La Asamblea bisagra
Juan Antonio Blanco | 05/02/2008 2:51
“La vida es lo que nos ocurre cuando planeábamos otra cosa” dijo John Lennon. No se si Gustav Husak recordó esa frase el día que anunció en una conferencia de prensa que el socialismo había dejado de existir en la antigua Checoslovaquia. Pero lo que nunca he olvidado es su rostro aturdido cuando un periodista le preguntó: ¿Y qué es el socialismo? Husak encogió los hombros e hizo mutis por el foro. Siempre me ha parecido extraordinario que el ultimo líder comunista de un país en que miles de personas fueron victimizadas para salvaguardar el socialismo fuese incapaz de definir el motivo de tanto sacrificio y atropello. El líder que no dudó en tirar por la borda la soberanía nacional al solicitar una intervención militar extranjera “para salvar el socialismo” se mostraba al final inepto para explicar la causa meritoria de semejante decisión.
La próxima Asamblea Nacional del Poder Popular que quedará instalada el 24 de febrero tiene previsto ejercer sus funciones hasta el 2013 según dictamina la constitución vigente. Ha habido muchas Asambleas anteriores, pero esta parece llamada a vivir en un auténtico “periodo especial”, no por sus penurias, sino por las características peculiares de esta etapa. Esos cinco años estarán marcados por nuevas situaciones que se dibujan ya en el horizonte interno y externo. Según sea su comprensión del tiempo que viven, pueden verlo o no como una época de oportunidades. El papel potencial de esta Asamblea no está dado por ser “la primera de Raúl Castro”, sino por constituir la bisagra con el advenimiento de la época “post Castros”
Hay dos factores a tener presentes en el plano interno
Uno es el cese del ejercicio directo del poder por los hermanos Castro. No pronostico ni deseo la muerte de nadie, solo me atengo a un hecho terco: en el 2013 Fidel tendría 87 y Raúl 82. La actual situación del primero y la siempre precaria salud del segundo hacen pensar que esa sea la realidad, aun de seguir ambos vivos para entonces. Eso significa que el nombramiento y encumbramiento de un “tercero” (el género está bien conjugado porque el machismo que prevalece en la elite de poder cubana no parece estar preparado para aceptar una “Hillary”), se vuelva un tema estratégico después de haber sido anatema por medio siglo. Las relaciones de ese delfín con los patriarcas que lo sitúen en esa nada deseable posición serán tensas: le exigirán, mientras ellos vivan, total incondicionalidad. Por otra parte, las relaciones con el resto de sus colegas y la población –que se creerán más libres de exigir explicaciones a un simple mortal que a los dos principales “líderes históricos de la Revolución”- pueden tornarse conflictivas. Ningún “tercero” podrá gobernar de manera unipersonal como hasta ahora cuando le llegue el turno y su mandato sería, posiblemente, efímero.
Un segundo factor interno es el cambio de mentalidades que se abre espacio en la población. La gente intuye que se arriba al fin de una época. Han llegado hasta allí después de innumerables sacrificios y peligros que no llegaron a traducirse en el bienestar y seguridad que deseaban legar a sus hijos. Los que pusieron sus vidas en manos de un líder que los conduciría a la tierra prometida, se preguntan por el significado de su existencia cuando ven a sus descendientes preferir la migración a otros países donde poner a prueba sus anhelos. El socialismo -que acabó con la propiedad privada hasta del menor tendero- terminó privatizando los sueños. Solo la elite tiene el privilegio de soñar – hasta desvariar- mientras los otros están en el deber de movilizarse para materializar sus deseos.
Durante el reciente proceso peticionario se hicieron más de un millón de planteamientos y propuestas, algunas en tono menos amable que otras. Los líderes post Castro no podrían ignorar ese cúmulo de demandas sin correr riesgos. Ya están en una nueva época y lidiar con ella con la mirada y soluciones de antaño es una mala receta. La prensa y no pocos gobiernos extranjeros han venido observando y buscando señales de cambio de parte del gobierno, de donde pocas han emanado en estos meses. El cambio sustantivo viene operándose –gradual, pero seguro- en la subjetividad nacional y será ese el que determine los demás.
En el campo internacional también se vivirá una fase fluida hasta el 2013.
La Casa Blanca tendrá un nuevo inquilino (o inquilina) y un nuevo presidente (o presidenta) ocupará el Palacio de Miraflores. Los dos principales actores externos del conflicto cubano –EEUU y Venezuela- verán pasar la antorcha a nuevos líderes. Aferrarse a la filosofía de la confrontación geopolítica cuando se abren oportunidades a formas no violentas y constructivas de cambio en lo interno y externo sería un grave error para quienes dirijan Cuba en estos años. La viabilidad internacional de la economía cubana después del 2013 se decide ahora. Los dirigentes cubanos tienen que acomodar los posibles anclajes externos del desarrollo. Ya no pueden darse el lujo de seguir haciendo piruetas geopolíticas con apuestas cortoplacistas. Insistir en un rumbo confrontativo excluye las posibilidades de normalizar y encaminar al largo plazo las relaciones internacionales, políticas y económicas, de la isla. La subjetividad nacional no otorgaría nuevos créditos a quienes deseen embaucarlos en la repetición de experimentos fallidos.
¿Es relevante la Asamblea Nacional ante estos dilemas? A mi juicio la que quedará instalada en este mes lo es porque constituye una bisagra constitucional entre dos épocas. Los que hoy hayan sido promovidos por la elite de poder para extender un voto incondicional y unánime en favor de sus decisiones pueden descubrir mañana que, en las nuevas circunstancias, gozan de mayor autonomía si hacen valer sus derechos formales. Los diputados y funcionarios gubernamentales no son parte de la elite de poder. Esta última es la que realmente manda y los otros gobiernan del modo que se lo indiquen. Hasta ahora ha sido así. Pero puede no seguir siéndolo en nuevas circunstancias.
Rechazo la visión de que detrás de cada comunista o diputado hay un servil oportunista, del mismo modo que siempre he rechazado la versión oficial de que detrás de cada exiliado hay un revanchista. Parte de la tragedia nacional ha sido el extravío espiritual y mental de millones de personas decentes. Muchos hoy se preguntan por el sentido que dieron a sus vidas. Estos diputados no son la excepción. Están próximos a iniciar el ejercicio de su mandato en un periodo extraordinario de la historia nacional que les ofrece la oportunidad de reencontrar y rescatar el significado de su existencia sirviendo la nación desde una nueva perspectiva.
Publicado en: Cambio de época | Actualizado 05/02/2008 19:19




19 Comentarios
4 por El Guatón (Usuario no autenticado) 05/02/2008 18:00
Es de los mejores,y más equilibrados articulos de nuestra
realidad nacional con mucha mesura e inteligencia,y por sobre
todo con mucho optimismo en el futuro de nuestra bella isla,
personas como usted son los que necesita la patria libre.Saludos
desde Suiza.
3 por La hermana de Juana (Usuario no autenticado) 05/02/2008 17:40
Excelente, Blanco. ¿Qué más decir? Que ojalá triunfe en las elecciones de Estados Unidos alguien dispuesto a iniciar cambios en la política exterior de ese país hacia Cuba, para que interactúe e influya positivamente en la dinámica propia de la isla. La consigna de “Sí se puede” de la campaña de Barack Obama usa las mismas palabras de una que Raúl Castro solía esgrimir, pero con propósitos diferentes. Va y en esta nueva coyuntura en Cuba terminan también haciéndola suya los cubanos, con otros propósitos que ahuyenten la ausencia de esperanza, y al halo de los Castros también.
2 por Cristina Fernandez (Usuario no autenticado) 05/02/2008 14:00
Lucido. Traslucido. Los escritos de ud me dejan un buen sabor, el de saber que puede haber otros tantos cubanos con semejantes capacidades para clarificar nuestra historia. Faltan muchos mas para enmendar lo errado y abrir el pais a mejores opciones. Le agradezco.
1 por El Abogado del Diablo (Usuario no autenticado) 05/02/2008 14:00
Éste ensayo, por el cuál, le felicito, sinceramente, deberia llegar a cada cubano, dentro y fuera de la isla, comparto profundamente el espiritu de lo que aqui dice, es usted un hombre lúcido, claro y patriota, en mi opinión. Ahora entiendo bien el por qué quienes trabajaron con usted, lo respetan, aunque en su momento, no estuviesen de acuerdo (pienso que ingenuamente o por falta de visión futura) con su decisión. Usted es un buen cubano, y esos son los que necesitamos. Sé que vive en un pais justo, mucho más justo que la mayoria de los países en que vivimos el resto de los "exiliados", y pienso que su deseo es que lleguemos a construir algo en ese sentido, usted es de los que, como yo, ven la luz al final del tunel sin pensar cuantos kilómetros ha duramente recorrido hasta, al fin, ver esa punta de luz y esperanza. es un placer leerle.
Saludos desde Francia.
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