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    América Latina y Cuba desde España

    Autor: Michel Suárez

    Autor: Michel Suárez, periodista. Madrid, España.
    Contacto: info@michelsuarez.com

     

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    Y entonces apareció Pedro…

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    Lo advierto. La tesis no quedará respondida del todo, por lo que dejaré abierto el asunto para cualquier sugerencia sobre la identidad del personaje a tratar. O más bien sobre las identidades que se mueven bajo la firma del historiador y ex diplomático Pedro Campos Santos: el nuevo zorro que Raúl Castro parece haber soltado en el gallinero.

    El tal Pedro firmó recientemente un extenso artículo, publicado en varios sitios on line y luego reproducido en la sección Textual de la revista Encuentro de la Cultura Cubana. En síntesis, decía que las instituciones cubanas, empezando por el Partido Comunista y terminando por la Asamblea Nacional, eran organismos burocráticos y cuestionaba su funcionamiento democrático. Todo esto aderezado con palabrería antiyanqui, antidisidencia interna y laudatoria de la "nueva etapa" raulista.

    A raíz de tan inusual "autocrítica" desde el propio sistema, muchos nos preguntamos si Pedro Campos Santos existía, o si detrás de este nombre figuraban algunas otras manos. Varias personas, para entendernos mejor.

    Hay una foto circulando pero nadie asegura que se corresponda con la identidad del autor de los polémicos textos. Uno de ellos lo publicó, hace un par de semanas, la revista venezolana Analítica. En este le sube la parada a sus anteriores ensayos. Campos disertó sobre los problemas del socialismo y adjuntó un artículo de José Martí (La Futura Esclavitud, abril de 1884) del cual yo había oído hablar, pero de lejos.

    En el texto citado por Campos Santos, Martí dice lo siguiente: "De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, ira ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre el; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo".

    Para remate de quienes, según los pocos datos biográficos divulgados (Holguín, 1949. Lic. en Historia. Ex-Diplomático cubano, con misiones en México y ante la CDH en Ginebra. Analista de política internacional. Investigador Jefe de Proyecto en Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana), le creían un hombre jubilado —en lenguaje callejero: "suelto y sin vacunar"—, un tal Pedro Campos (no se menciona el segundo apellido) ha integrado una delegación cubana al seminario "¿Qué mismo es eso del socialismo del siglo XXI?", que tuvo como sede a Quito y donde el disertante principal fue el inefable teórico alemán Heinz Dieterich.

    El diario ecuatoriano El Comercio cita brevemente a Campos: "Dijo que el socialismo debe ser eficiente para que solucione los problemas de la sociedad". Socialismo y eficiencia. Poca cosa, además del oxímoron.

    No se despeja la duda. Ni la del personaje ni la de su papel en todo esto. Y como si no bastaran el misterio y la ambigüedad palaciega, el diario argentino La Nación desvela, a propósito de la situación en Bolivia, el siguiente comentario, atribuido a un funcionario del tristemente célebre Departamento América del Comité Central: "Este año, la oposición y funcionarios bolivianos, invitados a La Habana, recibieron un consejo de parte de la División América Latina del Partido Comunista Cubano. En palabras de Llobet, el mensaje fue el siguiente: 'No hagan aventuras socialistas porque nosotros estamos de vuelta, y eso no resulta en la actualidad internacional. Además ustedes no tienen la plata que tiene Chávez'". (Cayetano Llobet es un analista político boliviano).

    Repito, se aceptan brújulas para saber por dónde va el asunto, quiénes lo promueven y cuál es el calado de lo que se proponen. De momento, prudencia, y, sobre todo, desconfianza.

    • P.D: -Otro artículo publicado este domingo en Kaosenlared. Dejo el link. En los comentarios, los estalinistas le acusan de intentar un regreso al capitalismo. ¡Tampoco es para tanto!

    Una estupidez tras otra

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    Bolivia arde por los cuatro costados. La demanda de capitalidad plena de la ciudad de Sucre ha puesto al límite la seguridad del país. Este sábado suman ya 29 los heridos en enfrentamientos entre manifestantes y policías.

    El mismo Morales que en su gloriosa etapa cocalera promovió bloqueos de carreteras, huelgas violentas y hasta prometió incendiar la sede del parlamento, ahora lanza el ejército a la calle para controlar lo incontrolable. Poca credibilidad tiene Evo para invocar la paz social y el derecho pacífico de manifestación. Como tampoco mano izquierda para llevar a buen puerto su proyecto estrella, la Asamblea Constituyente, atrapada en asuntos tan banales como cuál es la capital del país y hasta cómo debe llamarse técnicamente a los ministros.

    Leo los diarios bolivianos y no salgo del asombro. Los universitarios de Sucre intentan quemar la prefectura y el ejército les dispara balines y gases (como en cualquier país del mundo, sea de izquierda o de derecha, donde los manifestantes adoptan acciones violentas). La tensión llega tan hondo que Morales envía al ejército a proteger las instalaciones gasíferas.

    En medio de este lodazal, Evo pierde el tiempo y se lo hace perder al resto de los constituyentes. La más reciente bobería es querer cambiar el término "ministro" por el de "servidor público".

    "Personalmente, no estoy de acuerdo y quiero que se cambie el término ministro por servidor, servidor en educación, servidor en agricultura", señaló el mandatario a la prensa y agregó: "Servidor es servir al pueblo como autoridades. ¿El término de ministro de dónde habrá venido?".

    Pero los que no parecen servir son él y su gabinete, incapaces de sacar adelante una Constitución que debió haberse terminado en agosto pasado y de gobernar el país con solvencia.

    Uno de los últimos dislates es la administración de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), el organismo creado por Morales tras la nacionalización de los hidrocarburos. Ahora resulta que los bolivianos, que tan soberanamente exigieron a las empresas y gobiernos extranjeros el control y gerencia de sus recursos naturales, no saben cómo manejar la producción y comercialización del gas que antes operaba la brasileña Petrobrás.

    Es lo que sucede cuando lo simbólico se impone a lo pragmático. Ahora el gas es de los bolivianos, pero también lo son sus pérdidas, incumplimientos de contratos, inexperiencias y la consiguiente merma en los ingresos del país.

    A ver si el señor aymará se entera, por fin, que gobernar es otra cosa.

    • P.D:

    Leo en El Universal unas declaraciones de un viceministro venezolano que no puedo dejar de compartir. Es la estupidez, pero en grande: Venezuela se inspirará en los soviets para desarrollar la economía socialista.

    "La inclusión de los consejos obreros como un brazo del poder popular, en el marco del proyecto de reforma a la Constitución Nacional presentada por el Presidente Hugo Chávez, permitirá que estas instancias participen en la planificación, evaluación y control de gestión de las empresas, y no solo en la formación política e ideológica de la masa trabajadora como se había planteado inicialmente".

    "La información la dio a conocer el viceministro del Trabajo, Rafael Chacón, quien agregó que el precedente sentado por los 'soviets' durante la Revolución Rusa se tomará en cuenta para definir los mecanismos de participación de los trabajadores a través de esos consejos. Los 'soviets' eran organizaciones que constaban de varias escalas de poder que integraban al alto gobierno con los trabajadores en las empresas, bajo un esquema de decisiones burocrático. En el marco de la revolución soviética, fueron el elemento de transformación social y política de un esquema tradicional a uno denominado la dictadura del proletariado, basado en la dominación de la burguesía por parte de la clase obrera con la anuencia del Estado".


    Contranatura

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    En su edición del miércoles 29 de agosto, The Wall Street Journal publicó que la "maravilla de ingeniería más cotizada de China, la presa de las Tres Gargantas, enfrenta problemas imprevistos que van desde los deslizamientos de tierra hasta la contaminación del agua", lo que despierta nuevas dudas sobre un proyecto que simbolizó el esfuerzo del país asiático por "controlar su medio ambiente".

    En Dubai, otro pintoresco punto del planeta, en boga en círculos empresariales y turísticos-fashion, se levanta un megaproyecto conocido como las Islas Palmeras. Consiste en la construcción de islas artificiales en las que en el futuro se levantarán 60 hoteles de lujo, cinco mil villas residenciales, parques, cines, etcétera.

    Sus defensores alegan la preparación del país para enfrentar el agotamiento de las reservas petrolíferas en los próximos veinte años. Los detractores señalan que la obra ya ha afectado considerablemente la ecología marina y los arrecifes de coral. Las islas se venden ya por encima de los cinco millones de euros e incluso el excéntrico futbolista David Beckham ha comprado una de ellas.

    Llama la atención el modo en que puede tentarse tan despiadadamente a la naturaleza en sitios del mundo donde la sociedad civil es poco menos que un chiste, y donde las denuncias de los ecologistas se interpretan como disidencias políticas, con las consecuencias previsibles.

    En la misma cuerda, ahora que la institucionalidad va cada vez más calle abajo en Venezuela, el gobierno de Hugo Chávez ha anunciado un proyecto para construir islas artificiales en el Caribe, con el presunto objetivo de "resguardar la soberanía".

    Nos parezcan bien o no, tanto la presa de las Tres Gargantas como las Islas Palmeras de Dubai persiguen un objetivo económico estratégico, aunque no se justifiquen ni lo faraónico de las obras ni el modus operandi para llevarlas adelante. Pero la idea del tío Hugo no es otra que la de consagrar su borrachera de poder en obras inservibles.

    Dejando a un lado la retórica sobre la soberanía, que nada ni nadie la amenaza en Venezuela, ¿cuáles son los problemas de tierra edificable o cultivable que tiene este país para ir a la conquista del mar?

    Hasta de levantar ciudades en las islas ha hablado el emperador, sin mencionar el impacto medioambiental que la descabellada propuesta acarreará a la zona marítima venezolana.

    Sin embargo, buscando en la historia reciente, la megalomanía chavista se justifica en los espejos en los que se afeita el coronel golpista. Si Fidel Castro intentó desecar la Ciénaga de Zapata y sembrar café en los alrededores de La Habana, ¿cómo su alumno más aventajado, y ahora patrocinador financiero, no lo va a experimentar en terreno propio?

    Habrá mucha indolencia empresarial (como en Estados Unidos) y millones de ciudadanos tirando latas en las playas (en el mundo entero), pero es indudable que los mayores atentados contra la Tierra los están financiando y protagonizando los gobiernos autoritarios desde el Caribe hasta Asia; por no llamarles de otro modo.


    La chispa de Obama (II)

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    Hace un par de años, un médico cubano de 44 años murió en México debido a la severidad migratoria del régimen de La Habana. Es la otra cara de la moneda en el tema de los viajes de cubanoamericanos a la Isla, un anhelo fuertemente acariciado por la nomenclatura cubana para satisfacer su eterno apetito financiero y retórico. Sin más.

    Cuento ahora la historia porque, aunque pudiera parecer periodísticamente vieja, viene a cuento con el alboroto de quienes acompañan la comparsa castrista sobre la unidad (selectiva) de la familia; por ejemplo, Max Lesnick, para quien las trabas a los viajes de cubanoamericanos a la Isla son una "agresión lacerante contra la unidad y los derechos humanos de la familia cubana".

    Una afirmación que yo también firmaría —claro, con menos adjetivación—, incluso a sabiendas de que el muy humano Lesnick sería incapaz de solidarizarse con la historia del médico cubano que comencé a contar antes.

    Dicho especialista, que abandonó la isla para radicarse en México en 1992, enfermó de una grave dolencia nefrológica. Perdió uno de sus riñones y, al cabo del tiempo, le falló el otro. Las diálisis le mantenían con vida a la espera de una donación que nunca llegaría. Una hermana residente en Cuba se brindó para donarle uno de los suyos. México le concedió el visado, pero La Habana obstruyó su salida del país. Fue entonces que el médico, en una decisión in extremis, quiso viajar a la isla para recibir allí el riñón ofrecido porsu hermana. Iba a ser atendido en una clínica internacional cuyos gastos pagaría el enfermo, pero La Habana volvió a decir que no. Este hombre murió sin despertar la más mínima condescendencia de las autoridades. Por ser médico, por ser inmigrante, por ser cubano.

    Para que Lesnick comience a ser coherente en sus acalorados pedidos a Washington, primero tendrían que materializarse los recientes augurios de Rafael del Pino y Rafael Alcides. Dichos columnistas se hacen eco de presuntos cambios en la política migratoria del régimen, que suenan a música celestial. Saben que Franco lo hizo en España en 1959 y esto no supuso el fin de la (I dictadura, pero no doy por hecho que Raúl Castro llegue a tanto. Seguiremos informando…


    La chispa de Obama

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    No parece muy clara la posición de La Habana sobre Obama, si sopesamos que el perro guardián de la cama de Castro, Felipe Pérez Roque, valoró sus propuestas sobre remesas y viajes de cubanoamericanos como "el sentimiento mayoritario" en Estados Unidos, pero no dedicó ni una sola línea a atacar al precandidato demócrata.

    Este martes, un artículo —atribuido a Fidel Castro— carga contra el mismo precandidato por desear la democratización de Cuba, pero no menciona el paquete de medidas que el senador aprobaría, según dijo, si llega a la Casa Blanca.

    Resulta lamentable que la vertiente cubana de la pre campaña norteamericana edifique su línea de actuación en torno a la suavización de las remesas y los viajes, y no en una política integral, con o sin embargo económico, de cara a los tiempos que se avecinan. Que no quiere decir relajación ni blandenguería, sino realpolitik.

    Cuando yo vivía en la isla, hace poco más de cinco años, me cuestionaba la virulencia con que algunos líderes cubanoamericanos defendían la idea de que no entrara ni un grano de chícharo al país, con tal de joderle la sopa al dictador. Ahora, me ratifico: hay que ser desalmados —probablemente sin parientes ni dolientes en la isla— para continuar apoyando la severidad de Bush con los envíos de dinero. Ya sabemos que del mismo también se beneficia el régimen, pero ante esa disyuntiva, la familia es lo primero y habrá que aceptar el mal menor.

    Muchas veces me pregunto si algunos políticos cubanoamericanos, con probada trayectoria en su lucha por la democratización de Cuba, conocen el capital político que están fomentando dentro, sobre todo en los que dependen de la miserable ayuda exterior hasta para el aceite y el jabón.

    Se sabe que el embargo no funciona, que es una cortina de humo que el régimen agradece para justificar sus destrozos; pero quien estimula o apoya una medida de aislamiento económico probadamente inútil —sobre todo, por tanto tiempo—, es evidente que busca una sublevación por hambre o un deterioro total. Y pedir esto con balcón al mar y jarra espumosa en la mano es cuando menos inmoral. Y reitero, aunque sólo sea en teoría.

    En relación con los viajes, he dejado claro en ocasiones anteriores que las políticas de Estado no deben interferir en los asuntos familiares de forma tan drástica. Ya bastante ha hecho el castrismo en su afán de dividir a los cubanos por el color de sus pensamientos. No comparto el turismo masivo de quienes un día recibieron las ventajas de la Ley de Ajuste Cubano, porque dicha ley existe porque en Cuba hay una dictadura y no por la presunta cara alegre de los isleños. Si las condiciones planteadas en su día para obtener los beneficios migratorios no han cambiado, ¿por qué exigir ahora al país protector, a mano armada, que nos permita viajar ilimitadamente al país hostigador? ¿Quién nos entiende?

    En cualquier caso, viajar o no a la Isla deberá ser una decisión personal de cada cual y no un mandato de gobierno alguno. Tampoco debe olvidarse que ningún otro país ha brindado tan espléndida acogida a los cubanos que escapan. Habrá que aquilatar cuáles son las prioridades y usar los derechos en conciencia.

    El tema de Cuba no ha hecho más que empezar. Obama encendió la chispa y los pirómanos de ambos lados ya se han apuntado al incendio.