Zapatero, el imprudente
Michel Suárez | 13/05/2008 22:04
Tags: Ecuador, España, Rafael Correa, Zapatero
A menos de 72 horas de que la INTERPOL dictamine si el contenido de los ordenadores del terrorista colombiano Raúl Reyes es o no verdadero, el jefe del Ejecutivo español, José Luis Rodríguez Zapatero, ha tomado, temerariamente, partido por uno de los contendientes.
Lo ha hecho, además, utilizando sus maneras más lapidarias, al estilo de aquel "Merkel es una fracasada", días antes de que la actual canciller alemana ganara las elecciones; o de aquella lamentable decisión de no levantarse ante el paso de la bandera norteamericana, en un acto oficial, confundiendo puerilmente el significado de la enseña con las políticas equivocadas del gobierno de Bush.
Al recibir al presidente ecuatoriano en La Moncloa, Zapatero dio su "confianza" a Rafael Correa y afirmó que "nunca" ha escuchado ninguna denuncia por parte de Colombia que vincule a Ecuador con la guerrilla de las FARC.
¿Quién asesora al presidente español en asuntos de política exterior? ¿En qué situación quedará si el jueves la INTERPOL certifica la veracidad de los documentos que incriminan a Correa?
En casos como el de marras, no hace falta ser tan expresivo. La ambigüedad, en política internacional, a veces es el camino menos empedrado. España no tiene por qué revelar sus cartas, justamente antes de que una entidad solvente y carente de agenda política, como la INTERPOL, presente sus conclusiones. Incluso después, sea cual fuere el resultado, el papel de Madrid debe estar sobre lo discreto.
Este presidente español, que con su política social progresista nos ha regalado muchas alegrías a los que vivimos aquí, tiene un grave problema de comunicación —y de concepto— en sus relaciones con el mundo.
Zapatero y Correa en La Moncloa
Enlace permanente | Publicado en: Con lupa | Actualizado 14/05/2008 12:37
¿El Estado sí puede?
Michel Suárez | 10/05/2008 19:54
Tags: Ecuador, Rafael Correa, tercerización
La Asamblea Constituyente de Ecuador, encargada de redactar una nueva Carta Magna, va demostrando su audacia en materia de demoliciones.
El denominado Mandato 8 prohíbe casi en su totalidad la "tercerización", es decir, las subcontrataciones en varios supuestos. Un golpe en toda regla contra el funcionamiento del capitalismo más simple.
Hablar sobre economía a veces es tedioso, pero inevitable. Cuando se intenta defender al trabajador desde posiciones monopólicas de Estado, el resultado es previsiblemente desastroso. Con defensores así no se necesitan enemigos.
El asunto de las subcontrataciones es polémico. En algunos países las empresas abusan tanto de las mismas que finalmente el empleado recibe un salario miserable, con escasísimas protecciones y seguros, y peor estabilidad, simplemente porque el dinero "se pierde" en el camino. Recursos monetarios que, muchas veces, las grandes empresas prefieren ahorrarse en asuntos de prestaciones y seguridad social.
En España, hace poco más de un año, fueron famosos los casos de subcontrataciones —de hasta tres niveles— para el soterramiento de la más famosa circunvalación (la M-30) de Madrid. Las empresas ganadoras de la concesión contrataron a otras, y éstas a la vez a otras más. No para labores complementarias precisamente, sino para la principal objeto de la licitación. ¿El resultado? Un obrero-final mal pagado y puteado.
Para no buscar soluciones justas e intermedias, favorables a todas las partes, la Constituyente ecuatoriana elimina de tajo la "tercerización" sin tener en cuenta las pérdidas que la medida ocasionará a muchas empresas. Supuestamente intentando proteger a los obreros, Quito está propiciando un clima de abaratamiento masivo de costes por parte de las patronales, cuyo aspecto más terrible será la caída en picada de la generación de empleo.
Una disposición transitoria del Mandato 8 permite, sin embargo, subcontrataciones en tareas de "vigilancia, seguridad, alimentación, mensajería y limpieza, siempre que sean ajenas a la actividad principal de la usuaria". ¿Qué futuro les espera a las agencias de trabajo temporal?
Lo más preocupante es lo de siempre, cuestión de leyes y de trampas: el Estado ecuatoriano se reserva derechos que, en lo adelante, prohíbe a sociedades privadas. La disposición general primera establece la gracia para "empresas del sector estratégico público". Papá Estado, la mayor concentración de recursos materiales y humanos, sí puede tercerizar sin problemas, crear ejércitos de subcontratados para engordar la administración, fomentar el clientelismo y pagar favores.
De momento, los analistas hablan del varapalo que significa el mandato constituyente para las pequeñas y medianas empresas (pymes), el alma del tejido empresarial de cualquier país, precisamente por su dinamismo en la generación de empleo a nivel local.
Lo que hoy pasa en Ecuador, de la mano del inefable Rafael Correa, recuerda, salvando las distancias, los avatares de mi querida ciudad natal, Santiago, en los primeros años ochenta, cuando las autoridades quisieron remediar la mala calidad del prú oriental de la manera más radical posible: eliminando la popular y refrescante bebida.
Enlace permanente | Publicado en: Con lupa | Actualizado 10/05/2008 20:10



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