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Guantánamo, zona congelada

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Guantanamo Bay

Los miles de cubanos encarcelados por intentar escapar de la isla hacia la Base Naval de Guantánamo son una sombra contra cualquier régimen.

Hace un par de días hablé con Alderlai Guerra Blanco. Cumplió varios años de castigo en el tenebroso Combinado de Guantánamo. Cuenta Aldernai y lo saben los guantanameros que años atrás con solo estar sentado un grupo de jóvenes en el parque ya era motivo para ser acusado de intento de salida ilegal.

Heriberto García Primelles vino desde Cienfuegos un día de 1982 pensando que de llegar a la ciudad ya estaría cruzando el mar y pisaría territorio norteamericano. Esa idea forma parte de la imaginación popular. Las otras son todas verdades que pesan más que cualquier ocultamiento.

Todavía nos seguimos preguntando los porqué de un campo minado si la amenaza no es de la potencia extranjera, si no del millón de cubanos que ha intentado irse. Por qué la sanción de salida ilegal contra la falacias de un permiso de salida, permiso que es más un chantaje jurídico, y no una simple formulación burocrática.

Dos veces en los soleados días de verano entre los años 2003 y 2005 Alderlai atravesó el campo minado que da acceso a la base militar sin que las minas le partieran la vida y fue regresado y puesto bajo las patas peludas de los tribunales cubanos. A varios kilómetros como quedan Ulloa y Baitiquirí de los posibles puntos de escape para tratar de entrar a la base, sin embargo han detenido a jóvenes y sin probarles nada los han condenado a cuatro años de prisión por el mismo delito.

José Ángel Simón, hoy un preso disidente, lleva en su cuerpo las esquirlas de las minas antipersonales sembradas en territorio cubano para evitar las salidas ilegales. Las piernas, los pectorales y la cabeza están repletas de fragmentos de explosivos. Ese hombres es una prueba contra las verdades de mi isla como campo de exterminio.

La noche del domingo, mientras apurábamos una cerveza de fabricación local, alguien le preguntó a Alderlai de dónde sacó el valor para atravesar los sembrados de minas y sin titubear respondió que del horizonte. Y estiró la mano en línea recta y dijo: del lado de allá tiene que estar la vida. No todo puede ser esto que hemos vivido siempre.

Yo no quise preguntar más. Ya mi cerveza estaba tibia.



En el nombre de los nombres

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A Santa Lucía, Cayo Mambí y dos bateyes cerca de San Pedro de Cacocum, villorrios del oriente cubano, les suplieron el nombre desde que llegó "la revolución al poder" por la denominación oficial de Rafael Freire, Frank País, Cristino Naranjo y Antonio Maceo. Supongo que eso sería como una disculpa por tanta sangre y tanta afrenta en la contienda de hace 50 años donde murieran Rafael y Frank y otros tantos cuyos nombres aparecen en las vallas anunciadoras de cada pueblo.

Aunque conozco mejor el oriente del país, sé que así pasó en todas partes de la isla. Los del poder fusilaron no solo a los opositores, también a los nombres de los pueblos, centrales e instituciones sociales y culturales del país.

El Salvador, Julio Antonio Mella y Calixto García son las huellas de tres pueblos que ya perdieron sus nombres fundacionales para siempre. Borrados de la historia cubana que inició un ciclo de denominaciones que irá engordando con el paso de los años y la muerte de los ancianos que aún ostentan el poder.

Enredo padre se formará cuando los humildes parroquianos se trasladen desde Placetas a otra región y la anunciadora de la terminal de trenes informe por el altoparlante que el tren para Ricardo Alarcón ya va a partir, o cuando intentemos cruzar para la villa de Regla y la lancha lleve el membrete de Armando Hart. Habría que saber cuáles de los pueblos no fusilados en 1959 perderán el nombre para adoptar por mandato oficial el del fallecido, un dirigente del partido comunista cubano.

La usurpación de la vida y la historia ciudadana deben penarse ahora mismo para que no vuelva a estar en el paredón la muerte de otro pueblo.



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Un grito contra el horror en la isla. Una manera de vadear el muro de la desilusión y la muerte lenta del cubano que espera…sin esperar

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Autor: Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas

San Germán, Holguín, 1971. Escritor, periodista y poeta libre e independiente. Experimentador audiovisual.

 

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