América Latina y Cuba desde España

Autor: Michel Suárez, periodista. Madrid, España.
Contacto: info@michelsuarez.com
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«Los cubanos me lo han dado todo»
«Los cubanos me lo han dado todo»
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07/02/2007 6:00
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06/02/2007 15:24
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La española Pilar Zumel; un personaje central de la cultura cubana en Madrid.
A Pilar Zumel le arrebataron el apellido y le añadieron el nombre de una diosa, Yemayá. Ella dice que salió ganando. Y mucho. Se siente orgullosa de que se la relacione con la Orisha madre, dueña de las aguas, y la más respetada del panteón yoruba.
Me hablaron de Pilar en La Habana. De noche y en casa de Pedro Luis Ferrer cuando charlaba con el cantante sobre sus planes de pasar un tiempo en España. El comienzo sería complicado, pues Madrid era caro y difícil, pero contaba con los incondicionales que siempre le habían ayudado. Y fue entonces cuando por primera vez oí el nombre de "Pilar la del Yemayá".
Poco después fui yo la que regresé a Madrid. La misma semana de mi llegada un periódico madrileño publicaba una entrevista con Jorge Perugorría. El actor hablaba de una pequeña Habana madrileña, de un circuito minúsculo que compartían los cubanos de aquí y allí, de cualquier orilla, sin miedo a las distancias y las fronteras. Y volvió a resurgir de las aguas el nombre de Yemayá, el local de Pilar. Descubrí que se trataba de un pequeño bar ubicado en el barrio de Chueca y casualmente a sólo tres calles de mi casa.
En el Yemayá empecé a tomar mi café matutino, a leer y a escribir. Poco a poco lo fui convirtiendo en un espacio propio, una prolongación de mi pequeño apartamento. Así también fui conociendo a "Pilar la del Yemayá", diligente, conciliadora y comprensiva, y a toda su entrañable y cercana comunidad cubana.
¿Cómo nace su atracción hacia Cuba?
Es una historia bonita. Yo empecé a sentirme atraída por Cuba cuando tenía doce o trece años. Mi padre compraba el diario Pueblo, donde había anuncios para escribirse con gente de todo el mundo. Yo empecé a cartearme con gente de Cuba, de forma natural, porque me llamaba la atención ese país. Un poco más adelante conocí a Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, en un local de Madrid que se conocía como el Mesón del comunista. Era la época de la dictadura franquista. Siempre nos avisábamos entre amigos y pasábamos muchas noches en sus actuaciones. Así fui conociendo a músicos, artistas y gente de la cultura cubana.
O sea, que su relación con Cuba se consolidó a través de la música…
Sí. Esos mismos artistas venían a casa y grababan música de ellos mismos que yo tenía, pero que era difícil conseguir en Cuba. Poco a poco mi casa se fue convirtiendo en un espacio donde compartíamos cada uno lo que teníamos. El círculo de amigos se fue ampliando y mi casa se convirtió en una especie de lugar de paso para los que venían de fuera y los que estaban por aquí.
Siendo una persona que siempre he tirado a la izquierda, he tenido la idea y la esperanza de que a los pueblos se les une por la cultura. Yo viví la división de un país a través de mi padre, por la Guerra Civil española, y me parecía que el pueblo cubano se merecía estar unido por los lazos más fuertes que creo que hay, los culturales.
¿A quién recuerda con cariño de esos años?
Bueno, fueron muchos y de todos guardo recuerdos especiales. Gema y Pavel, por ejemplo, que pasaban los domingos; gente del cine como Alina Rodríguez, Mirta Ibarra, Vladimir Cruz, Lulo Pérez, escritores como Senel Paz… No sé, muchísimos.
Y después vino el Yemayá…
Sí. Decidí abrí un bar en el centro de Madrid, como modo de ganarme la vida. El nombre vino por casualidad. Yo, como amante de Cuba y de la religión yoruba, conocía los orishas. Un día me preguntaron cómo se iba a llamar el bar y se me ocurrió que Yemayá. Y evidentemente lo inauguramos un siete de septiembre. Detrás había todo un nexo, quizás inconsciente, entre el nombre del local y mi propia persona.
¿Por qué cree que el Yemayá se convierte en un espacio significativo para la cultura cubana?
Yo no pretendía en un principio que fuera un lugar "cubano". Pero, lógicamente, todos mis amigos cubanos se pasaban por el bar. Y lo es que más importante, se sentían a gusto y empezaron a acogerlo como un espacio propio. No tuve ni que ofrecérselo, ellos lo tomaron. Nunca fue nada programado. Se hizo solo, de allí su belleza. Lo cierto es que la gente sabía que simplemente yendo al Yemayá se iban a encontrar con amigos, compañeros del mundo de la cultura, y sobre todo con mucho arte.
En Madrid siempre ha habido lugares y locales cubanos, pero muy dedicados al turismo. Entonces, para todos los cubanos que estaban en Madrid el Yemayá fue "la casa". Cuando viene un extraño hay que llevarle a tu casa, y cuando llegaba alguien de Cuba u otro país, los cubanos lo llevaban al Yemayá, como si lo invitaran a su propia casa.
La gente se pasaba allí las tardes; hacían sus descargas, componían, escribían, pintaban… músicos, pintores, escritores, actores, directores… Nunca olvidaré, por ejemplo, el día en que uno de mis artistas plásticos más admirados, Kcho, se tiró al suelo del Yemayá y me pintó dos cuadros maravillosos en el mismo piso, entre todo el público que allí estaba tomándose sus cervecitas tranquilamente. Surgió de forma espontánea, como si estuviera en el salón de su casa.
¿Y qué ocurría con la política? ¿Cómo se manejaban las distensiones ideológicas?
El Yemayá siempre estuvo por encima de la política. Aunque se reunieran personas que estuvieran políticamente en lados diferentes, eran todos de una generación que compartieron los mismos años en las mismas escuelas; unos se vinieron y otros se quedaron, pero por encima de todo, existía el amigo con el que se había compartido una novia, una amistad, una clase… Cuando se encontraban juntos, lo que había sobre todo eran lágrimas y abrazos. La política se guardaba para otros espacios.
¿Cómo se integra el público español a todo esto?
Pues, fíjate, de forma muy natural. Había de todo. Desde una gran cantidad de españoles que eran amantes de la cultura cubana o simplemente habían viajado a Cuba, que venían porque escuchaban que iban a encontrar una representación muy real de la cultura de la Isla, hasta el barrendero del barrio, o la asociación de gays y lesbianas —nuestros vecinos—, que encontraban en el Yemayá un ambiente de amor y cordialidad. Yemayá se abrió a todos. Aparecía gente de toda España. Había buena energía, y eso atrae siempre a todo tipo de personas.
Yemayá cierra en 2005, de forma imprevista…
Sí. Yemayá cierra por razones personales. Coincide con mi separación, y en el reparto pierdo el Yemayá. Mejor dicho, perdemos. Recuerdo a una persona del grupo Habana Abierta, llorando en la barra y diciendo: "¿qué vamos a hacer ahora?". Ahí fue cuando me di cuenta de verdad que el Yemayá ya era de todos.
Me imagino que no ha cesado su lucha por conservar este tipo de espacios…
Estuve después en diferentes lugares intentando hacer algo similar. Creo que ahora por fin lo he conseguido. Estoy trabajando en un nuevo local llamado De Palo pa' Rumba. Tengo un compromiso serio con las dueñas, y conmigo misma, de hacer lo que me gusta.
Me han traído como relaciones públicas y, de alguna manera, para seguir con el mismo proyecto. En De Palo pa' Rumba estoy aportando mi experiencia y todo mi pasado. El local tiene también su propio compromiso con la cultura cubana. No va a ser de moda para turistas, sino una puerta abierta para relacionar a todos los cubanos, que tengan un espacio propio donde compartir el arte, entre ellos y con todos los demás. Va a ser un espacio muy abierto, donde se trate de mezclar a gente que quiere vivir de una forma más personal la cultura cubana. Vamos a compartir. Esa es una frase muy cubana que se ha convertido en el lema del local. A "compartir" copas, pero también arte.
Háblame de proyectos concretos para este nuevo local…
De Palo pa' Rumba está ubicado en un lugar estratégico de la noche madrileña, muy cerca de la Puerta del Sol, casi en la zona de Huertas. Pretendemos mezclar en un mismo espacio las copas, la comida y la diversión, con la cultura. Es un proyecto más serio que el Yemayá.
Hay una continuidad en la programación musical, con todo tipo de actuaciones, desde bolero o trovadores, hasta punto guajiro. Se van a hacer presentaciones de libros, exposiciones de fotografía y pintura, muestras, proyecciones de cortos y vídeos, no sólo de cubanos sino también de españoles, pero siempre manteniendo Cuba como idea principal.
En la inauguración del bar me quedé sorprendida de ver a directores y escritores cubanos que ni yo misma tenía idea de que estaban de paso por Madrid. Y mucho menos que podían conocer un local tan nuevo como éste.
Cuando pasa por aquí un escritor, cantante o director cubano y luego regresa a Cuba, habla de estos lugares. Son ellos mismos los que sin intención publicitan el local. Ya es un lugar de referencia dentro y fuera de Cuba. Nosotros los tratamos como si estuvieran en su casa, y el resto viene solo.
¿Hay que dar las gracias a alguien?
A todos. Todos los protagonistas más actuales del panorama cultural cubano nos han apoyado en este proyecto y sé que lo seguirán haciendo con su presencia, desde Gema y Pavel o los chicos de Habana Abierta, hasta Pedro Luis Ferrer, Eliades Ochoa, Humberto Padrón, Chijona, Vladimir Cruz, María Isabel Díaz, Mirta Ibarra, Joel Angelino, Jorge Perugorría… Cada día tengo que añadir nuevos nombres.
Y a todos los que han aportado su entusiasmo. Los cubanos me lo han dado todo siempre. Yo les he dado todo mi cariño y ellos me lo han devuelto con creces. Para mí, Cuba es amor, es vida, es alegría y es cultura. Y De Palo pa' Rumba, una pequeña representación de todo eso.
*De Palo pa' Rumba está en la calle Barcelona 12. Metro Sol.
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Habana Abierta, Pilar la del Yemayá, Pilar Zumel, Yemayá