Armandito tenía razón
Luis Manuel García Méndez | 19/11/2009 9:27
Cierta tarde de finales de los 80, apareció en mi casa el inefable Héctor Zumbado, inesperado (y bienvenido) como de costumbre. Aquel día estaba especialmente ocurrente y fue subiendo de tono a medida que trasegaba los rones de dudoso origen que compartíamos con un grupo de amigos. Entrada la noche, se levantó de repente y con la lengua tropezona nos anunció que se iba. Quédate un rato más, Zumbi. Es temprano. Pero dijo que no. Que se iba para el Salón Rosado (de infausta memoria por las batallas campales que solían convocar los bailadores, a pesar del fuerte dispositivo policial). Y nosotros que no, Zumbado, que te van a matar, ¿tú estás loco?, mírate, compadre, si te soplan, te caes.
Y él que no.
─Me voy al Salón Rosado a buscarme una mulata del África Occidental.
Y con la misma desapareció sin que pudiéramos detenerlo.
Más tarde nos enteramos de que dos policías lo rescataron cuando estaba a punto de contar su último chiste. Una mirada o un roce de más, quién sabe.
Héctor Zumbado. Inconstante, informal, entrañable, cercano, era tan difícil trabajar con él como prescindir de su amistad.
Ya por entonces había publicado sus secciones “Limonada” y Riflexiones”, en el periódico Juventud Rebelde, y sus libros Limonada (1979), Amor a primer añejo (1980), Riflexiones (1980), ¡Esto le zumba! (1981), Prosas en ajiaco (1984), Nuevas riflexiones (1985) y Kitsch, kitsch, bang, bang! (1988). Aunque eso no le había servido para ingresar al Diccionario de la Literatura Cubana, publicado en 1984 por el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, un lugar que habría merecido ya desde el “Prílogo” de Limonada. También es cierto que en esos dos tomos lo más relevante son sus ausencias. No sé por qué a nadie en el exilio se le ocurrió escribir un Diccionario de Ausentes de la Literatura Cubana.
En el año 2000, como tardía reparación quizás, se concedió a Zumbado el Premio Nacional de Humorismo.
En el “Prílogo” de Limonada, Zumbado afirmaba que su objetivo era “hacer crítica de costumbres”, y que “el énfasis está en la crítica ─sustantivo─, no en las costumbres ─parte de una frase adverbial─”. No obstante, por entonces (como ahora, como siempre desde hace medio siglo), la frontera de la crítica admisible siempre quedaba angustiosamente cerca. Más allá se extendía el océano de la crítica posible. Si a eso se añade que ninguna dictadura tiene sentido del humor, es admirable lo que Zumbado pudo hacer con tan escaso margen de maniobra y sin despeñarse (del todo) en los cercanos acantilados de la censura.
Su corrosivo humor de lo permitido siempre dejaba entrever el humor impermisible que él dejaba vagar en alguna mesa del Hurón Azul de la UNEAC, o en las conversaciones del té con chácata de la UPEC, donde se reunía una variada fauna de periodistas y otras especies colaterales. No pocas veces tuvo que ser salvado el Zumbi de las iras que suscitó su vitriolo macerado en alcohol cuando algunos personajes que se tomaban a sí mismos en serio, se tomaron a Zumbado demasiado en serio.
Mario Vizcaíno Serrat, en el texto “Un pez fuera del agua”, publicado por La Jiribilla, recupera la figura de Zumbado que, como un no-muerto, vaga por la cultura cubana desde aquel día en que el mal golpe de un atracador lo ingresó en el limbo del idioma. Según Vizcaíno, “Alguna prensa ha decidido rescatar parte de su obra y publicarla, por dos razones: dar a conocerlo a la generación más joven, y armar una suerte de tributo al cultivador más auténtico de la sátira social cubana después de 1959”. Y me alegra que así sea. Zumbado lo merece.
Claro que, en mi opinión, hay dos Zumbados que esa definición no recoge: El escritor que nos legó algunos cuentos breves extraordinarios, como el de la vieja que plantó una ceiba en una maceta del balcón, y el del hombre que quería enlatar el sol. Cuentos que podrían figurar sin sonrojarse en cualquier antología.
Y el Zumbado espontáneo, directo, personal, inédito, que en cualquier momento de la conversación dejaba caer un chiste que no sólo doblaba a carcajadas a la concurrencia, sino que te quedaba rondando la memoria durante el resto de la tarde.
Se cuenta que cierta noche de carnavales se encontraban conversando en el muro del Malecón Zumbado y el fotógrafo Grandal. (Corrígeme, Grandal, si la historia es inexacta). En ese momento aparecen dos jóvenes negros y uno de ellos pregunta a Grandal:
─Oye, asere, ¿tú eres yuma?
─¿Yo? No, qué va. Yo soy fotógrafo. Cubano.
─No me engañes, asere. Con esa cámara y esa pinta tú tienes que ser yuma.
─Te digo que no. Yo soy cubano.
─El asunto es, asere, que aquí mi amigo y yo andamos buscando un yuma para que nos saque de este país, porque esto es una mierda, esto no…
En ese momento, Zumbado sufrió una especie de “coma revolucionario”:
─Negro de mierda, la Revolución te ha hecho persona y tú te quieres ir para la Yuma…
El negro intentó abalanzarse sobre Zumbado, pero su amigo lo aguantó al tiempo que intentaba arrastrarlo lejos del conflicto:
─No te desgracies, Armandito, deja al comemierda ese. No te desgracies.
Y Zumbado continuaba:
─Malagradecido, que la Revolución te hizo persona.
Mientras el otro se llevaba a Armandito, éste seguía gritando: “Esto es una mierda bien, chico. Una mierda”.
Al fin se perdieron de vista y Zumbado propuso a Grandal beberse unas cervezas en algún kiosko. Cuando llegaron al más cercano, ya estaban cerrando y a pesar de su insistencia (una cervecita nada más, compañero, una sola), el dependiente se negó en redondo a despacharles. Entonces Grandal le propuso:
─Mira, Zumbado, ahora tú te vas por ahí para tu casa y yo me voy por acá. Mañana nos vemos y nos tomamos mil cervezas. ¿Está bien?
─Está bien.
Y se alejaron en direcciones opuestas rumbo a sus casas. Pero cuando se encontraban a media cuadra de distancia, de pronto Grandal escuchó un grito:
─Grandaaaaal.
─Dime, Zumbado.
─Grandal, Armandito tenía razón.
Desde entonces, cada vez que había un problema que así lo ameritara (y no era infrecuente), en la redacción de Somos Jóvenes sentenciábamos que “Armandito tenía razón”.
El florentino San Felipe Neri (1515-1595), patrón de educadores y humoristas, tenía un gran sentido del humor y saludaba a sus amigos diciendo: "Y bien, hermanos, ¿cuándo vamos a empezar a ser mejores?". A continuación los llevaba a cuidar a los enfermos y a otras obras de caridad. Su corazón era tan grande que se oían sus latidos a un metro de distancia, y la autopsia reveló que le había roto dos costillas y arqueado otras en su afán expansionista. Dudo que en el tórax más bien discreto de Zumbado cupiera un corazón de ese tamaño, pero no tengo dudas de que su obra no era la de un cínico, sino la de un moralista. Toda ella se podría resumir en esa pregunta, pero modificando ligeramente la redacción: ¿cuándo coño vamos a empezar a ser mejores?
Publicado en: Personajes | Actualizado 19/11/2009 9:40






















7 Comentarios
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7 by OPINION (Usuario no autenticado) 22/11/2009 5:00
Leyendo lo que paso con reinaldo EScobar no queda otra que decir ARMANDITO TENIA RAZON,y cuanta RAZON,QUE HORROR.
6 by José Antonio Gutiérrez Caballero (Usuario no autenticado) 22/11/2009 5:00
Hola, Luis Manuel, cómo estás? Ahí te dejo mi versión poética de los sucesos en torno a Reynaldo Escobar, el esposo de la bloguera Yoanis Sánchez, saludos y un abrazo, tu amigo, Josán Caballero. LA CITA INTRANSITABLE Hacer alto a su muerte es imposible, cuando esa turba se muestra intransitable: ¿País prestado a bullicio tan amable, merece juventud impredecible? El miedo no es su karma, ni la audible hambruna ante principios denostables: La ira confundida entre los cables se enreda con la náusea más temible. Adónde van las huestes carcomidas, sino a negarse al fin que son hermanos, descifrando el desmán de ese hortelano, que come y asegura, en su mordida, dar al mundo otra prueba del desgano que ha prendido en su turba de cubanos. Que ha prendido en su turba de cubanos, diezmada sólo por la incompetencia de ideales, que aseguran su impotencia, ante el muro senil de tantas manos, empuñadas por seres tan ufanos, como si semejante disidencia atentara feroz con su decencia, pronto en tela de juicio: Mito insano que el hortelano impide remover, con una libertad a medio hacer, aturdida y cegada por su “gloria”, pero esta cita deshecha, sin memoria, podría reescribirse cual historia de un pueblo que está a punto de aprender. De un pueblo que está a punto de aprender que la conciencia no es objeto de discordia, cuando un gobierno asume la concordia como un juego de bandos, a saber con ese Arma-Ge-Dos, que al someter, a unos contra otros ceremonia conducta tan brutal, que testimonia hasta cuánta infamia puede haber en estas situaciones perentorias, en que son condenados por escorias aquellos que maldicen el poder de un hortelano que niega hasta el comer a sus hijos, cual Cronos furibundo, lanzado de por muerte al inframundo. JOSÁN CABALLERO 20 de noviembre del 2009.
5 by YUSUSPAQUI (Usuario no autenticado) 22/11/2009 5:00
GENERACION:ESTO SUCEDE EN TODAS LAS COSAS DE LA VIDA,POR ESO EMIGRAMOS,POR ESO NOS DIVORCIAMOS,POR ESO CAMBIAMOS DE AMIGOS,DE TRABAJO,DE CASA,POR ESO DEJAMOS DE APOYAR EL PROYECTO REVOLUCIONARIO,AHORA RESULTA SER QUE NADIE DEL EXILIO,APOYO JAMAS A FIDEL Y QUE TODO EL QUE LO HAYA HECHO TIENE QUE METER LA CABEZA ENTRE LAS PIERNAS?HAY MUCHAS GENTES QUE SI DEBEN SENTIR VERGUENZA,LOS QUE DENUNCIABAN A SUS VECINOS,A SUS COMPAÑEROS DE TRABAJO,EX INTEGRANTES DE LOS DISTINTOS CUERPOS POLICIALES,JUECES Y FISCALES QUE DICTARON CONDENAS INJUSTAS,ETC,ZUMBADO AL QUE CONOCI Y CON EL QUE CONPARTI ALGUNAS VECES,CREYO EN EL PROYECTO HASTA QUE EL PROYECTO DEJO DE CREER EN EL,PERO CON EL NUNCA HABLE DE POLITICA ASI QUE ES TAMBIEN UNA SUPOSICION MIA,TENGO DE EL ALGUNAS BUENAS ANECDOTAS,PERO NO LAS CUENTO PORQUE NO SE SI AL LE GUSTARIA,DONDE QUIERA QUE ESTE,SALUDOS.
4 by GENERACION (Usuario no autenticado) 20/11/2009 9:00
Esta es una historia muy bonita, y con cierto sentido del humor, segun como se mire claro,pero para mi no es mas que un exponente muyyyyy claro de aquello de cuando te pisen el callo o la revolucion del callo, todo esta muy bien, y lo defendemos mucho mientras no te toquen lo tuyo, aclaro que a mi Zumbado me encanta y se mas o menos su historia truculenta de que lo dejaron de forma misteriosa de forma tal que mas nunca levanto cabeza hasta aquel premio y aquel homenje de Enrisco SAN ZUMBADO ,y ya sabemos donde esta Enrisco, quiero decir que no le estoy tirando a Zumbado ok, pero si que viene muy bien lo del callo,el defendio a la revolucion , l edijo oye negrito tu eres persona gracias a la revo y acto seguido cuando la revo no le respondio pues el negrito tenia razon, asi somos de complejos los seres humanos.
3 by Un amigo del hermano de Marta (Usuario no autenticado) 19/11/2009 21:20
Ocurrio en el Club Barbaran, el que esta(ba?) frente al zoologico de 26 a principio de los 80s.
Un sabado pasada las 11:00 pm Zumbado llamo a Marta, la muchacha con quien salia en ese entonces, y la invito a ir a al club. Marta le dijo que ya estaba reunida con su hermano y un amigo y que la estaban pasando bien en la casa ron mediante, que por que el no se les sumaba. Zumbado insistio diciendo que fueran todos para el Barbaran que el invitaba.
Como quiera que la noche estaba muerta y los cuentos se acababan pues no era cosa de desperdiciar la invitacion asi que salieron pues todos para el club. Al llegar ya Zumbado tenia separada una mesa y cuando aparecio el camarero le dijo "traenos cuatro cubanitos pero por favor, sin hielo". El camarero lo miro con cara de sorpresa pero no dijo nada y se fue. Marta lo interpelo: "Hector, como que cubanito sin hielo? a quien se le ocurre eso?" a lo que Zumbado respondio "Tranquilizate Marta que aqui se acabo el hielo hace rato"
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