Silencios
Luis Felipe Rojas | 30/07/2009 6:20
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Estas personas difícilmente lleguen a ser personajes alguna vez. Son siluetas de un país que he visto más de cerca de lo que un día quise.
No hay ninguna lástima hacia ellos, porque con algunos pasé una tarde feliz cerca de la Alameda, en Santiago de Cuba, una mañana bajo la fronda de los árboles en San Germán o simplemente dejé ir un camión cuando lo vi tumbado a pleno sol en un banco de la calle, abandonado a su suerte.
Lo que me impactó de ellos es el silencio que los acompaña. Parece que presienten la velocidad al término de la vida como un túnel y deciden esperar sin el sonoro vicio de la palabra que los acecha.
Enlace permanente | Publicado en: Animal de alcantarilla | Actualizado 30/07/2009 13:36
La vida es un divino guión*
Luis Felipe Rojas | 25/07/2009 6:49
Me harté del racionamiento estúpido y teledirigido desde la poltrona partidista. Estamos en pleno verano en Cuba y con una jaba como aditamento indispensable decidí buscar frutas para mis hijos.
No quiero hacer de este sitio un muro llorón y soso. Sin embargo es ridículo que en medio del oriente cubano, rodeado de la más espesa vegetación insular tenga que moverme 34 kilómetros para buscar frutas para la compota, jugo y refrescos de mis hijos. Justo al romper el verano una decisión local hizo cerrar los puestos de viandas, frutas, carnes y especias del pequeño pueblo donde vivo.
Me moví la treintena de kilómetros hasta la capital provincial para comprobar la angustia diseminada por esta geografía. El precio astronómico de las frutas me ha hecho dudar entre los enlatados TAORO, los jugos RÍO ZAZA o los productos importados que se venden en divisa. Pego mi nariz chata al cristal de la cafetería. Mi respiración empaña el vidrio. El mozo me hace señas para que me aparte y lo comprenda, el pobre. Me voy, no quiero ahuyentar a los nuevos turistas que pacen dentro, con sus mesas llenas de potes de jugos naturales. Afuera, donde bulle el calor, los productos son igual de inalcanzables. De todos modos mi bolsillo va a sentir el martillazo de la crisis, la pandemia burocrática local y el sablazo sin medida de mis proveedores.
De regreso a casa, (masoquista al fin) voy tarareando a Félix B. Caignet: “Frutas, ¿quién quiere comprarme frutas?”.
No por manido voy a dejar de mencionar el silogismo, somos dos países: uno en el noticiero y otro que se arrastra apenas buscándose el sustento; también somos dos cuando se trata de ciudadanos: los que nos dejamos amarrar el grillete del racionamiento colectivo y le echamos la culpa al bloqueo americano y los que conceptualizan la tragedia, aquellos que nos dan el discurso masticado y con sabor artificial, con cierto regusto a patriotismo, pero tienen sus provisiones a resguardo, lo llevan todo en una bolsa desechable.
A veces pienso que en Cuba hay un sable destinado para cada cabeza, esperando la orden para hacerla rodar. Como pasaría si esta digresión apareciera en un semanario de provincia. De inmediato ordenarían el suicido inducido de un bebé-probeta-dirigente, con ello el poder casi siempre cree lograr un exorcismo purificativo.
La culpa nunca cae al suelo, dice el refrán, pero de un tiempo acá la empacan, la racionan y la distribuyen.
*Tema del cantautor cubano Vanito y Habana Abierta.
Enlace permanente | Publicado en: Animal de alcantarilla | Actualizado 25/07/2009 6:55
Chantaje, crimen y castigo
Luis Felipe Rojas | 16/07/2009 6:22
Acabo de cumplir un año de castigo y privilegio. Hace un año exactamente arrendé una línea de telefonía celular. Soy de los pocos cubanos que se han dado el gusto de mantener por doce meses el equilibrio emocional cada vez que CUBACEL envía el mensaje de que en treinta días se me vencerá el contrato.
Mi mujer y yo hemos hecho ahora un inventario de carencias después de un año pagando tarjetas de 10.00 CUC para no perder el contacto con el mundo.
Cada vez que compramos una nos privamos de doce libras de carnero al corte o veinte litros de refresco embotellado que pasaban de manera clandestina o un kilogramo de comino que llegaba por oscuras vías.
Por cada tarjeta GMS-CUBACEL “En línea con el mundo”, dice el slogan, hemos
despojado a nuestros chicos de las privativas golosinas de las tiendas en divisa.
Aún así ha valido la pena oír a Solángel desde Murcia, apenada por vivir tanta felicidad lejos de nosotros. Un amigo cubrió la pelea De La Hoya-Manny Paquiao y nos pareció estar allí. Igual nos pasó con Yakelín: estuvo en Venecia y no envió postales, pero nos llamó para decir que leyó noticias nuestras en Internet y preocupada quiso enterarse en un segundo.
Ha sido un año esperando que bajen las abusivas tarifas de casi 3 CUC el minuto por llamar a América y casi cinco por hacerlo a Europa.
Cruzo los dedos cada vez que en el Comité Central le dan coloretes a este desastre de país. Cruzo los dedos, tomo agua, me pongo una piedrecilla bajo la lengua y sigo con las ganas de encontrar otra superstición como pretexto.
Vibra el maldito celular y miro a mis hijos correteando por la casa, borrachos de inocencia.
Enlace permanente | Publicado en: Animal de alcantarilla | Actualizado 16/07/2009 6:29
Liborio tiene Internet
Luis Felipe Rojas | 09/07/2009 5:35
¿Quién iba a pensar que la radio iba a competir con Internet y los mejores periódicos del mundo? La imaginería popular tiene herramientas más poderosas que un decreto gubernamental.
El tipo cambió su radiecito Sony, con baterías triple A, por un Tecsun que le dio “la gente de los derechos humanos”. En las mañanas me pasa el casete completo: después de zamparse La Voz de América y algo de la BBC, sale a caminar un poco.
Cuando le hablo de la Internet, se ríe. Dice que ya él tiene Internet, y hace correr el dial entre los 41 y 31 metros en la onda corta.
De verdad que se informa bastante. Fue el primero que se enteró en el barrio del descabezamiento de Pérez Roque, Lage y camarilla. Oyó la toma de posesión de Obama y sigue a Los Ángeles Lakers y los boxeadores cubanos que se han ido últimamente.
“Esto es mejor que la Internet, no tengo que pagar ni me persigue la policía porque lo oigo lo mismo en el patio que debajo del mosquitero. De un tiempo para acá le están dando con fuerza a Radio Martí, lo que se oye es un avión con catarro. Dicen que es una antena que trajeron de Venezuela o de China, pero a mediodía no se oye ni pío”.
Le explico qué es Yahoo, Google y qué son los Blogs, pero se aferra al Tecsun de nueve bandas y me dice que no. “Asere, por aquí lo entiendo mejor. A mí me gusta ir a Barcelona, la tierra de mis abuelos, París y Manila cuando me lleva la gente de la BBC o Radio Moscú. Por aquí voy casi todos los días.”
Intento explicarle lo de los ciberdisidentes, las páginas más bloqueadas y cuánto cuesta una conexión clandestina, pero desisto cuando me dice que La Poderosa ha vuelto a poner la lotería y ya no tiene que salir al caer la noche a saber cuál fue el número de la suerte.
Poco a poco el país se va convirtiendo en un cementerio de prohibiciones y decretos que no funcionan.
Enlace permanente | Publicado en: Animal de alcantarilla | Actualizado 09/07/2009 5:42
¿Para qué sirve la poesía?
Luis Felipe Rojas | 04/07/2009 17:46
En un principio para nada. Sobre todo si se pregunta con la sorna de quien tiene la respuesta de antemano.
En Cuba, donde los poetas que publican en los medios oficiales gastan ríos de tinta aclarando que no son oficialistas y un ejército ya no tan oculto se encarga de decidir quiénes son correctamente políticos y quienes no, se ha creado un abismo (por ahora insalvable) entre quienes producen textos literarios como en una fábrica de chorizos y aquellos que ansiamos leer de manera desprejuiciada cualquier cadencia lírica publicada.
La poesía no sirvió para sacar a Raúl Rivero o Manuel Vázquez Portal de la cárcel, ni para impedir los golpes a María Elena Cruz Varela, es verdad. Pero sirvió, y mucho, para que el mundo democrático y atento a los desmanes en cualquier confín viera que no eran vanos lamentos de rapsodas contemporáneos.
Los poemas de Rafael Alcides que los veinteañeros de hoy no conocen, estoy seguro un día alumbrarán de felicidad a alguna pareja de enamorados, a un chico interesado en el misterio de la vida en provincia o un humilde mortal que se debata entre la existencia y la razón. El paladar de la poesía no distingue entre colores locales o presunciones universalistas.
Sin llegar a desear salir de la ignorancia, difícilmente generaciones enteras sepan por qué sus vidas van cojas.
Aún así se aplauden los deseos por complementar las funciones de la poesía: un grupo de jóvenes, al margen de Feria Internacional del Libro, a las afueras de La Cabaña, intentando alumbrar aquellas mazmorras con unos relatos de Orlando Luis Pardo Lazo; los muchachos que llevan los libros de Padilla y Cabrera Infante en sus mochilas y bolsos; los amigos que llegan de Europa con la poesía de Milosz y Herbert, traen con los versos el por qué de la poesía.
En las jornadas de verano en Cuba, se hacen lecturas públicas. En unos lugares se ve una camaradería poco usual y se cultiva la amistad; en otros, el fantasma torpe de la censura aplaude al dios de la palabra atada.
Lo importante es que la gente no olvide hacerse la pregunta, por lo menos cada cien años: ¿Para qué sirve la poesía?
Enlace permanente | Publicado en: Animal de alcantarilla | Actualizado 04/07/2009 18:13







