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Mea curda

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Mea curda

Foto: Alina Sardiñas (www.alinamaria69.blogspot.com)

Escribo sin poder contestarle a quienes apoyan o rebaten mis pobres argumentos. Jamás he podido ver este blog on line y aún así no culpo a los que despotrican de mi prosa leve, pobre y roñosa, a decir de uno de mis más notorios detractores.
Escribo porque nunca tuve las soporíferas páginas habituales de los diarios de provincia. Porque no doblé el cogote no tuve a mi servicio las bondades digitales de la UNEAC y los portales de Cultura en la isla de los doctores C…
Tengo, eso sí, el derecho a lamentarme sin dar soluciones, sin ser un tipo que da luz porque no me creo un iluminado o iluminador de los que luego toman el avión o la barcaza que les da el poder y dictan recetas desde el allá que no todos podemos darnos el lujo de conocer.
Les contestaré a los que solicitan mis palabras cuando viva en un país que no me cobre la vida por asomarme a la Internet, cuando no encarcelen a mis amigos por acercarse a una embajada ni los tilden de emisarios imperiales por dejar caer mis posts en Varadero y Trinidad, donde los turistas son verdaderos dueños del país.
Me siento borracho --curda, como también solemos decir en Cuba-- del poder que me da ser un ciudadano libre, que se libró de la culpa que se siente cuando se calla por miedo o por pensar que la mínima parcela que nos dan está fuera de la Granja descrita por Orwel hace casi un siglo.
Soy libre porque elegí estar cerca del dolor, la pena y la pobreza.
Desde un principio dije que este no sería un sitio para lamentaciones, sino una bocina para escupir verdades. Espero que así sea, con el favor de ustedes que pueden leerme y rebatirme.



Díptico de verano

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Darsi Ferrer, su esposa e hijo. Hasta ellos también llegó el brazo de hierro de la represión policial en Cuba.

I
Tres delitos: negro, médico y disidente

“Se tragaron a Darsi”, así corrió la voz cuando le pusieron la mordaza al médico cubano encarcelado recientemente.
Los que hemos estado atentos a lo que hace el Centro de Salud y Derechos Humanos “Juan Bruno Zayas”, coordinado por el Doctor Darsi Ferrer Ramírez desde el municipio 10 de Octubre en La Habana, sabemos que cada acción era una bofetada a la pachanga seudo-solidaria que se cuece en el cc del Pcc.
“El negro” se fue por años a los barrios más pobres, se juntó con los descarriados, con los que no siguieron el guión y visitó los albergues. Sus reportajes desde esos sitios insalubres daban ganas de hacer regresar a los miles de médicos cubanos desde todos los confines en que están prestando ayuda, no para que no lo hagan, sino para que vean la viga en el ojo del cubano y no la basurilla en las pupilas del Tercer Mundo.
Yo vi las fotos de cuando los arrastraron el último diez de diciembre, cerca del busto de Martin Luther King. Vi la cara de Yusnaimi, su esposa, entre los valerosos repudiantes del G-2, qué valientes los muchachos que buscaron en Villa Maristas. Qué dignos los oficiales que en 2007 se llevaron al médico y su mujer, dejaron al niño adentro de la casa y dejaron la llave del gas abierta (lo dijo Darsi, lo repiten sus vecinos).
Esta vez lo arrestaron después que el médico se cansara de los atropellos y los invitara a que sacaran “sus pistolitas”. Frente al cuartel general de la pregunta, el coscorrón y el cuarto frío (y caliente), en Villa… les gritó a los cuatro vientos lo que sabe, lo que sabemos todos y él se atrevió a vociferar.
Cuando el defenestrado Pérez Roque, mentía en el 2007, afirmando que Cuba rubricaría los Pactos Internacionales de Derechos Humanos, a las diez de la mañana de aquel diez de diciembre en el MINREX; en un parquecito del Vedado las huestes valerosas de Enfrentamiento al Enemigo aporreaban a Darsi y sus acompañantes, ¡Qué guapos, qué machos, qué criollos! Dos días antes lo entrevisté para Encuentro en la Red. “No tengo miedo”, dijo, “no se puede aprender a tener miedo porque después te acostumbras y nunca se te olvida”. Así me habló la última vez.

II
Patriotería por control remoto

Se pasaron años sentados a la sombra, esperando el cornetín desafinado de la falsa solidaridad. Cuando América Latina daba pasitos de niño hacia la democracia, enfilaron su fanfarria hacia el África hambrienta y belicosa.
No más se apretó el mando a distancia del Palacio Real y hacia allá se fue un ejército de personitas a las que les brotaba la caridad por cada poro.
Hasta aquí pudiera ser un cuento de hadas de la imaginería izquierdista, cuento que se desbarata ante su ceguera hacia la tragedia nacional, porque no es lo mismo irse de internacionalismo proletario hacia Luanda, Caracas o Timor Leste que tomar humildemente una mochila y largarse Caimanera adentro, preguntar cómo se llega a Ranchuelo, Remates de Guane o Manzanillo.
Hay una voluntad epidérmica en la nueva colonia de colaboradores cubanos en el exterior, una manía inexplicable de montarse en los aviones. Es una conciencia crítica inoculada con tarjetas magnéticas del Banco Nacional de Cuba y cruzada con transfusiones de heroísmo recetadas en el reservorio progresista de La Habana.
Lo malo no es la voluntad en sí, lo que da roña es la ceguera hacia el desastre nacional.
El Politburó les está bajando una salivita que adormece y mata. No sé cómo pueden tener tan ajustados esos mandos a distancia. Esta era digital es increíble.



La vida es un divino guión*

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Frutas, ¿quién quiere comprarme frutas? (Foto: L.F.R.)

Me harté del racionamiento estúpido y teledirigido desde la poltrona partidista. Estamos en pleno verano en Cuba y con una jaba como aditamento indispensable decidí buscar frutas para mis hijos.
No quiero hacer de este sitio un muro llorón y soso. Sin embargo es ridículo que en medio del oriente cubano, rodeado de la más espesa vegetación insular tenga que moverme 34 kilómetros para buscar frutas para la compota, jugo y refrescos de mis hijos. Justo al romper el verano una decisión local hizo cerrar los puestos de viandas, frutas, carnes y especias del pequeño pueblo donde vivo.
Me moví la treintena de kilómetros hasta la capital provincial para comprobar la angustia diseminada por esta geografía. El precio astronómico de las frutas me ha hecho dudar entre los enlatados TAORO, los jugos RÍO ZAZA o los productos importados que se venden en divisa. Pego mi nariz chata al cristal de la cafetería. Mi respiración empaña el vidrio. El mozo me hace señas para que me aparte y lo comprenda, el pobre. Me voy, no quiero ahuyentar a los nuevos turistas que pacen dentro, con sus mesas llenas de potes de jugos naturales. Afuera, donde bulle el calor, los productos son igual de inalcanzables. De todos modos mi bolsillo va a sentir el martillazo de la crisis, la pandemia burocrática local y el sablazo sin medida de mis proveedores.
De regreso a casa, (masoquista al fin) voy tarareando a Félix B. Caignet: “Frutas, ¿quién quiere comprarme frutas?”.
No por manido voy a dejar de mencionar el silogismo, somos dos países: uno en el noticiero y otro que se arrastra apenas buscándose el sustento; también somos dos cuando se trata de ciudadanos: los que nos dejamos amarrar el grillete del racionamiento colectivo y le echamos la culpa al bloqueo americano y los que conceptualizan la tragedia, aquellos que nos dan el discurso masticado y con sabor artificial, con cierto regusto a patriotismo, pero tienen sus provisiones a resguardo, lo llevan todo en una bolsa desechable.
A veces pienso que en Cuba hay un sable destinado para cada cabeza, esperando la orden para hacerla rodar. Como pasaría si esta digresión apareciera en un semanario de provincia. De inmediato ordenarían el suicido inducido de un bebé-probeta-dirigente, con ello el poder casi siempre cree lograr un exorcismo purificativo.
La culpa nunca cae al suelo, dice el refrán, pero de un tiempo acá la empacan, la racionan y la distribuyen.

*Tema del cantautor cubano Vanito y Habana Abierta.



Chantaje, crimen y castigo

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Acabo de cumplir un año de castigo y privilegio. Hace un año exactamente arrendé una línea de telefonía celular. Soy de los pocos cubanos que se han dado el gusto de mantener por doce meses el equilibrio emocional cada vez que CUBACEL envía el mensaje de que en treinta días se me vencerá el contrato.
Mi mujer y yo hemos hecho ahora un inventario de carencias después de un año pagando tarjetas de 10.00 CUC para no perder el contacto con el mundo.
Cada vez que compramos una nos privamos de doce libras de carnero al corte o veinte litros de refresco embotellado que pasaban de manera clandestina o un kilogramo de comino que llegaba por oscuras vías.
Por cada tarjeta GMS-CUBACEL “En línea con el mundo”, dice el slogan, hemos

Y cruzo los dedos...

despojado a nuestros chicos de las privativas golosinas de las tiendas en divisa.
Aún así ha valido la pena oír a Solángel desde Murcia, apenada por vivir tanta felicidad lejos de nosotros. Un amigo cubrió la pelea De La Hoya-Manny Paquiao y nos pareció estar allí. Igual nos pasó con Yakelín: estuvo en Venecia y no envió postales, pero nos llamó para decir que leyó noticias nuestras en Internet y preocupada quiso enterarse en un segundo.
Ha sido un año esperando que bajen las abusivas tarifas de casi 3 CUC el minuto por llamar a América y casi cinco por hacerlo a Europa.
Cruzo los dedos cada vez que en el Comité Central le dan coloretes a este desastre de país. Cruzo los dedos, tomo agua, me pongo una piedrecilla bajo la lengua y sigo con las ganas de encontrar otra superstición como pretexto.
Vibra el maldito celular y miro a mis hijos correteando por la casa, borrachos de inocencia.



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Un grito contra el horror en la isla. Una manera de vadear el muro de la desilusión y la muerte lenta del cubano que espera…sin esperar

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Autor: Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas

San Germán, Holguín, 1971. Escritor, periodista y poeta libre e independiente. Experimentador audiovisual.

 

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