• Registrarse
  • Iniciar sesión

La Gran Estafa

Enviar Print

El mayor estafador de estos tiempos no es el financiero Bernard Madoff. Ha sido Fidel Castro por más de cincuenta años.

Es cierto que todo proceso político convoca a una mezcla de genuinos creyentes con elementos oportunistas e inescrupulosos. Sin olvidar el modo en que contribuyeron las circunstancias históricas de la época, sería inapropiado menospreciar el papel jugado por las habilidades de este personaje para atraer personas o multitudes colmadas de buenas intenciones. Muchos todavía no se han enterado, o no tienen siquiera idea, de la magnitud del engaño del que han sido víctimas. Otros no desean enterarse. Es duro llegar a la vejez habiendo extraviado el sentido de la existencia y perdido el tiempo de vida en pos de una farsa. Se requiere lucidez y coraje para admitir el error y ser leal a valores humanistas permanentes en lugar de a aquellas instituciones, líderes y consignas que se apropiaron de ellos.

Aun cuando otras muy graves acciones se le imputan al todavía Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, es pertinente, en el cincuenta aniversario de su ascenso al poder absoluto, repasar su récord como estafador de primera línea.

Entre los timados se encuentran:

Aquellos luchadores contra el dictador Fulgencio Batista que no siendo comunistas creyeron arriesgar su vida para restablecer y hacer cumplir a plenitud la Constitución de 1940 - socialmente la más avanzada de la región en aquel tiempo- siendo después de 1959 brutalmente encarcelados, fusilados o desterrados, cuando denunciaron el nuevo rumbo que se imprimía al proceso.

Los religiosos, a los que persiguió y discriminó a pesar de que él ostentó crucifijos y rosarios en la Sierra Maestra y asistió a misa de acción de gracias en los primeros días de enero de 1959.

Los que lo siguieron apoyando, aun después de declararse marxista leninista en 1961, creyendo que implantaría un socialismo “diferente” y libertario, siendo luego reprimidos, políticamente excluidos o socialmente marginados.

Los nacionalistas cubanos, a quienes se presentó como paladín de la soberanía frente a la ideología anexionista –simbolizada, al nacer la República, por la aceptación de la Enmienda Platt y la instalación de la Base Naval de Guantánamo- para luego ceder el uso del territorio nacional a diversas bases militares soviéticas desde 1962 hasta el 2002 e imponer la cláusula constitucional de 1976 que obligaba a la eterna alianza con la URSS.

El pueblo, al que prometió “libertad con pan y pan sin terror”, fórmula de la que hasta hoy sólo garantizó el último componente después de tres reformas agrarias, la creación del Cordón de La Habana, la Brigada Invasora Che Guevara, el Cordón Lechero, las UBPC, los organopónicos urbanos y los experimentos con Ubre Blanca.

La familia cubana, a la que prometió que no se vería dividida nunca más por la necesidad de emigrar, para luego escindirla y enfrentarla por motivos ideológicos, lo que en una sociedad sin libertades y signada por la escasez crónica alentó sucesivas olas migratorias a las que impuso el destierro mediante la “salida definitiva del país”.

Los países y empresas -socialistas y capitalistas- a los que solicitó créditos y recursos, que nunca tuvo la intención de pagar, por un monto similar o superior al estafado por Madoff.

Los funcionarios, académicos e intelectuales cubanos que creyeron- cuando se transformó la geopolítica mundial al caer la URSS- en su disposición a reorientar el país hacia un socialismo democrático, participativo y eficiente, siendo luego anatematizados por sus propuestas aperturistas al rebasarse lo peor de la crisis.

Los organismos multilaterales, a los que nutre de estadísticas manipuladas que ocultan los actuales niveles de pobreza, retraso y desigualdad existentes en Cuba así como el actual desastre de la educación y salud pública en la isla.

La opinión pública latinoamericana, a la que sigue presentándose como líder de la “heroica resistencia al feroz bloqueo yanqui” cuando el “país enemigo” es hoy su quinto socio comercial y principal suministrador de alimentos a la isla, que hoy importa alrededor del 80% de sus necesidades en ese campo.

Los liberales norteamericanos, a los que ha hecho creer que el embargo se ha mantenido sólo por las gestiones políticas del exilio, cuando él, para asegurar su vigencia, ha saboteado en varias ocasiones y de forma deliberada diversas posibilidades reales de distensión con Washington.

Los académicos, periodistas, políticos, artistas y escritores de cualquier latitud geográfica o ideológica, a quienes ha hecho creer que todavía existe una Revolución Cubana, próxima a cumplir 50 años de edad, cuando el proceso que triunfó en 1959 fue sustituido hace varias décadas por una sociedad posrevolucionaria y totalitaria.

El país que despertó aquel primero de enero de 1959 funcionaba, prosperaba, expandía sus clases medias, y ocupaba un lugar cimero en la región por sus índices de urbanización y consumo, así como por tener avanzadas tecnologías de comunicaciones y una amplia infraestructura y transporte. También contaba con una sociedad civil compleja y vibrante. Incluso algunos de los significativos problemas sociales existentes (desigualdad de oportunidades, índices de analfabetismo y mortalidad infantil, racismo, elevado desempleo, corrupción administrativa) eran en aquel momento de menor magnitud a los que entonces mostraban muchos otros países latinoamericanos y del Caribe. Los desafíos estructurales –excesiva dependencia de Estados Unidos para el comercio, inversiones y tecnologías- requerían nuevas políticas de diversificación económica enmarcadas en un plan de desarrollo nacional, en un país donde el capital nativo había crecido hasta el punto de que ya comenzaba a ser exportado.

Lo que esperaba el pueblo no era que una camarilla de supuestos iluminados destruyera los mecanismos de creación de riquezas, centralizara todo el poder y suprimiese el pluralismo y la democracia. Se creía haber luchado para que el proceso revolucionario, tras poner fin a la dictadura batistiana, hiciera valer la soberanía nacional entendida como la libérrima expresión de la voluntad popular. En cambio, Fidel Castro trajo a Cuba la variante totalitaria del socialismo de Estado no por razones dogmáticas ni con el afán de equilibrar la balanza frente a Estados Unidos, sino por ambiciones y egoísmo personales que sólo pueden ser satisfechos con el disfrute de un poder totalmente centralizado y omnímodo. Fue por ello que sustituyó la soberanía popular por su poder absoluto y el pluralismo por el imperio de sus caprichos personales.

No hay que esperar por la Historia para juzgar el legado de Fidel Castro. Las nuevas generaciones de cubanos – incluidos los hijos de muchos de los dirigentes históricos del proceso de 1959- han emitido ya su voto con los pies. No se marchan sólo porque el presente es insoportable sino porque no creen que la isla tenga porvenir bajo el sistema actual. No ven la viabilidad del país después de sacrificios innombrables e incontables pagados puntualmente por sus padres y abuelos. Quieren, simplemente, escapar del paraíso prometido a sus antecesores hace cincuenta años. Desean vivir en libertad y disfrutar las oportunidades que ofrece una sociedad moderna que refleje el cambio de época que hoy experimenta la humanidad. Su proyecto personal no es vegetar hasta hacerse viejos en una burbuja de totalitarismo y retraso en medio del siglo XXI.

Fidel Castro se apropió -para servir sus propios fines- de los legítimos sueños, sacrificios y esperanzas de millones de personas que alguna vez depositaron su fe en él. Estafa y robo de tal magnitud es imperdonable y no admite comparaciones. No sólo ha arruinado por medio siglo al país, sino que todavía representa hoy el principal obstáculo a cualquier cambio, sea humanitario o sustantivo, para abrir las verjas del futuro.

A todos los afectados de uno u otro modo por este personaje, les deseo un feliz 2009.



Buscar en este blog

Sobre este blog

La sociedad cubana ante el cambio

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

Autor: Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco

Juan Antonio Blanco Gil. (Cuba) Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales, profesor universitario de Filosofía, diplomático y ensayista. Reside en Canadá.
Contacto: jablanco96@gmail.com

 

Mis tags

aislamiento ALBA Alvaro Colom América Latina America Latina amistad Argentina Asamblea Nacional asistencia humanitaria autodeterminacion autonomía ayuda humanitaria Barack Obama bases militares Bastión 2009 Bill Clinton Black Caucus bloqueo Boutflika Brasil Caetano Veloso cambio cambios en Cuba cambios en cuba cárceles Caribe Carlos Alberto Montaner Carlos Manuel de Cespedes Castro Chavez Chávez Chiang Kai Chek Chile China Clinton Collin Powell Colombia Comisión Interamericana de Derechos Humanos conflicto Conflicto Cuba Estados Unidos Congreso de Estados Unidos Congreso del PCC Congreso PCC Consenso Cubano Constitución de 1940 controles conversaciones conversaciones Cuba conversaciones migratorias Corea del Norte crisis crisis alimentaria Crisis de los Cohetes crisis en Cuba Crisis en Honduras crisis en Honduras crisis financiera Cuba Cuba y Estados Unidos Cuba-Estados Unidos Cultura cubana Cumbre de las Américas Damas de Blanco Declaración de Concordia demandas populares democracia deporte derechos humanos derechos migratorios desarrollo destierro diálogo diálogos Diáspora diáspora doables Dos Santos economía cubana elecciones en Estados Unidos elecciones en Honduras elecciones en Uruguay elite de poder embargo espias cubanos estado de derecho Estados Unidos etite de poder Europa exilio exilio cubano fascismo felicidad Felipe Pérez Roque Fidel Fidel Castro Fidel Castro. Cuba. Unión Europea Filarmónica de New York Generacion Y Generación Y generaciones gerontocracia gobierno cubano gobierno de Estados Unidos Gorki Granma Gustav hambruna Hilda Molina Honduras Howard Berman Hugo Chávez Hugo Chavez huracanes Ike Ingrid Betancourt iniciativa privada inmigrantes inmovilismo integración regional internet Internet intolerancia Iran John McCain Juana Bacallao Juanes Julio Fernández Bulté Kennedy Kruschev libertad libertad de expresión libertad de movimiento Libertad para los Cinco libertades Lincoln Díaz Balart logros socialistas Luis Posada Cariiles Machado Ventura maniobras militares cubanas Manuel Zelaya Mao Tse Tung Mesa Redonda Miami Michelle Bachelet micro créditos miedo migración migracion migración. derecho de circulación migración. diáspora migrantes migrantes cubanos militares militarizacion monarquía absoluta. líderes Musavi nación negociación negociaciones New York Times Nicaragua noviolencia Obama OEA Oliver Stone ONU oposición oposicion interna Oscar Arias Partido Comunista de Cuba paz Paz sin Fronteras Pepe Lobo Pepe Mujica permisos de salida y entrada a Cuba permisos de entrada y salida permisos de salida y entrada permisos de salida y entrada a Cuba Plebiscito polémica política política migratoria politica migratoria cubana presos presos políticos Propuesta para una Sociedad Participativa pueblo cubano. Obama Putin PYMES Ramiro Valldes Raul Raul Castro Raúl Castro Raul. Fidel reconciliación reformas Reformas régimen Reinaldo Escobar relaciones Cuba y Estados Unidos remesas represión revolución Revolucion Bolivariana Revolución Cubana Robert M Morgenthau Rusia Sara Palin Sean Penn seguridad nacional Silvio Rodriguez soberania soberanía socialismo socialismo de Estado sociedad civil sociedad de información soft power spoilers terrorismo tolerancia totalitarismo UNASUR Union Europea Unión Europea Venezuela VI Congreso viajes viajes a Cuba violencia en Honduras Yoani Sánchez Yoani Sanchez Zelaya

Archivo

Calendario

domlunmarmiéjueviesáb
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
262728293031