Con lupa | Michel Suárez

Cruceros a Cuba, ¿quién dio el tiro de gracia?

Tras la aparatosa caída del crucerismo en Cuba, en casi un 90%, el régimen vuelve a los orgasmos fingidos de siempre: la culpa la tiene el embargo norteamericano, según el catálogo oficial de responsabilidades y culpables editado por La Habana.

Pero antes que Castro se censure a sí mismo, reviso los discursos del líder supremo en la web del gobierno. Encuentro aquella pieza histórica (o histérica) en la que él decide, por sus santos genitales, deshacerse de los cruceros apelando a no se sabe cuántas chorradas.

Este es un fragmento del discurso del 15 de abril de 2005, en el Palacio de las Convenciones.

"…Tengan la seguridad que aquí no vendrán cruceros, Cuba no aceptará cruceros, y los que quieran viajar, que viajen en lo que quieran, pero para los cruceros no habrá entrada. Ya los conocimos bien…".

Y Castro habló de la basura que dejaban los barcos, de las latas y los papeles, unas cuestiones "trascendentales" que competían con el vertedero nacional que son hoy las calles cubanas. En nombre de una presunta "limpieza" hizo quebrar una industria prometedora, cuyo descalabro ahora pretenden cargar al embargo imperial.

Es cierto que la compra de Pullmantur, por parte de una empresa norteamericana, debilitó las operaciones con Cuba, pero dicho contrato se firmó después del discurso de Castro "contra la basura" de los cruceros. Y también a posteriori de la resolución del Consejo de Ministros, firmada por Carlos Lage el 2 de agosto de 2005, en la que se declaraban "extinguidas" las concesiones "para administrar muelles, espigones y operaciones necesarias para el atraque de buques cruceros y ferris".

Se oye y se lee clarito: el verdadero embargo se llama Castro.