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Somos felices aquí

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"Somos felices aquí". Así rezaba una valla estratégicamente situada en el camino que conduce desde la capital cubana al aeropuerto internacional de Rancho Boyeros. Por el tono no se sabía si era una orden o una aseveración. Quizás era un recordatorio, a titulo de despedida, dirigido a quienes se disponían a tomar un avión para no regresar a aquel “paraíso”.

Hay en este mundo quienes pretenden tener indicadores cuantificables para medir la felicidad. Suelen utilizar datos –cuya veracidad no se molestan demasiado en corroborar- aportados por los propios gobiernos a organizaciones internacionales sobre la tasa de mortalidad infantil, la expectativa de tiempo de vida e índices de escolaridad. Nunca he comprendido por qué no incluyen otros indicadores igualmente mensurables, como las tasas nacionales de emigración y los suicidios. El hecho es que estos inefables “felicitólogos” se niegan a considerar el impacto que tienen sobre la felicidad humana la presencia o ausencia de factores tales como las libertades individuales, estado de derecho, institucionalidad democrática y otros similares que al parecer consideran poco precisos e ideologizados.

Según los gobernantes cubanos, en la isla los que no clasifican como seres “felices” son las inevitables excepciones –desequilibrados que insisten en su necesidad de libertad de opción- que sólo sirven para confirmar la regla. Todos los diplomáticos y delegaciones extranjeras que han recorrido el territorio nacional en estos cincuenta años han podido corroborarlo. Sus visitas, acaba de decirnos el General de Ejército Raúl Castro, han sido diligentemente preparadas de antemano para facilitarles llegar a esa sabia conclusión.

Sin embargo, la terca realidad nos interroga sobre la extraña conducta de miles de compatriotas que huyen anualmente hacia cualquier otro punto del planeta a la primera oportunidad.

Cuando se inició la tímida y mediatizada apertura a la iniciativa privada a partir de 1994, el número de las llamadas “salidas ilegales” descendió sustantivamente sin que Estados Unidos hubiese suprimido su Ley de Ajuste Cubano. La gente creía que podría volver a buscar su felicidad junto a familiares y amigos, en lugar que tener que alejarse de ellos intentando alcanzarla. Al cerrarse el espacio y morir la ilusión, el éxodo tomó nuevos bríos.

Muchos esperaban ahora recuperar la esperanza, pero la recién concluida Asamblea Nacional del Poder Popular solo les anuncia tiempos aún más duros. Nada se dijo que indicase que el estado desalojaría los predios económicos que invadió de manera masiva desde la década de los sesenta del pasado siglo. Nada se aprobó que hiciera posible creer que pronto podría buscarse la felicidad en el territorio nacional sin que el estado definiese el contenido de ese concepto.

En el socialismo de estado cubano hay cada vez más personas que restan importancia a saber leer y escribir, si solo se puede ejercer esa virtud dentro de lo considerado políticamente correcto por el gobierno. O les parece inaceptable que su longevidad sea consumida en una sociedad en la que carecen de todo poder y derechos, salvo el de ser convocados a hacer realidad los sueños de sus gobernantes o aplaudirlos en la plaza pública.

Raúl Castro cree que la gobernabilidad depende de los frijoles y lleva razón. Pero es evidente que insiste en producir alimentos y hacer construcciones a partir de las fuerzas del estado. Desconcentrar decisiones y recursos no equivale a descentralizarlos en favor del ciudadano. Sin liberar la iniciativa privada, individual y cooperativa, no habrá suficientes brazos para producir ni construir.

Pero el asunto es aún más complicado. El problema de fondo es que el leit motiv del ser humano no son tampoco “los frijoles” aunque ellos sean esenciales.

Las personas no somos animalitos que bien cobijados (que no es el caso de muchos cubanos hoy día), bien alimentados (que tampoco lo es) y bien atendida su salud (que cada vez lo es menos) son felices en un paraíso abierto a ingenuos visitantes que lo recorren por rutas cuidadosamente escogidas por sus administradores.

El ser humano necesita ejercer el derecho de definir por sí mismo qué es lo que lo hace feliz. No es papel del estado determinar cuál debe ser el ideal de felicidad de las personas. Su función es “empoderar” a los ciudadanos para que puedan intentar alcanzarla en un marco de iguales oportunidades. Ningún estado hace feliz a nadie, aunque pueden hacerle la vida infeliz a muchos.

El día que realmente se “socialice” –democratizándolo- el inmenso poder que hoy tiene centralizado una cúpula dirigente, los cubanos podrán dar respuesta eficaz a sus necesidades materiales haciendo uso de sus libertades ciudadanas. Y buscaran la felicidad en su propio país. Para entonces, la valla se habrá retirado de la calzada de Rancho Boyeros, porque ninguna sociedad es total y definitivamente feliz y la búsqueda de la felicidad es siempre un proceso inconcluso.



22 Comentarios



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22 by joseluis sito (Usuario no autenticado) 21/07/2008 21:40

La felicidad es una posición ética según los ancianos, los filósofos griegos o los estoicos romanos como Seneca. Para ellos la felicidad se alcanza siguiendo virtudes y comportamientos morales. Un cierto modo de vivir, epicúreo o estoico por ejemplo, conduce a la felicidad a partir de una vida razonable, de preceptos éticos que deben seguirse. La felicidad depende de un saber, es una sabiduría. Los filósofos clásicos como Descartes o Spinoza siguen en la misma línea de conducta, Spinoza por ejemplo llama beatitud a esta doctrina de la felicidad conducida por la razón. El que va a criticar todo el edificio es Kant. Para él, la felicidad no es ni una sabiduría basada sobre la razón, ni se puede conocer lo que objetivamente nos puede hacer felices. Si deseamos la felicidad por naturaleza no podemos conceptualizar el objeto de nuestro deseo, luego no hay método ni precepto, ni regla, ni sabiduría. La felicidad es una idea producida por la imaginación. En la practica buscar la felicidad consiste en satisfacer varios deseos, por ejemplo escuchar tal canción o cortarse el pelo. La imaginación construye una representación indeterminada, completa, de la felicidad a partir de satisfacciones parciales. Es como una ilusión que produce tanto decepción como consolación. Esto implica sencillamente que la felicidad puede ocurrir tanto en una chabola miserable cubana como en un campo de concentración nazi o soviético, o en el palacio de un multimillonario. Esta calidad de la felicidad es la que utilizan los castristas para afirmar que también en Cuba existe la felicidad, y hasta glorificarse vanidosamente que los cubanos son felices. ¿ Como podría ser de otra manera, ya que la idea de la felicidad es naturalmente un producto de la imaginación que se puede alcanzar a partir de la satisfacción parcial de deseos? Un cubano bailando salsa ya es feliz, o escuchando un concierto de Porno para Ricardo. Pero aquí es necesario entrar en otras consideraciones. ¿ Si los cubanos pueden ser felices, como todos los seres humanos, satisfaciendo sus deseos, porqué el régimen impide que algunos puedan satisfacer el deseo de asistir a un concierto de ese grupo musical? ¿Si, como lo pretende el régimen, busca dar la felicidad a los cubanos, entonces porqué acosar, censurar, prohibir el grupo Porno para Ricardo? La frase “Somos felices aquí” contiene una indeterminación. No sabemos quien es feliz, de quien se habla. ¿No será porque en realidad esa felicidad que otorga magnánima la dictadura es una felicidad para algunos y no para todos? Es cierto que los hay en Cuba disfrutando de las gratificaciones, de los privilegios, y en consecuencia satisfaciendo sus deseos con mas facilidad, mas felices por ende. Esos son los castristas, generales, ministros, miembros del Partido, cómplices, chivatos, etc. Esto significa que obtienen satisfacciones no por sus meritos o cualidades, pero por el nivel de clientela, de subordinación, de sometimiento, de esclavitud al que les rebajan indignamente. La felicidad tiene un precio que compran. Entonces surge otra pregunta. Si esas personas obedecen ciegamente al tirano y sus instituciones para satisfacer sus deseos y vivir felices, ¿es eso realmente una felicidad que volverse por esa causa esclavo, chivato, torturador y hasta criminal, algo éticamente y moralmente condenable? Volvemos luego a la ética de los ancianos. Sencillamente porque por esa vía también retornamos a Kant. Esto significa profundamente que la búsqueda de la felicidad comporta renuncias y aceptaciones cuando el hombre no esta en acuerdo con el mismo, porque renuncia a su libertad. La satisfacción entonces es algo más que pequeños intereses egoístas, diminutas y parciales satisfacciones de deseos mezquinos, estar satisfecho significa tomar de la felicidad lo que le conviene para una vida justa, estar de acuerdo con uno mismo, no contradecirse y estar de acuerdo con los otros hombres después de haber dialogado con ellos. La razón le revela finalmente que está hecho para trabajar a su Libertad, para la autonomía moral y vivir bajo leyes que se dio como ser razonable. “Renunciar a su libertad es renunciar a su calidad de hombre” dice Rousseau. La búsqueda de la felicidad, aunque naturalmente legitima, no puede, ni debe, justificar la alienación. La sumisión a espíritus paternales, a un Estado paternal es lo peor. El Estado que pretende hacer la felicidad de sus ciudadanos conduce según Kant al mayor despotismo ya que el fin de la política no es la felicidad, pero el derecho, la igualdad y la libertad. Con una norma de la representación de la felicidad sin valor objetivo, se autoriza de esta norma ilegitima para atentar contra la libertad. 200 millones de niños duermen hoy en las calles ninguno es cubano, rezaba una valla en una carretera. Preguntas: ¿ cuantos niños dormían en la calle en 1959? Ninguno, absolutamente ninguno.¿ Era necesario una dictadura, llevar el país a este nivel de tercer-mundo, hasta los castristas lo reconocen ellos mismos, para alcanzar en definitiva nada? Pero aun mas patético, desde 1959 ha aumentado considerablemente el numero de niños pobres, míseros, sufriendo de malnutrición, de enfermedades debidas a las condiciones de higiene, de vida, de alojamiento. ¿ Entonces, de que especie de felicidad estamos hablando? ¿Felicidad para quien? ¿ Cuanta felicidad más hemos ganado en 50 años si el pueblo cubano está más pobre, más desterrado, más sometido, más cautivo que nunca? La valla “Somos felices aquí” revela lo que es: una mentira, una indignidad, el grado cero de la felicidad, su disfraz. RESISTENCIA ¡! UNION ¡! VIVA CUBA PRONTO LIBRE ¡! Siempre un gran placer leer sus textos Juan Antonio Blanco. Reciba un saludo fraterno.

21 by Rudy Felix (Usuario no autenticado) 19/07/2008 23:40

Creo que se hace necesario un alcance respecto a la felicidad. Ésta depende básicamente del nivel de expectativas, de los deseos del que la busca. La felicidad siempre será aspiracional. En ese sentido, no es adjudicable a variables específicas y fijas (hambre, libertades sociales o civiles, un pantalón, viajar…) si no más bien a variables cambiantes según el tiempo, el contexto, la circunstancia y condición particular de cada sujeto. Y sobre todo, al conocimiento que tiene ese sujeto del entorno y a su nivel de aspiraciones. Sirva como ejemplo lo siguiente: En ese estudio sobre la felicidad, hace unos años Guatemala apareció como uno de los países más felices de latino América (si no el más feliz), en circunstancias que es uno de los países con niveles de pobreza más alto de la región. Por otra parte, Chile apareció como el país con mayor índice de infelicidad, siendo uno de los países de mayor desarrollo económico y estándar de vida en la región. Se explica casi por sí solo. Saludos RuFe.

20 by El comegofio (Usuario no autenticado) 19/07/2008 0:40

MORIREMOS DE FELICIDAD!!!

19 by bar (Usuario no autenticado) 19/07/2008 0:40

creo que es primera vez que blanco y yo diferimos. para usar un cubanismo, generalmente estamos en la misma cuerda. no, cuando se tiene hambre abyecta solo se piensa en saciarla. si, y solo si se ha alcanzado un nivel minimo de necesidades cotidianas satisfechas es que podemos pensar sobre la libertad. vivi en cuba casi toda mi vida. y a los busca vidas les importaba un bledo la libertad, los derechos civiles, etc., solamente el fula. castro es un genio del mal, al despenalizar el dolar y ahora inventar el cucu, que tiene el descaro de decir que es mas fuerte que el dolar, hizo que los cubanos solo tuvieran una precaria necesidad cotidiana que no les daba tiempo para mas, guapear el fula. diganme un filosofo que haya sido muerto de hambre...buenos los misticos son otra cosa. no me imagino a un cubano mistico, excepto el del trigemino y la muleta.

18 by Al que le sirva el sayo (Usuario no autenticado) 17/07/2008 20:20

¿A qué viene esto? ¿Por qué este “ataque”? No creo haber adulado a nadie en mi vida, a Blanco tampoco. No tengo porqué. No creo en Dios, ni en dioses, en ninguno. Mucho menos en hombres de carne y hueso convertidos en Dios. Encontré que la crítica que hacía este señor Nian...,o como se escriba, no era válida y señalé dos frases de Blanco que a mi entender refutaban lo que decía N. Si además usted piensa que el blog de Blanco está “muy bueno”, de nuevo pregunto: ¿a santo de qué esta sarta de adjetivos de “aduladores”, cuando yo encuentro el post muy bueno también? Note que no le he colgado a usted ningún adjetivo, y sepa que pudiera.


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Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco96@gmail.com

 

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