Con lupa | Michel Suárez

El sabor del poder

Leo un cable de DPA, la agencia alemana de prensa, que afirma que el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha criticado a los presidentes aferrados al poder porque "ponen en riesgo la democracia". Verde y con puntas… guanábana.

"Ocho años en la Presidencia de un país es tiempo suficiente para concretar un programa de gobierno. Estoy en contra del tercer mandato, porque la democracia es un valor inconmensurable con el cual no podemos jugar, y en segundo lugar porque la alternancia en el poder es sana para el país", agregó Lula.

En una primera lectura, sus declaraciones son de consumo interno: intentan disipar toda duda sobre una presunta reforma constitucional insinuada por algunos de sus partidarios.

En el subtexto, el mensaje va dirigido a su más poderoso vecino sudamericano. No es la primera vez que Lula utiliza este tipo de subterfugios para cuestionar la sed de poder de Hugo Chávez; sobre todo desde que el antiguo sindicalista renunció a ejercer el liderazgo que, como potencia geográfica y económica, le corresponde a Brasil.

No obstante, es de agradecer que Lula da Silva —que ha gestionado su país con bastante acierto, olvidándose del rupturismo de sus años mozos— ponga algo de cordura en el debate reeleccionario continental, que además no viene sólo desde la izquierda.

Con todos sus éxitos en materia de "seguridad democrática", intranquiliza el silencio del presidente colombiano, Álvaro Uribe. Sus correligionarios quieren una reforma constitucional —otra más— que le permita presentarse por tercera vez consecutiva a la primera magistratura.

Esta vez, desde la derecha, se arguyen los mismos conceptos utilizados por Chávez para justificar sus anhelos ("Este proyecto no está concluido… hace falta un hombre fuerte para evitar…"); lo que demuestra la inmadurez de una región en la que los personajes cuentan más que las ideas, los programas y los partidos.

Las excepciones confirman la regla. Tabaré Vázquez, que ha gobernado el Uruguay con mucho tino y abandonará el poder en octubre de 2009, tiene un respaldo del 56 por ciento de la población y su popularidad se sitúa en el 55 por ciento, según una encuesta privada de la empresa Cifra.

A pesar de la brutal presión de su partido, el variopinto Frente Amplio, Vázquez ya ha dejado claro que no modificará la carta magna para presentarse el año que viene.

Otro que lo tiene claro es el socialdemócrata Óscar Arias, presidente de Costa Rica. La semana pasada dijo que hará todo lo posible para que una mujer le sustituya en el cargo a partir de 2010.

Arias es el gobernante centroamericano mejor calificado por los ciudadanos, según una encuesta de marzo realizada por Gallup. Daniel Ortega, de Nicaragua, el peor.


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