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América Latina y Cuba desde España

Autor: Michel Suárez

Autor: Michel Suárez, periodista. Madrid, España.
Contacto: info@michelsuarez.com

 

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Cuba más cerca de Haití

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Es cierto que las medidas anunciadas por Raúl Castro recuperan para los ciudadanos algunos derechos hasta ahora conculcados por él y su hermano. También lo es que los decretos se están ejecutando sin vocación de arrepentimiento y en ausencia de disculpas por la violación de la propia Constitución castrista. ¿Qué garantiza que la ley de leyes o el resto de los instrumentos universales de derechos humanos no vuelvan a ser vulnerados, según circunstancias y caprichos personales?

Al no transmitir claramente la idea de que los derechos son sagrados —por tanto nadie los puede dar ni quitar—, La Habana maniobra en un escenario listo para nuevas violaciones; todas las necesarias. Puestos a reconocer que, efectivamente, las medidas recientes solucionan algunos agujeros desde el punto de vista de los derechos ciudadanos, entonces pongamos el asunto en contexto.

Tienen razón los que piensan que Cuba, a este ritmo, marcha con tambor y pandereta hacia el año 1958, pero con más precariedad económica y menos libertad. O que Cuba cada vez se parece más a Haití, icono del capitalismo más subdesarrollado y brutal.

Como el empobrecido país del Caribe francófono, la Cuba de Raúl ofrece servicios del primer mundo —incluyendo sus precios, claro— a ciudadanos del tercero, con el agravante de que lo hace en una moneda distinta a la de los trabajadores. Como en el peor de los capitalismos, una clase alta y minoritaria accede al bienestar, mientras la clase media trabajadora —el pilar de las sociedades modernas— no puede hacer casi nada con lo que gana mensualmente. Otro capitalismo es posible.

Como si fuera poco, la idea que transmite el esquema raulista (todavía peor que el de sus colegas asiáticos) es que trabajar no sirve para nada. Para obtener moneda dura, "ahora que habrá de todo", lo que vale es "prostituirse o tener un pariente gusano". ¿Supuestamente no combatió Fidel Castro la dictadura de Batista para solucionar el problema de "los de abajo"?

A pesar de la represión batistiana y de las desigualdades aquellas —entre el campo y la ciudad, por ejemplo—, el sueño de Cuba no era, por muchísimas razones, parecerse a Haití, sino a Bélgica, con quien compartía renta per cápita.

Pese a la pobreza de la mayoría, la Isla era, tecnológicamente (por las causas que fuese), un centro de modernidad continental y, La Habana, una ciudad de punta en el mundo. El país estaba listo para una reforma que eliminase las principales desigualdades sociales denunciadas. Una reforma, no una revolución como la de los Castro, que expulsó al anterior dictador sólo para gobernar y homogeneizar la pobreza.

La conclusión que puede extraerse es que, cincuenta años después, Cuba podría parecerse, en el mejor de los escenarios, a un país capitalista salvaje: unos pocos tienen de todo (miembros de la nomenclatura, militares, trabajadores de empresas mixtas y personas con familia solvente en el extranjero) y la mayoría, con una moneda inservible, sólo alcanza a mirar las vidrieras de las tiendas. Igual que en 1958, según la propaganda oficial.

Hay un tipo de prohibición —la económicamente camuflada— que elimina las críticas de los enemigos políticos y, de paso, permite que casi todo siga igual, salvo que el exilio saque la generosa billetera: Raúl le está demostrando a Fidel que ni los celulares ni las computadoras son un problema real, debido a su probable mínimo impacto. Encarecerlo todo, a precios inalcanzables para la clases media y baja, es la columna vertebral de la nueva censura. Peor que en Haití.


7 Comentarios


2 por jorge nunez (Usuario no autenticado) 02/04/2008 12:00

Ciertamente, una primera aproximacion a las "medidas" tomadas por el gobierno cubano parece reafirmar la capacidad desmedida del regimen para manipular y actuar con el mayor cinismo, sin inmutarse.Pero hay otro angulo- al margen de la "percepcion del desposeido"- que ilumina la fractura en los valores propugnados por el sistema y el cuestionamiento de algunas de sus bases "filosoficas" fundamentales: el igualitarismo y el acceso a bienes y servicios segun el "merito revolucionario". Al menos, no se podra decir que los hoteles, los celulares y las computadoras son solo para los revolucionarios: simplemente, tendran acceso a esos "privilegios" los que sean capacez de procurarse la moneda dura que los pague.Y esa simple constatacion sera una fuente permanente de tension en esa piramide invertida de valores sociales en donde profesionales, especialistas y personas capacitadas estaran siempre por debajo de la marginalidad en cuando a nivel de vida.Quizas haya medidas para controlar el acceso a bienes pero la diferencia esta marcada y sera muy dificil echarla atras. Si alguna vez la racionalidad se impone y el gobierno actua en consecuencia, el paso siguiente tendra que ser modificar las estructuras economicas de modo que la lucha sea mas o menos pareja- un igualitarismo democratico-, i.e.,que cada cubano tenga la oportunidad con su esfuerzo de procurarse los medios privados para entrar en ese amago de modernidad en el consumo.Sin dudas, sera un ritmo lento y penoso pero esos caminos conducen a Roma.

1 por Yaxys D. Cires (Usuario no autenticado) 01/04/2008 21:40

El nuevo presidente cubano ha comenzado a tomar una serie de medidas que muchos interpretan como signos de voluntad de cambio. En ese sentido, creo que por lo menos hasta ahora, éstas son muy superficiales y no permiten todavía asegurar que se correspondan con la imagen de apertura controlada o de política de alivio que la nomenclatura quiere emitir y otros fuera quieren observar. Sin embargo, para mucha gente dentro de la isla, que ha vivido hasta décadas sin que ocurra algo distinto con un sabor aunque sea ligeramente dulce, estas medidas son interpretadas como algo positivo. Este dato no podemos perderlo de vista. Como tampoco el hecho de que las opiniones expresadas en las tan mencionadas asambleas de debate están en sintonía con un necesario proyecto reformista y no con un cambio radical. No quiero entrar en qué es lo mejor o lo peor para los cubanos, intento solamente señalar que el “registro” de la gente es muy diferente de lo que algunos defienden. La oposición interna y el exilio deben conectar con lo que los ciudadanos quieren y que no les da miedo expresar o apoyar. A pesar de la represión a la que se puede ver sometido el ciudadano de a pie es capaz de apoyar iniciativas más cercanas a su cotidianidad. Lo que huele a radical le da mucho más miedo, aún cuando en el fondo crea que es lo que hace falta.


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