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    América Latina y Cuba desde España

    Autor: Michel Suárez

    Autor: Michel Suárez, periodista. Madrid, España.
    Contacto: info@michelsuarez.com

     

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    La pereza del policía

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    Sin acceso masivo a Internet la sociedad cubana no podrá entrar en el nuevo proceso civilizatorio de la información. Al país le ocurrirá algo similar a lo sucedido a aquellos grupos humanos que permanecieron anclados en sociedades agrícolas o nómadas mientras la civilización industrial se expandía por el resto del orbe.

    Es por eso que lamento tanto que se busquen subterfugios para escamotear a la isla el desarrollo a que tiene derecho.

    El pasado mes de mayo se publicaban en la isla estas declaraciones de un Vice ministro de Comunicaciones:

    "No tenemos ninguna preocupación de que los ciudadanos se conecten (a Internet) desde su casa, pero hay problemas de carácter técnico y de recursos de los que el país no dispone" (…) "Por culpa del bloqueo (de Estados Unidos), nosotros no tenemos acceso a la fibra óptica que rodea el país y eso limita mucho nuestro acceso a Internet internacional".

    Después que el ciclón Andrew dañara el cable analógico de la ATT con Cuba esa corporación, con autorización del gobierno de Clinton, propuso a La Habana repararlo y tender otro adicional de fibra óptica para operar en lo adelante con dos cables que trabajasen de modo simultáneo. Todo ello costaba una fracción de la conexión submarina que ahora se pretende lograr con Venezuela y además se instalaba en brevísimo tiempo. Es pertinente recordar que Fidel Castro desdeñó esa oferta.

    Por otro lado, la estación terrena de comunicaciones por satélite con tecnología francesa, instalada en la isla con motivo de los Juegos Panamericanos desde 1991, puede ampliar de manera inmediata y casi ilimitada el flujo de comunicaciones incluyendo las que se realizan vía Internet. El embargo no es un impedimento a esa opción. Basta con contratar canales adicionales de la misma estación satelital y dedicarlos a Internet. El problema está en otra parte. Radica en la persistencia de la vocación totalitaria que privilegia el control sobre las comunicaciones por encima de las necesidades del desarrollo.

    La competitividad en la economía global depende hoy de la capacidad que se tenga para que cada sector y esfera de la sociedad pueda sacar provecho a la altísima velocidad de los procesos mundiales de información. Pero eso no es factible con niveles de conectividad con el World Wide Web peores que Haití y siendo el cuarto país más lento del mundo al interactuar con esa red de redes. En toda la capital existen actualmente solo dos cyber cafés para más de dos millones de habitantes.

    La justificación alternativa a echarle la culpa al "bloqueo de Estados Unidos" por esa situación es decir que el control sobre Internet resulta, en las condiciones de Cuba, indispensable para la seguridad nacional. El argumento, sin embargo, no se sostiene. Para aceptarlo se hace necesario desconocer que países muy afectados por el terrorismo no se privan de esa herramienta para así evitar un ataque, sino buscan otras modalidades con las que protegerse de ese flagelo. El problema radica en pensar las comunicaciones de una nación desde la estrecha perspectiva policíaca. Lo que en realidad afecta la seguridad nacional es la baja conectividad con Internet que impide el desarrollo de la isla.

    La concepción estalinista de la seguridad nacional consiste, en esencia, en facilitar el trabajo de la policía a expensas del desarrollo. Meternos a todos en una aséptica urna a prueba de virus externos constituye la máxima aspiracion de sus promotores. Para ellos sería mejor que no hubiese turismo, ni correos, ni sistema telefónico en el país. Así el grado de seguridad -según la entienden- sería supuestamente mayor y la policía trabajaría menos que ahora. Desde su perspectiva, anclada en mentalidades del pasado siglo, la pereza del vigilante es sagrada, pero el desarrollo nacional no lo es.

    Sucede que el sorprendente llamado a “domar el potro salvaje de Internet” -curiosa visión de "rodeo" campestre para lo que constituye un tema de alta tecnología- es tan iluso hoy como lo fueron en su momento las pretensiones del movimiento anti industrial a inicios del siglo XIX. Pero quienes lanzan esas consignas siguen creyendo más importante impedir que alguien pueda leer el blog de Yoani Sánchez que facilitar la transformación exitosa de Cuba en una sociedad de la información.

    Se quiere controlar el presente y futuro con la lógica del pasado cuando una nueva época se nos viene encima.


    El retorno de Yayabo

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    El renovado activismo del Asesor en Jefe me recordó una canción cubana muy popular de mi infancia.

    Curiosamente, un nuevo bloggero “independiente” y “no lucrativo” ha emergido en el espectro del Internet oficial. A Fidel Castro ya no le basta con Granma y Juventud Rebelde, ahora quiere competir en “la red de redes” con Generación Y. Habiendo apenas recuperado un poco su salud arremetió contra la bloggera Yoani Sánchez, la científica Hilda Molina, el músico brasileño Caetano Veloso e intensificó su labor de zapa contra el mejoramiento de relaciones gestado por la cancillería cubana con la Unión Europea y México. Su recuperación coincidió también con nuevos arrestos y actos de repudio así como con la primera movilización de protesta realizada frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos desde que cayó enfermo.

    Y eso que algunos por Miami decían aquello de que “Yayabo no salía más”. Como fantasma que retorna, parece ser que “Yayabo está en la calle con su último detalle y su ritmo sin igual”.

    Es un dato inescapable el hecho de que coinciden en tiempo una desaceleración de las reformas e incremento de actos represivos con el renovado activismo del célebre convaleciente quien ha sostenido por estos días tres reuniones de trabajo con jefes de estado extranjeros y publicado cinco artículos. En ellos no se expresa como prudente asesor que aconseja y sugiere, sino como Jefe de Estado que dictamina y juzga hechos sobre los que todavía el gobierno no se ha pronunciado siquiera. Enarbolar, a tales efectos, el derecho a ejercer democráticamente las libertades de pensamiento y expresión que él ha negado siempre a los demás mortales es, a todas luces, una obscenidad.

    Lo más novedoso y significativo es que ahora atiza, en evidente juego fraccionalista, corrientes de opinión conservadoras en el seno de la elite en lo que aparenta ser su último esfuerzo por obstruir los cambios que el país reclama.

    Ante esos hechos creo justa la creciente demanda nacional en el sentido de que Raúl Castro demuestre tener la lucidez y el coraje requeridos para ponerlo en su sitio a fin de que el país pueda comenzar una etapa, mejor o peor, pero de algún modo “nueva”. Él –que controla a plenitud las FAR y el MININT- debiera trasmitir a todos, con claridad inequívoca, su determinación de ejercer el cargo de Jefe de Estado de manera plena, responsable y creativa.

    El apotegma de que “no puede hacerse nada mientras Fidel viva” es impresentable. Actuar o dejar de hacerlo es siempre una opción. Insistir en semejante excusa –cuidadosamente cultivada en meses recientes por agentes de Influencia y compañeros de viaje- sólo convencería finalmente a todos de que estamos en presencia del clásico juego entre el policía “bueno” y el “malo” para justificar el continuismo del status quo.

    Al margen del actual torrente de variopintos pronósticos, la historia valorará si el inevitablemente breve mandato de Raúl Castro llegó a establecer una diferencia con el de su predecesor o fue más de lo mismo. No pretendo prejuzgarlo. Solo apunto que se agota el tiempo para que muestre y demuestre la especificidad de sus intenciones.

    Como recuerda la Biblia: por sus obras los conocerán. (Mateo, Capitulo 7; 15-20)


    AUTOCRÍTICA

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    Hace unos días CNN dio a conocer un estudio que decía que escribir un Blog era, a menudo, perjudicial para la salud del autor. Si la idea inicial era compartir ideas de manera relajada con un grupo de lectores la realidad podía derivar la experiencia en otras direcciones menos agradables. Los lectores demandan cada vez más atención y en los intercambios juzgan al autor –a veces de manera airada- según lo cercano o alejado que se muestre de sus percepciones.

    Soy de la opinión de que se escribe por las mismas razones que se tienen relaciones sexuales: por amor, diversión o dinero. Este Blog lo hago por amor. Y el amor es una fuerte vocación, pero no puede disponer del tiempo que ha de dedicarse al trabajo para asegurar el sustento familiar. Esa realidad -y el inevitable hecho de que soy un ser tremendamente imperfecto- determina que no siempre pueda prestar al Blog y las discusiones que se suscitan en él toda la atención y tiempo que merecen y demandan.

    Aquí cumplo dos funciones: aportar alimento para la reflexión (food for thought) y moderar (tomen nota del alcance pleno de esa palabra) el intercambio sobre el tema de la semana.

    Como autor no vengo a dictar cátedra y trasmitir ideas propias como “verdades absolutas”. En la vida podemos tener ciertos valores permanentes, pero nuestras percepciones e ideas sobre cómo mejor ponernos a su servicio evolucionan con cada nueva información y experiencia. Vengo al Blog a dar y recibir. Cambio de Época es una avenida de dos vías. Mis comentarios semanales fluctúan entre unos mejor logrados y otros de peor calidad. La vida es así. Es probable que en alguna ocasión alguien se sienta irritado con mis opiniones pero nunca he deseado ofender deliberadamente a nadie con ellas. Si no he tenido siempre éxito en lo segundo lo lamento profundamente y espero que puedan perdonarme.

    Como moderador no vengo a manipular un debate a favor de aquellas concepciones más próximas a mi punto de vista, sino a propiciar un clima de diálogo respetuoso antes que de polémica. El diálogo es una búsqueda común de elementos que complementen las creencias que ostentamos como “verdades” al entrar en ese intercambio. En las polémicas se enfrentan dos o más pretendidas “verdades” y se espera que para que unas puedan “ganar” las otras necesariamente tienen que “perder”.

    En un diálogo no se viene a ganar o perder, sólo a ganar. Todos ganan al enriquecer su perspectiva y creencias con las de otros. Por eso dije desde un inicio, y ahora reitero, que son bienvenidos por igual comunistas y anticomunistas y que acá se invita a analizar el mensaje no al mensajero.

    Todos –me incluyo- estamos parcialmente errados y todos llevamos razón en los temas que abordamos. En este espacio venimos a sacar provecho de la calidad del intercambio aun si no mutamos de parecer como resultado de él. Yo no puedo erigirme en árbitro de quien tiene el mejor argumento porque sólo estaría favoreciendo a aquellos que se aproximen a mi punto de vista aunque sea errado. Mi deber –no siempre bien cumplido- ha de limitarse a facilitar un diálogo de calidad. Si surgen amarguras entre ustedes es porque yo no he sabido servir con eficacia el propósito de este Blog que tiene menos que ver con la promoción de una visión política particular que de una cultura del diálogo de la que todos saquemos provecho.

    Espero haber aportado como autor temas e ideas que les hayan resultado de utilidad, pero creo haberlos defraudado como moderador en algunas ocasiones. No siempre he dispuesto del tiempo ni mostrado la habilidad que demanda moderar un intercambio entre personas desconocidas sobre temas tradicionalmente cargados de emociones y suspicacias. A veces he pecado por exceso al editar un mensaje y en otras ocasiones he descuidado la necesidad de dar un seguimiento más cuidadoso y cercano a la discusión. Apremiado por el tiempo se me han escapado expresiones de algunos comentaristas que hubiese preferido no aparecieran en este espacio.

    Una autocrítica sincera tiene cuatro componentes: reconocer la falta, explicar por qué se incurrió en ella, expresar el arrepentimiento a los afectados y asumir el compromiso de corregir el daño. A todos los visitantes y comentaristas de este Blog presento mis más sinceras excusas, ante ustedes reconozco mis faltas y me comprometo a hacer todo lo que esté a mi alcance por enmendarlas.

    Les pido a todos que perdonen mis imperfecciones y me sigan ayudando a hacer de este espacio un lugar de diálogos fructíferos con todos y para el bien de todos pese a las profundas y emotivas diferencias de experiencias y criterios que podamos tener.


    Dialogueros

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    Recibí un mensaje que solicita una clarificación acerca de la diferencia entre conversaciones, diálogos y negociaciones. Es un tema importante.

    Llevan razón quienes dicen que los diálogos sin escenarios que presionen a las partes a alcanzar un acuerdo son ejercicios poco promisorios. Un grupo social no abandona sus privilegios en un acto de iluminismo intelectual.

    Aun si toma fuerza la disposición a alcanzar un acuerdo siempre habrá personas cuyos intereses individuales, terquedad o egoísmo los hagan actuar como saboteadores del proceso. Pero sólo iniciando conversaciones es que puede identificarse a esos personajes y enfrentarlos a los otros de su propio grupo interesados en encontrar una salida al conflicto. Las conversaciones y diálogos, como regla general, debilitan al intransigente mientras que la confrontación los fortalece.

    Hay que tener en cuenta las características del interlocutor. No se habla con angelitos cargados de buenas intenciones. Quien lo olvida le toman el pelo. Hay quien no sabe conversar, dialogar o negociar aunque sea ministro. Decidir el calendario de cumplimiento de compromisos, garantizar su monitoreo y hacerlos irreversibles son partes sustantivas de todo acuerdo responsable.

    Pero si usted quiere alcanzar la paz tiene que hablar con sus enemigos y si desea sacar a alguien de la cárcel tendrá que discutirlo con el carcelero a menos que espere que un terremoto derrumbe los muros de la prisión o disponga de una fuerza de asalto para rescatar a los prisioneros.

    La historia recuerda a algunos dialogueros exitosos como fueron el Primer Ministro de África del Sur y Nelson Mandela, los miembros del partido de Francisco Franco y los de la oposición española y los representantes de las dos facciones irlandesas.

    Antes y ahora no han faltado dialogueros en Estados Unidos:

    • Richard Nixon con Mao y Breznev
    • Ronald Reagan y Bush con Mijail Gorbachev
    • El gobierno de Bill Clinton y el de George W. Bush con el máximo líder de Corea del Norte Kim Jong-il

    Hace unos días se conoció la noticia de las conversaciones entre el gobierno de Israel y el de Siria. A ello se suma el acuerdo alcanzado por Tel Aviv con Hezbolá para intercambiar un prisionero por los restos de los soldados israelitas muertos en la guerra del verano del 2006 en el Líbano. Igualmente se reveló que mantienen también conversaciones con Hamas para la liberacion de un prisionero israelita por miembros de esa organización presos en Tel Aviv. La pasada semana el actual jefe de gobierno en Irak se entrevistó con su contraparte iraní para asegurarle que nunca permitiría que ese país fuese atacado desde su territorio.

    No voy a entrar al ejercicio de calificar quienes de estas personas, gobiernos e instituciones tenían o tienen sus manos manchadas de sangre, pero es obvio que hay más de una.

    Puede apreciarse que hay distintos tipos de interlocución. Una cosa es conversar sobre alguna situación específica para explorar las posibilidades de un acuerdo puntual (sea una tregua o liberación de prisioneros) y otra es dialogar como proceso de mayor alcance. El diálogo –si se llega a él después de las conversaciones exploratorias preliminares- procura clarificar perspectivas y objetivos más allá de la retórica oficial y se usa para identificar zonas de consenso a fin de determinar si es posible luego negociar un acuerdo sobre esas coincidencias aunque persistan áreas de desacuerdo que continúen siendo disputadas.

    Cuando las conversaciones exploratorias resuelven asuntos puntuales y crean la confianza necesaria, es que se pasa al diálogo, y si este último logra identificar consensos importantes se procede entonces a negociar un acuerdo que, de manera contractual, ponga fin de forma parcial o definitiva a un conflicto.

    Si usted le propone a alguien conversar y ya cree que es una invitación a dialogar o negociar un acuerdo definitivo se crean malos entendidos que se pagan caro después. Y si a usted le proponen conversar y se niega porque no está preparado a aceptar una negociación, puede perder la oportunidad de resolver algún aspecto importante y puntual de su agenda.

    Lo que no hace un político es renunciar de antemano a las soluciones políticas aunque se prepare y reserve el derecho de acudir a otras opciones. A menos que se trate de politiqueros, que son otra cosa.


    ¿Perestroika USA?

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    La desaparición de la URSS le dio un golpe mortal definitivo al hábitat internacional que había sostenido al régimen de gobernanza cubano hasta entonces. Privado de los inagotables créditos, apoyo militar gratuito, masiva asistencia económica, precios preferenciales y otras ventajas, el sistema cubano tenía que demostrar su capacidad de autosostenimiento, o buscar otro mecenas internacional atrapado en una lógica de confrontación con EEUU al que persuadir de que aceptar la hipoteca cubana podría rendirle beneficios.

    Pero árabes, africanos, rusos y chinos no estaban dispuestos a subvencionar la proverbial ineptitud del régimen cubano en los albores del siglo XXI. Aun cuando tengan puntos de vista comunes en el terreno político estos países tienen la expectativa de cobrar los créditos que otorguen y recibir los productos convenidos. Así las cosas apareció el Coronel Hugo Chávez.

    Lo cierto es que los actores externos del conflicto cubano –EEUU, URSS y ahora Venezuela- han jugado un papel en el rumbo de los acontecimientos en Cuba que no es posible minimizar. Lo que acontece en estos países tiene repercusiones sensibles en el proceso cubano. Preocupada por la fragilidad del poder chavista, La Habana se mueve ahora con Brasil, China y la India buscando alternativas, pero el éxito de sus gestiones confronta un problema. Al tratarse de países con sistemas democráticos y/o economías de mercado, sus actuales gobernantes serán inevitablemente remplazados por otros, y aquellos empresarios a quienes se les agote la paciencia por los incumplimientos cubanos podrán recurrir a mecanismos de arbitraje.

    Pero eso es sólo una parte del problema. La otra incógnita de la ecuación es el futuro comportamiento del principal actor externo que se ha opuesto desde 1959 al régimen que prevalece en la isla. La pregunta cobra actualidad ahora que finalmente conocemos a los dos principales contendientes de las elecciones de noviembre en EEUU.

    John McCain, de ser electo, se ha comprometido hasta ahora con seguir empleando las herramientas políticas del medio siglo precedente hacia Cuba. Si ese va a ser el caso, La Habana no tiene que realizar ningún ajuste para enfrentarlo; sólo reafirmar su discurso. Nadie daría tampoco un paso en America Latina o en Europa para apoyar la continuidad de una metodología política que han rechazado tradicionalmente.

    Pero cabría preguntarse: si el proceso de Perestroika (“cambio”) de Gorbachev tuvo un impacto ideológico de primer orden en la sociedad cubana, ¿qué sucedería si el candidato demócrata Barack Obama es elegido en noviembre e implanta su propia Perestroika de política exterior en general y hacia Cuba en particular? ¿Qué acogida tendría entre sus aliados latinoamericanos y europeos? ¿Cuál sería el impacto ideológico en la población, funcionarios y militantes, al tener ante sí al primer presidente negro de EEUU? ¿Cómo van a responder a su decision de levantar las barreras que separan a los cubanos de sus familiares en la diáspora y promover mayores lazos entre ellos? ¿Qué argumentos van a usar para oponerse a una conversación exploratoria directa al más alto nivel y sin condiciones previas para determinar si existe -o no- la posibilidad de iniciar luego un diálogo de mayor alcance que pueda –eventualmente- crear condiciones imprescindibles a una negociación con vista a – de hacerse factible- normalizar las relaciones? ¿Cómo reaccionarían al hecho de que este presidente –según ya declaró- se haría acompañar en esas conversaciones exploratorias de representantes del exilio para asegurar la transparencia de sus intenciones y que las opiniones de esos cubanos no puedan ser excluidas de una solución al conflicto? Si Carter les dejó en herencia el comercial televisado al Proyecto Varela durante su visita, ¿cómo van a controlar lo que diga Obama en la TV cubana? No responder positivamente a una invitación a conversaciones exploratorias sería desastroso tanto en el plano interno como en la arena internacional en esta época de emails, Ipods y Youtube.

    Los que honradamente consideran que La Habana debe hacer concesiones previas a cualquier conversación pasan por alto que conversación, diálogo y negociación son ejercicios distintos, que cumplen objetivos diferentes y no tienen igual alcance. Quienes temen que el joven Obama sea fácil presa de la "experimentada" diplomacia cubana, incluso en una conversación de alcance limitado, olvidan que este tipo de intercambios se prepara previamente por expertos. Nixon y Reagan no viajaban solos a Moscú, ni improvisaban su agenda al llegar al aeropuerto. Y si Obama tuviese en algún momento de su visita que hablar a solas con Raúl Castro y Machado Ventura, de veras ¿a alguien le preocupa eso?

    En conclusión: al gobierno cubano se le mueve de nuevo el hábitat internacional. Puede encontrar nuevos aliados comerciales, pero no mecenas estables. Quizás se esfume también la tradicional coartada de su inmovilismo. Si Obama fuese electo presidente, ¿podrían resistir la Perestroika del enemigo?