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    América Latina y Cuba desde España

    Autor: Michel Suárez

    Autor: Michel Suárez, periodista. Madrid, España.
    Contacto: info@michelsuarez.com

     

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    Contranatura

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    En su edición del miércoles 29 de agosto, The Wall Street Journal publicó que la "maravilla de ingeniería más cotizada de China, la presa de las Tres Gargantas, enfrenta problemas imprevistos que van desde los deslizamientos de tierra hasta la contaminación del agua", lo que despierta nuevas dudas sobre un proyecto que simbolizó el esfuerzo del país asiático por "controlar su medio ambiente".

    En Dubai, otro pintoresco punto del planeta, en boga en círculos empresariales y turísticos-fashion, se levanta un megaproyecto conocido como las Islas Palmeras. Consiste en la construcción de islas artificiales en las que en el futuro se levantarán 60 hoteles de lujo, cinco mil villas residenciales, parques, cines, etcétera.

    Sus defensores alegan la preparación del país para enfrentar el agotamiento de las reservas petrolíferas en los próximos veinte años. Los detractores señalan que la obra ya ha afectado considerablemente la ecología marina y los arrecifes de coral. Las islas se venden ya por encima de los cinco millones de euros e incluso el excéntrico futbolista David Beckham ha comprado una de ellas.

    Llama la atención el modo en que puede tentarse tan despiadadamente a la naturaleza en sitios del mundo donde la sociedad civil es poco menos que un chiste, y donde las denuncias de los ecologistas se interpretan como disidencias políticas, con las consecuencias previsibles.

    En la misma cuerda, ahora que la institucionalidad va cada vez más calle abajo en Venezuela, el gobierno de Hugo Chávez ha anunciado un proyecto para construir islas artificiales en el Caribe, con el presunto objetivo de "resguardar la soberanía".

    Nos parezcan bien o no, tanto la presa de las Tres Gargantas como las Islas Palmeras de Dubai persiguen un objetivo económico estratégico, aunque no se justifiquen ni lo faraónico de las obras ni el modus operandi para llevarlas adelante. Pero la idea del tío Hugo no es otra que la de consagrar su borrachera de poder en obras inservibles.

    Dejando a un lado la retórica sobre la soberanía, que nada ni nadie la amenaza en Venezuela, ¿cuáles son los problemas de tierra edificable o cultivable que tiene este país para ir a la conquista del mar?

    Hasta de levantar ciudades en las islas ha hablado el emperador, sin mencionar el impacto medioambiental que la descabellada propuesta acarreará a la zona marítima venezolana.

    Sin embargo, buscando en la historia reciente, la megalomanía chavista se justifica en los espejos en los que se afeita el coronel golpista. Si Fidel Castro intentó desecar la Ciénaga de Zapata y sembrar café en los alrededores de La Habana, ¿cómo su alumno más aventajado, y ahora patrocinador financiero, no lo va a experimentar en terreno propio?

    Habrá mucha indolencia empresarial (como en Estados Unidos) y millones de ciudadanos tirando latas en las playas (en el mundo entero), pero es indudable que los mayores atentados contra la Tierra los están financiando y protagonizando los gobiernos autoritarios desde el Caribe hasta Asia; por no llamarles de otro modo.


    La chispa de Obama (II)

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    Hace un par de años, un médico cubano de 44 años murió en México debido a la severidad migratoria del régimen de La Habana. Es la otra cara de la moneda en el tema de los viajes de cubanoamericanos a la Isla, un anhelo fuertemente acariciado por la nomenclatura cubana para satisfacer su eterno apetito financiero y retórico. Sin más.

    Cuento ahora la historia porque, aunque pudiera parecer periodísticamente vieja, viene a cuento con el alboroto de quienes acompañan la comparsa castrista sobre la unidad (selectiva) de la familia; por ejemplo, Max Lesnick, para quien las trabas a los viajes de cubanoamericanos a la Isla son una "agresión lacerante contra la unidad y los derechos humanos de la familia cubana".

    Una afirmación que yo también firmaría —claro, con menos adjetivación—, incluso a sabiendas de que el muy humano Lesnick sería incapaz de solidarizarse con la historia del médico cubano que comencé a contar antes.

    Dicho especialista, que abandonó la isla para radicarse en México en 1992, enfermó de una grave dolencia nefrológica. Perdió uno de sus riñones y, al cabo del tiempo, le falló el otro. Las diálisis le mantenían con vida a la espera de una donación que nunca llegaría. Una hermana residente en Cuba se brindó para donarle uno de los suyos. México le concedió el visado, pero La Habana obstruyó su salida del país. Fue entonces que el médico, en una decisión in extremis, quiso viajar a la isla para recibir allí el riñón ofrecido porsu hermana. Iba a ser atendido en una clínica internacional cuyos gastos pagaría el enfermo, pero La Habana volvió a decir que no. Este hombre murió sin despertar la más mínima condescendencia de las autoridades. Por ser médico, por ser inmigrante, por ser cubano.

    Para que Lesnick comience a ser coherente en sus acalorados pedidos a Washington, primero tendrían que materializarse los recientes augurios de Rafael del Pino y Rafael Alcides. Dichos columnistas se hacen eco de presuntos cambios en la política migratoria del régimen, que suenan a música celestial. Saben que Franco lo hizo en España en 1959 y esto no supuso el fin de la (I dictadura, pero no doy por hecho que Raúl Castro llegue a tanto. Seguiremos informando…


    La chispa de Obama

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    No parece muy clara la posición de La Habana sobre Obama, si sopesamos que el perro guardián de la cama de Castro, Felipe Pérez Roque, valoró sus propuestas sobre remesas y viajes de cubanoamericanos como "el sentimiento mayoritario" en Estados Unidos, pero no dedicó ni una sola línea a atacar al precandidato demócrata.

    Este martes, un artículo —atribuido a Fidel Castro— carga contra el mismo precandidato por desear la democratización de Cuba, pero no menciona el paquete de medidas que el senador aprobaría, según dijo, si llega a la Casa Blanca.

    Resulta lamentable que la vertiente cubana de la pre campaña norteamericana edifique su línea de actuación en torno a la suavización de las remesas y los viajes, y no en una política integral, con o sin embargo económico, de cara a los tiempos que se avecinan. Que no quiere decir relajación ni blandenguería, sino realpolitik.

    Cuando yo vivía en la isla, hace poco más de cinco años, me cuestionaba la virulencia con que algunos líderes cubanoamericanos defendían la idea de que no entrara ni un grano de chícharo al país, con tal de joderle la sopa al dictador. Ahora, me ratifico: hay que ser desalmados —probablemente sin parientes ni dolientes en la isla— para continuar apoyando la severidad de Bush con los envíos de dinero. Ya sabemos que del mismo también se beneficia el régimen, pero ante esa disyuntiva, la familia es lo primero y habrá que aceptar el mal menor.

    Muchas veces me pregunto si algunos políticos cubanoamericanos, con probada trayectoria en su lucha por la democratización de Cuba, conocen el capital político que están fomentando dentro, sobre todo en los que dependen de la miserable ayuda exterior hasta para el aceite y el jabón.

    Se sabe que el embargo no funciona, que es una cortina de humo que el régimen agradece para justificar sus destrozos; pero quien estimula o apoya una medida de aislamiento económico probadamente inútil —sobre todo, por tanto tiempo—, es evidente que busca una sublevación por hambre o un deterioro total. Y pedir esto con balcón al mar y jarra espumosa en la mano es cuando menos inmoral. Y reitero, aunque sólo sea en teoría.

    En relación con los viajes, he dejado claro en ocasiones anteriores que las políticas de Estado no deben interferir en los asuntos familiares de forma tan drástica. Ya bastante ha hecho el castrismo en su afán de dividir a los cubanos por el color de sus pensamientos. No comparto el turismo masivo de quienes un día recibieron las ventajas de la Ley de Ajuste Cubano, porque dicha ley existe porque en Cuba hay una dictadura y no por la presunta cara alegre de los isleños. Si las condiciones planteadas en su día para obtener los beneficios migratorios no han cambiado, ¿por qué exigir ahora al país protector, a mano armada, que nos permita viajar ilimitadamente al país hostigador? ¿Quién nos entiende?

    En cualquier caso, viajar o no a la Isla deberá ser una decisión personal de cada cual y no un mandato de gobierno alguno. Tampoco debe olvidarse que ningún otro país ha brindado tan espléndida acogida a los cubanos que escapan. Habrá que aquilatar cuáles son las prioridades y usar los derechos en conciencia.

    El tema de Cuba no ha hecho más que empezar. Obama encendió la chispa y los pirómanos de ambos lados ya se han apuntado al incendio.


    De asar un conejo a vivir en Miraflores

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    En una larga entrevista en el diario Estado de S. Paulo, el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lo reafirma categóricamente: no será candidato a la reelección, porque cree que "cuando un dirigente político comienza a pensar que es imprescindible, comienza a nacer un pequeño dictador". Y agrega: "mi mandato acaba el 31 de diciembre de 2010".

    ("Quando um dirigente político começa a pensar que é imprescindível, que ele é insubstituível, começa a nascer um ditadorzinho". E acrescentou: "Não tem essa de o povo pedir. Meu mandato termina no dia 31 de dezembro de 2010. Passo a faixa para outro presidente da República em 1º de janeiro de 2011, e vou fazer meu coelhinho assado, que faz uns cinco anos que eu não faço").

    El mismo domingo, en su programa de televisión, Hugo Chávez desgranaba otras perlas sobre el tema, pero en sentido inverso:

    "En Europa hay un alboroto porque aquí se esté proponiendo una figura (la reelección continua) que en Europa existe hace siglos, en Europa hay mucho cinismo... en Gran Bretaña los primeros ministros pueden ser reelegidos cuantas veces el pueblo lo quiere reelegir y están preocupados porque aquí se quiere implementar por consideración del pueblo".

    En el caso de Venezuela, según un cable de EFE, Chávez consideró que la reelección no se debe extender a alcaldes y gobernadores, puesto que es "una concepción" suya. "Este ser humano que está aquí, está en el centro de la propuesta, en el centro del debate", dijo de sí mismo.

    Es decir, yo propongo porque puedo, y me beneficio porque soy el jefe. Ni el resto puede hacer reformas, ni yo pienso en ellos. Justamente lo contrario a lo planteado por Lula.

    En la edición del viernes pasado del diario boliviano La Razón, el politólogo Miguel Centellas adelantaba una acertada respuesta a las pretensiones de Evo Morales, que sirven también para todos aquellos con ínfulas mesiánicas dentro del entramado político latinoamericano:

    "…el deseo de incorporar la reelección indefinida en la nueva constitución se enfoca más hacía una política personalista que en una política institucional. ¿Acaso no hay otras personas dentro del MAS capaces de ser presidente después de Evo Morales? ¿Será que MAS, al igual de los partidos políticos de antes, es sólo un vehículo personal? (…) La necesidad de reelegir a un presidente significa la incapacidad de encontrar otra persona capacitada para reemplazarlo. Una de las funciones de las organizaciones políticos (esto incluye no sólo partidos, sino también agrupaciones cívicas, sindicatos, y otros grupos que actúan dentro del ámbito político) es organizar a equipos de personas con intereses y visiones similares. Pero si el equipo está controlado sólo por una persona, es difícil hablar de un partido o movimiento, sino de un grupo clientelista dirigido por un caudillo. Ese fue el modelo político vigente en Bolivia por más de dos siglos. ¿Será que queremos volver a repetirlo?...".

    Tanto Lula como Centellas, cada uno en su especialidad, no han podido explicar más nítidamente el por qué las restricciones a la reelección no son un capricho de las mejores democracias. Pero mientras Lula ya piensa en asar un conejo en su casa, cosa que según él no ha podido hacer en los últimos cinco años, Chávez se ve viviendo en Miraflores durante los próximos 20 años.


    Soberanía selectiva

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    Una de las mayores estupideces de la política latinoamericana de los últimos diez años ha sido la invocación del término "soberanía" como bandera de combate contra Estados Unidos.

    No es muy pragmático en pleno siglo XXI, imbuidos en procesos globalizadores indetenibles —con sus ventajas y desventajas—, que un gobierno cometa la ligereza de cortar la colaboración antidrogas con Washington, presuntamente por ver en la DEA el fantasma de la CIA. Esto es lo que sucede en Venezuela. Pero también donde su hija putativa, Bolivia, que ahora contradice un informe de Estados Unidos y Naciones Unidas, que dice que en el país altiplánico se produjo un incremento del 8 por ciento en el cultivo de la hoja de coca. Evo Morales atiza la polémica como paso previo a la ruptura. Tiempo al tiempo.

    En Ecuador, el presidente Rafael Correa ha ratificado la no renovación de la base militar norteamericana de Manta —que tiene como objetivo la lucha contra el narcotráfico—, cuando se venza el contrato en el año 2009. Parece normal que los ecuatorianos no se sientan cómodos con la presencia de una instalación que fue levantada siguiendo atajos constitucionales e incluso con muy magros beneficios económicos para el país. Sin embargo, la posibilidad de renovar en mejores condiciones económicas y cumpliendo a cabalidad la legislación, no es un tema que seduzca al señor Correa. Por lo que, al final, cuenta más en la filosofía oficialista la "afrenta a la soberanía nacional" que significa la permanencia de las tropas norteamericanas, que la vía utilizada para implementar la misión. Ergo, el problema no es la legalidad, sino la dichosa soberanía.

    Pero bien. Si aceptamos que la soberanía es un asunto demasiado importante para estas naciones, ¿por qué ahora Bolivia, por ejemplo, permite la instalación en su territorio de tropas venezolanas bajo la denominación de Comando Binacional Amazónico?

    Informa este sábado el diario paceño La Razón que Venezuela abonó, además, seis millones de dólares al Gobierno boliviano para mejorar las infraestructuras de sus unidades militares.

    La colaboración militar y el financiamiento no son malos per se, siempre y cuando se evite el sectarismo prevaleciente para seleccionar amigos y enemigos. Sobre todo, porque La Paz sabe que, en materia antinarcóticos, la ayuda de EE UU y de la Unión Europea ha sido generosa. Y que el Washington de 2007, lejos de abroncar y crispar en una región en la que su influencia va en declive, está por la convivencia pacífica entre gobiernos de diferente corte ideológico.

    Esto lo saben Lula y Tabaré (incluso a contrapecho de los simpatizantes más radicales al interior de sus partidos), y en consecuencia actúan: Sin servirle de alfombra al imperio, pero también sin generar peloteras.

    Morales y Correa van juntos en la carrera de la soberanía selectiva, en la búsqueda de una nueva metrópolis. El primero lleva ventaja, por su mayor tiempo en el poder. Pero sin desespero, probablemente veremos cómo los últimos serán los primeros.