El Benny que no conocí
Michel Suárez | 24/08/2007 21:41
La primera vez que oí hablar de Benny Moré fue en el año 1983, durante la polémica gira de Oscar D' León por Cuba. Tenía entonces diez años de edad. Uno de esos días, Oscar pidió en televisión —no recuerdo con cuáles palabras exactamente— que no se le comparara con Benny, porque este último era superior a él.
Oscar D' León tenía en su repertorio los clásicos del Benny y una larga lista de joyas cubanas, a cuyos autores e intérpretes originales no conocían varias generaciones, en medio de la desidia gubernamental hacia la música popular (incluso en los conservatorios no se impartía música cubana y repiquetear un tambor era sacrílego).
En 2003 entrevisté a D' León, y algunas de sus respuestas sobre Benny Moré y la música cubana fueron estas:
Oscar, hace 20 años le recordaste al pueblo de Cuba que tenía un patrimonio musical grandioso. Hasta tu llegada pocos jóvenes conocían al Benny y muchos recordaron contigo un hermoso repertorio que permanecía en la sombra. ¿Fue lo más positivo de tu visita a la Isla?
"Indudablemente, porque, si se quiere, yo fui a llevar algo que allí se había perdido un poco: el genuino son cubano. Ellos dijeron al oírme: ¡Pero esto que nos ha traído este señor es nuestra música… esta música es de nosotros!, y empezaron a desplegarse una serie de agrupaciones. Yo creo que eso fue muy positivo, porque la música cubana es la que siempre me ha dado esa presencia mundial. No ha sido otra".
Varias veces te viste en la necesidad de hacer rectificaciones en las comparaciones que algunos hacían con Benny Moré…
"Sí, tuve que hacer algunas rectificaciones, porque lo de Benny Moré era una cosa innata. Hacer comparaciones con una persona que dejó un legado tan hermoso, de calidad, no era bueno, porque nadie lo podrá emular. Y menos yo, que no tengo esa capacidad que tuvo el Benny de grabar en vivo y hacerlo con tanta afinación. Ése es mi estilo, nunca he tenido el interés de imitarlo, simplemente de honrarlo".
¿Por qué crees que Cuba se mantuvo tantos años de espaldas a su propia música?
"Nosotros siempre hemos comentado que cuando hay un cambio político en un país, llámese como se llame, los medios de comunicación tienen mucho que ver en ello. Los medios le dan capacidad de difusión a los cambios generados por cada movimiento político. A eso se debió que el son, aunque no desapareció, estuviese oculto por un tiempo. Como dice el dicho, nadie sabe para quién trabaja. Los que trabajaron en aquella época dejaron ese legado hermoso y yo entonces rescaté un poco de él. Al llegar a Cuba, los medios estaban promocionando —más que todo— la nueva trova y otras cosas. El son y el guaguancó estaban en el baúl. Y entonces llegó el negro, con toda su honestidad y sinceridad, y les devolvió su música a los cubanos" ( Encuentro en la Red, 16 de junio de 2003).
También el hoy muy ponderado Eliades Ochoa, del Buena Vista Social Club, confesó en una entrevista para mi libro Son de la Loma, que en los años 70 a él le invitaban en Santiago de Cuba a reconvertirse en roquero, porque su propuesta tradicional sonera "era para viejos".
Por suerte, Ochoa ha vivido para ver el cambio que, dígase también —tanto con Oscar D' León como con Buena Vista Social Club—, siempre vino de la mano de un extranjero.
Nos es casualidad que el estancamiento que nuevamente se ha producido en los últimos siete años también sea consecuencia de la sobresaturación de música cubana en el mercado europeo, la muy limitada participación en su mercado más próximo (Estados Unidos) y de las disparatadas políticas comerciales y promocionales dentro de la Isla.
Sólo un botón de muestra: el disco compacto, como soporte tecnológico, ha cumplido 25 años en el mercado, pero todavía no está al alcance de los cubanos de a pie. Es evidente que lo que se produce en la Isla va dirigido al consumo exterior y que depende de éste. Vamos, que, también en esto, sin ellos no somos nada.
Sin contar, además, con que los espacios de música en vivo han sido afectados por el "fuego amigo" de la "guerra contra las drogas". La solución salomónica ha sido cerrarlos, como sucedió con el Palacio de la Salsa del hotel Riviera y con cuanta discoteca en la que se oliera un aromilla de marihuana.
En términos generales, no puede decirse que la música cubana de hoy sea inferior a la de hace 50 años; pero, como mínimo, tiene más problemas para realizarse y darse a conocer, a pesar del aporte técnico de las escuelas de arte. Pero estas son las paradojas de la vida. Benny, sin estudios musicales, supo imponerse en un entorno muy competitivo en el que la libertad —no sólo la creativa— daba mucho de sí.
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Un río 'rojo rojito'
Michel Suárez | 23/08/2007 22:28
La velocidad del tren-rojo-intenso que casi vuela sobre América Latina es, para unos, de espanto, y, para otros, un signo de que la democracia comienza a asentarse en la región de los golpes militares, donde la izquierda ahora accede al poder mediante el voto popular.
Así, gobiernos progresistas y moderados como los de Lula da Silva, Michelle Bachelet, Tabaré Vázquez, Martín Torrijos, Óscar Arias y Alan García no representan un problema para el sistema, porque se han servido de éste para acceder al poder y desarrollar sus programas, pero no para destruirlo desde dentro. Lo cual es bastante si miramos de reojo para ambos flancos.
¿Cuáles son las perspectivas latinoamericanas para los próximos dos años?
Tendría que ocurrir un milagro para que el primer nombre nuevo, el 9 de septiembre, sea el de Rigoberta Menchú, que va de última con menos del 5% de intención de voto. Su partido, Encuentro por Guatemala, es una organización variopinta en la que conviven tanto castristas como moderados.
Sin embargo, un centroizquierdista, Álvaro Colom (candidato de la Unidad Nacional de la Esperanza), encabeza las encuestas con el 22%. Para tranquilidad de los guatemaltecos, Colom se declara un socialdemócrata moderado, admirador de Lula y Bachelet.
Donde el asunto está mas torcido es en Paraguay, futura pieza clave para la admisión de Venezuela en MERCOSUR.
El ex obispo Fernando Lugo cuenta con una intención de voto del 57%. Su candidatura es sostenida por algunos grupos prochavistas y, como no podía ser de otro modo, el religioso ya visitó su nuevo Vaticano: La Habana, y en uno de sus mítines, esta semana, vistió un pulóver con la imagen del Che Guevara.
Paraguay lo tiene crudo: decidir entre el Partido Colorado, que lleva 60 años en el poder, o entregarle las llaves de la casa al llamado "obispo rojo".
Último nombre por hoy: Arturo Zablah, un peculiar empresario salvadoreño de derecha que ahora pretende postularse por un partido de extrema izquierda, el Frente Farabundo Martí (FMLN).
Zablah, fiel a la tradición, ya ha mantenido dos reuniones con un tal Ramiro Abreu, delegado del Partido Comunista de Cuba para Centroamérica, según el diario salvadoreño La Prensa Gráfica. Admite que se entrevistaron y hablaron de "temas específicos", como por ejemplo: "la situación económica, esto y lo otro, quería escuchar cómo estaba la situación acá; no hubo un tema directamente de política ni ningún compromiso".
En otra entrevista más reciente, esta vez con el Diario Co-Latino, Zablah apostó por "establecer relaciones con Cuba", porque "toda América Latina las tiene, excepto nosotros".
Y en un acto de pragmatismo que lo mismo sirve para aliarse con una dictadura que para mantener excelentes relaciones con Estados Unidos, llamó a "no criticar a otros países, sino evaluar si las relaciones con éstos otorgan beneficios al país, y actuar en esa dirección".
Señores tomen nota y hagan apuestas, que la próxima remesa de elecciones latinoamericanas viene caliente.
Enlace permanente | Publicado en: Con lupa | Actualizado 23/08/2007 22:36
Radio cubana: cumpleaños sin cake
Michel Suárez | 22/08/2007 21:20
Hace un año escribí "Cuba, medio siglo de no periodismo", un largo artículo para el Cuban Affairs Journal, cuya versión en español publicó luego la Revista Hispano Cubana.
Como hoy se celebra el aniversario 85 de la radio cubana, les propongo un fragmento relativo al apartado de la radiodifusión. Después de todo, los escribidores oficialistas me han dado la razón: todo lo grandioso que se ha mencionado durante estos días sobre la radio cubana tuvo fecha de caducidad en 1961. Los mayores aportes, las glorias, las grandes figuras, los inventos formales, todos, naufragaron cuando el país cayó en manos de la bestia. Aquí se los dejo:
Cuba, medio siglo de no periodismo
…El sistema cubano de radiodifusión, que funciona bajo la administración del Instituto Cubano de Radio (ICR) y el control político del Comité Central del PCC, fue institucionalizado el 24 de mayo de 1962. Actualmente es un organismo con equivalencia de ministerio. Fidel Castro promovió en 1959 la creación del denominado FIEL (Frente Independiente de Emisoras Libres), con varias estaciones pequeñas y medianas para aniquilar la autonomía de las emisoras y declarar la guerra a los dueños de las grandes. El 16 de noviembre de 1960, según datos del propio gobierno, el FIEL entrega sus instalaciones al régimen, así como la operación de las mismas. Una vez alcanzado su objetivo, el nuevo organismo se encargaría de verticalizar el flujo informativo, que a partir de entonces quedaría bajo la voluntad del gobierno.
En 1959, la radio cubana era de un vigor tal que sus producciones eran reproducidas en varios países y sus emisiones se captaban con facilidad y gran audiencia más allá de las fronteras nacionales. El nivel de los espectáculos musicales en vivo, las radionovelas y los informativos eran fácilmente reconocibles, en un contexto favorecido por la calidad del talento artístico local y la innovación formal y tecnológica.
El Sistema Internacional de Grabaciones de Audio (SIGA), en funcionamiento en las décadas del cuarenta y cincuenta, distribuía y vendía los programas cubanos en varios países, para perplejidad de Estados Unidos, que veía cómo su "discípula" aportaba experiencias a su "antiguo maestro" (Raúl Garcés, "Los dueños del aire", Revista de la Universidad de La Habana, No. 259, 2004). No puede soslayarse el hecho de que Cuba fue país pionero de la radiodifusión en 1922 (2LC), sólo dos años después de Estados Unidos, y dos años antes que España; así como también que parió la primera radionovela (El derecho de nacer, 1948) y el primer canal de información continua del mundo (Radio Reloj, 1947).
La propia prensa cubana actual y sus periodistas, en publicaciones nacionales y extranjeras, reconocen, de forma implícita, la terrible involución del medio en la Isla. Ángela Oramas Camero, por ejemplo, admite en "Viaje a la semilla de las comunicadoras radiales" (A Primera Plana, Santo Domingo, 2003) que en 1933 Cuba era el cuarto país del mundo en cantidad de emisoras. Estados Unidos era el primero con 625, Canadá con 77, Rusia (68) y Cuba (62), por delante de potencias como Suecia, Alemania y Francia. En 2002, todavía el sistema cubano de radio no lograba recuperarse numéricamente del impacto del castrismo. Las estaciones no pasaban de las 55.
Sin entrar todavía en consideraciones de política editorial, es evidente que concierne al proceso de nacionalización e intervención de emisoras, a la redistribución de frecuencias, al cierre de estaciones, al rebautizo de otras y, lo principal, a la clausura de cualquier resquicio para la iniciativa privada, la primera causa de la caída del imperio radiofónico cubano.
Llegado el momento de la nueva división político-administrativa de 1976, con la que la Isla quedó segmentada en 14 provincias, un municipio especial y 169 municipios, la radiodifusión sufrió una nueva transformación. Las emisoras provinciales, tal y como existen hoy, se desprendieron de la administración del ICRT (ya titulado así desde 1975, por unírsele los canales de televisión) para pasar a manos de los gobiernos locales, aunque el ICRT mantendría su capacidad "orientativa" y "metodológica".
A día de hoy (2006), existen en la Isla 88 emisoras, de ellas seis nacionales (Radio Rebelde, Radio Progreso, Radio Reloj, Radio Taíno, Radio Enciclopedia y CMBF), cuyos perfiles van desde el informativo hasta el musical, pasando por el eminentemente recreativo. El sistema nacional, con Radio Rebelde a la cabeza como voz principal del régimen, se escucha ampliamente en todo el territorio cubano, aunque cuenta con un modo de producción centralista. Su programación se produce en la capital en el 99,9% de los casos. Sólo en la década de los noventa desplegó una red de corresponsales en las cabeceras provinciales, cuya función es tributar a los servicios informativos. Pero la concepción de su programación, el personal, los estudios y la dirección nacen y mueren en La Habana.
La radio cubana actual, que se ufana de ser una de las primeras del continente (desde el punto de vista formal), es probablemente de las más atrasadas. Si bien es cierto que la imposibilidad de avanzar en los contenidos (por la propia dinámica de la censura), dio lugar a una ardua búsqueda en los aspectos formales, esto sólo ha servido para reafirmar su condición de museo internacional.
La radio que hoy se hace en la Isla parece no haberse percatado de que en 1950 irrumpió en el país la televisión. El sistema productivo y la concepción de las programaciones responden a fórmulas de los años setenta, y la fragmentación y el barroquismo sonoro forman parte de una estética radiofónica ya superada en otras regiones del mundo. En parte por el propio desarrollo del medio, en parte porque la radio ha debido adaptarse ante el impacto de las nuevas tecnologías y vehículos expresivos, dígase la televisión, el DVD, el mp3 y la Red de Redes, entre otros.
La tendencia internacional indica un claro aligeramiento, tanto de las franjas de programación como de los propios formatos, privilegiando la inmediatez informativa, la interactividad comunicador-oyente y cualquier otro aspecto ventajoso con respecto a la televisión. Embarcada en un control absoluto, e incapaz de abrir los micrófonos a la gente común y provocar el debate, la radio cubana sigue apostando por el barroquismo, producciones enlatadas, pretendidos programas de radio-arte y por una guionización extrema que extermina el espíritu espontáneo del medio.
Irónicamente, fue la radio principal del gobierno (Radio Rebelde) la que más intentó zafarse del esquema, en la década de los ochenta, poniendo de moda las revistas informativas de larga duración y los magazines variados especializados que cubrían grandes franjas. Actualmente se evidencian retrocesos. Por su parte, una emisora nacional como Radio Progreso no tienen nada que envidiarle a cualquier museo de la radio del mundo: su tipo de programación, tono, ritmo y espontaneidad viven aún enclaustrados en la década del cincuenta.
El movimiento creador organizado alrededor de Radio Ciudad de La Habana, emisora de alcance provincial y destinada a los jóvenes, tuvo cierta importancia en la reanimación de conceptos en plena década de los ochenta. Muchos de sus artífices, hoy fuera de la Isla, se enfrentaron a la censura estatal hasta que la estación (por cansancio) pasó a ser una más de la lista. Por otra parte, los Talleres Nacionales de la Radio Joven "Antonio Lloga In Memoriam" (Santiago de Cuba), de los cuales fui director en el período entre 1996 y 2000, hicieron demasiado hincapié en la experimentación formal, quizás hasta rayar lo absurdamente ilegible, en un siglo XXI con otras urgencias en la radiodifusión. No obstante, en estos se notaba un espíritu ávido de transformación, de transgresión en los contenidos, que, sin embargo, no hallaba eco en las rutinas productivas de la radio cubana. Muchos de estos jóvenes abandonaron el país; otros dejaron atrás toda etapa de riesgo al aceptar puestos de dirección en los que la innovación se multiplicó por cero.
La radio que hoy se hace en Cuba es sui géneris. Es casi imposible que se desprenda del hecho musical si pretende ser escuchada. Estamos asistiendo, quizás como en muy escasos lugares, a un fenómeno de extrañamiento como respuesta lógica a la saturación política del medio. A diferencia de la radio cubana que se produce hoy en la Florida, la de la Isla no puede dividirse fácilmente en musical (FM) y convencional-informativa (AM).
Las cadenas, desde las locales hasta las nacionales, son profundamente heterogéneas e intercalan programas musicales, informativos y educacionales, todo aderezado con propaganda ideológica. Por otra parte, tanto para realizadores radiofónicos como para oyentes, la producción extranjera que se sintoniza en el país no constituye una referencia formal exacta, debido a las diferencias notables entre las propuestas de Onda Corta (radios públicas, por lo general), orientadas hacia una programación atípica no comercial.
En este panorama no puede despreciarse el papel de las emisoras internacionales como único medio de información plural para los cubanos. Tanto las radios comerciales de la Florida (WQBA, Radio Mambí, La Poderosa, etc.), como el servicio del gobierno norteamericano (Radio Martí, VOA) y las radios extranjeras de Onda Corta (BBC, Radio Francia Internacional, Radio Exterior de España, Radio Netherland, etc.). Esto no significa que las emisoras controladas por el gobierno no sean escuchadas por la población. Todo lo contrario. Además de la 'excepción musical' ya citada, la radio es el medio cubano con más tiempo dedicado al entretenimiento en general…
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¿Atún chavista?
Michel Suárez | 21/08/2007 21:52
Unas horas antes del terremoto en Perú, el inefable Ollanta Humala regresaba a la escena política peruana con unas incendiarias declaraciones sobre la disputa territorial entre su país y Chile. Mientras ambos cancilleres se empeñaban en menguar al fuego suscitado a raíz de los roces por la edición de un mapa marítimo peruano que desconoce las fronteras chilenas, Humala preguntaba al gobierno de Alan García si los militares peruanos estaban en disposición combativa para enfrentar un ataque.
Tras el sismo, el líder nacionalista no tuvo más remedio que guardar sus argumentos guerreros para mejor ocasión. Y no se le ha ocurrido nada más interesante a él o a sus seguidores y/o mentores, para continuar crispando la vida pública peruana, que endilgarle etiquetas políticas a la ayuda humanitaria procedente de Venezuela.
Según denunció el diario limeño Expreso, miles de latas de atún con fotos del presidente venezolano Hugo Chávez y de Ollanta Humala fueron repartidas el fin de semana en la zona del desastre. La denuncia fue formulada por pobladores de los distritos periféricos de Pisco, Ica, Chincha y Cañete, donde los radicales llegaron repartiendo donaciones en varios camiones, agregó el periódico.
Las etiquetas eran de color rojo, con un rótulo amarillo que decía: "Ante los saqueos, bloqueos, desesperación y caos. Solidaridad con nuestros compatriotas (…) El gobierno peruano actúa de una manera ineficiente, lenta y sin corazón, no importándole el dolor de las víctimas, y dejándolas a merced del hambre, la sed y el pillaje".
Ambas partes han negado que estuviesen detrás del reparto propagandístico. Sin embargo, hay razones suficientes para dudar de las explicaciones de unos y otros: las latas de atún constituyen un hecho incontestable y no sería la primera vez que el venezolano interviene groseramente en las políticas internas de otros países. Incluso suponiendo que las altas autoridades no estuviesen al tanto de sus bases díscolas, lo menos que se espera de Chávez y Humala es una disculpa ante los peruanos ante la posibilidad de que a "alguno" de sus subordinados se le hubiese ocurrido la escandalosa idea.
La utilización política de una tragedia en la que han muerto más de 500 personas y casi el 80% de los lugareños ha perdido su vivienda, es una aberración, venga de donde venga.
Me recuerda mi amigo Soren Triff que Fidel Castro hizo lo mismo en sus años mozos al frente de la Isla: enviaba alimentos a países africanos y latinoamericanos en cuyo etiquetado se dejaba leer: "Productos excedentes de la producción de Cuba". Y los cubanos padeciendo hambre.
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El tío Hugo y la realeza
Michel Suárez | 20/08/2007 17:26
Las monarquías constitucionales personifican un anacronismo, aunque no todas sean de la misma laya. La discusión actual no debería estribar en si los reyes y reinas deben ceder el paso a sistemas republicanos, sino en cómo funcionan los países donde perviven estos modos de organización estatal y cuál es su calidad democrática.
España, por ejemplo, ha vivido los mejores 30 años de su historia bajo el reinado de Juan Carlos I. Por primera vez, en muchos siglos, existe aquí una democracia con plenos derechos para los ciudadanos: división de poderes, derecho al voto, multipartidismo, libertad de prensa, desarrollo económico y social, etc. La apertura española —coincidente con la muerte del dictador Francisco Franco y con el regreso de la monarquía— es la responsable de que hoy este país sea la octava potencia económica del mundo.
Las funciones del rey como jefe de Estado son la "moderación" y el "arbitraje", según la Constitución. Reina, pero no gobierna. No tiene libertad para decidir en asuntos domésticos ni mucho menos en política exterior, porque los poderes electos por los ciudadanos son los que gobiernan y legislan. Recuerdo dos casos muy ilustrativos: Juan Carlos I no viajó a Cuba en visita oficial de Estado porque el gobierno de José María Aznar no se lo aprobó. También rubricó la ley de matrimonios homosexuales sancionada por el parlamento español, porque él firmará "todas las leyes que emanen de la soberanía popular".
Más allá de los ideales republicanos, pueden a uno cautivarle o no unas figuras que distan mucho de corresponderse con la modernidad; pero está claro, al menos para muchos, que las monarquías parlamentarias europeas no significan un deterioro en el funcionamiento democrático de dichos países. De qué viven y cuáles son sus privilegios es harina de otro costal. Sobre todo, en un siglo plagado de repúblicas bananeras, de presidentes que promulgan leyes, intervienen en todo e intentan ser vitalicios, con otros líos mundiales de mayor calado que la dicotomía república-monarquía.
En parte, esto es lo que intenta desconocer el presidente venezolano Hugo Chávez, al emprenderla contra los monarcas europeos para justificar sus deseos de eternidad presidencial:
"Tras leer artículos de la prensa europea que reseñan que varios jefes de Estado de ese continente 'son vitalicios y hereditarios', Chávez añadió que también allí se le ha censurado que haya planteado la posibilidad de la reelección del cargo presidencial sin límites".
"'Los jefes de Estado de Europa nunca fueron elegidos. ¿Por qué no hacen un referéndum para preguntar si los habitantes del Caribe, por ejemplo, desean que la Reina de Inglaterra siga siendo su Jefe de Estado?', se preguntó Chávez y lo mismo sugirió, dijo, 'a mi amigo el Rey de España'".
Ni fueron elegidos ni probablemente lo serán. Me ahorro tiempo y cito directamente al periodista español Luis María Ansón, muy lejos de mi concepción ideológica del mundo, pero brillante pluma donde las haya:
"…Nadie puede negar que entre las naciones políticamente más libres del mundo, socialmente más justas, económicamente más desarrolladas, culturalmente más progresistas, se encuentran las monarquías democráticas europeas y asiáticas. Siete de los diez mejores países del mundo son monarquías parlamentarias. Sólo tres repúblicas entre los top ten: Islandia, Estados Unidos y Suiza. Diez monarquías entre los quince países en cabeza; doce entre los veinte primeros…".
Chávez olvida que la reina Isabel II no gobierna en el Reino Unido. Tampoco ejerce una tiranía por ser teóricamente jefa de Estado de 16 países, entre ellos Jamaica, Canadá, Nueva Zelanda y Australia. Su representante en estos países es elegido por el gobierno local, y sus funciones son meramente protocolares. ¿En qué les afecta? En nada, salvo para las aspiraciones identitarias o soberanistas de algunos, que, por otra parte, son legítimas.
Hugo Chávez no puede compararse con los monarcas europeos, porque la historia de Venezuela es otra. Como tampoco vale argumentar como justificación, para su reforma constitucional, que los europeos Felipe González y François Miterrand se presentaron a la reelección presidencial, sucesivamente, por largos años.
La mayor parte de los escándalos de la era González —y la posterior crisis de liderazgo en el PSOE— se debieron precisamente a la falta de renovación generacional en ese gobierno y al desgaste en el poder. Tanto poder es perjudicial para la salud democrática, parafraseando lo que advierte una cajetilla de cigarros. En la decadencia general francesa también tuvo su responsabilidad el prolongado mandato de Miterrand. También el peor Tony Blair fue el del tercer mandato.
Aznar tuvo la delicadeza de marcharse tras dos períodos de cuatro años. De Rodríguez Zapatero se espera lo propio, si gana en los comicios de marzo próximo. George W. Bush ha sido una catástrofe como gobernante, pero, por suerte, no puede aspirar a una tercera oportunidad. Estados Unidos está vacunado contra los olores del poder.
He aquí donde el chavismo quiere jugar con ventaja. Dentro de poco, Chávez será el partido y el partido será Chávez. Aplíquese lo mismo al país, con el problema añadido de que más de una generación de venezolanos sólo conocerá un solo presidente y un solo modo de entender la política. Como si el mundo se hubiera detenido.
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