• Registrarse
  • Iniciar sesión
  • > Animal de alcanta...

Liborio tiene Internet

4 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

¿Quién iba a pensar que la radio iba a competir con Internet y los mejores periódicos del mundo? La imaginería popular tiene herramientas más poderosas que un decreto gubernamental.
El tipo cambió su radiecito Sony, con baterías triple A, por un Tecsun que le dio “la gente de los derechos humanos”. En las mañanas me pasa el casete completo: después de zamparse La Voz de América y algo de la BBC, sale a caminar un poco.
Cuando le hablo de la Internet, se ríe. Dice que ya él tiene Internet, y hace correr el dial entre los 41 y 31 metros en la onda corta.
De verdad que se informa bastante. Fue el primero que se enteró en el barrio del descabezamiento de Pérez Roque, Lage y camarilla. Oyó la toma de posesión de Obama y sigue a Los Ángeles Lakers y los boxeadores cubanos que se han ido últimamente.
“Esto es mejor que la Internet, no tengo que pagar ni me persigue la policía porque lo oigo lo mismo en el patio que debajo del mosquitero. De un tiempo para acá le están dando con fuerza a Radio Martí, lo que se oye es un avión con catarro. Dicen que es una antena que trajeron de Venezuela o de China, pero a mediodía no se oye ni pío”.
Le explico qué es Yahoo, Google y qué son los Blogs, pero se aferra al Tecsun de nueve bandas y me dice que no. “Asere, por aquí lo entiendo mejor. A mí me gusta ir a Barcelona, la tierra de mis abuelos, París y Manila cuando me lleva la gente de la BBC o Radio Moscú. Por aquí voy casi todos los días.”
Intento explicarle lo de los ciberdisidentes, las páginas más bloqueadas y cuánto cuesta una conexión clandestina, pero desisto cuando me dice que La Poderosa ha vuelto a poner la lotería y ya no tiene que salir al caer la noche a saber cuál fue el número de la suerte.
Poco a poco el país se va convirtiendo en un cementerio de prohibiciones y decretos que no funcionan.



¿Para qué sirve la poesía?

12 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

"Esta es mi palabra / esta es la música por la que tengo que morir..."

En un principio para nada. Sobre todo si se pregunta con la sorna de quien tiene la respuesta de antemano.
En Cuba, donde los poetas que publican en los medios oficiales gastan ríos de tinta aclarando que no son oficialistas y un ejército ya no tan oculto se encarga de decidir quiénes son correctamente políticos y quienes no, se ha creado un abismo (por ahora insalvable) entre quienes producen textos literarios como en una fábrica de chorizos y aquellos que ansiamos leer de manera desprejuiciada cualquier cadencia lírica publicada.
La poesía no sirvió para sacar a Raúl Rivero o Manuel Vázquez Portal de la cárcel, ni para impedir los golpes a María Elena Cruz Varela, es verdad. Pero sirvió, y mucho, para que el mundo democrático y atento a los desmanes en cualquier confín viera que no eran vanos lamentos de rapsodas contemporáneos.
Los poemas de Rafael Alcides que los veinteañeros de hoy no conocen, estoy seguro un día alumbrarán de felicidad a alguna pareja de enamorados, a un chico interesado en el misterio de la vida en provincia o un humilde mortal que se debata entre la existencia y la razón. El paladar de la poesía no distingue entre colores locales o presunciones universalistas.
Sin llegar a desear salir de la ignorancia, difícilmente generaciones enteras sepan por qué sus vidas van cojas.
Aún así se aplauden los deseos por complementar las funciones de la poesía: un grupo de jóvenes, al margen de Feria Internacional del Libro, a las afueras de La Cabaña, intentando alumbrar aquellas mazmorras con unos relatos de Orlando Luis Pardo Lazo; los muchachos que llevan los libros de Padilla y Cabrera Infante en sus mochilas y bolsos; los amigos que llegan de Europa con la poesía de Milosz y Herbert, traen con los versos el por qué de la poesía.
En las jornadas de verano en Cuba, se hacen lecturas públicas. En unos lugares se ve una camaradería poco usual y se cultiva la amistad; en otros, el fantasma torpe de la censura aplaude al dios de la palabra atada.
Lo importante es que la gente no olvide hacerse la pregunta, por lo menos cada cien años: ¿Para qué sirve la poesía?



Contravergüenza nacional

4 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

No voy a contar el mal chiste de cómo obtuve la foto, ni me las voy a dar de super informado diciendo que he visto mil veces ese discurso del contralíder mayor, asegurándole al

Porras en los centros laborales cubanos

incauto auditorio que en Cuba no se ha practicado jamás la tortura contra un preso o detenido.
No leí esa tarde tampoco el contraperiódico Granma, ese engendro de la peor publicación. Dicen que dijo que se oponía a todo tipo de tortura, viniera de donde viniera, ¡ja!
En el municipio costero de Antilla, de la provincia de Holguín, el pueblecito por donde apareciera la Virgen de La Caridad, a los sesudos de la Seguridad del Estado o a los militarotes sin más trofeo de guerra que las batallas simuladas contra un enemigo que no se han cansado de buscar, se les ha ocurrido colgar estas porras, toletes de aluminio, en una dependencia estatal y pública. Colgaron los tubos de aluminio en la sección dedicada a la defensa de la patria o el área contra incendios o desastres naturales.
De manera que los ponen ahí, y cuando los sabuesos de Villa Marista les avisen, se arman con ellos y salen a golpear a los disidentes públicos, los señalados por la policía secreta y hasta cualquier hijo de vecino que les salga al paso. Ya ha ocurrido más de una vez, que en la jaladera, más de un golpe ha ido a parar a la cabeza o cuerpo “equivocado”.
Porras en los centros de trabajo, armas para las contragloriosas Brigadas de Respuesta Rápida.
¡Hay que salvar la revolución!, dice el slogan, y la vergüenza nacional, apaleada, baja la cabeza.



Racialidad, negritud: ¿de qué debate se habla?

10 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Un componente de de la sustancia de lo cubano, esa entelequia que nos sostiene para acentuar lo identitario, es la propensión al debate, o la nominalización del debate, sin detenernos a veces en el hecho de que lo que falta, precisamente, es eso.
No creo que el hecho azaroso de que dos o tres ensayistas e historiadores se hayan acercado al tema de la fundación, disolución y vilipendio centenario del Partido de los Independientes de Color y la matanza tan escasamente tratada por el ancho entramado de la cultura cubana, sea signo de debate alguno.
Esa especie de negación y reticencia definitiva de las instituciones “de la Revolución” a trazar un mapa serio de las causas y cómo se proyectó el suceso de la matanza de los independientes de color en 1912, reafirma las sospechas de que al ahora cincuentenario proyecto social interesó profundamente soterrar los visos de lo que fue (errores incluidos y no siempre debatidos con justeza) una sociedad civil.
Asombra que cien años después, la mayoría de los que hurgan en desentrañar las huellas de la problemática racial cubana no enfoquen más sus armas de búsqueda en el sustrato de la época. ¿Por qué no buscar más en la composición social de los rebeldes? ¿Cuáles fueron los verdaderos móviles de la rebelión (amén de las ya sentadas bases de historiadores como Serafín Portuondo Linares, Tomás Fernández Robaina o Silvio Castro Fernández por sólo citar tres)?
Quizá uno de los estudios más completos de la composición social del negro cubano sea la de Pedro Deschamps Chapeaux, El negro cubano en la economía habanera del siglo XIX (Ediciones UNIÓN, 1971), hoy de los menos citados por los estudiosos de género, raza y nación en Cuba.
El libro de Deschamps resume y actualiza las mismas negaciones que vinieron haciéndose desde los inicios de la cubanidad. El negro como representación de la raza víctima y la composición de su clase social como un amasijo de confluencias en lo socio-político, sentaron base para la confirmación casi unánime de investigadores posteriores de que muy poca sustancia aportaba abordar el tema desde una perspectiva de éxito aunque fuera efímera, no focalizable, casi inaprensible.
Los también gestores de la burguesía cubana sumaron un decir distinto, una manera de posesionarse de aquellos espacios de la vida urbana que habían sido vistos con cierta ojeriza.
Los artesanos, hojalateros, herreros y jefes de cuadrillas de estibadores empujaron con su brío y eficacia (probados en el terreno) a aquellos que ocuparon los estrados hasta ahora asumidos por la raza blanca: prestamistas, sastres, comerciantes exitosos y maestros.
Entre los inicios de aquella excepcional capa de la sociedad, la ascensión a la vida militar fue un punto a favor de abrir las compuertas, alejar resquemores y, ayudar a ‘limpiar’ la idea de objeto que acompañó al negro desde la mirada del ‘otro’, al respecto Deschamps apunta:

“Así pues, la obtención de grados en la organización militar, logrados unas veces por años de servicios, por méritos en acciones de guerra o adquiridos mediante el pago de una cantidad estipulada por Orden Real, permitiría si no romper, al menos debilitar las barreras sociales y económicas impuestas por el régimen esclavista.”

Sin entrar a analizar demasiado los entresijos de El negro en…, Deschamps Chapeaux hace una aproximación desprejuiciada y sin rivales hasta hoy.
Cuando los factores negativos de la intelectualidad cubana de la primera mitad del s. XX desoyeron la voz reclamante de lo negro, y entre hacer de oídos sordos y minimizar esa avalancha del negro en la sociedad, no ya “habanera” si no cubana toda, no hallaban a cuál muro recostar su argumentación, la laboriosidad de hormiga de esa población (¿flotante?) fue toda respuesta.
Las más afiladas argumentaciones racistas apuntan, en verdad, a la minimización del objeto oprimido, en este caso el negro. La lógica reduccionista de atomizar todo el entramado étnico de ser cubano va desde enfocar el problema racial, precisamente, como un problema para una masa que se dice oprimida sin serlo en la realidad, es decir, blanquear el diferendo racial, desajustando los lentes de la visión pública, si no no cabría preguntarse por la total ausencia de los estudios de caso, los testimonios directos, desmenuzados en las cientos de variantes de estudios que puede aportar un verdadero recorrido antropológico venido al caso.
Para Chapeaux una de sus tareas consiste en desvelar los caminos recorridos a manera de obstáculo. El hecho de que 38 años después un libro premiado en el concurso de ensayos de la UNEAC goce de casi absoluta soledad en la estantería de la presencia del negro en la sociedad cubana, reafirma la tesis de que luego de las manquedades en la República, la Cuba “revolucionaria” ha visto como tabú hacer un mapa de la presencia del negro como ente de éxito. Excepto en las esferas deportivas y la música popular (donde tampoco es realzado por su extracción racial) no hay siquiera asomo de reconocimiento tácito. El imaginario nacional cubano sabe que son “negros” los mejores beisbolistas y boxeadores, pero no hallan un diapasón comunicativo más allá de la propia oralidad.
En numerosas ocasiones los estudiosos han avanzado más hacia el fenómeno de la esclavitud como crimen universal que a la composición de esa masa oprimida en busca de una facilidad de cara a la versión oficial o los mandatos académicos que ya alcanzaron su cincuentenario.
En busca de la integración nacional fue Don Fernando Ortiz quien hurgó con mayor paciencia (y por ello dio con el éxito) en esa especie de mapa genético social de la cubanidad. El valor y la decisión que movieron a Don Fernando en medio de los ataques tanto de negros como de blancos, el desinterés de los más avanzados pensadores de la época republicana y hasta de los que entonces y hoy se han llamado en ser los defensores de los oprimidos: comunistas y progresistas constituyen aún una tabla salvadora de la memoria nacional, para Ortiz:

“Era preciso estudiar ese factor integrante de Cuba; pues nadie lo había estudiado y hasta parecía como si nadie lo quisiera estudiar. Para unos, ello no merecía la pena; para otros, era muy propenso a conflictos y disgustos; para otros era evocar culpas inconfesadas y castigar la conciencia; cuando menos, el estudio del negro era tarea harto trabajosa, propicia a las burlas y no daba dinero.” (Ortiz, Fernando: “Por la integración cubana de blancos y negros”, La Habana, 1943.)

No hay un debate actual porque, en primer lugar a las clarinadas esporádicas de algunas voces, sin una confrontación real, pero tampoco con una aceptación pública y extendida de que el racismo es un problema de hoy, cubano y real, no se le puede llamar tal.
Aunque en condiciones de pasividad diferentes a hace medio siglo, al sujeto de opresión le persiguen las mismas ferocidades. Y en otro ámbito, no existe un ánimo de debate por que faltan los espacios físicos para acabar de poner tan espinosa arista de lo nacional en medio de la picota pública.
Todavía se discute si hay o no una propensión hacia la exageración cuando se habla de racismo en Cuba, por lo que las anteriormente citadas palabras de Ortiz parecen publicadas ayer mismo. Las publicaciones oficiales no aceptan aún la punzada directa contra los autores del silencio antes nombrado. Bajo la tesis de la integración nacional, el discurso social de la “Revolución” huye cada día de ese saneamiento antropológico que sería aventar la polémica racismo/integración hacia su solución definitiva. De todos modos ni en Cuba hay una verdadera integración, ni las instituciones están abiertas a las vías de purgar responsabilidades, crear mecanismos definitivos del accionar social en el tema, ni hay una dinámica de empoderamiento rápida, eficaz.
Hace una década un ensayista cubano afirmó, con otras palabras, que la habanera Peña del Parque Central (un lugar público donde se discute hasta el paroxismo sobre el béisbol de la isla) constituía un claro espacio de democracia, con lo que sellaba cualquier aspiración de discutir verdaderamente sobre la democracia. La cita la traigo a cuento porque recientemente el escritor y profesor Carlos Moore, envió una carta al actual gobernante cubano donde plantea:

“Estoy convencido que los numerosos dispositivos de Inteligencia que usted tiene a su mando, y la gran cantidad de institutos de investigación social que el régimen revolucionario ha creado a lo largo de las décadas, precisamente para analizar la realidad social y tomar el pulso de la población, le han proporcionado suficientes datos sociológicos, empíricos y abstractos, como para llegar a la conclusión de que algo nuevo está aconteciendo en la conciencia colectiva de la población negra mayoritaria, y que ese "algo" no podrá ser satisfecho sino con un empoderamiento efectivo, a partir de formas de organización legítimamente populares y surgidas desde abajo.”

Así y todo habría que ver quiénes y cuántos de los que están del lado de allá de esa alteridad asumida por el todo de la nación cubana llegan a participar en el debate, a cuántos rozarán por vez primera esas oportunidades esperadas hace cuatrocientos años y en qué medida los supuestos poseedores de la verdad total sobre la integridad de la identidad nacional serían capaces de soltar el ave paradisíaca de cualquier nación civilizada, el debate abierto, franco, definitivo.



Bitácora de un preso

2 Comentarios Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir

Candado a la esperanza de cambios

Escribe con una letra diminuta en el reverso de cajas de cigarro. Está cercano a la Compañía 19 de la Prisión de Máxima Severidad conocida como Cuba Sí, en las afueras de la ciudad de Holguín.
Escribe el nombre de 21 reclusos retenidos por cuatro y dos años bajo la infamia jurídica de Peligrosidad Social. Pide Vitamina E para Próspero Gaínza Agüero, condenado a 25 años en la Primavera Negra del 2003. En otro mensaje ruega vayan a su casa y le digan a su madre que no venga el 23 (ha pasado una semana), que no haga ese largo viaje pues su compañía ha cambiado el día de visita.
Después de dos o tres floreos contando atrocidades como las golpizas dirigidas y los autorizados Mandantes revolcando la mínima paz de las noches carcelarias, habla para que gestionen atención médica para Robin Maseda, con los riñones destrozados hace dos años y sin la mirada atenta de un médico, solidario, humano y miembro de la única potencia médica mundial, pero como no aparece, Robin Maseda se sigue desmayando en medio del pasillo y los guardas dicen que está “filmando”, que es un embustero.
Despliego con cuidado la lista de reclusos condenados por Desacato y Peligrosidad. Veo sus nombres, su lugar de origen, pueblos conocidos: Banes, Antilla, Holguín y Mayarí.
Me quedo en el dolor de la impotencia. Escucho a Colón cuando bajó de las barcazas en las playas orientales de la isla: “Es la tierra más hermosa que ojos humanos han visto”.

Peligrosos y predelictivos en toda Cuba

A la insania de condenar de antemano a la ciudadanía por delitos casi nunca probados, el Tribunal Supremo de Cuba ha otorgado la potestad a los presidentes de los Consejos Populares de señalar quiénes perturban la paz del barrio.
Basta un solo señalamiento, una queja, consignar en un acta conjunta con "los factores" y el Jefe del sector de la Policía Nacional Revolucionaria para llevar a la cárcel por Peligrosidad Social Predelictiva a cualquiera.
No trabajar con el gobierno, posesión de diez libras de harina de trigo, doscientos plátanos, reparación de neumáticos de bicicletas (ponchero) sin licencia previa, bici-taxista o disidente público son siete de las miles de razones que dan pie a que tus huesos vayan a la cárcel por cuatro años como máximo.
Son varios miles --casi treinta mil-- según ha dicho una conocida comisión opositora en Cuba. Sus nombres no engrosan la lista de presos políticos y de conciencia. No se organizaron nunca en las redes de la sociedad civil. Nadie puede reclamar por ellos ante instancias internacionales que apenas pueden mirar hacia la isla. Sus datos se van a perder en los infolios anónimos de la historia oculta del totalitarismo. Tenían la mala costumbre de acarrear cosas hacia sus barrios: cemento, vestimentas de importación, aguacates, carne de cerdo, dulces en conserva… ad infinitum. Como la famosa quincallería de Nicolás Guillén.
Sé las reglas de la blogosfera, este post se pasa de las doscientas palabras, pero les agrego la lista de veintiún holguineros, recluidos en el destacamento 19 de la tenebrosa cárcel denominada Cuba Sí, de la provincia de Holguín.
Allí donde una vez estuvieran Oscar Elías Biscet, Vítor Rolando Arroyo y ahora están Próspero Gaínza Agüero y Orlando Zapata Tamayo, de la causa de los 75 (entre los cuatro reúnen más de 110 años de prisión), están estos muchachos casi anónimos. Si repasan sus datos al menos una vez, esta bitácora se estará convirtiendo en un aguijón en el duro pellejo de la dictadura.

SANCIONADOS POR PELIGROSIDAD SOCIAL EN LA PROVINCIA DE HOLGUIN
PRISIÓN “CUBA SÍ”, DESTACAMENTO 19.

-Lázaro Segura González, 39 años de edad, 2 años de cárcel, Holguín;
-Yosvanis Torres Romero, 39 años, 3 años, Reparto Sanfield, Holguín;
-Rolando Conceción Vidal, 33 años, 2 años, Holguín;
-Heidí Guerra Miranda, 37 años, 3 años, Holguín;
-Yoankis Pérez Pérez, 28 años, 3 años, Banes, Holguín;
-Nelson Suárez Graña, 42 años, 2 años, Gibara, Holguín;
-Héctor Ramos Hernández, 25 años, 3 años, Reparto Alcides Pino, Holguín;
-Adalberto Moreno Miranda, 31 años, 3 años, Reparto Alcides Pino, Holguín;
-Arturo Labarta López, 29 años, 1 año y seis meses, San Andrés, Holguín;
-Yosbanis Córdova Escalona, 25 años, 3 años, Tacajó, Báguano, Holguín;
-Carlos Prieto Díaz, 40 años, 3 años, Tacajó, Báguano, Holguín;
-Yosvanis Pereira Ponce de León, 23 años, 2 años y seis meses, Cacocúm, Holguín;
-Yonder Vergara Suárez, 24 años, 3 años, Banes, Holguín;
-Heidí Oscar Guerra Miranda, 27 años, 3 años, Antilla, Holguín;
-Ricardo Cándido Hernández, 33 años, 2 años, Holguín;
-Adalberto Trutié Palacio, 37 años, 2 años, Antilla, Holguín;
-Dimas Legrá reyes, 33 años, 1 año y seis meses, Antilla, Holguín;
-Juan Carlos Castillo Terrero, 33 años, seis meses, Antilla, Holguín;
-Yordanis Vernal Arcalla, 28 años, seis meses, Antilla, Holguín;
-Ramón Hidalgo Neira, 45 años, 1 años, Banes, Holguín.

RECLUSIÓN DOMICILIARIA:
Denis Pino Basalto, 2 años de prisión sin internamiento. Calle Justo Aguilera #49, e/ 12 y 18; La Plaquita, Holguín.



Buscar en este blog

Sobre este blog

Un grito contra el horror en la isla. Una manera de vadear el muro de la desilusión y la muerte lenta del cubano que espera…sin esperar

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

Autor: Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas

San Germán, Holguín, 1971. Escritor, periodista y poeta libre e independiente. Experimentador audiovisual.

 

Archivo

Calendario

lunmarmiéjueviesábdom
      1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30