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La sociedad cubana ante el cambio

Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco@rogers.com

 

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Moral hemipléjica

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En el tema de derechos humanos, como en el de resolución de conflictos, hay personas y organizaciones que trabajan de manera selectiva, aunque sean sinceros y abnegados en la dedicación a su causa. Padecen, -a menudo de manera inconsciente-, de lo que un conocido disidente cubano denominó moral hemipléjica para caracterizar la actitud de quienes son campeones en la denuncia de abusos en cualquier parte, menos en la isla. Pero el fenómeno es, lamentablemente, más universal y afecta a diversas latitudes ideológicas.

Hay quienes defienden los derechos de una inocente familia palestina masacrada por bombas israelíes, pero prefieren guardar silencio por los infelices que perecieron en una boda judía a manos de lo que consideran es un “heroico” ataque suicida. Condenan la invasión de EEUU del 2001 a Afganistán, pero guardaron silencio en 1979 respecto a la ejecutada por la URSS a ese país. Exigen transparencia para el sistema penitenciario estadounidense, pero no para el cubano. Pero hay quienes, desde el otro lado de las barricadas, asumen posiciones similares. La lógica de ambos es que “no se debe llevar el agua al molino del enemigo”. Es por esa razón -dicen- que las únicas víctimas que han de ser reconocidas son las “nuestras” y los únicos victimarios a ser denunciados han der ser “los otros”.

La esperanza en un futuro mejor depende, sin embargo, de los que intentan facilitar diálogos entre enemigos para explorar las posibilidades de fomentar la paz en lugar de arengarlos a continuar masacrándose de manera recíproca. De quienes siempre denuncian el uso del napalm y bombas incendiarias, bien sea lanzado desde un helicóptero estadounidense o ruso. De los que exigen justicia y se oponen a la impunidad de cualquier acto criminal o terrorista. De aquellos que están convencidos de que un detenido tiene derechos inviolables en cualquier prisión del planeta en que se encuentre aun si fuese realmente culpable de aquello de lo que fue acusado. De quienes saben que los derechos políticos y civiles valen poco sin los económicos, sociales y culturales, pero que estos últimos se transforman en políticas clientelistas y demagógicas en ausencia de libertades básicas, como son las de expresión, prensa y asociación. Quienes comprenden esas cosas no se sitúan a la izquierda o a la derecha, sino delante.

Siempre habrá quienes se rasguen las vestiduras ante aseveraciones como estas y griten “traición” a todo pecho. En esos casos es pertinente recordarles las palabras del escritor judío Amos Oz cuando hablaba de su propia experiencia como disidente de la visión oficial israelita y de los países árabes: “Traidor es quien cambia a ojos de aquellos que no pueden cambiar y no cambiarán, aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarlo a uno”.

Lo que la humanidad requiere es un cambio de perspectiva, no de camiseta política que de poco vale si apenas supone la sustitución de una moral hemipléjica por otra.


23 Comentarios


8 por Para Barbara (Usuario no autenticado) 12/03/2008 19:40

Creo que es perder el tiempo tratar de convencer a Figueredo, ni leera ningun libro ni nada lo cambiara, el no trata de participar en un debate para buscar la verdad, el solo satisface su ego y hace su trabajo, eso es todo.

7 por Filomeno (Usuario no autenticado) 12/03/2008 18:40

Creo que retroceder en la historia para sustentar posiciones es demagógico.

Honestamente Sr. Figueredo hacia rato que no me topaba con un planteamiento tan absurdo.... digo, a menos que Ud. haya encontrado ya la manera de "adelantar en la historia" para ver claramente futuro y entonces saber a ciencia cierta que posicion se debe tomar.

La Historia señor mio (asi mismo, con mayuscula) se ocupa precisamente de dejar registrado en orden cronologico los acontecimientos y sus implicaciones de tal manera que podamos retroceder en el tiempo, aprender de ellos y sustentar nuestras actuales posiciones.

Lo verdaderamente demagogico es sustentar posiciones sin tenerla a ella en cuenta.

6 por Ya tu sabes (Usuario no autenticado) 12/03/2008 17:20

"Para denunciar a Cuba hoy día, se precisa de una moral muy elevada y de una conciencia ennoblecida...." Realmente solo me queda preguntarte Figueredo, Comiste proteina hoy?

5 por La hermana de Juana (Usuario no autenticado) 12/03/2008 17:20

Al señor Alexis Figueredo, lo remito a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas para que revise uno a uno los artículos que tiene y decida con ética, moral, conciencia, o como estime, si se violan en Cuba o no. Mi país es Cuba, no Senegal, Israel ni Estados Unidos, donde estoy segura también se violan muchos derechos de sus ciudadanos; Cuba es lo que me interesa. Con total firmeza, y tristeza también, señor Figueredo, le aseguro que en Cuba se violan muchos derechos de los cubanos. Pero en esta vida no hay peor ciego que el que no quiere ver, o al que le dicen, y acepta, que no vea. Como dice Blanco, empecemos por revisar los documentos de ONU, de los cuales el gobierno cubano acabó de firmar dos tratados muy viejos, después de 50 años de poder “revolucionario” y firmó además con múltiples reservas. Dejando a un lado la propaganda, Figueredo, ¿es que el derecho de los cubanos a la libre expresión, asociación, movimiento, a una prensa libre, poder judicial independiente, etc, etc, los “quebró” Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia, Reino Unido, cuál potencia? Yo no sé de qué charquito usted habla. Sepa que mi horizonte es tan ancho como el mar, inmenso y democrático.

4 por Bárbara (Usuario no autenticado) 12/03/2008 17:20

Hay un profesor Aaron T. Beck es un renombrado psiquiatra, -hijo de inmigrantes judíos, por cierto- que desarrolló la terapia cognitiva a principios de los años 60. Más allá de sus indiscutibles aportes a la psiquiatría lo traigo a colación por su libro “Prisioneros del odio. Las bases de la ira, la hostilidad y la violencia”. Beck nos habla de que más allá de los pensamientos primarios de hostilidad y violencia, como reacción ante amenazas de peligro, este tipo de pensamiento se extiende ante situaciones de todo tipo y que tendemos de manera natural a seleccionar o tergiversar la información que recibimos para que se articule con nuestras ideas preconcebidas.
Lo que quiero decir es que a todos aquellos que nacimos en el siglo XX y crecimos bajo la influencia de “buenos y malos”, “izquierda y derecha”, “socialismo” y “capitalismo” nos cuesta mucho trabajo zafarnos de todas esas ideas para acabar de entender que el mundo no es en blanco y negro, que revoluciones se convierten en dictaduras, que líderes se corrompen, que guerrilleros se convierten en terroristas, usan drogas y secuestran a inocentes, que hay “buenos” que hacen acciones perversas y “malos” que pueden hacer algo positivo. Que jóvenes que “nadie podía pensar que fuera un asesino” dispara a sus compañeros de aula y que exdrogadictos se dedican a ayudar a otros para que salgan de la adicción. A dónde quiero llegar es que bajo el discurso de la omnipresencia de EEUU ya no se puede justificar lo injustificable, y que Beck explica admirablemente la manipulación de las ideologías o el concepto de patria para azuzar el odio, y que como dice Blanco hay conceptos y principios que están por encima de las ideologías, y el respeto a los derechos humanos es uno de ellos.
A Alexis Figueredo, le recomiendo encarecidamente el libro. Y otro consejo, haciendo generalizaciones se cae en la bobería. “Las víctimas del holocausto nazi” dejaron sus huesos en los campos de concentración y las que sobrevivieron creo que ya son demasiado ancianas. No confunda a esas víctimas con las acciones violentas del gobierno de Israel. Ese comentario es ciertamente muy irrespetuoso, pero creo que parte de sus “ideas preconcebidas”. Le ruego que se actualice porque el mundo está patas arriba: China se sigue llamando socialista, a pesar de la forma de producción capitalista. Cuba no ha definido todavía que entiende por socialismo, y muchos niños en Cuba ya no quieren ser como el Che, sino extranjeros cuando crezcan para poder viajar.


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