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    América Latina y Cuba desde España

    Autor: Michel Suárez

    Autor: Michel Suárez, periodista. Madrid, España.
    Contacto: info@michelsuarez.com

     

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    Dramaturgia Audiovisual

    Dramaturgia Audiovisual. Guión y estructuras de informativos en radio y televisión (Comunicación Social Ediciones y Publicaciones, 2007) Venta onli... [+]

     
    Son de la Loma

    Son de la Loma

    Son de la Loma, los dioses de la música cantan en Santiago (Editorial Andante/Mercie Ediciones, La Habana, 2002. Coautor: Reinaldo Cedeño Pineda) V... [+]

     

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    Una excepción. Lectura para profesionales de los medios

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    Ha sido publicado en España mi segundo libro. Hago una excepción en la línea temática habitual del blog para publicar un breve fragmento de uno de sus capítulos, quizás la parte más vinculada a la política y la sociedad. Una advertencia: Dramaturgia Audiovisual es un libro técnico, un texto para la docencia. No cuenta nada que pueda interesar a otros públicos. Al menos eso creo.

    Desde aquí agradezco a Marcial Murciano, quien fuera decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona durante el período de gestación del libro. También a Emma Rodero, profesora de la Universidad Pontificia de Salamanca, por sus consejos iniciales; a Pedro J. Crespo, editor-propietario de Comunicación Social Ediciones y Publicaciones, y al equipo de la Escuela de Radio y TV de Granada, que me abrió las puertas profesionales recién llegado al exilio y donde nació la idea de este libro. Muchas gracias a todos.

    Fragmento de 'Dramaturgia Audiovisual. Guión y estructuras de informativos en radio y televisión'

    El espectáculo informativo

    …El pleno rendimiento del espectáculo informativo no es un tema que ponga de acuerdo a muchos, sobre todo si de defenderlo se trata. Xosé Soengas (2003:11) insiste, por ejemplo, en que los presentadores de informativos deben mantener una locución neutra, desprovista de cualquier carga emocional o énfasis que pueda transmitir una implicación directa o indirecta en el acontecimiento y contaminar la objetividad de la noticia.

    Sin embargo, la «objetividad» tampoco es un concepto de consenso, habida cuenta su insostenibilidad científica. La objetividad periodística andará siempre el camino de la relatividad, en tanto las mediaciones que se producen entre el hecho y la recepción final dibujan un panorama de subjetividades difícilmente esquivable, lo que viene dado por los propios fundamentos de la naturaleza humana. Aquí cuentan la concepción del mundo, la ideología, el conocimiento, la intención y otros tantos factores que modelan la comprensión de un acontecimiento por parte de ese ser humano que llamamos periodista o comunicador. Si la percepción del mundo mediante los órganos sensoriales es un

    proceso eminentemente subjetivo (¿quién lo duda?), ¿por qué ha de hablarse en términos tan absolutos de objetividad periodística?

    Hasta ahora sólo he tenido en cuenta el factor humano, porque si adiciono las influencias externas al proceso de comprensión del hecho (ideología y situación económica del medio, coyuntura histórica…), la subjetividad se acentúa. Este presupuesto desmonta la tesis neomarxista que ve la objetividad como un invento capitalista y responsabiliza de su limitación al modelo de prensa «liberal-burgués». Tanto en el extendido sistema capitalista como en los experimentos comunistas desarrollados entre 1917 y la actualidad, la objetividad ha estado bajo la duda científica. Es una falacia vincularla al modelo burgués-liberal, porque, según hemos visto, las mediaciones que se producen entre el hecho y el periodista relativizan el proceso de construcción de sentidos, aquí y allá, antes y ahora. La propiedad social sobre los medios de comunicación en la Europa del Este, de la órbita soviética, vigente todavía en dictaduras como las de Cuba, China, Corea del Norte y Vietnam, no garantiza que se revierta el problema, sino que lo agrava. En tanto, en las sociedades democráticas la libertad de prensa y expresión, y la diversidad de tendencias editoriales a nivel macrosocial, ayudan a desbrozar un camino hacia las pequeñas, múltiples y relativas verdades de cada ciudadano.

    Lo más sensato va en el camino de entronizar como punto de partida en materia de credibilidad el rango de veracidad periodística (no entendida como verdad absoluta), o en cualquier caso, el de objetividad periodística relativa, y no una objetividad deseable pero ficticia. Podríamos asumir igualmente la condición de verosimilitud periodística, si nos ajustamos a la idea aristotélica de que «verosímil es lo que ocurre habitualmente, no en absoluto, como algunos lo definen, sino que se refiere a cosas que cabe que sean de otro modo…» (Aristóteles: 2004:59). La verosimilitud en el periodismo no implica un «pacto narrativo» —el público acepta lo que ocurre aunque sea pura ficción, según el término asumido por Darío Villanueva (1995) para describir una situación estrictamente literaria—, pero sí un «pacto informativo» mediante el cual el televidente tiene la ilusión de estar conociéndolo todo, porque lo ve, cuando en realidad ni es todo ni es «la realidad misma», sino un acercamiento mediado.

    Por otra parte, la objetividad desde el punto de vista literario —entendida como la cualidad de las narraciones en que el narrador no interfiere en la historia y se mantiene ajeno, porque narra en tercera persona (Villanueva: 1995)— tampoco nos vale para los intereses periodísticos, pues la muy extendida tercera persona ni garantiza la no interferencia, ni necesariamente hace más creíble la historia.

    Sin embargo, como apunta María M. Farré (1999), «la verosimilitud de la trama informativa no es suficiente para argumentar acerca de su verdad, pero tampoco lo es el hecho de que las noticias se informen en esquemas objetivistas, cuyo valor explicativo, mítico, es hoy descreído, o incluso, incomprendido (…). El protagonismo de los personajes (sean estos conductores, cronistas o implicados en la noticia) se vislumbra en la polifonía del relato: cada uno participa y recrea los hechos desde su perspectiva».

    Por tanto, si acordamos que la objetividad periodística es como mínimo relativa, aspectos como el tipo de locución no deciden hoy por hoy necesariamente la credibilidad de los contenidos en términos dramáticos. La neutralidad —otro controvertido concepto— no está reñida con la carga emocional o el énfasis. El centro neurálgico de la independencia —este concepto es más práctico y terrenal que el de neutralidad— radica en las políticas editoriales de los medios, y no irremediablemente en la espectacularidad de las formas de exposición. Que el presentador destaque gestualmente el horror de un atentado terrorista, use un tono alegre ante el triunfo de la selección nacional de fútbol, o muestre preocupación con el rostro por el ritmo de la economía, no es sinónimo de manipulación, aunque sí de cierta implicación en el hecho. Esta actitud no es un pecado, por cuanto en radio y televisión es pertinente la participación del comunicador en el escenario de los hechos como baza de credibilidad y aperitivo del lenguaje y entorno audiovisuales.

    Con lo que no debe conformarse nadie es con el busto parlante que, en nombre de la objetividad y la no contaminación, no comunica nada. La volatilidad del medio, la feroz competencia y el imparable desarrollo en la presentación de contenidos audiovisuales, aconsejan un mayor movimiento en las conductas tradicionales de los bustos parlantes…

    …Toda grandilocuencia tiene sus riesgos y límites evidentes en el ridículo. Sin embargo, no se debe renunciar a explorar nuevas formas de comunicar, que no signifiquen necesariamente un posicionamiento editorial, pero tampoco sean nidos de asepticismo y, por tanto, de intrascendencia ante el televidente del siglo XXI.

    Los principios generales de construcción de los informativos varían poco en función del formato, si comprendemos que el objetivo de una obra —cual fuere su temática— es llegar al público, atraerle y conquistarle. Por tales razones, los informativos no escapan a la necesidad de profundizar en las estructuras dramáticas tradicionales. La respuesta, indica Farré (1999), no es tan simple como emparentar ficción e información al borde de confundir ambos discursos, porque periodismo y literatura son géneros diferentes y realidades que tienen una finalidad distinta…


    Monjes de Birmania; obispos de Cuba

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    Los monjes de Birmania se han echado a las calles a protestar contra la junta militar que tiraniza el país. Impresiona el civismo de los budistas y la toma de conciencia sobre la grave situación de la nación del sudeste asiático. Un largo río de sotanas en actitud pacífica, pero reivindicativa.

    Están en la calle sin el consentimiento de la jerarquía budista de Birmania, sometida al control gubernamental, que les ha ordenado regresar a sus monasterios para poner fin a las marchas pacíficas.

    El "bajo clero" birmano parece decidido a echar un peligroso doble pulso, tanto con la jerarquía como con el gobierno militar, con el peligro que siempre rodea a las intradisidencias rozándole el cuello.

    En Cuba, por ejemplo, la última vez que el llamado bajo clero se desentendió de las políticas de apaciguamiento de la jerarquía católica fue en 1999, con aquel duro documento de los curas orientales que puso encima de la mesa el asunto de la indefensión colectiva que sufren los cubanos. Desde entonces, ser disidente dentro de la Iglesia cubana es lo mismo que ser paria. Se trate de un obispo o de un simple laico.

    Si no, véase el caso reciente de monseñor Héctor Peña, obispo emérito de Holguín, sometido a día de hoy a una política de aislamiento y "castigo" ordenada desde Palacio y refrendada por el actual prelado, Emilio Aranguren, ya en franca carrera de fondo para ocupar la sede arzobispal de La Habana y, con vista larga, el anillo cardenalicio.

    Monseñor Peña, el que apadrinó la revista independiente Bifronte y defendió a los laicos de la represión gubernamental, es ahora víctima de la indefensión que antes combatió y ni una casa propia tiene para vivir. Sé más sobre el proceso urdido contra el emérito; pero todo se dirá en su momento.

    A Jaime Ortega, cardenal y arzobispo de La Habana, le restan sólo cuatro años para la jubilación. Si las previsiones sobre Aranguren se cumplen, probablemente sea el nuevo líder de la Iglesia cubana durante el período de transición hacia la democracia. Entonces nos acordaremos de sus excelentes servicios prestados.


    Fujimori, a escasos kms de la cárcel

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    La Justicia chilena ha respondido como se esperaba. Al menos en la línea de expectativas de un país que ha padecido en carne propia las violaciones de derechos humanos.

    Según informó la agencia AP, la segunda sala penal de la Corte Suprema de Chile concedió la extradición a Perú del ex presidente Alberto Fujimori por dos cargos de violaciones de derechos humanos y cinco de corrupción.

    "De los 13 cargos se ha concedido la extradición por siete", informó a los periodistas el presidente de la sala penal, Alberto Chaigneau.

    El magistrado, quien redactó la sentencia de más de 200 carillas, señaló que en fallo unánime los cinco integrantes de la sala penal acordaron extraditar a Perú al ex gobernante para ser juzgado por las matanzas de La Cantuta y Barrios Altos, donde murieron 25 personas. Y en resolución dividida acordaron conceder la extradición para que se le procese por cinco cargos de corrupción.

    Fujimori, quien gobernó al Perú entre 1990 y 2000 y se encuentra en Chile desde noviembre del 2005, y permanece en arresto domiciliario desde junio en un condominio al norte de Santiago. El año pasado estuvo seis meses en prisión preventiva.

    Apunta Amnistía Internacional, en un informe sobre el caso Fujimori, que son 20 los cargos por corrupción y violaciones de derechos humanos que existen en contra del ex presidente peruano. Entre estos se encuentra la acusación de la Fiscal de la Nación por delitos de homicidio calificado, lesiones graves y desaparición forzada, en relación a la masacre de Barrios Altos, y al asesinato y "desaparición" de nueve estudiantes y un profesor en la universidad Educación Enrique Guzmán y Valle, conocida como La Cantuta, en Lima, en 1992.

    Dichos crímenes son atribuidos a un escuadrón de la muerte denominado "Grupo Colina", un grupo paramilitar creado en 1992 dentro del Servicio de Inteligencia Nacional bajo el mando de Vladimiro Montesinos en el contexto de la nueva estrategia contra-subversiva puesta en práctica por Alberto Fujimori, agrega AI.

    Tras conocerse la noticia, no han faltado quienes acusen a los gobiernos de Chile y Perú de poner en peligro la vida del ex presidente. Toda precaución será poca, pero aquí lo que cuenta es el fallo histórico de los tribunales, que ofrece a las víctimas una oportunidad excepcional para iniciar una investigación seria sobre los crímenes de la era fujimorista.

    Perú necesitaba un revulsivo como este. Todavía muchos no se creen que uno de nuestros delincuentes habituales se esté acercando al banquillo. La decisión chilena es ejemplarizante, por lo que representa para las víctimas de la represión fujimorista y para quienes, en el propio Chile, vieron morir a un Pinochet que fue juzgado por delitos fiscales, pero nunca por temas de derechos humanos.

    La idea de que la delincuencia política tiene límites y que no es una utopía sentarla ante los tribunales, ha quedado bien refrendada. Que no se detenga ahí.

    P.D: - La organización Human Rights Watch (HRW) destacó que la extradición de Alberto Fujimori concedida es "un caso sin precedentes" y constituye "la primera vez que un tribunal ordena la extradición de un ex jefe de Estado a su país".

    Documento: Fallo del tribunal chileno


    Atajos y pícaros

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    El gubernamental Movimiento Al Socialismo (MAS) de Bolivia se ha sacado del sombrero una nueva propuesta para la Carta Magna en proceso de gestación: pretende disminuir el por ciento de votos necesarios para elegir al presidente de la República. El actual "50% más uno" que marca la ley como imprescindible para no convocar una segunda vuelta, el MAS aspira a reducirlo al 40%, informa el diario paceño La Razón.

    El partido de Evo Morales va a por todas en su intención de desbrozar cualquier trance que impida al actual mandatario volver al poder dentro de cuatro años, y reconquistarlo cuantas veces quiera, aunque el margen sea tan estrecho que difícilmente pueda hablarse de una decisión de las mayorías.

    La idea socialista viene del batacazo en las encuestas. El descenso en la popularidad de Morales (hoy, 57%) contrasta con el sobresaliente que incluso llegó a tener el líder aymará (70%). Así es entonces como quienes han prometido higiene democrática y refundación, traman como redactar una Constitución "a la carta" que posibilite el sueño eterno de cualquier populista: conservar el poder. Aunque una cosa así hiera de muerte la ya enfermiza democracia boliviana.

    Morales se mira en el espejo "victorioso" de su colega Daniel Ortega. El mandatario nicaragüense pactó con el mafioso liberal Arnoldo Alemán rebajar hasta el 35% la cifra imprescindible para gobernar. Las antípodas tradicionales de la vida política nicaragüense se acoplaron en función de intereses mezquinos, lo que facilitó que en noviembre de 2006 Ortega lograra lucir la banda presidencial, con apenas el 38% de los votos.

    Otro caso que recuerde, aunque diferente, fue el del argentino Néstor Kirchner en 2003, cuando su contrincante Carlos Menem no se presentó a la segunda vuelta, porque auguraba una fulminante derrota.

    Finalmente Kirchner gobierna Argentina con el 22,2% de los votos que consiguió en la primera vuelta. Su caso es distinto al de Evo y Ortega, porque no se produce tras la flexibilización grosera de las leyes promulgadas para evitar estos excesos, ni por turbias alianzas partidistas. Sin embargo, vale la pena reflexionar sobre cuánta legitimidad tiene un presidente que no representa (mediante el voto) ni siquiera a la mitad de sus gobernados.


    ¿Dinero para la guerra?

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    Que en Colombia uno de cada tres pesos recaudados mediante el denominado "impuesto al patrimonio" tenga que ser dedicado a Defensa e Inteligencia, no es sólo la constatación de que este es un Estado fallido (el segundo de América Latina, sólo superado por Haití, y el número 14 del mundo), sino de hasta qué punto la guerra afecta la agenda social de cualquier gobierno.

    El dinero, según el gobierno de Bogotá, se utilizará, entre otras cosas, para blindar los movimientos de tropas terrestres, los más expuestos al fuego de la guerrilla.

    Coincidiremos en lo terrible que representa dedicar a temas bélicos la mayor cantidad de dinero de los últimos 30 años. Suena catastrófico que un país deba desembolsar, para dichos menesteres, cifras millonarias que podrían ir a partidas socialmente más útiles; sin embargo, en cualquier caso, la responsabilidad es de los terroristas (tanto guerrilleros marxistas como paramilitares de ultraderecha) que mantienen a la nación en una situación límite.

    Algunos, sin embargo, recriminan al gobierno de Uribe por destinar tales recursos a la lucha contra guerrilleros y paramilitares. Estiman que el ejército es tan culpable como los otros (los malos), y que no hay que invertir en asuntos de guerra, porque el ejército, repito, también es culpable de violaciones de derechos humanos.

    No sólo me parece extravagante comparar las arbitrariedades del ejército, que existen, con la guerra criminal de más de 40 años de los guerrilleros de las FARC y el ELN contra las instituciones del Estado, para implantar un modelo totalitario en Colombia. Aquí lo que existe es un enfrentamiento entre quienes defienden la democracia, con abultados errores, incuestionablemente, y los que la pretenden derrocar.

    El hecho de que el ejército colombiano esté infiltrado por mafiosos y de que más de un oficial haya sido acusado por sus vínculos con los paramilitares, no es razón suficiente para negar la modernización de las fuerzas armadas. Por una parte, el ejército colombiano probablemente sea una institución que merezca una depuración profunda; por la otra, en la lucha contra el terrorismo y la insurgencia, NO todo vale. Allí donde fuere, lo primero son los derechos humanos, y ni siquiera los terroristas merecen ser tratados como animales.

    Dicho esto, ¿qué puede pedírsele a Colombia en relación con la necesidad de combatir a las guerrillas extremistas y a los ejércitos de delincuentes armados? ¿Qué se desarme? ¿Qué deje envejecer su arsenal, mientras las bandas continúan matando y secuestrando civiles?

    Hay veces que lo políticamente correcto nos vence. Si dedicar a Defensa uno de cada tres pesos recaudados del impuesto al patrimonio —más los presupuestos ordinarios anuales— es una opción socialmente dramática, no atender las necesidades de un país en guerra significa terminar entregándolo a los terroristas. Salvo que se entienda que el conflicto colombiano tiene otras salidas ("políticas", me dijo en una entrevista en Madrid el ahora presidente ecuatoriano Rafael Correa).

    No sé a qué se refieren exactamente los defensores de la vía política para terminar con la insurgencia en un Estado democrático, entre ellos algunos miembros del opositor Polo Democrático Alternativo (porque las FARC piden la demolición del Estado democrático y el fin del capitalismo); pero sería bueno que lo aclararan. Sobre todo para saber a qué atenernos y valorar sus propuestas. Quizás son estupendas y lo que pasa es no nos hemos enterado.

    P.D: - Hay un señorito que ha pedido desde las páginas de Kaos en la red la "necesidad de unas FARC españolas". Así son las cosas de esta España en que vivimos. Todavía no veo el fiscal que pida interrogarle por exaltación del terrorismo y la violencia. No se puede utilizar un medio de comunicación para instar un levantamiento en armas, sobre todo en una España en la que caben todas las ideas, monárquicas, independentistas, anarquistas…