sería irrelevante en cualquier otro país del mundo, pero el que se proyectara el documental en Cuba ha sido noticia. ¿Por qué? Porque por esos diez minutos el film estuvo prohibido durante cuatro años.
Y de nuevo la pregunta es ¿por qué?
Las entrevistas revelan, aunque sea de manera indirecta, la existencia de violaciones del derecho humano al libre movimiento, que hace de Cuba una situación exótica en ese terreno. Por otro lado, la censura que persiguió al documental nos recuerda la violación de nuestro derecho a la libre expresión.
La censura se encargó de subrayar que desde hace décadas nada es debatible que no sea previamente autorizado, en el momento que sea autorizado y en el lugar que sea destinado para ello por los que monopolizan el poder. Y cuando se habla de “monopolio del poder” o de “poder absoluto” no estoy usando licencias literarias. Es un poderío que decide y regula –o más bien prohíbe o limita-, el derecho a viajar, a tener empresas propias, organizarse en asociaciones independientes, el acceso a Internet, el trabajo independiente, la creación de cooperativas autónomas, a vender y comprar propiedades (ni siquiera tu propia casa). ¡Hasta hospedar un amigo extranjero en tu hogar está regulado! Y por supuesto pensar con cabeza propia está reglamentado y hasta penado por la ley, con figuras legales confusas y kafkianas como: tenencia de propaganda enemiga; difamación de instituciones, organizaciones de masas, héroes y mártires; clandestinidad de impresos; conducta antisocial; peligrosidad predelictiva y …no sigo porque me salgo del tema.
Este poder absoluto es el que crea situaciones tan tristemente ridículas como la ocurrida con Fuera de Liga. Padrón, de manera conciente o inconciente, llamó la atención sobre la injusticia que entraña el que un gobierno declare traidores a sus emigrantes y los trate, de hecho, como desterrados, a los que expropia todas sus pertenencias y luego transforma en emigrantes definitivos, sin derecho al retorno. Qué yo sepa a Maradona no le han llamado traidor en Argentina, ni mucho menos prohibido la entrada a Buenos Aires cuando jugó con el equipo Barcelona, el de Napoli o el de Sevilla.
El documental rompe el principio de que los traidores son innombrables. Su existencia anterior –escritos e imágenes- es borrada de todo espacio público. El emigrante es un traidor y como tal pierde no sólo sus propiedades, sino también su pasada existencia. Los censores no podían dejar pasar este documental que resquebrajaba un principio vital del control que se ejerce sobre la memoria colectiva.
Ian Padrón no estuvo dispuesto a mostrarse sumiso y atenerse disciplinadamente a la “obediencia debida” que le inculcaron desde la cuna. Pertenece a una nueva generación que subsiste en la incertidumbre y desafíos de la Cuba post operatoria de su Comandante en Jefe. Tiene, al parecer, el criterio de que es su derecho decir cosas.
El joven cineasta devuelve a la pelota su condición de ser un “conector” entre cubanos de ideologías diferentes. Un espacio común a ser cohabitado. Una posible herramienta al servicio de la reconciliación nacional. Padrón no fue a EEUU a buscar exclusivamente a emigrantes “perdedores” como en ocasiones han hecho algunos realizadores de la TV cubana. Eso constituyó otra imperdonable herejía para los censores. Buscó a los que triunfaron en la Isla y luego, pese a correr la incertidumbre que rodea a todo migrante, se asentaron de manera exitosa en el país de acogida. Pero el realizador fue aún más lejos en su ruptura con los mecanismos oficiales de demonización. Al indagar los sentimientos que guardaba El Duque Hernández hacia su anterior equipo y compañeros, el lanzador estrella de los Industriales y los New York Yankees (ahora con los Mets), abrió su camiseta de los NYY –como quien se abre el pecho para mostrar el corazón- y exhibió orgulloso la de los Industriales que llevaba debajo.
El corresponsal de El País nos vende la exhibición de Fuera de Liga como señal promisoria de nuevos tiempos, mientras que el periodista de La Jornada de México nos informa que lo sucedido es el resultado de una sostenida lucha del realizador en que, al agotar todas las vías, llegó a presentar su renuncia al ICAIC. Lucha en que ya no estaba aislado, como ocurrió antes a artistas, poetas, escritores, cineastas y profesores que fueron hostilizados, censurados y hasta enviados a prisión por apenas tener un manuscrito inédito en su domicilio. Ahora la gente intuye el cambio que se avecina. No porque se lo vayan a regalar un grupo de dirigentes más iluminados, sino porque “los de arriba” no pueden dirigir ya como antes, y “los de abajo” no resisten seguir siendo dirigidos de aquel modo. Ante el despliegue combativo de una nueva “guerra de Emilios” (e-mails) en el sector intelectual, los mutiladores de ideas dieron un paso atrás. Uno solo. Pero es alentador. Como dijo el escritor cubano Leonardo Padura "los cubanos que vieron hoy la película se sienten mejor que ayer". Y llegarán a sentirse mucho mejor mañana –agrego yo- cuando puedan ejercer todos sus derechos.
Los tiempos, en efecto, son promisorios. La razón es que cada vez más personas están dispuestas a resistir los abusos de poder y defender sus derechos. Lo que realmente “se mueve” en Cuba es una nueva subjetividad ciudadana.
Un cubano recibió hace poco uno de los más altos honores vinculados al baseball. A Orestes “Minnie” Miñoso le rindieron homenaje en el Gem Theater de Kansas City por su contribución a ese deporte. Allí le dieron el galardón The Jackie Robinson Legacy Award. Robinson fue el primer jugador afro americano en Grandes Ligas y enfrentó todo tipo de discriminaciones por el color de su piel para imponerse, finalmente, por su excepcional calidad deportiva y humana. Así abrió las puertas a otros . Para orgullo de los cubanos, Miñoso hizo lo mismo por los latinos siendo además negro como Robinson. El octogenario cubano se mostró emocionado y agradecido por el homenaje y el simbolismo que lo unía al jugador estadounidense. Me siento honrado por su condición de cubano.
Enlace permanente | Publicado en: Cambio de época | Actualizado 15/01/2008 2:52
[« Anterior][1][...][19][20][21][22][23][24][25][Siguiente »]









