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En Macondo siempre es 26

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Raúl Castro vistió verde oliva y decidió hacer feliz a su hermano y no al pueblo. Después de dos años de una siembra intensiva de expectativas, el General pronunció un discurso dirigido a desmovilizar la esperanza. Y lo ha logrado. En eso sí ha tenido éxito.

La consigna de “siempre es 26” adquirió esta vez otro significado: el de Macondo. La gigantesca imagen de Fidel Castro con el lema “Victoria de las ideas” como telón de fondo también era mal augurio. El triunfo de sus ideas condujo a un pozo. Persistir en ellas es la opción del suicida.

El estado, dice el General de Ejército, no tiene recursos para responder a las necesidades y expectativas planteadas por la población, ni para enfrentar los sombríos tiempos que se avecinan.

El estado totalitario que rige en Cuba, ciertamente, no tiene los recursos necesarios porque dilapidó los recibidos de la URSS y hoy sigue siendo incapaz de crear riquezas con eficiencia. Los recursos de todo tipo están en la sociedad civil; en la gente. En esa población, artificialmente empobrecida por un sistema disfuncional, y en aquella parte de la nación desterrada y esparcida por todo el planeta. Sus ideas e iniciativas, las de todos, son las que se necesitan hoy.

Permítase la unión de la nación y libérese la capacidad de soñar, hoy privativa de la elite de poder. Ahí sí hay recursos humanos y financieros para salir del pozo:

· Nuevos productos, servicios y empleos que pueden generarse por decenas de miles de iniciativas individuales y cooperativas.

· Remesas –hoy la segunda entrada de divisas al país- que pudieran ser capitalizables en microempresas urbanas y rurales si éstas se legalizan.

· Recursos humanos emigrados que pueden hacerse disponibles para proyectos productivos y sociales a través de diversas organizaciones no lucrativas (que además aportarían capitales adicionales sin esperar su restitución).

Las decisiones a tomar por el gobierno para que el país acceda a esas posibilidades tampoco requieren de recurso alguno:

· Transformar las actuales empresas y servicios estatales ineficientes en cooperativas de sus propios trabajadores y permitirles que operen como empresas mixtas autónomas con capitales estatales y extranjeros. Las empresas –al igual que las tierras- deben socializarse en favor de quienes las hacen producir. La capacidad de recibir remesas no es la línea inescapable entre el empresario y el trabajador cuando el segundo puede ser también copropietario y accionista de las empresas en que trabaja por obra de un plumazo gubernamental. Por eso es hipócrita el actual esfuerzo por atizar envidias hacia el trabajador por cuenta propia y el receptor de remesas.

· Legalizar la pequeña y mediana empresa en lugar de malgastar el erario público en perseguirlas. Así podrían dedicarse a actividades productivas los recursos que hoy se invierten en su represión.

· Legalizar el traspaso real de las propiedades en bienes raíces y automóviles a sus actuales “usufructuarios” para que puedan valerse de ellas como herramientas para prestar servicios y garantizar el sustento familiar.

Raúl Castro retoma el cansino discurso del estado paternalista. Ése que explica su impotencia para resolver los problemas por causas siempre ajenas a su voluntad: el bloqueo, los ciclones, el cambio climático, las fluctuaciones de la economía mundial o hasta la potencial invasión por extraterrestres si la de los americanos se hace poco creíble. Sin embargo, nadie pide hoy al estado que lo haga feliz, sino que permita a los ciudadanos ejercer la libertad de buscar la felicidad en su propio país. Ante un estado y equipo de gobierno que se declaran impotentes para resolver los problemas del pueblo puede respondérsele: ¿Y quién les ha dicho que los necesitamos?

La “carga” que Cuba reclama ahora –ya que se recurre a los versos de Villena- es contra los muros que por medio siglo han dividido la nación y frenan sus fuerzas productivas. Bribones son los que insisten en mantener dividida a la nación y secuestrados los medios de producción. Derriben los muros del apartheid que permite sólo al estado y a los inversionistas extranjeros participar en la gestión de la economía. Levanten de una vez –sin subterfugios ni cortapisas- los abominables permisos de entrada y salida al país, que no están vinculados a las fluctuaciones de los precios en el mercado mundial. La nación es una sola y la patria es de todos.

La “normalización de relaciones” de la que Cuba está más urgida no es con Estados Unidos o la Unión Europea, sino con aquella parte de la nación que fue desterrada. Las demás caerán por su peso una vez se resuelva esta división. La resurrección de la retórica de los cañones, cuando puede llegar a la Casa Blanca alguien dispuesto a conversar sin precondiciones, indica que están inquietos ante la eventualidad de que pueda “estallar” la paz. Es posible que, como antes han hecho más de una vez, en las próximas semanas y meses se las ingenien para fomentar situaciones, internas e internacionales, que contribuyan a posponer o descarrilar esa posibilidad.

Acudiendo a otras metáforas poéticas pudiera afirmarse que nadie –ni sus hijos- tiene ya interés en permanecer atado “a su viejo gobierno de difuntos y flores”. Por eso emigran aunque ello implique el destierro. El discurso del General de Ejército el pasado 26 de julio no incrementará la productividad, pero sí la cifra de los que planean abandonar la isla.

Para abrir las verjas del futuro quizás se haga imprescindible “un rabo de nube”. Esa parece ser la conclusión a la que invita el discurso de Raúl Castro.



Normalizar las relaciones

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Cuando se discute sobre la “normalización de relaciones” generalmente nos referimos a Cuba y los Estados Unidos. Pero las relaciones que resulta imprescindible “normalizar” son las del país con su diáspora. Urge poner fin a los permisos de entrada y salida y al destierro que hoy acompaña el acto migratorio.

El momento para darle solución a este problema parece haber madurado.

En este mundo globalizado se ha hecho visible, en toda su arbitrariedad, el anacrónico régimen migratorio que impera en la isla. Frases como “fulanito se quedó” son concebibles sólo allí donde existe la obligación de obtener un permiso de viaje. La canadiense Celine Dion vive en EEUU. Nadie la llama “quedada”. Maradona ha jugado para equipos de varios países sin que nadie lo llamase “traidor”, ni se le prohibiera retornar a Argentina. Los chinos viven orgullosos de atletas como Yao Ming, que juega para el NBA de Estados Unidos sin que eso le impida presidir el desfile olímpico al frente de su país.

Grupos de ciudadanos cubanos radicados en el exterior y algunas organizaciones de exiliados han venido abordando el tema. Ese es el caso reciente de la Declaración de Concordia, suscrita por cerca de un centenar de cubanos en Canadá, EEUU, América Latina y Europa, así como de la Agenda Humanitaria para la FamiliaCubana avalada por dos docenas de influyentes organizaciones del exilio que integran el llamado Consenso Cubano. Otras iniciativas sobre este asunto han sido impulsadas por las organizaciones pertenecientes a la Comisión Cubano Americana por los Derechos de la Familia.

En Cuba el problema de los permisos de entrada y salida también ha sido planteado con mucha fuerza durante el proceso asambleario que tuvo lugar a lo largo de la isla. También provocó un fuerte debate en el reciente Congreso de la UNEAC. Dirigentes y celebridades oficiales coinciden en este asunto con líderes de la oposición a favor de derogar las trabas al libre movimiento de los ciudadanos.

Se percibe con claridad que el tema conecta a personas de diferentes ideologías y perspectivas. Cada vez son menos las voces que en Cuba o Estados Unidos se alzan contra este clamor colectivo.

Quienes desean residir en su patria no quieren sentirse que lo hacen como rehenes. Por su parte, los que preferirían probar fortuna fuera de ella no creen justo que les confisquen desde la bicicleta hasta la vajilla, los llamen traidores y les exijan luego pedir permiso para visitar su propio país sin poder nunca más relocalizarse en él. Los deportistas, artistas y profesionales desean poder desarrollar a plenitud su potencial humano sin que se les imponga distanciarse de su patria.

Estoy persuadido de que ya existen entre los cubanos ciertas zonas de coincidencia en algunos asuntos –como parece ocurrir en este caso- aunque sigan vigentes importantes diferencias en otros temas. Es necesario en este instante focalizar las primeras.

Hay que ahora reunir lo que antes se quebró. Necesitamos cambios dirigidos a la protección y fomento de relaciones familiares fluidas y normales entre cubanos de la isla y la diáspora mientras se encuentra una salida, justa e integral, a la situación del país.

Piénsenlo por un instante. ¿Por qué cuando ciudadanos mexicanos, canadienses o españoles viajan a Cuba sin prácticamente ninguna restricción, los también ciudadanos de esos mismos países, pero nacidos en Cuba, no pueden hacerlo igual? El equipo infantil Peregrinos de Vermont pudo, finalmente, jugar pelota con el equipo Santos. ¿Por qué no aspirar a que los niños cubanos que hoy crecen en Hialeah puedan hacerlo también sin necesidad de permisos de entrada ni autorizaciones de viaje de Estados Unidos ni ningún otro gobierno extranjero? ¿Por qué no demandar que los niños del equipo Santos puedan luego responder a una invitación de los de Hialeah sin tener que pedir un permiso de salida al gobierno cubano?

Los muros que -erigidos en Cuba o levantados en Estados Unidos- obstaculizan las relaciones familiares y dificultan la reunificacion nacional debe ser derribados sin condicionamientos, cortapisas, excusas ni dilaciones.

En el momento que vivimos es imprescindible que todos los cubanos de buena voluntad, donde quiera que estén, se den la mano y echen a andar. Es urgente e imprescindible decidirnos a dar un primer paso conjunto. Su alto contenido ético y el amparo que le otorga la legislación internacional, hacen de este tema de derechos migratorios el terreno adecuado para avanzar.

Muchos creen imposible que los cubanos aprendan a conversar sus diferencias y concertar sus voluntades. Pero el progreso humano responde al permanente cuestionamiento de aquello que en un momento dado es considerado imposible. En este caso no hay mucho que perder con el intento. Entonces, ¿qué hacer?

NOTA

Estoy fuera de Canadá en este momento. Tengo la buena intención –ya veremos si es factible- de seguir subiendo textos los martes mientras estoy de viaje pese a que tendré acceso limitado y esporádico a Internet. Pero se me va a hacer muy difícil en esas circunstancias poder atender de manera adecuada la continua llegada de sus comentarios. Les ruego que sean comprensivos y pacientes al respecto.

Por otro lado aquellas ideas concretas que deseen aportar en relación con el tema de la normalización del flujo integral de relaciones entre la isla y la diáspora pueden también enviarlas directamente a mi correo electrónico ([email protected]) Por favor, para evitar que su mensaje sea suprimido automáticamente como spam, describan el “asunto” ( subject) del correo poniendo la palabra BLOG. ¡Gracias a todos!



Recordar que todos somos cubanos

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Toda crisis es una oportunidad. La del Gustav nos propicia la posibilidad de recordar que todos somos cubanos, como acaba de pedirnos el disidente y preso de la primavera Negra del 2003, Oscar Espinosa Chepe. ¿Sabremos aprovecharla?

¿La sabremos aprovechar los que desde el destierro sentimos la obligación de actuar de manera urgente y solidaria con familiares, amigos y cualquier cubano hoy afectado por esta tragedia? ¿La sabrá aprovechar el gobierno cubano para abrir sus muros y permitir que la solidaridad de cualquier persona sensible llegue a la isla de manera rápida y eficaz? ¿La aprovechará el gobierno de Estados Unidos para demostrar que su conflicto con el de Cuba no es más importante que el dolor de su pueblo?

“Aprovechar” la oportunidad que brinda esta crisis no equivale a manipularla para sacar dividendos de ella. No es mandar cajitas con logos y consignas de organizaciones políticas ni competir por el control de la distribución de donaciones con fines clientelistas, sean gubernamentales o de la oposición. Tampoco es lucrar a expensas de la desgracia ajena. Para que esta crisis permita recordarnos a todos que somos una sola nación tenemos que renunciar a cualquier práctica oportunista o mezquina y trabajar juntos – sí, juntos- en extender la urgente ayuda que necesitan los afectados.

Trabajar de consuno supone reglas de juego que permitan crear la base de confianza mínima que requiere el que enemigos tradicionales sean capaces de cooperar sobre un aspecto puntual de manera coyuntural y específica. Me permito sugerir algunas en ese sentido.

1) El gobierno cubano debe declarar de manera oficial que el país ha sufrido un desastre que reclama el concurso de la ayuda internacional y aceptar toda la cooperación bilateral que le sea brindada por organismos multilaterales y otros gobiernos, independientemente de sus actuales afinidades o enemistades con aquellos. Adicionalmente debe decidir cuál o cuáles instituciones humanitarias no gubernamentales (Cruz Roja / Caritas/ otras) reconoce y autoriza para que de manera directa –aunque en coordinación con las correspondientes agencias nacionales, municipales y locales-, distribuyan ayuda humanitaria y cooperen en las tareas de reconstrucción. En los próximos meses el gobierno debe suspender todo arancel sobre donaciones colectivas o individuales (traídas por pasajeros) y debería considerar la reducción, al menos temporal, de las tarifas telefónicas y la tasa de cambio de divisas. El gobierno debiera considerar invitar a las organizaciones no gubernamentales y organismos internacionales que participen de esa cooperación a la creación de una Comisión Conjunta de Colaboración y Transparencia para la Recuperación que contribuya a una mejor coordinación entre las diferentes agencias y ofrezca a los donantes, cubanos y extranjeros, una razonable garantía del uso adecuado de los recursos.

2) El gobierno de Estados Unidos debe suspender en los próximos meses las restricciones que regulan el envío de paquetes, remesas y viajes a Cuba y facilitar las licencias correspondientes a las organizaciones no gubernamentales que las necesiten para trabajar en la viabilización de la ayuda y las tareas de reconstrucción. También debe mostrarse excepcionalmente generoso en la oferta de ayuda y cooperación bilateral para los damnificados e incluso ofrecer su disposición a colaborar con las tareas de reconstrucción.

3) Las agencias que organizan viajes a Cuba o tramitan el envío de paquetes y remesas desde cualquier país debieran considerar de inmediato ofertar precios especiales en los próximos meses para facilitar que toda la ayuda y los contactos familiares fluyan de manera fácil.

El único rédito político que debe esperarse de esta cooperación es el que permite la creación de una base puntual de reencuentro y un cambio en las perspectivas sobre el demonizado “enemigo”.

Si todos somos capaces de dar un paso al frente y trabajar con reglas trasparentes en este humanitario esfuerzo es posible que dentro de unos años podamos agradecer al Gustav la oportunidad que nos ofreció para reunificar la nación.



No somos el enemigo

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El ping pong político de la ayuda humanitaria se va complicando. Fidel Castro tiene una larga lista de "enemigos" a quienes pretende bloquear su apoyo a los damnificados cubanos por las recientes tormentas Gustav y Ike.

Fragmentos de la noticia sobre la cuarta oferta de Estados Unidos

El secretario de Comercio de Estados Unidos, Carlos Gutiérrez, dijo este domingo que Washington ha realizado una cuarta oferta de ayuda a La Habana, y pidió al gobierno de la Isla que ponga "los intereses del pueblo cubano por encima de las diferencias políticas", informó EFE.

"Nuestra oferta más reciente fue una respuesta directa al pedido del gobierno cubano para materiales de construcción", explicó Carlos Gutiérrez.

La Agencia Estadounidenses para el Desarrollo Internacional (USAID) "está preparada para entregar, por aire y mar , suministros de construcción y albergues que puedan dar vivienda temporal y permanente" para unas 48.000 personas.

Según informes de prensa y de organismos de socorro que han visitado la Isla, hasta 2,5 millones de cubanos estarían sin hogar.

El paquete de ayuda más reciente de Estados Unidos, dijo el funcionario, incluye el envío aéreo de 8.000 equipos para albergues de emergencia y para el hogar, seguido por el envío de materiales complementarios, como techos de zinc y madera para reparaciones residenciales.

Fragmentos de las declaraciones del Comisario Europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel

El comisario europeo de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, Louis Michel, visitará Cuba entre el 22 y el 25 de octubre para negociar la posible reanudación de los programas de cooperación del Ejecutivo comunitario con el gobierno de la isla, una asistencia que el régimen de La Habana rechaza desde 2003.

Por otra parte, Michel informó hoy (septiembre 16) de que la CE se ha puesto en contacto con Cuba para ofrecer ayuda tras el paso de los huracanes "Gustav" y "Ike", que asolaron en las últimas semanas la isla, y aseguró que Bruselas se encuentra a la espera de la respuesta de las autoridades cubanas.

"Ya no depende de nosotros, les corresponde a ellos decirnos si la desean o no", insistió el comisario, que recordó que en casos de asistencia como este es necesaria la autorización del país receptor.

Mientras la gente hace colas delante de ollas colectivas o vive desplazada en casas ajenas y carpas improvisadas, Fidel Castro se da el lujo de seguir rechazando, según sus propios criterios, la ayuda que no sea de su agrado y lanza las primeras amenazas contra quienes no piensen igual que él.

El pasado 16 de septiembre escribió en el Granma:

Es obvio que el gobierno de ese poderoso país no puede comprender que la dignidad de un pueblo no tiene precio. La ola de solidaridad con Cuba, que abarca a países grandes y pequeños, con recursos y hasta sin recursos, desaparecería el día en que Cuba dejara de ser digna . Se equivocan rotundamente los que en nuestro país se disgusten por ello.

En su ultima “reflexión” del domingo, aquel que continúa trazando el camino de Cuba hasta que se demuestre lo contrario, dice:

También se producen blandenguerías en algunos ciudadanos que se habitúan a recibir y dedican poco tiempo a meditar, leer periódicos e informarse de las realidades. El enemigo conoce sobradamente bien las debilidades de los seres humanos en su búsqueda de espías y traidores

El bien atendido, cobijado y alimentado Primer Secretario del Partido Comunista ya anunció que esta batalla apenas comienza y dio a entrever que su próximo blanco serán las donaciones procedentes de la diáspora que tampoco sean de su agrado (o sea, casi todas). Sus envíos pueden ser “confiscados”, amenazó en ese mismo texto.

¿Quiere EEUU dar una buena imagen? Seguro. Eso, en efecto, conviene a sus intereses políticos inmediatos, aunque lo que más beneficiaría a ambas naciones sería una revisión a fondo de sus políticas bilaterales. También le conviene ayudar a asegurar condiciones mínimas en Cuba a los damnificados para que no piensen en largarse para EEUU. Tampoco quieren que se les responsabilice con la hambruna que acecha a la vuelta de pocos meses. ¿Es todo eso hacer política? Seguro. ¿Debe anteponerse el objetivo igualmente político de La Habana de impedir que los EEUU "queden bien" al alivio que supone esa ayuda para los damnificados? No, mil veces no. No es ético hacerlo. Esa falta de ética en la postura asumida en esta situación por Fidel Castro es la que resta fuerza persuasiva a sus argumentos. Si al ofrecer el envío de una brigada médica a New Orleans dijo que la ayuda humanitaria debería estar por encima de la política, ahora no ha sido capaz de aplicar esa norma moral en beneficio de los cubanos.

Tampoco han sido muy coherentes las posturas asumidas por La Habana ante la ayuda ofrecida por diversas fuentes.

¿Por qué se consideró que la oferta inicial de 100,000 dólares por EEUU representaba una cifra "ridícula" pero ese no fue luego el caso con los 300,000 de China, país mencionado por Fidel Castro entre sus agradecimientos? ¿Por qué el envío de equipos de evaluación ofrecidos por Venezuela y México no fue rechazado por "humillante", pero la idea de recibirlo de EEUU, resultó intolerable? ¿Por qué se insiste todavía en rechazar la ayuda estadounidense después que esa condición fuera retirada y multiplicada 50 veces la cifra inicial? ¿Y cuál es el problema ahora con la Unión Europea? ¿Bajo cual lógica se rechaza la ayuda de ese bloque regional de 27 países pero se le acepta a dos naciones –Bélgica y España, que no son mencionadas siquiera entre los agradecimientos de Fidel Castro- que envíen la suya?

El convaleciente Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, desde su cómodo aposento, no tiene moral para hablar en nombre de los que ahora nada tienen y a los que ni tan siquiera se les reconoce el derecho de aparentar "desánimo" o de poner cara "hosca" en presencia de Raúl Castro, sobre todo si se tiene presente que su escolta exhibe rostros hoscos a quienes no sonrían al paso del General. Las donaciones, en última instancia, no son para el gobierno cubano, sino para los damnificados. Recibirlas es su derecho a la vida.

Mientras seguimos demandando el levantamiento de las restricciones de remesas y viajes a los cubanos en Estados Unidos hay que exigirle al gobierno en la isla que deje entrar toda la ayuda humanitaria de emergencia disponible, incluida la de la Unión Europea, -que nunca impuso un embargo económico a Cuba y cuyas sanciones políticas del 2003 fueron levantadas hace meses. Ese bloque ya dio 2 millones de Euros (cerca de 3 millones de dólares) a Haití en ayuda humanitaria por el Gustav y el Ike mientras La Habana primero guardaba silencio frente a la interrogante europea sobre si aceptarían o no la ayuda y ahora pretende ocultar su negativa a recibirla alegando que no existe todavía un acuerdo marco de cooperación –que es un asunto diferente al de la ayuda de emergencia que ahora está en juego- entre la Unión Europea y Cuba.

Hay quienes me dicen -con razón- que pierdo el tiempo solicitando una postura ética a quienes carecen de ella sea en La Habana, Miami o Washington. Pero no es para ellos que escribo. Es para los estadounidenses y cubanos decentes en ambas orillas que deben saber con claridad lo que sucede, conocer las opciones existentes y participar, juntos, en defensa de los intereses de los damnificados.

Prefiero que sean El Discípulo & B, quienes -con rap y lógica popular- respondan tanto al Asesor en Jefe como a aquellos políticos que desde cualquier latitud geográfica o ideológica juegan con la suerte de las víctimas de esta tragedia. Frente a ellos –en defensa de la genuina dignidad y la ética- hay cubanos y norteamericanos que, poniendo a un lado nuestras diferencias, demandamos unidos el derribo de todos los muros que hoy entorpecen esta operación humanitaria.

Nosotros no somos el enemigo.

NO SOY EL ENEMIGO (El discípulo & B)



¿Apostamos al desarrollo o a la ruleta rusa?

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Los huracanes que asolaron la isla han creado una grave situación social. ¿Hay una oportunidad en esta crisis? Sí, excepcional. Pero, ¿para qué? y ¿para quiénes?

La elite de poder cubana puede finalmente emprender, como respuesta a la nueva situación creada, su prometido programa de “reformas estructurales y de conceptos”. Una reforma estructural implica mucho más que liberar las fuerzas productivas de la camisa de fuerza de un estatismo omnipresente. No se limita a autorizar la venta de celulares, el trabajo por cuenta propia de los taxistas o incluso la creación de microempresas. Es mucho más que eso. Supone apostar a un reordenamiento estratégico que le de prioridad a aquellas inversiones que acerquen la isla a la sociedad de la información y la integren en la economía mundial mediante procesos de agregación de valor. No tiene sentido “reconstruir” el subdesarrollo a los niveles previos al Gustav y el Ike. El régimen de gobernabilidad que los precedió recibió con ellos un golpe mortal.

Lamentablemente también hay otro modo de interpretar la oportunidad que ofrece esta crisis.

Fidel Castro parece querer emplearla en alejar definitivamente a la elite de poder de cualquier consideración sobre los beneficios de la cooperación con la Unión Europea o de una distensión con Estados Unidos. Quiere empujarlos a cerrar filas con Venezuela, quizás retomando la idea -con la que ya flirteaba- de adoptar alguna suerte de confederación con ese país sudamericano.

El convaleciente líder parece considerar que la “correlación internacional de fuerzas” lo favorece de nuevo. Estados Unidos atraviesa el momento de mayor debilidad estratégica desde la Gran Depresión. En él se conjugan una muy grave crisis financiera con dos guerras en zonas geográficas distantes. Por ello alienta a Chávez a que geste una alianza con Rusia y con otros potenciales rivales de Washington de la cual La Habana pudiera también sacar beneficios. Quiere sostener el moribundo régimen de gobernabilidad estatista con una inyección de capitales que espera obtener de atizar la confrontación internacional. Sueña con revivir la Guerra Fría.

El problema con las gerontocracias es que leen el presente con ideas del pasado.

Lo que hoy vemos no es una nueva Guerra Fría basada en rivalidades ideológicas, sino el conflicto entre el nacionalismo ruso y una política estadounidense que lo ha intentado cercar y humillar innecesariamente por ocho años. El hecho de que exista o no un país comunista a 90 millas de Estados Unidos a los rusos les tiene sin cuidado. Ellos vienen de vuelta del comunismo. En este mundo globalizado, -al que están íntimamente conectados-, no tienen como objetivo estratégico el derrumbe del capitalismo americano o mundial.

Lo que, por ahora, procura Moscú con estas piruetas provisionales en el hemisferio occidental es negociar desde posiciones de fuerza un reacomodo permanente con Estados Unidos sobre sus necesidades de seguridad en Europa. Ese asunto, dicho sea de paso, es posible resolverlo sin que ello suponga la sumisión de los países fronterizos a Moscu, sino en todo caso su neutralidad respecto a Rusia. Semejantes objetivos están muy lejos de ser la Jihad internacional anticapitalista a la que aspiran Fidel y Chávez.

Por su parte, el gobierno chino ya subrayó de manera inequívoca su distancia de los arrebatos ideológicos del presidente de Venezuela durante la más reciente visita de ese mandatario a Beijing. No quieren enredarse en alianzas contra terceros países. Desean comercio y crecimiento económico que les traiga bienestar y gobernabilidad aun dentro de su esquema político autoritario.

Tampoco el actual gobierno de Irán representa un aliado promisorio. Sus objetivos estratégicos no rebasan el marco regional, por lo que cualquier paso más allá de esa dimensión geográfica debe ser interpretado –al igual que ocurre, por ahora, con Rusia- como parte de una estratagema para ganar poder de negociación frente a sus nuevos e inesperados “vecinos” estadounidenses y su tradicional enemigo israelita. Sus “aliados” y “compromisos” extrarregionales son cartas también negociables llegado el momento.

Solo la megalomanía de los dos líderes caribeños puede explicar que se crean actores centrales del ajedrez global, cuando en realidad siguen siendo sus peones. Para que Rusia, China u otros países con coincidencias políticas con La Habana apostasen por invertir a largo plazo en su economía el gobierno cubano tendría primero que hacer significativas reformas y aperturas. Nadie se siente motivado a hacer el bailout de un régimen fracasado y asumir el pago en lo delante de sus hipotecas. La URSS y la Guerra Fría basada en alianzas ideológicas no tienen retorno. Los aviones y barcos que surcarán las aguas del Caribe en las próximas semanas pueden desaparecer con la misma rapidez con que aparecieron si los rusos obtienen suficientes garantías a su seguridad.

La gobernabilidad y la independencia de Cuba no radican hoy en anacrónicos malabarismos geopolíticos. El país necesita promover una atmósfera de distensión y cooperación, no de antagonismo y confrontación La actitud solidaria asumida por los cubanos en el exterior -por encima de diferencias y viejas heridas que no han cicatrizado- facilita conectar el actual proceso de reconstrucción con el propósito de avanzar hacia la inclusión de la diáspora en el desarrollo de la isla. Las remesas, que ya constituyen la primera o segunda entrada de divisas al país, pueden ampliarse considerablemente y con rapidez si se le otorgan los incentivos necesarios. Las próximas elecciones en Estados Unidos abren una ventana de oportunidad para que el conflicto bilateral sea reexaminado desde las perspectivas de quien salga electo. Por su parte, la Unión Europea ya levantó sus sanciones y espera ahora por el diálogo con La Habana para determinar si puede o no avanzarse hacia la cooperación. Los dividendos de la paz siempre serán más jugosos y permanentes que los de la confrontación externa e interna.

Hacer uso de la oportunidad que ofrece la crisis creada por Gustav y Ike para apostar por la modernización y apertura de la sociedad cubana, es una opción. Ignorar la gravedad de la crisis social creyendo que los recursos para su solución se obtendrán de nuevos juegos geopolíticos, es jugar a la ruleta rusa. Sin duda, esa es otra opción. Ambas tienen consecuencias.



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