Con lupa | Michel Suárez

De asar un conejo a vivir en Miraflores

En una larga entrevista en el diario Estado de S. Paulo, el actual presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lo reafirma categóricamente: no será candidato a la reelección, porque cree que "cuando un dirigente político comienza a pensar que es imprescindible, comienza a nacer un pequeño dictador". Y agrega: "mi mandato acaba el 31 de diciembre de 2010".

("Quando um dirigente político começa a pensar que é imprescindível, que ele é insubstituível, começa a nascer um ditadorzinho". E acrescentou: "Não tem essa de o povo pedir. Meu mandato termina no dia 31 de dezembro de 2010. Passo a faixa para outro presidente da República em 1º de janeiro de 2011, e vou fazer meu coelhinho assado, que faz uns cinco anos que eu não faço").

El mismo domingo, en su programa de televisión, Hugo Chávez desgranaba otras perlas sobre el tema, pero en sentido inverso:

"En Europa hay un alboroto porque aquí se esté proponiendo una figura (la reelección continua) que en Europa existe hace siglos, en Europa hay mucho cinismo... en Gran Bretaña los primeros ministros pueden ser reelegidos cuantas veces el pueblo lo quiere reelegir y están preocupados porque aquí se quiere implementar por consideración del pueblo".

En el caso de Venezuela, según un cable de EFE, Chávez consideró que la reelección no se debe extender a alcaldes y gobernadores, puesto que es "una concepción" suya. "Este ser humano que está aquí, está en el centro de la propuesta, en el centro del debate", dijo de sí mismo.

Es decir, yo propongo porque puedo, y me beneficio porque soy el jefe. Ni el resto puede hacer reformas, ni yo pienso en ellos. Justamente lo contrario a lo planteado por Lula.

En la edición del viernes pasado del diario boliviano La Razón, el politólogo Miguel Centellas adelantaba una acertada respuesta a las pretensiones de Evo Morales, que sirven también para todos aquellos con ínfulas mesiánicas dentro del entramado político latinoamericano:

"…el deseo de incorporar la reelección indefinida en la nueva constitución se enfoca más hacía una política personalista que en una política institucional. ¿Acaso no hay otras personas dentro del MAS capaces de ser presidente después de Evo Morales? ¿Será que MAS, al igual de los partidos políticos de antes, es sólo un vehículo personal? (…) La necesidad de reelegir a un presidente significa la incapacidad de encontrar otra persona capacitada para reemplazarlo. Una de las funciones de las organizaciones políticos (esto incluye no sólo partidos, sino también agrupaciones cívicas, sindicatos, y otros grupos que actúan dentro del ámbito político) es organizar a equipos de personas con intereses y visiones similares. Pero si el equipo está controlado sólo por una persona, es difícil hablar de un partido o movimiento, sino de un grupo clientelista dirigido por un caudillo. Ese fue el modelo político vigente en Bolivia por más de dos siglos. ¿Será que queremos volver a repetirlo?...".

Tanto Lula como Centellas, cada uno en su especialidad, no han podido explicar más nítidamente el por qué las restricciones a la reelección no son un capricho de las mejores democracias. Pero mientras Lula ya piensa en asar un conejo en su casa, cosa que según él no ha podido hacer en los últimos cinco años, Chávez se ve viviendo en Miraflores durante los próximos 20 años.