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La sociedad cubana ante el cambio

Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco@rogers.com

 

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“El derecho a llamarse cubano” y la “Declaración de Concordia”

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Hoy cedo con gusto el espacio de este blog a Ana Julia Faya, una colega y amiga, con su comentario sobre el discurso pronunciado ayer por Felipe Pérez Roque. Vinculado a esos temas, publico también la Declaración de Concordia, de la que soy adherente, dada a conocer en el día de ayer.

Definitivamente el gobierno cubano teme a las manos extendidas. El bunker ha sido por tanto tiempo su hábitat natural que se atemorizan ante la fuerza de ciertas palabras. Mientras más voces se escuchan entre los cubanos de todas las orillas llamando al diálogo y la reconciliación, más se atrincheran. Quieren imponer los sectarismos de su línea política a la muy plural Diáspora.

El poder no sabe prescindir de enemigos demonizados. Los necesita hasta que, eventualmente, aprenda a buscar la legitimidad de otra manera. Sé muy bien que en Cuba hay muchos que aborrecen esta política y se avergüenzan de ella. Aquellos miembros del gobierno y el partido cubanos, que ya no comparten la filosofía de levantar muros y dividir la Nación, deben encontrar el modo de hacerse oír junto al resto de la población que ya ha puesto sobre la mesa la normalización de relaciones con la Diáspora.

En circunstancias como ésta, no se demuestra el coraje reaccionando con comprensible virulencia y devolviendo insulto por insulto. El objetivo debe ser desnudar y aislar al provocador. Dejarlo haciendo sparring con su sombra hasta que todos vean con claridad su demencia. Hay que responder con la rosa blanca de José Martí. Ese es el modo de realzar el decoro ante la indignidad.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo;
Cultivo la rosa blanca.

«El derecho a llamarse cubano»

Por Ana Julia Faya

El derecho a llamarse cubano depende, más allá del lugar donde se viva, de si se está dispuesto a defender, incluso con la vida, la República “con todos y para el bien de todos” de José Martí, o si se acepta la república colonial, corrupta y contrahecha, de la Enmienda Platt y la Ley Helms Burton que el Presidente Bush nos ofrece. (Felipe Pérez Roque, marzo 19 de 2008)

El derecho a llamarme cubana, señor Pérez Roque, sólo depende de haber nacido en Cuba; no en Suecia, no en Estados Unidos, ni en Zambia; en Cuba, hace 62 años.

No me lo otorgan mis ideas políticas.

No me lo otorga ningún gobierno, cualquiera que sea su signo ideológico y sistema.

No me lo otorga un grupo en el poder que desde 1959 hasta hoy ha excluido a quien se le opone o disiente, y ha hecho de Cuba no lo que soñó Martí de hacer una república con todos, sino lo opuesto.

No me lo otorga un gobierno que manipula una visión de la República de Cuba existente antes de 1959 con formulaciones maniqueas.

No me lo otorga un uso repulsivo de la condición de patriota, que la equipara a la adhesión a una revolución inexistente, y a un régimen dictatorial y de exclusión de cubanos, mediante el cual un grupo represor se mantiene en el poder.

No me lo otorga la adhesión o no que pueda yo manifestar hacia la política que decida cualquier gobierno extranjero.

Mi nacionalidad es cubana, aún cuando haya adquirido otra ciudadanía en mi país de residencia.

El gobierno en Cuba, acostumbrado a violar derechos universales, a usurpar espacios de acción y movimiento de sus ciudadanos, no puede arrebatarme lo que para mí, más que un derecho, es una condición.

El derecho a llamarme cubana, señor Pérez Roque, lo tengo desde que nací, y hasta que fallezca. No lo otorga usted, Fidel Castro, ni su hermano Raúl. Sepa que lo fue mío ayer; es mío hoy, y lo será mañana y siempre.

Ottawa

Comunicado de Prensa

La declaración que a continuación difundimos, firmada por 43 cubanos de la Diáspora residentes en siete países, acaba de ser enviada hoy, 20 de marzo, por vía electrónica, a cientos de sus compatriotas residentes en Cuba: funcionarios, periodistas, prelados, académicos, artistas y dirigentes de organizaciones gubernamentales entre otros:

Declaración de Concordia

Los que subscriben esta declaración, cubanos o de origen cubano residentes en el exterior del país, deseamos dar a conocer a la ciudadanía residente en Cuba los siguientes criterios, sentimientos, esperanzas y convicciones sobre la realidad cubana actual y sobre su futuro:

  • Abogamos por la paz, la reconciliación y la concordia entre todos los cubanos.
  • Nos negamos a seguir alimentando el odio y el resentimiento recíprocos que han engendrado en la historia nacional, de forma cíclica, violencia y fratricidio,
  • Por una amnistía que incluya a los cubanos de todas las orillas políticas e ideológicas.
  • Abogamos, en suma, por una renovación en espíritu de toda la familia cubana para el comienzo de una nueva Era de paz y prosperidad. El conjunto de cubanos residentes en Cuba y en la diáspora formamos una sola nación y debemos trabajar juntos para levantar al país.
  • Entendemos que concordia cubana significa asegurar la convivencia entre todos los hermanos de la patria común sobre la base del respeto a las diversas perspectivas y credos. De ningún modo deberá admitirse que tales diferencias puedan obstaculizar o amenazar esa convivencia.
  • No deberá aceptarse, bajo ninguna circunstancia, discriminación alguna basada en diferencias raciales, económicas, culturales, de sexo u orientación sexual, ideológicas, religiosas u origen nacional.
  • Ningún cubano deberá ser privado, por razón de su nacionalidad, de los derechos y accesos a instalaciones y lugares que en el territorio cubano disfruten los turistas extranjeros, o a comprar, vender o alquilar bienes básicos, como una vivienda y un auto.
  • Ningún cubano, resida o no dentro de Cuba, deberá ser privado de la posibilidad de invertir sus recursos en su propio país mientras haya un empresario extranjero gozando de ese derecho.
  • Deseamos un orden que lejos de frenar el potencial creador del ser humano, lo libere de ataduras y lo estimule para generar riquezas y abundancia en todo el país, sobre todo cuando se trata del trabajador cubano, célebre por su hábito de trabajo, su nivel de capacidad productiva y su ingenio en generar recursos. No queremos un orden que tienda a generar igualdad en la miseria, sino, por el contrario, un estado general de riqueza en condiciones de igualdad de oportunidades, y derechos económicos y sociales.
  • Ningún cubano residente actualmente en nuestro país deberá ser despojado de aquellos bienes que actualmente utiliza para vivir, como es el caso de viviendas y pequeñas parcelas agropecuarias, por los eventuales deseos de reclamos de restitución de antiguos propietarios, independientemente del derecho a una justa indemnización. Tampoco deberá suprimirse el disfrute de beneficios colectivos en esferas sociales como la educación y la salud, sino que por el contrario, esos beneficios deberán ser aumentados y asegurados.
  • No nos anima un espíritu de rapiña o despojo, sino de ayuda desinteresada en el mejoramiento y reconstrucción del hogar común.
  • Asimismo, nos pronunciamos contra todas las restricciones que obstaculizan el libre movimiento de los cubanos residentes dentro y fuera del territorio nacional, sean por la política del Estado cubano o impuestas por otros gobiernos, en particular el de los Estados Unidos, medidas que dificultan a los cubanos residentes en el exterior viajar a su país de origen, le impiden el acceso o relocalización en su patria, o hacen artificialmente costoso el enviar remesas u otros medios de ayuda y las que obstaculizan el acceso a la información y la comunicación telefónica o por correo electrónico con sus familiares y amigos en Cuba.
  • Nos pronunciamos por métodos pacíficos para el logro de los ideales plasmados en esta declaración, a través del diálogo y el libre intercambio de las ideas, convencidos de que sólo la evolución de la conciencia ciudadana nos puede conducir a un orden de armonía, reconciliación nacional y de respeto a todos los derechos fundamentales.

En este año se conmemora el XXX aniversario de las conversaciones humanitarias que en 1978 culminaron con la libertad de más de 3,600 presos políticos y una apertura a mayores contactos familiares entre los cubanos en la isla y los que radican en el exterior. Proponemos nuevas conversaciones de naturaleza humanitaria - bajo reglas mutuamente convenidas- que puedan constituir un primer paso hacia el porvenir que merece nuestra Nación.

Dado en la Ciudad de Miami a los 20 días del mes de marzo del año 2008.

NOTA

Si desea sumar su adhesión a esta Declaración de Concordia diríjase a Ariel Hidalgo a:

infoburo@aol.com

Suscriben esta Declaración:

Iván M. Acosta, dramaturgo, cineasta, Nueva York, Estados Unidos.

Blanca Acosta-profesora universitaria, TN, Estados Unidos.

Jorge Alfonso, locutor, La Florida, Estados Unidos.

Guillermo Asper, profesor de Information Systems en la Universidad de Brasilia, Brasil

Luciana Asper y Valdés, Promotora de Justicia, Brasil

Bernardo Benes, banquero retirado, Florida, Estados Unidos

Juan Antonio Blanco, conlictólogo, Canada.

Lorenzo Cañizares, sindicalista, Pennsylvania, Estados Unidos

Héctor Caraballo, comerciante y activista político.

Rolando Castañeda, ex-funcionario Banco Interamericano de Desarrollo, Washington, D.C.

Siro del Castillo, artista plástico, Florida, Estados Unidos.

Rudy Félix Cepero Machado, Psicólogo, Chile.

Raul Ernesto Colón Rodriguez, editor, periodista y traductor, Montréal, Canada.

Gustavo De Ribeaux, ingeniero civil, Estados Unidos..

Mari Gloria De Ribeaux, Trabajadora Social Clinica. Estados Unidos.

Carmen Díaz, psicóloga, Florida, USA.

María Eulalia Díaz Acosta, Contadora e Informática, República Dominicana.

Haroldo Dilla, Sociólogo, República Dominicana.

Eduardo Domínguez, Mecánico especialista, La Florida, Estados Unidos.

Len Enríquez, Ingeniero en Transporte y Logística, Florida, EUA.

Martha Lucía Enríquez, Corredora de Bienes Raices, Florida, EUA.

Ana J. Faya, consultora independiente, Ottawa, Canada.

Lino B. Fernández, médico La Florida, Estados Unidos.

Félix Fleitas, abogado, La Florida, Estados Unidos.

Juan Antonio Francés Garay, Sindicalista, República Dominicana.

Gilberto García, sindicalista, Venezuela.

Eduardo García Moure, sindicalista, Venezuela.

Mickey Garrote, Bibliotecario, La Florida, Estados Unidos.

René Hernández-Bequet, Sindicalista, Florida, USA.

Eduardo Hernández-Gispert, Analista político. Florida, Estados Unidos.

María Cristina Herrera, profesora, Florida, Estados Unidos.

Ariel Hidalgo, maestro, Florida Estados Unidos.

Bárbara Izaguirre, Florida, USA

Eduardo Lamora, cineasta. Paris, Francia.

Elena Larrinaga de Luis, Presidenta de la Federación Española de Asociaciones Cubanas, España.

Alain Laserie, administrador empresarial, Jamaica.

Olga Lastra, programadora de computadora, La Florida, Estados Unidos.

Felipe Lázaro, poeta y editor, España.

Pedro Ramón López, industrial, República Dominicana.

Ubaldo Gabriel López Rodríguez, Ingeniero Informático, España.

Sarahí Lorenzo, Corredora de bienes raíces, Florida, Estados Unidos.

Antonio Llaca Busto, Cirujano, Venezuela.

Teté Machado, actriz, Florida, Estados Unidos.

Gerardo E. Martínez-Solanas, Economista y Politólogo, La Florida, Estados Unidos.

Sergio Lopez-Miró, periodista y publicista, Florida, USA.

Danay Menéndez, empleada de limpieza, Florida, Estados Unidos.

Byron Miguel, jubilado, Florida, USA.

Marcelino Miyares Sotolongo, politólogo y activista político, Florida, Estados Unidos.

Víctor Mozo, traductor y columnista, Canadá.

José Manuel Pallí, abogado, Florida, Estados Unidos.

Silvia Pedraza, Profesora de Sociología, Universidad de Michigan, Estados Unidos..

Oscar Peña, activista de derechos humanos, Florida, Estados Unidos.

Roberto Concepción Pérez, servicio y comercio Suecia.

Marifeli Perez-Stable, Profesora universitaria, La Florida, Estados Unidos

Iván Pérez Carrión, periodista, República Dominicana.

Pedro Pérez Castro, sindicalista, Venezuela.

Andrés R. Pérez Díaz. Ex-Prof. Inst. Sup. de Ciencias Médicas de La Habana, Florida. E. Unidos.

José Pérez Martín, ingeniero eléctrico, La Florida, Estados Unidos.

Ricardo Puerta, Sociólogo, Honduras.

Idelfonso Quintero, médico anestesiólogo, Florida, Estados Unidos.

Lionel Remigio, Empresario de Comunicaciones, Florida, Estados Unidos.

Miguel Rivero, periodista, Portugal.

Augusto Rodríguez, periodista, La Florida, Estados Unidos.

Sergio Rodríguez Lorenzo, Camionero, La Florida, Estados Unidos.

Juan Antonio Rodríguez Menier, analista político, Estados Unidos.

Ricardo Roque, Médico, República Dominicana.

Luis G. Ruisánchez, periodista y escritor, República Dominicana.

Carlos Saladrigas, Empresario, La Florida, Estados Unidos.

Alfredo Sánchez, Ingeniero Civil, La Florida, Estados Unidos.

Rafael Sánchez, médico cirujano, Florida, Estados Unidos.

Héctor Sotolongo Álvarez, Ingeniero civil, España.

Regla Tápanes, empleada de comercio, La Florida, Estados Unidos.

Raúl Varela, industrial, República Dominicana.

Caleb Vega Socarrás. Economista, California, EU.

Raúl de Velasco, médico, Florida, Estados Unidos.

Camilo Venegas, escritor y poeta. República Dominicana.

Oscar Visiedo, Especialista en Sistemas de Información, La Florida, Estados Unidos.


79 Comentarios


44 por Felipe Perez Roque (Usuario no autenticado) 24/03/2008 14:20

Estimado Juan Antonio:
Te parecera asombroso pero te escribo desde la misma Ciudad Habana y acepto tu rosa blanca mas desprecio los conceptos y comparaciones que haces sobre mi presentacion respecto a la de nuestro Aposto Jose Marti. Fueron dos etapas historicas muy distintas y hoy la revolucion se ha visto amenazada por el mismo mosntruo que nuestro Jose en su tiempo quizo bien alertarnos. Nuestra revolucion ha sido determinante en decir que de forma irreversible estrecharemos los lazos con nuestra comunidad cubana en el exterior, pero se debera basar en estrictos lazos de respeto a nuestra soberania y principios revolucionarios.
Espero podamos recibir algun tipo de solicitud vuestra para que en el 2009 puedas, no solo usted pero muchos de los firmantes del documento tal pueblicado, asistir a la proxima reunion de la revolucion con su emigracion en esta Ciudad de La Habana.

Firma. Felipe Perez R.

NOTA:Para trata algun otro tema de interes favor entrar al sitio web del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Republica de Cuba y enviarme comunicacion por esta via.



43 por El Politologo (Usuario no autenticado) 24/03/2008 6:40

Este ultimo es el Figueredo que me gusta macarronico e inteligible como un Alarcon ante los estudiantes de la UCI, solo le falto decir que no puede entrar a las tiendas de Cayo Hueso por su acento o que no quiere viajar en avion porque se volverian locos los operadores aereos. Ya no tiene nada mas que decir, sigamos cabalgando.

42 por El Politologo (Usuario no autenticado) 24/03/2008 6:40

Fe de errata del ultimo comentario:donde dice "inteligible" debe decir "ininteligible"

41 por El gato por el tejado (Usuario no autenticado) 24/03/2008 6:40

No hace falta estar en al Habana para responder ni tener un grado en ciencias políticas, hace falta un poco de sentido común y de pertenencia.
No creo que encuentren concordia sin condenar los terroristas, eliminación del bloqueo económico y de todas las leyes del gobierno norteamericano en contra del pueblo, respeto por el gobierno que ellos han decidido tener.
No respondo a grupos de poder, me identifico mejor “con los pobres de la tierra”
Felicidades a Figueredo les ha respondido como ustedes querían.

40 por Gabonice (Usuario no autenticado) 24/03/2008 3:20

Estimado Sr. Alexis Figueredo. Creo que no has leído la Declaración de la Concordia.

Observa este párrafo que te trascribo:

Asimismo, nos pronunciamos contra todas las restricciones que obstaculizan el libre movimiento de los cubanos residentes dentro y fuera del territorio nacional, sean por la política del Estado cubano o impuestas por otros gobiernos, en particular el de los Estados Unidos, medidas que dificultan a los cubanos residentes en el exterior viajar a su país de origen, le impiden el acceso o relocalización en su patria, o hacen artificialmente costoso el enviar remesas u otros medios de ayuda y las que obstaculizan el acceso a la información y la comunicación telefónica o por correo electrónico con sus familiares y amigos en Cuba.

En él no se habla explícitamente del embargo, pero yo creo y estoy de acuerdo que el embargo se debe eliminar. A quien el embargo le quita la comida y las medicinas no es a Fidel Castro y su grupo, sino al pueblo de Cuba. Yo estoy seguro que si no se hubiera tomado esta medida, la dictadura de los Castros no hubiera durado ni una década. Pero ya tiene medio siglo. El daño está hecho.

Pero ahora lo que tenemos ante nuestras narices es el final de esta amarga historia en medio de una tirantez peligrosa. Hay mucho odio sembrado por la dictadura entre los cubanos. Y como se puede jugar en este momento tan peligroso en tratar de desvirtual un movimiento que clama por la CONCORDIA ENTRE LOS CUBANOS.

Yo propongo a los que nos adherimos a esta declaración no caer en la trampa de los que la sabotean on line. Simplemente no perdamos tiempo con ellos y continuemos aportando ideas positivas que hagan crecer este movimiento como una bola de nieve que nos lleve a una transición a la democracia plural pacíficamente.


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